Nuevamente nos enfrentamos al mismo engaño. El mismo veneno con nueva etiqueta. ¿Acaso no tenemos suficiente con miles de años de persecución? Ahora debemos lidiar con judíos que se han convertido en los portavoces del cristianismo misionero, disfrazándolo de "verdadero judaísmo".
El caso del misionero Steven Arik Barel es paradigmático. No es solo un judío confundido—es un misionero cristiano con nombre judío. Sus palabras revelan la misma estrategia que hemos enfrentado durante dos milenios: arrancar al judío de su tradición auténtica para convertirlo en adorador de un hombre-dios.
Observemos sus palabras con atención. Barel comienza con un ataque frontal a nuestros Sabios:
"חז"ל היו ליצנים שזילזלו בתורה בכך שהמציאו את התורה שבעל פה. כל התורה שבעל פה סותרת את התורה שבכתב, חז"ל המציאו תיאולוגיה חדשה לחלוטין מלאה בזבל ועוולות"
(Los Sabios fueron burladores que menospreciaron la Torá al inventar la Torá Oral. Toda la Torá Oral contradice la Torá Escrita; los Sabios inventaron una teología completamente nueva llena de basura e injusticias).
¡Qué descaro! ¿Acaso no sabe que sin estos Sabios que tanto desprecia, no existiría el judaísmo? ¿No entiende que fueron precisamente estos JaZa”L quienes preservaron nuestra Torá mientras Roma quemaba Jerusalén?
¿Y con qué autoridad habla Barel? Con la autoridad de un cristiano disfrazado de judío. El mismo patrón de los "Judíos para Jesús" que llevan kipá y luego propagan su veneno cristológico. La misma estrategia del misionero que primero ofrece ayuda y después exige el alma a cambio.
Pero sigamos. Barel se burla del Talmud con frases como:
"פחחחח העומק האתי והמוסרי של התלמוד - לך תבנה לך סוכה עם דופן של פרה מתה, ותאכל חזיר שנולד מכבשה, ותושיב אישה על פי חבית יין כדי לבדוק אם היא בתולה"
(¡Ja! La profundidad ética y moral del Talmud - ve y construye una sucá con la pared de una vaca muerta, come un cerdo nacido de una oveja, y sienta a una mujer sobre la boca de un barril de vino para comprobar si es virgen).
Este tipo de caricatura revela su absoluta ignorancia—o peor aún, su malicia deliberada. El Talmud contiene discusiones jurídicas complejas usando casos límite para establecer principios. Cualquier estudiante de primer año de una yeshiváh lo sabe. Pero claro, él no busca entender sino desacreditar.
Tenemos largas cuentas con el cristianismo, unas cuentas llenas de sangre. El cristianismo ha derramado más sangre judía que cualquier otra religión—desde las Cruzadas hasta la Inquisición, desde los pogromos hasta el Holocausto. Y ahora, cuando ya no pueden matarnos abiertamente, intentan destruirnos espiritualmente. Personas como Barel son la punta de lanza de esta nueva estrategia.
Cuando Barel dice
"התלמוד עצמו ועוד מדרשים משתמש בישעיהו נ"ג בתור המשיח"
(El Talmud mismo y otros midrashim utilizan Isaías 53 en referencia al Mesías),
Berel distorsiona descaradamente la tradición judía. El Talmud en Sanhedrín 98b discute varios nombres posibles del Mesías, pero Barel salta convenientemente a conclusiones cristológicas que no están en el texto. ¡Qué manipulación tan obvia! Las interpretaciones tradicionales judías identifican al "siervo sufriente" con el pueblo de Israel en su conjunto, no con un "dios encarnado".
Y cuando afirma que:
"לא מעניין אותי מה חז"ל או היוונים אומרים על בן אלוהים, כשישוע אומר שהוא בן האלוהים הוא התכוון לתהילים פרק ב'"
(No me interesa lo que los Sabios o los griegos dicen sobre el hijo de Dios; cuando Yeshúa dice que es el hijo de Dios, se refiere a Salmos capítulo 2),
Demuestra su completa ruptura con el judaísmo. El Salmo 2 utiliza un lenguaje metafórico común en el Antiguo Oriente para describir la relación especial entre Di’s y el rey. Interpretarlo como una prefiguración de Yeshú es pura teología cristiana retroactiva.
Barel va aún más lejos, proclamando:
"המשיח הוא דמות שמיימית, הוא אלוהים שבא בבשר"
(El Mesías es una figura celestial, es Dios que viene en carne).
¡Esto es idolatría pura y simple! Es exactamente contra lo que luchamos cuando decimos “Shemá Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad”. El judaísmo insiste en un monoteísmo absoluto y en la incorporeidad divina. No hay "dios-hombre" en el judaísmo auténtico.
Y cuando pregunta:
"ואם האדם הוא גוף נפש ורוח, ושלושתם יוצרים אדם אחד, למה אלוהים לא יכול להיות אב, בן ורוח שיוצרים אלוהים אחד?"
(Si el hombre es cuerpo, alma y espíritu, y los tres forman un solo hombre, ¿por qué Dios no puede ser Padre, Hijo y Espíritu que forman un solo Dios?),
Utiliza un argumento falaz que han repetido los misioneros durante siglos. Comparar la compleja naturaleza humana con una supuesta "trinidad" divina es una ofensa teológica que contradice directamente la unidad absoluta de Hashem.
El colmo del descaro llega cuando Barel afirma:
"לאורך התנ"ך אלוהים מתגלה כאב, בן ורוח, רק שחז"ל עשו כל שביכולתם לצנזר את זה"
(A lo largo del Tanaj, Dios se revela como Padre, Hijo y Espíritu, pero los Sabios hicieron todo lo posible para censurar esto).
