Hay una pregunta retórica en Mishlei 30:4 que algunos misioneros citan como si fuera un acertijo diseñado para que solo el cristianismo pudiera resolverlo: "¿Quién subió al cielo y descendió...? ¿Cuál es su nombre, y el nombre de su hijo, si es que lo sabes?" Ellos apuntan a Yeshú, apoyándose en Juan 3:13, donde dice: "nadie subió al cielo, sino el que descendió del cielo, el Hijo del Hombre." Y con eso creen haber cerrado el caso: hay un ser único que subió y bajó, es divino, y tiene un hijo.
Antes de ir a las fuentes, hagamos el ejercicio que ellos evitan: leer su propio versículo con cuidado. Juan 3:13 pone a Yeshú hablando desde la tierra —con Nicodemo, de noche, en una conversación perfectamente terrestre— y diciendo que "el Hijo del Hombre ESTÁ en el cielo." Verbo en presente. Si Yeshú es el Hijo del Hombre y está hablando desde Judea, ¿cómo puede estar, en ese mismo instante, en el cielo? El propio versículo que usan como prueba de unicidad contiene, dentro de sí, la fractura que necesitarían resolver antes de citarlo. Es el testigo hostil funcionando incluso sin que yo tenga que salir a buscarlo: se delata solo.
Fui, entonces, al Tanaj a comprobar si de verdad Yeshú habría sido "el único" en subir y bajar del cielo, como afirma el versículo. No lo fue, ni de cerca. Eliyahú subió en un carruaje de fuego, en cuerpo, ante testigos (2 Melajím 2:1, 11). Un ángel subió con la llama del altar de Manóaj, ante él y su esposa, que se postraron (Shoftím 13:19-20). Gavriel bajó volando hasta Daniel en pleno rezo de la tarde (Daniyel 9:21). Y en el episodio más incómodo de todos para cualquier lectura triunfalista, los "hijos de Elokim" se presentan periódicamente ante HaShem, y entre ellos aparece שָׂטָן, Satán, que "sube y baja" tan rutinariamente que HaShem le pregunta de dónde viene, como quien saluda a alguien que ya conoce la puerta (Iyov 1:6-7). El propio מַלְאַךְ יְהֹוָה se identifica ante Bilam con las palabras "he salido como Satán" (Bamidbar 22:32) —el mismo título que ya analizamos, aplicado sin ceremonia a un mensajero cualquiera. Ascender y descender del cielo, en el vocabulario del Tanaj, no es un privilegio de un único ser divino: es lo que hacen, con regularidad, ángeles, profetas y hasta el fiscal celestial.
Ahora vayamos al texto mismo de Mishlei 30:4, en su hebreo, porque ahí está el segundo error, más profundo que el primero: un error de género literario.
מִי עָלָה שָׁמַיִם וַיֵּרַד, מִי אָסַף-רוּחַ בְּחָפְנָיו, מִי צָרַר-מַיִם בַּשִּׂמְלָה —"¿Quién subió a los cielos y bajó? ¿Quién recogió el viento en sus puños? ¿Quién ató las aguas en un manto?"
Este versículo no está aislado: es una de las palabras de Agur ben Yakeh (Mishlei 30:1), un poema completo construido enteramente sobre preguntas retóricas imposibles de responder por un ser humano, exactamente el mismo recurso literario que HaShem usa contra Iyov en el discurso desde el torbellino:
"¿Dónde estabas cuando puse los cimientos de la tierra? ¿Quién puso su piedra angular?... ¿Has entrado en los tesoros de la nieve?" (Iyov 38:4-6, 22).
Nadie lee Iyov 38 buscando el nombre literal de un individuo que "puso los cimientos": se lee como lo que es, un recurso retórico para humillar la pretensión humana de comprender la obra del Creador. Agur está usando exactamente ese mismo género. La pregunta "¿cuál es su nombre, si es que lo sabes?" no busca una respuesta genealógica: busca que el lector reconozca, con humildad, su propia pequeñez frente a lo incognoscible —el mismo tema que abre todo el capítulo, cuando Agur se llama a sí mismo "más necio que cualquier hombre" (30:2).
Pero incluso si insistes en leerlo literalmente —y esto es lo que de verdad me detuvo cuando lo trabajé—, la Torá ya había contestado la pregunta catorce siglos antes de que Agur la formulara. Sobre el "quién subió", Shemot 19:3 lo dice sin ambigüedad: "Moshé ascendió hacia Elokim." Sobre el nombre, el midrash Yalkut Shimoni preserva una tradición que le atribuye a Moshé hasta diez nombres distintos —Yered, Avigdor, Jever, Avi Sojo, Yekutiel, Avi Zanoaj, Toviah, Shemayah, Ben Evyatar, Levi— aunque para el pueblo de Israel siempre quedó como Moshé Rabenu, "nuestro maestro". ¿Y el nombre de su hijo? También está escrito, sin ningún misterio: Gershom y Eliezer (Shemot 2:22, 18:4).
Y si insistes en que la pregunta habla de HaShem mismo "subiendo y bajando", entonces hay que confrontar el problema filosófico de fondo, que es más serio que cualquier discusión de identidad: HaShem no puede subir ni bajar sin dejar de ser infinito. Subir o bajar implica desplazamiento —abandonar un lugar para ocupar otro— y eso exige un vacío donde antes había presencia. Pero el propio Shlomó, dedicando el Primer Templo, ya lo formuló con precisión: "¿Acaso en verdad morará Elokim sobre la tierra? He aquí que el cielo y los cielos de los cielos no pueden contenerte" (1 Melajím 8:27). David, en Tehilím 139:8, lo lleva al extremo lógico: "si extendiere mi lecho en el שְׁאוֹל, Sheol, allí también estás Tú" —HaShem está presente incluso en la tumba, sin que eso signifique que "bajó" a ella dejando el cielo vacío. La palabra clave, y la más filológicamente cargada de todo este tema, es לְבַדִּי, Levadí, "Yo solo" —Yeshayáhu 44:24: "que extiendo YO SOLO los cielos"— y su contraparte teológica en Devarim 4:35: אֵין עוֹד מִלְּבַדּוֹ, "no hay nada más fuera de Él." No hay segundo, no hay socio, no hay "parte de sí" que se separe para tomar cuerpo. Malají 3:6 cierra el argumento en cuatro palabras: אֲנִי יְהוָה לֹא שָׁנִיתִי, "Yo, HaShem, no cambio."
Entonces, si la pregunta de Agur no era retórica sino que de verdad quieres una respuesta directa —¿quién es el hijo de HaShem?—, el propio Tanaj ya la dio, sin necesidad de recurrir a un mesías preencarnado: "Y dirás a Faraón: así dice HaShem: Israel es mi hijo, mi primogénito" (Shemot 4:22); "Ustedes son hijos de HaShem, su D"os" (Devarim 14:1). No un individuo: un pueblo, en relación de pacto.
No te voy a decir qué concluir. Solo te dejo con la pregunta que Agur en realidad quería que te llevaras: si HaShem está, según tu propio rey David, incluso dentro del Sheol al mismo tiempo que en los cielos más altos, ¿qué necesidad tendría de "bajar" desde algún lugar, dejando ese lugar vacío, para estar donde —según tu propio salmo favorito— ya estaba?