3/19/2026

Bibi (Netanyahu) aprendió la Biblia en Pennsylvania, no en una yeshivá, El Rehén del Sionismo Cristiano

BS"D


Existe una ironía estructural en el centro de la política israelí contemporánea que los analistas occidentales sistemáticamente ignoran, probablemente porque comprenderla requiere conocer algo de judaísmo y algo de historia: el hombre que más invoca la Biblia hebrea en el escenario internacional es, desde la perspectiva de cualquier judío con formación básica, alguien que no sabe leerla. Y el Estado que él representa no solo no corrigió ese problema, sino que durante décadas invirtió recursos institucionales precisamente en cultivar la audiencia que nunca se lo reprocharía.

Para entender la magnitud de lo que esto implica, hay que comenzar por donde la historia realmente comienza: no en Netanyahu, sino en 1918.

Treinta años antes de la fundación del Estado de Israel, el término "Judea" ya había reemplazado a "Palestina" en el discurso político estadounidense. En ese año, miembros de la Cámara de Representantes y el Senado expresaron su apoyo a la Declaración Balfour interpretando la victoria británica sobre los turcos en Palestina como cumplimiento de profecía bíblica. El representante William E. Cox de Indiana declaró ante el Congreso que la alianza occidental estaba "redimiendo a Judea", y que Judea y su pueblo eran los más grandes de la Tierra porque habían dado al mundo, en sus palabras, "the true Christian religion" ("la verdadera religión cristiana"). Como señala el historiador Shalom Goldman de la Universidad de Emory, la presuposición de que "Judea" pertenecía a los judíos era tan poderosa en la cultura política americana que borró de consideración a la mayoría árabe de la región, mucho antes de que existiera un Estado de Israel o un "lobby israelí" organizado.

(Goldman, S. (2009). U.S.-Israel Relations [Review]. The Jewish Quarterly Review, 99(4), 603–608. University of Pennsylvania Press.)

Esto significa que cuando Netanyahu activa hoy en Washington el lenguaje de la profecía bíblica cumplida, no está persuadiendo a nadie de nada que no estuviera ya inscrito en la cultura política estadounidense desde hace más de un siglo. Está sintonizando con una frecuencia que lleva operando desde el período isabelino inglés, que los colonos puritanos transplantaron a Nueva Inglaterra en el siglo XVII, y que el fundamentalismo norteamericano del siglo XX convirtió en política exterior. El historiador Robert O. Smith ha documentado que las fuentes de la afinidad americana contemporánea por el Estado de Israel se encuentran primariamente dentro de una tradición de "Judeo-centric prophecy interpretation" desarrollada por teólogos protestantes en el período isabelino temprano, refinada en el siglo XVII, llevada a Norteamérica por los colonos puritanos y absorbida posteriormente por la cultura fundamentalista emergente.

(Smith, R. O. (2013). More Desired than Our Owne Salvation: The Roots of Christian Zionism. Oxford University Press. Citado en Engberg, A. (2020). Walking on the Pages of the Word of God. Brill. https://doi.org/10.1163/9789004411890_003)

Esta genealogía importa porque sitúa el problema en sus dimensiones correctas. No se trata de que Netanyahu sea un político torpe que no conoce su propia tradición. Se trata de que Netanyahu es el producto más refinado de una arquitectura de influencia recíproca que el propio Estado de Israel ayudó a construir sistemáticamente durante décadas, y que funciona precisamente porque se apoya en una hermenéutica protestante que precede en siglos a la existencia de Israel.

El dato más revelador sobre la mecánica de esta arquitectura proviene de un documento interno desclasificado que Aron Engberg de la Universidad de Estocolmo localiza en los Archivos Sionistas Centrales de Jerusalén. En la segunda mitad de los años setenta, Harold W. Dart, presidente de la International Association of Christians for Israel, redactó un documento confidencial dirigido a organizaciones sionistas judías cuyo objetivo explícito era explicar "the most relevant ideological divisions" dentro del cristianismo para identificar "the most effective ways" de despertar apoyo cristiano a la causa del sionismo. La conclusión operativa del documento es inequívoca: el mayor potencial no se encuentra entre los liberales ni entre los no religiosos, sino dentro de la comunidad evangélica. Y el material de advocacy dirigido a ese segmento debía, en palabras del propio Dart, "stress Biblical aspects of Zionism and Christian relationship to Judaism" ("enfatizar los aspectos bíblicos del sionismo y la relación cristiana con el judaísmo").

(Engberg, A. (2020). Evangelical Zionism in Jerusalem. En Walking on the Pages of the Word of God (cap. 2, pp. 51–52). Brill. https://doi.org/10.1163/9789004411890_003)

Este documento no describe algo que ocurrió orgánicamente. Es la prueba de que el uso de la hermenéutica protestante como instrumento de apoyo político a Israel fue una estrategia conscientemente diseñada desde dentro del movimiento sionista institucional. La relación que hoy vemos entre Netanyahu, Hagee, Huckabee y White-Cain no es el producto de afinidades espontáneas: es la fase más reciente de un proyecto de construcción de alianzas cuya lógica fue articulada en documentos confidenciales hace medio siglo.

La ejecución de esa estrategia se puede rastrear con precisión. Poco después de la Guerra de los Seis Días de 1967, Yona Malachy, del Departamento de Asuntos Religiosos de Israel, fue enviado a Estados Unidos para evaluar el potencial de una alianza con los fundamentalistas cristianos americanos. Regresó con un diagnóstico que el gobierno israelí tomó en serio: los conservadores americanos eran profundamente amigables hacia Israel y, a diferencia de otros grupos, no tenían miedo de decirlo públicamente. Como consecuencia, el gobierno israelí cedió gratuitamente el auditorio del Centro de Convenciones de Jerusalén para la Jerusalem Conference on Biblical Prophecy de junio de 1971, donde el ex Primer Ministro David Ben-Gurion recibió a más de 1.200 evangélicos de 32 países. La cadena es perfectamente documentable: Estado israelí identifica potencial evangélico → facilita infraestructura y legitimidad institucional → comunidad evangélica obtiene validación de sus interpretaciones proféticas → se consolida la alianza. (Engberg, 2020, pp. 47–48.)

Es en este contexto donde la figura de Netanyahu adquiere su verdadero sentido analítico. Para comprender lo que Netanyahu hace con la Biblia hebrea hay que partir de un dato biográfico que rara vez aparece en el análisis político: este hombre nunca estudió judaísmo. No hay en su historial ningún período de formación en halajá, Talmud, midrash, exégesis rabínica ni literatura de los geonim. Asistió a la Cheltenham High School en Pennsylvania y al Massachusetts Institute of Technology, donde estudió arquitectura y ciencias políticas. Su formación intelectual es completamente secular y completamente anglosajona. Cuando Netanyahu abre la Biblia en un discurso, no lo hace con las herramientas de Rashi, del Rambam ni del Ibn Ezra. Lo hace con las herramientas que absorbió por ósmosis cultural en el ambiente protestante norteamericano en que creció.

La ironía familiar no es menor y merece precisión. El abuelo de Netanyahu, Nathan Mileikowsky, fue enviado a los diez años a la Yeshivá de Volozhin — la institución fundacional del judaísmo lituano del siglo XIX, el equivalente de Oxford en el mundo yeshivístico — donde estudió ocho años y recibió ordenación rabínica. El Rabino Abraham Isaac Kook, primer Rabino Jefe ashkenazí del Mandato, lo llamó en su eulogía "orador divino." Benzion Netanyahu, padre de Bibi, rompió totalmente con esa tradición: fue discípulo de Jabotinsky, historiador universitario secular, y nunca se describió como hombre de tradición en ningún sentido halájico. La cadena se cortó en la segunda generación y no se reanudaría. Lo que Netanyahu tiene es algo cualitativamente distinto de formación rabínica: conocimiento bíblico autodidacta, cultivado en parte por su suegro, en parte a través de las sesiones de estudio de la porción semanal que celebra con su hijo Avner — quien ganó el Concurso Nacional de la Biblia para la Juventud en 2010 — y en parte por las reuniones de estudio bíblico que organiza en la Residencia del Primer Ministro. A esto se suma la influencia pastoral del Rebe Menachem Mendel Schneerson, a quien Netanyahu visitó en 770 Eastern Parkway en 1984 y a quien ha llamado repetidamente "el hombre más influyente de nuestra época." Ninguno de estos elementos constituye, en ningún sentido técnico, formación rabínica. Son la infraestructura cultural de un político secular que sabe citar la Biblia con fluidez, que invoca al Gaón de Vilna como ancestro reclamado -sin que ninguna fuente académica independiente haya verificado esa genealogía-, y que, como sintetizó con involuntaria precisión el líder ultraortodoxo Aryeh Deri, "puede no ser shomer mitzvot, pero el judaísmo que él conoce y respeta es nuestro judaísmo." El problema es exactamente ese: el judaísmo que Netanyahu conoce y despliega en el escenario internacional no es el judaísmo de Volozhin, ni el del Gaón de Vilna, ni el de su abuelo ordenado. Es el “judaísmo” que aprendió en Pennsylvania y Massachusetts, en el único ambiente intelectual al que tuvo acceso real: el protestantismo anglosajón que lee la Biblia hebrea sin cadena de transmisión rabínica y la convierte directamente en presente político.

El caso de Ezequiel 37 es el más documentado y el más revelador. Netanyahu declaró públicamente, ante la comunidad internacional en el aniversario de la liberación de Auschwitz, que la profecía de וַיֹּאמֶר אֵלַי בֶּן־אָדָם הָעֲצָמוֹת הָאֵלֶּה כָּל־בֵּית יִשְׂרָאֵל הֵמָּה (“Y me dijo: hijo de hombre, estos huesos son toda la casa de Israel”) se había cumplido en el establecimiento del Estado de Israel. Sus palabras exactas fueron: 

"Dry bones became covered with flesh, a spirit filled them, and they lived and stood on their own feet. As Ezekiel prophesied." 

("Los huesos secos quedaron cubiertos de carne, un espíritu los llenó, y vivieron y se pusieron de pie. Como profetizó Ezequiel.")

(Brimlow, R. (Ed.). (2015). Messianic Bible: Aliyah, Bible Prophecy, and the Restoration of Israel. https://messianicbible.com/feature/aliyah-bible-prophecy-restoration-israel/)

La pregunta exegética decisiva es esta: ¿qué dice la tradición judaica sobre Ezequiel 37? La respuesta es unánime y demoledora para la interpretación de Netanyahu: no existe un solo comentarista judío clásico que interprete esta visión como profecía cumplida en 1948. Ni uno. Rashi ve en el capítulo una visión de consolación dirigida a los exiliados en Babilonia. El Radak —R. David Kimji— lo interpreta en el mismo marco del exilio babilónico. El Malbim lo ubica en un horizonte escatológico mesiánico preciso que no tiene nada que ver con un evento político del siglo XX. Ibn Ezra ancla el texto en la experiencia histórica concreta del exilio. El texto hebraico mismo es explícito: יָבְשׁוּ עַצְמוֹתֵינוּ וְאָבְדָה תִקְוָתֵנוּ נִגְזַרְנוּ לָנוּ (“nuestros huesos se han secado y nuestra esperanza ha perecido, hemos sido destruidos”) son las palabras de los exiliados en Babilonia. Es una metáfora del exilio histórico concreto, no una predicción cifrada del 14 de mayo de 1947.

¿De dónde proviene entonces la interpretación que Netanyahu proclama como si fuera doctrina judía establecida? Proviene de un sermón pronunciado en Londres en 1864 por Charles Haddon Spurgeon, el predicador baptista más influyente de la historia anglosajona, ante la Society for Christian Witness to Israel — una organización fundada específicamente para la conversión de los judíos al cristianismo. Spurgeon fue absolutamente explícito:

"The meaning of our text, as opened up by the context, is most evidently, if words mean anything, first, that there shall be a political restoration of the Jews to their own land and to their own nationality and then, secondly, there is in the text, and in the context, a most plain declaration, that there shall be a spiritual restoration, a conversion in fact, of the tribes of Israel."

(“El significado de nuestro texto es con toda evidencia, primero, que habrá una restauración política de los judíos a su propia tierra, y luego, una restauración espiritual, una conversión de hecho, de las tribus de Israel.") Para Spurgeon, la restauración nacional de Israel en su tierra era el preludio necesario a la conversión colectiva de los judíos al cristianismo. Netanyahu está citando, sin saberlo o sin importarle, el texto fundacional del proyecto misionero protestante de conversión judía.”)

(Spurgeon, C. H. (1864). The restoration and conversion of the Jews [Sermon preached on behalf of the Society for Christian Witness to Israel]. Trumpet Sounds. https://trumpetsounds.net/library/charles-haddon-spurgeon/)

Esta interpretación, que en el judaísmo no tiene ningún precedente ni autoridad, se convirtió en el siglo XX en el canon del dispensacionalismo evangélico norteamericano. John Hagee — fundador de Christians United for Israel, la organización sionista más grande de Estados Unidos con más de diez millones de miembros declarados, y quien según testimonios documentados fundó la organización a instancias del propio Netanyahu — la articula con una fidelidad que revela su linaje directo:

"MORE THAN 2,600 years ago the prophet Ezekiel prophesied the resurrection of Israel from the Gentile graves in the lands to which she had been scattered, predicting the rebirth of Israel, which took place May 14, 1948." ("Hace más de 2.600 años el profeta Ezequiel profetizó la resurrección de Israel de las tumbas gentiles, prediciendo el renacimiento de Israel, que tuvo lugar el 14 de mayo de 1948.") Y añade: "The dry bones in Ezekiel's vision represent the nation of Israel during the Diaspora, beginning in A.D. 70 (Ezek. 37:11). Gradually the bones came together, and the sinews and flesh came upon them." ("Los huesos secos en la visión de Ezequiel representan a la nación de Israel durante la Diáspora, comenzando en el año 70 d.C. Gradualmente los huesos se unieron, y los tendones y la carne vinieron sobre ellos.")

(Sullivan, M. J. (n.d.). An exposition of Matthew 24:34, Part 3. Full Preterism. https://fullpreterism.com/an-exposition-of-matthew-2434-part-3/)

La cadena de transmisión es trazable con exactitud: Spurgeon en 1864 en un sermón para convertir judíos al cristianismo → dispensacionalismo anglosajón del siglo XX → Hagee en el siglo XXI → Netanyahu en el escenario internacional, presentándolo como profecía judía cumplida. El texto hebraico es el mismo. El idioma es el mismo. La interpretación es protestantismo reformado de manufactura victoriana.

La consecuencia práctica de esta ignorancia bíblica se filtró en un incidente ocurrido en Polonia en 2013 que ilustra el mecanismo con claridad brutal. Cuando Netanyahu visitó el parlamento polaco para presionar por la relegalización del shejitá —la matanza ritual kosher— su delegación no solicitó comida kosher. La diputada Aliza Lavie (Yesh Atid) denunció ante Army Radio que legisladores polacos le habían dicho que durante la visita del Primer Ministro israelí "el lado israelí no insistió en comidas kosher" y que "los polacos interpretaron eso como señal de que la kashrut no era un asunto muy importante."

(Rettig Gur, H. (2013, julio 25). On official trips, PMO doesn't keep kosher, MK charges. The Times of Israel. https://www.timesofisrael.com/on-official-trips-pmo-doesnt-keep-kosher-mk-charges/)

Netanyahu fue a defender el judaísmo ante los polacos sin practicarlo, y los polacos dedujeron razonablemente que no era tan importante. Es la metáfora perfecta del problema más amplio: Netanyahu habla en nombre del judaísmo ante audiencias que no conocen el judaísmo, y el resultado es que el judaísmo queda sistemáticamente reemplazado por su simulacro protestante.

En el contexto de la segunda administración Trump, este simulacro opera con precisión milimétrica. El 13 de octubre de 2023, durante la formación del gobierno de unidad de emergencia, Netanyahu declaró: "Today, against the enemy, with the ancient command 'Remember what Amalek did to you' ringing in our ears, today we are uniting forces in order to ensure the eternity of Israel." ("Hoy, contra el enemigo, con el antiguo mandamiento 'Recuerda lo que Amalek te hizo' resonando en nuestros oídos, hoy unimos fuerzas para asegurar la eternidad de Israel.") Dos semanas después, ante las FDI, citó directamente זָכוֹר אֵת אֲשֶׁר־עָשָׂה לְךָ עֲמָלֵק añadiendo: "You must remember what Amalek has done to you, says our Holy Bible." ("Debes recordar lo que Amalek te hizo, dice nuestra Santa Biblia.") En marzo de 2026, durante una visita a un sitio atacado por misiles iraníes, declaró: "We read in this week's Torah portion, 'Remember what Amalek did to you.' We remember — and we act." ("Nosotros recordamos — y actuamos.") Amalek ya no es Hamas. Ahora es Irán. El comodín rota con fluidez porque su lógica no es genealógica ni halájica: es tipológica. Es exactamente la lógica de Thomas Case predicando ante el Parlamento de Westminster en 1644, de Increase Mather describiendo a los pueblos nativos como Amalek en 1676, de Samuel Langdon equiparando a la Corona británica con el enemigo bíblico de Israel en 1775.

(Bercovitch, S. (1978). The American Jeremiad. University of Wisconsin Press.)

(Mather, I. (1676). A brief history of the war with the Indians in New-England. Printed for Richard Chiswell. Edición digital: Royster, P. (Ed.). (2006). Faculty Publications, University of Nebraska-Lincoln Libraries, 31.)

(Langdon, S. (1775). Government corrupted by vice, and recovered by righteousness. Printed and sold by Benjamin Edes. Reproducido en Thornton, J. W. (Ed.). (1860). The Pulpit of the American Revolution. Gould and Lincoln.)

La tradición rabínica clásica blinda precisamente contra este tipo de uso político irrestricto. El Rambam, en Hiljot Melajim 5:4-5, establece que la obligación respecto a Amalek presupone condiciones institucionales precisas y una cadena de identificación tribal intacta: מִנּוּי מֶלֶךְ קוֹדֵם לְמִלְחֶמֶת עֲמָלֵק (“El nombramiento del rey precede a la guerra contra Amalek”). El Sefer Hajinuk y el Minjat Jinuk añaden que dado que Senaquerib mezcló a las naciones — זִכְרָם אָבַד (“su memoria ha desaparecido”) — la identificación de cualquier amalecita contemporáneo es halájicamente imposible. El aparato jurídico rabínico funciona, entre otras cosas, como un freno institucional contra exactamente el uso que Netanyahu hace del texto. Cuando Netanyahu invoca "Amalek" sin ese marco, no está citando el judaísmo clásico. Está citando el protestantismo reformado que aprendió en Pennsylvania.

El interlocutor inmediato de ese vocabulario en Washington es un ecosistema evangélico que la estrategia israelí identificó hace décadas como el segmento más receptivo. El 11 de abril de 2025, Netanyahu concedió una entrevista de cuarenta minutos a Paula White-Cain, directora de la White House Faith Office y pastora del movimiento del "evangelio de la prosperidad", en la Blair House, transmitida en el canal cristiano Daystar. La primera pregunta de White-Cain fue sobre el Armagedón: si Netanyahu creía que los eventos actuales eran señales del cumplimiento de la escatología cristiana del Fin de los Tiempos. Netanyahu respondió afirmativamente. No porque comparta la doctrina cristiana del Rapto — que la tradición judía ignora completamente — sino porque sabe que ese idioma activa en su audiencia exactamente el marco interpretativo que le resulta políticamente útil.

(The Times of Israel. (2025, abril 14). End of Days and divine providence: Netanyahu gives interview to evangelical Trump adviser. https://www.timesofisrael.com/end-of-days-and-divine-providence-netanyahu-gives-interview-to-evangelical-trump-adviser/)

Mike Huckabee, ministro bautista y embajador de Estados Unidos en Israel desde abril de 2025, es la traducción institucional más perfecta de la estrategia que Malachy bosquejó y Dart diseñó. Su negativa a usar el término "Cisjordania" en favor de "Judea y Samaria" no es un capricho: es la aplicación consecuente de la misma hermenéutica que produjo la interpretación spurgeoniana de Ezequiel 37. En mayo de 2025, realizó una visita oficial al yacimiento arqueológico de Shiloh en Cisjordania — la primera vez en la historia que un embajador estadounidense celebraba una reunión oficial con el Consejo Yesha, el organismo representativo de los asentamientos israelíes más allá de la Línea Verde. En febrero de 2026, en una entrevista con Tucker Carlson, llegó a sugerir que Israel tendría derecho bíblico a extenderse sobre vastas porciones del Medio Oriente, lo que desencadenó condenas de Arabia Saudita, Qatar y Egipto, que describieron sus comentarios como "retórica extremista" y "flagrante violación" del derecho internacional.

(Al Jazeera. (2024, noviembre 13). Who is Mike Huckabee, the US evangelical, pro-settlement envoy to Israel? https://www.aljazeera.com/news/2024/11/13/who-is-mike-huckabee-the-evangelical-pro-settlement-envoy-to-israel)

(NBC News. (2026, febrero 22). Outcry after Ambassador Mike Huckabee suggests Israel has God-given right to Middle East land. https://www.nbcnews.com/world/israel/outcry-us-ambassador-mike-huckabee-israel-god-right-middle-east-rcna260133)

Hagee cierra el círculo. Como señala Engberg, los Evangelical Zionist ministries en Jerusalén trabajaron durante los años setenta no solo para convencer a los evangélicos de que apoyar a Israel era lo correcto desde el punto de vista cristiano, sino también para convencer a los israelíes de que trabajar con los evangélicos era lo correcto desde el punto de vista sionista.

 "They consciously, simultaneously, and very effectively positioned themselves as the bridge between a large constituency of Evangelical Christians and the Israeli political establishment." ("Se posicionaron consciente, simultánea y muy eficazmente como el puente entre una gran circunscripción de cristianos evangélicos y el establishment político israelí.") Hagee, con Christians United for Israel y más de diez millones de miembros declarados, es la culminación de ese puente.)

(Engberg, 2020, p. 50.)

En el centro más discreto de esa arquitectura opera The Fellowship Foundation — conocida como The Family — fundada en 1935 por Abraham Vereide y articulada por décadas bajo Douglas Coe. El sociólogo D. Michael Lindsay de la Universidad Rice documenta que esta organización ha acumulado un acceso estructural sin precedentes al liderazgo político estadounidense a través de células de oración y estudio bíblico que incluyen senadores, representantes, militares y ejecutivos. El periodista Jeffrey Sharlet documenta que su premisa teológica central es que el poder político es un don divino que debe alinearse con la voluntad de Dios, y que los líderes fuertes son instrumentos providenciales independientemente de su moral personal. Cuando Netanyahu habla ante ese auditorio en el idioma de Spurgeon y Hagee, no necesita credenciales judaicas. Sus credenciales son exactamente las que esa red reconoce: el líder fuerte que cita תִּמְחֶה אֶת־זֵכֶר עֲמָלֵק ("borrarás el recuerdo de Amalek") y הָעֲצָמוֹת הַיְבֵשׁוֹת ("los huesos secos") en el idioma original con la autoridad del protagonista de la profecía.

(Lindsay, D. M. (2007). Faith in the Halls of Power: How Evangelicals Joined the American Elite. Oxford University Press.)

(Sharlet, J. (2008). The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power. Harper & Row.)

Lo que esta arquitectura produce en su conjunto no es una alianza entre Estados Unidos y el judaísmo. Es una alianza entre un político israelí secular, sin formación judaica, y el evangelicalismo político norteamericano, articulada en un idioma que los dos lados reconocen como propio y que ninguno de los dos puede verificar en las fuentes primarias de la tradición rabínica. La cadena de transmisión es perfectamente rastreable en su doble dirección: hacia atrás, desde Netanyahu hasta Spurgeon y los teólogos protestantes isabelinos; hacia adentro, desde el Departamento de Asuntos Religiosos de Israel en 1967 hasta el documento confidencial de Dart en los años setenta, hasta las conferencias de profecía bíblica patrocinadas por el Estado israelí, hasta la entrevista en la Blair House transmitida por Daystar en 2025.

Los judíos con formación básica en Tanaj sabemos leer a nuestros profetas. Sabemos que Ezequiel 37 habla de los exiliados en Babilonia. Sabemos que la identificación de Amalek con un enemigo político contemporáneo no proviene de ninguna autoridad halájica reconocida. Sabemos que lo que Netanyahu dice sobre la Biblia hebrea no lo aprendió de nosotros. Y sabemos, también, que el Estado que él representa trabajó durante décadas para asegurarse de que su audiencia principal nunca se lo preguntara.

Lo que suena más bíblico no siempre es lo más judío. Y lo que se vende como tradición milenaria a veces tiene apenas cuatrocientos años, manufactura de Ginebra, acento de Nueva Inglaterra, y un documento confidencial en los Archivos Sionistas Centrales de Jerusalén que explica exactamente por qué funciona.

Por último, y en una reflexión desde el judaísmo, desde las fuentes que Nathan Mileikowsky z"l quien estudió en Volozhin y que el Gaón de Vilna iluminó antes que él, hay algo que merece decirse con claridad y sin diplomacia: Netanyahu tiene una herencia. No la está usando.

El nieto de un rabino ordenado en la institución más exigente del judaísmo lituano del siglo XIX tiene a su disposición una tradición exegética de una profundidad que ningún predicador de Nashville, ningún pastor de Texas y ningún teólogo isabelino inglés podrá jamás igualar. Esa tradición tiene respuestas propias para cada uno de los textos que Netanyahu cita mal. Tiene su propio lenguaje político, su propia relación con la tierra, su propia visión del destino colectivo de Israel. No necesita a Spurgeon. No necesita a Hagee. Y desde luego no necesita a los hombres de oración silenciosa de The Fellowship Foundation — conocida como The Family — que construyen relaciones con líderes extranjeros en nombre de un Yeshú que el judaísmo no reconoce, y cuya agenda Netanyahu utiliza con la misma frialdad estratégica con que ellos lo utilizan a él.

Esa relación utilitaria tiene un precio que no se paga en Washington: se paga en las comunidades hispanohablantes de América Latina, en los barrios árabes de Europa, en las sinagogas de cualquier ciudad donde los movimientos de Raíces Hebreas del Cristianismo, los mesiánicos y los netzaritas avanzan con la legitimidad que les otorga poder señalar al Primer Ministro de Israel hablando su idioma. Cada vez que Netanyahu invoca Ezequiel 37 en clave dispensacionalista, cada vez que valida implícitamente la lectura protestante de los profetas hebreos, cada vez que aparece en televisión con un set del Zohar del Centro de Kabbalah de los Berg visible en el estante detrás de él — edición prohibida por los rabanim precisamente porque es una adulteración comercial de la mística judía auténtica, empaquetada para audiencias seculares que confunden el producto con la tradición — le entrega a los movimientos de apropiación cristiana del judaísmo la munición más valiosa que pueden tener: la apariencia de continuidad con la tradición que están vaciando.

El anhelo desde el judaísmo no es que Netanyahu se vuelva observante, ni que estudie en una yeshivá a los setenta años. Es más simple y más urgente que eso: que cuando cite a los profetas de Israel, los cite como los entendieron los sabios de Israel — Rashi, el Radak, el Malbim, el Ibn Ezra — y no como los entendió un predicador victoriano cuyo objetivo declarado era convertir a los judíos al cristianismo, ni como los presenta un movimiento de Nueva Era que vende el Zohar en Amazon con envío en dos días. Porque el problema no es solo exegético. Es geopolítico y es de sangre. Cuando un primer ministro toma decisiones militares sobre Irán, Gaza o el Líbano con la gramática del dispensacionalismo evangélico norteamericano resonando en sus oídos — cuando el marco interpretativo que guía su lectura del presente es el mismo que Hagee usa para predicar que el ataque a Irán acelerará el Rapto y que Matt Hagee describe como "a heavenly air assault" ("un asalto aéreo celestial") — el Medio Oriente no está siendo gobernado desde la tradición judía. Está siendo gobernado desde la piromanía escatológica de un movimiento cristiano que necesita que la región arda para que su profecía se cumpla. La tradición rabínica, desde el Talmud hasta el Rambam, construyó siglos de jurisprudencia precisamente para que ningún líder pudiera incendiar el mundo invocando un texto sagrado sin mediación, sin cadena de transmisión, sin el freno institucional que la halajá representa. Ese freno no existe en el dispensacionalismo. En el dispensacionalismo, el fuego es la señal de que Dios está actuando. En el judaísmo clásico, encender ese fuego sin autoridad halájica es una transgresión, no una misión divina.

La cadena que va del Gaón de Vilna a Nathan Mileikowsky z"l a Benzion Netanyahu se cortó en la segunda generación. Restaurarla no es un asunto de observancia personal. Es un asunto de integridad intelectual, de responsabilidad histórica hacia el pueblo cuyo nombre invoca cada vez que abre la boca, y de responsabilidad humana hacia los millones de personas que viven en la región que él gobierna desde una hermenéutica ajena. El rabino de Volozhin cuyo apellido lleva nunca habría reconocido en esa hermenéutica su judaísmo. Nosotros tampoco lo reconocemos.

3/16/2026

¿Amalek es Irán? La interpretación evangélica de Netanyahu sobre el concepto de Amalek

BS"D


Cuando el PRIMER MINISTRO de Erretz Israel, Benjamin Netanyahu citó זָכוֹר אֵת אֲשֶׁר־עָשָׂה לְךָ עֲמָלֵק (“Recuerda lo que Amalek te hizo”) ante las Fuerzas de Defensa de Israel el 28 de octubre de 2023, el auditorio inmediato eran soldados. El auditorio real — el que importa políticamente — estaba en Washington. Y ese auditorio no leyó la cita en su contexto talmúdico, ni en el marco halájico del Ramba”m, ni con la distancia hermenéutica que exige el texto hebraico. La leyó a través de siglos de teología política protestante que ellos mismos producen y que Netanyahu, con exactitud quirúrgica, les devuelve como si fuera judaísmo auténtico.

Para entender por qué esto importa, hay que hacer lo que raramente se hace en el debate público: leer.

El término עֲמָלֵק (ʿămālēq) tiene en el texto bíblico un referente histórico concreto. Berreshit / Génesis 36:12 establece su genealogía — וְתִמְנַע הָיְתָה פִילֶגֶשׁ לֶאֱלִיפַז בֶּן־עֵשָׂו וַתֵּלֶד לֶאֱלִיפַז אֶת־עֲמָלֵק (“Y Timná fue concubina de Elifaz hijo de Esaú, y ella dio a luz a Amalek para Elifaz”) — y Bemidbar / Números 13:29 lo ubica territorialmente: עֲמָלֵק יוֹשֵׁב בְּאֶרֶץ הַנֶּגֶב (“Amalek habita en la tierra del Neguev”). Es un etnónimo con coordenadas geográficas y árbol genealógico verificable, no una categoría semántica abierta disponible para cualquier adversario político de turno.

El mandamiento de Debvarim / Deuteronomio 25:17 y 25:19 — זָכוֹר אֵת אֲשֶׁר־עָשָׂה לְךָ עֲמָלֵק (“Recuerda lo que Amalek te hizo”) y תִּמְחֶה אֶת־זֵכֶר עֲמָלֵק מִתַּחַת הַשָּׁמָיִם לֹא תִשְׁכָּח (“Borrarás el recuerdo de Amalek de debajo del cielo, no lo olvidarás”) — está formulado sobre un agente histórico identificable, sobre el que pesa además una restricción jurídica fundamental que la retórica política sistemáticamente silencia.

El Ramba”m, en Hiljot Melajim 5:4-5 del Mishnéh Torá, establece la secuencia legal con precisión:

מִנּוּי מֶלֶךְ קוֹדֵם לְמִלְחֶמֶת עֲמָלֵק... וְהַכְרָתַת זֶרַע עֲמָלֵק קוֹדֶמֶת לְבִנְיַן הַבַּיִת 

(“El nombramiento del rey precede a la guerra contra Amalek... y la erradicación del linaje de Amalek precede a la construcción del Templo”). 

La obligación presupone condiciones institucionales precisas y una cadena de identificación tribal intacta. El Sefer HaJinuk y el Minjat Jinuk extienden ese principio: dado que Senaquerib mezcló a las naciones — זִכְרָם אָבַד (“su memoria ha desaparecido”) — nadie puede identificar hoy a un amalecita. El aparato jurídico rabínico funciona, entre otras cosas, como un freno institucional contra la aplicación política irrestricta del texto. Cuando Netanyahu invoca "Amalek" sin ese marco, no está citando el judaísmo clásico.

Está citando algo completamente distinto. Para rastrear ese algo, hay que retroceder al siglo XVII inglés. En 1644, en plena Guerra Civil, el predicador puritano Thomas Case se dirigió al Parlamento de Westminster con estas palabras: 

“The Lord hath sworn that He will have war with Amalek from generation to generation; and so it is with those enemies that oppose the kingdom of Christ.” 

(“El Señor ha jurado que tendrá guerra con Amalek de generación en generación; y así ocurre con aquellos enemigos que se oponen al reino de Cristo.”) Los Realistas eran Amalek.

(Bercovitch, S. (1978). The American Jeremiad. University of Wisconsin Press.)

Treinta y dos años después, en 1676, Increase Mather, el ministro más influyente de Nueva Inglaterra, eligió Éxodo 17:14 — כִּי־מָחֹה אֶמְחֶה אֶת זֵכֶר עֲמָלֵק מִתַּחַת הַשָּׁמָיִם (“Porque borrando borraré el recuerdo de Amalek de debajo del cielo”) — como texto central de su relato de posguerra sobre la Guerra del Rey Felipe, comparando a los pueblos nativos con Amalek y a los colonos puritanos con el pueblo elegido empuñando la herem.

(Mather, I. (1676). A brief history of the war with the Indians in New-England. Printed for Richard Chiswell. Edición digital: Royster, P. (Ed.). (2006). Faculty Publications, University of Nebraska-Lincoln Libraries, 31.)

En 1775, Samuel Langdon, presidente de Harvard, predicó ante el Congreso de Massachusetts el 31 de mayo en su sermón "Government Corrupted by Vice, and Recovered by Righteousness", describiendo a las autoridades británicas en los términos del adversario bíblico predestinado de Israel:

“When a people rise up to oppose the liberties which God hath given, they act the part of Amalek.” 

(“Cuando un pueblo se levanta para oponerse a las libertades que Dios ha concedido, actúa el papel de Amalek.”) ¡La Corona era Amalek!

(Langdon, S. (1775). Government corrupted by vice, and recovered by righteousness: A sermon preached before the honorable Congress of the colony of the Massachusetts-Bay in New England. Printed and sold by Benjamin Edes. Reproducido en Thornton, J. W. (Ed.). (1860). The Pulpit of the American Revolution. Gould and Lincoln.)

Tres siglos, tres enemigos radicalmente distintos, un único molde hermenéutico. Lo que estas tres citas tienen en común no es el judaísmo: es la biblical typology protestante, esa operación cognitiva que colapsa la distancia entre el texto hebraico y el presente político identificando al lector con Israel y al adversario de turno con su némesis bíblica predestinada. La hermenéutica nace de sola scriptura, se radicaliza en el puritanismo, sobrevive en el evangelicalismo anglosajón y llega al siglo XXI completamente intacta como marco de interpretación política.

Netanyahu sabe exactamente lo que hace cuando emplea este idioma. El 13 de octubre de 2023, durante la formación del gobierno de unidad de emergencia, declaró: 

“Today, against the enemy, with the ancient command 'Remember what Amalek did to you' ringing in our ears, today we are uniting forces in order to ensure the eternity of Israel.” 

(“Hoy, contra el enemigo, con el antiguo mandamiento 'Recuerda lo que Amalek te hizo' resonando en nuestros oídos, hoy unimos fuerzas para asegurar la eternidad de Israel.”) 

Dos semanas después, ante las FDI, añadió: 

“You must remember what Amalek has done to you, says our Holy Bible.” 

(“Debes recordar lo que Amalek te hizo, dice nuestra Santa Biblia.”) 

En marzo de 2026, durante una visita a un sitio atacado por misiles iraníes, declaró: 

“We read in this week's Torah portion, 'Remember what Amalek did to you.' We remember — and we act.”

(“Leemos en la porción de la Torá de esta semana, 'Recuerda lo que Amalek te hizo.' Nosotros recordamos — y actuamos.”) 

Amalek ya no es Hamas. Ahora es Irán. El comodín rota con fluidez porque su lógica no es genealógica ni halájica: es tipológica. Es exactamente la lógica de Thomas Case, de Increase Mather, de Samuel Langdon.

El interlocutor real de este vocabulario en la segunda administración Trump no son los asesores judíos. Son los evangelicales: los más de doscientos líderes que en septiembre de 2025 enviaron una carta a Trump urgiéndolo a defender la "soberanía bíblica" de Israel sobre Judea y Samaria, Paula White-Cain como consejera sénior de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, y Mike Huckabee como embajador en Israel, quien lleva décadas negándose a usar el término "Cisjordania" prefiriendo los nombres bíblicos "Judea y Samaria". Para todos ellos, el lenguaje de Amalek no es teología judía exótica: es su propio lenguaje nativo, devuelto con acento hebraico. Netanyahu lo sabe. Por eso lo usa.

En el centro de ese ecosistema opera una organización que pocas veces aparece en titulares, precisamente porque ha diseñado su influencia para no aparecer. The Fellowship Foundation, conocida como The Family, fundada en 1935 por Abraham Vereide y modelada durante décadas por su sucesor Douglas Coe, es, según D. Michael Lindsay de la Universidad Rice, la organización con mayor acceso acumulado entre el liderazgo político estadounidense a través de las décadas. Sus miembros — senadores, representantes, militares, ejecutivos — comparten una cultura de oración y estudio bíblico estructurada en células discretas cuya influencia deliberadamente elude el registro público.

(Lindsay, D. M. (2007). Faith in the Halls of Power: How Evangelicals Joined the American Elite. Oxford University Press.)

El periodista de investigación Jeffrey Sharlet, que infiltró The Family durante meses, documenta que su método de operación consiste en construir relaciones personales con líderes de todo el mundo bajo la premisa de que el poder político es un don divino que debe alinearse con la voluntad de Dios, y que el ejemplo de Jesús es principalmente un modelo de liderazgo para los poderosos, no un mensaje para los marginados.

(Sharlet, J. (2008). The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power. Harper & Row.)

The Fellowship estuvo en silencio detrás de los Acuerdos de Camp David en 1978 y lleva décadas tejiendo redes entre líderes israelíes y políticos estadounidenses. No opera con Amalek en sus documentos públicos. Opera con algo más duradero: la convicción de que los líderes fuertes son instrumentos de Dios, que la historia bíblica es un mapa del presente, y que Israel ocupa en esa cartografía un lugar predestinado. Cuando Netanyahu habla ante ese auditorio en el lenguaje de la tipología bíblica, no necesita explicar nada. Están en el mismo idioma antes de que abra la boca.

Lo que hace posible este cortocircuito es una asimetría hermenéutica que beneficia a Netanyahu políticamente y perjudica intelectualmente al judaísmo clásico. La tradición rabínica — desde la Mekiltá hasta el Ramba"m, desde los Targumim hasta la anotación del Minjat Jinuk a Hiljot Melajim — desarrolló siglos de comentario legal precisamente para limitar, calificar y contextualizar los mandamientos más peligrosos del texto bíblico. El protestantismo reformado construyó exactamente el movimiento opuesto: una hermenéutica de acceso directo al texto que salta por encima de la tradición rabínica para leer la Biblia hebrea como presente político inmediato. El puritanismo llevó esa operación a su consecuencia lógica. El evangelicalismo del siglo XXI la conserva como ADN institucional. La cadena de transmisión es perfectamente rastreable: Reforma protestante, puritanismo, reavivamientos evangélicos del siglo XVIII en adelante, sionismo político nacido en Europa central en contacto con ese ambiente cultural y absorbido por él de maneras que sus propios fundadores — Herzl era un liberal secularista vienés — no habrían reconocido.

Cuando un político israelí cita teología bíblica para justificar una operación militar ante una audiencia evangélica estadounidense, la fuente de autoridad que está invocando no es el Talmud ni Maimónides. Es Calvino. Es Cromwell. Es el covenant theology de Nueva Inglaterra trasplantado al Mediterráneo oriental. Y esa sustitución es tan antigua como el primer sermón de Thomas Case ante el Parlamento de Westminster, tan americana como los primeros colonos puritanos que describieron a los pueblos nativos como Amalek, tan contemporánea como las redes de The Family y los doscientos pastores que le escriben cartas a Donald Trump sobre los derechos bíblicos de Israel.

Lo que suena más bíblico no siempre es lo más judío. Y lo que se vende como tradición milenaria a veces tiene apenas cuatrocientos años, manufactura de Ginebra, y acento de Nueva Inglaterra.