¡Esta es una acusación tan ridícula como maliciosa! Los manuscritos del Mar Muerto confirman la extraordinaria fidelidad de la transmisión del texto bíblico. ¿Qué conspiración fantasiosa está sugiriendo? Es la misma retórica antisemita vestida con terminología pseudojudía.
En sus comentarios más recientes, Barel llega al extremo de caracterizar a nuestros Sabios como
"חבורת הוזים שמתעסקים בקקי ובפיפי ובאיבר המין של פרעה ובסיפורי סבתא"
(un grupo de lunáticos que se ocupan de caca y pipí y del órgano sexual del faraón y de cuentos de viejas).
Esta vulgaridad muestra su verdadero rostro. Es el mismo desprecio que los antisemitas cristianos han mostrado siempre hacia nuestra tradición sagrada.
Los cristianos han intentado exterminarnos durante siglos—con espada, fuego y conversión forzada. Siempre arguyen que ellos son el "verdadero Israel", el "Israel espiritual", mientras nosotros somos solo las "escorias históricas farisaicas". Para su irritación, no desaparecimos. Por eso desarrollaron otra teoría: debíamos permanecer humillados como "testigos" de la "verdad" del cristianismo. Como escribió Pascal, el matemático y teólogo cristiano: que los judíos permanezcan humillados como prueba viva del triunfo cristiano.
Y cuando sugiere "פשט התנ"ך מביא אותך לישוע" (El sentido simple del Tanaj te lleva a Yeshúa), Barel simplemente repite el antiguo argumento misionero. Esta afirmación ignora deliberadamente el contexto histórico y cultural de nuestras escrituras. Es como afirmar que si lees la Toráh con los ojos vendados, terminarás viendo a Yeshú. ¡Qué absurdo! Es precisamente este tipo de interpretación torcida contra la que lucharon nuestros Sabios.
El triunfo de su ideología llegó cuando afirmó arrogantemente: "רציפות המסורת בעכוז שלי" (‘La continuidad de la tradición en mi trasero’). Con esta vulgaridad, Barel revela su verdadera posición: un rechazo total del judaísmo auténtico. Ha adoptado completamente la perspectiva protestante de Sola Scriptura, rechazando 3,500 años de tradición viva en favor de interpretaciones cristianas injertadas artificialmente en nuestros textos sagrados.
Desde su punto de vista, convertir un judío es un gran éxito—pero hacerlo en Israel es lo más importante. Así dejará de existir Am Israel. En Israel hay miles de misioneros: miles pagados que trabajan jornada completa, muchos más que trabajan jornadas parciales, y decenas de miles de voluntarios que hacen su labor cuando es necesario. Todos ellos actúan en silencio y engañando a las personas, haciendo el mal con astucia.
Debemos ser claros: desde la perspectiva del judaísmo tradicional, Barel es un "mumar" (apóstata)—específicamente, un "mumar lehajis" (apóstata por desafío). No es simplemente alguien con dudas o preguntas—todas las cuales son legítimas dentro del marco judío—sino alguien que ha adoptado una teología fundamentalmente incompatible con el judaísmo y que busca activamente socavar nuestra tradición.
La posición teológica de Barel se alinea claramente con el cristianismo evangélico y mesiánico. Su énfasis en la interpretación directa de las Escrituras sin la mediación de la tradición refleja el principio luterano de Sola Scriptura. Su visión del Mesías como una figura divina encarnada es pura cristología evangélica idolátrica. Y su uso de terminología judía mezclada con teología cristiana es la estrategia típica del movimiento cristiano mesiánico.
Tanto nos hicieron sufrir a lo largo de las generaciones, y todavía continúan intentando convencernos que hay una persona que es un dios, un dios-humano, tres que son uno, uno que es tres... Ya lo escuchamos antes, frente a la hoguera, cuando nos dijeron: "¡Conviértanse al cristianismo, o los tiraremos al fuego!". Y contestamos entonces como contestamos ahora: "¡Shemá Israel, Hashem Elokeinu, Hashem Ejad!".
Hay que abrir los ojos. Estos misioneros, sean gentiles con apariencia judía o apostatas como Barel disfrazados con kipá, representan una amenaza real para nuestro pueblo—especialmente para los más vulnerables: los necesitados, los solitarios, los recién llegados que aún no conocen las sutilezas de Israel.
Este tipo de cristianismo misionero, camuflado como "judaísmo auténtico" o como "judaísmo completado", es particularmente peligroso porque confunde las fronteras. Personas como Barel, que rechazan la tradición judía mientras pretenden "salvar" a los judíos, son en realidad la punta de lanza de la misma estrategia milenaria: la erradicación del judaísmo.
En conclusión, el discurso de Steven Arik Barel no representa ningún tipo de reforma o cuestionamiento legítimo dentro del marco judío. Es la adopción total de una teología cristiana incompatible con los fundamentos del judaísmo. Su rechazo de la Torá Oral, su interpretación cristológica del Tanaj y su aceptación de conceptos como la encarnación divina lo sitúan inequívocamente fuera del espectro del pensamiento judío normativo.
No hay diálogo posible con quien ha decidido abandonar completamente el judaísmo mientras pretende redefinirlo en términos cristianos. El verdadero diálogo requiere respeto mutuo y honestidad intelectual—cualidades notablemente ausentes en el discurso de Barel.
La respuesta al cristianismo misionero, como señaló el Rav Kook, es Israel y su renacimiento. Volvimos a nuestra tierra, reconstruimos nuestro hogar nacional y fortalecemos nuestra identidad judía auténtica. Esta es la mejor refutación a las pretensiones teológicas de aquellos que durante dos milenios proclamaron que Di’s nos había abandonado y reemplazado.
*Anexo.
Misiva 1: