1/06/2023

El manuscrito que los nazarenos (natzaratim) no se atreven a leer completo

BS"D
Texto del Evangelio Hebreo de Mateo
de R' Shem Tob Ibn Shaprut


Hay una táctica que conozco bien de los debates con nazarenos y mesiánicos: cuando no pueden ganar el argumento completo, reducen el campo de batalla hasta quedarse con el único terreno donde creen tener ventaja. Yosef ben Levi de los natzratim lo hace con una disciplina casi admirable. Cada vez que el debate sobre el manuscrito Shem Tob se abre hacia sus implicaciones más amplias, él regresa, invariablemente, a su lista. Veintisiete ejemplos. Siempre los mismos veintisiete ejemplos. Como si la filología de un manuscrito medieval pudiera resolverse con una lista.

Conviene explicar de qué se trata antes de continuar.

El Shem Tob es una versión del evangelio de Mateo en hebreo, incluida por Shem Tob ben Itzjak ben Shaprut en su obra apologética Even Boán, en el año 1380. La postura de Yosef —recuperada de su maestro Avdiel Frías— es que este manuscrito no es una traducción medieval al hebreo, sino la preservación de un texto hebreo original, copiado generación tras generación desde los tiempos del propio Mateo. La postura de los especialistas —de todos los especialistas, sin excepción— es que el Shem Tob es una traducción medieval elaborada a partir de fuentes que no son el Mateo griego, principalmente la llamada Armonía de Lieja.

Aclaración importante antes de entrar al análisis: no está en debate si el Mateo original se escribió en hebreo o en griego. Los especialistas aceptan sin problema que el texto original probablemente no se escribió en griego. Eso Yosef lo presenta como si fuera una revelación que los académicos miedosos jamás se atreverían a admitir. Pero es un punto de consenso. Lo que sí está en debate es otra pregunta, más específica y más difícil: ¿el Shem Tob es la preservación de ese original hebreo, o es una traducción medieval al hebreo desde otra fuente? Esa es la pregunta. Y sobre esa pregunta, los veintisiete ejemplos de Yosef supuestamente lo resuelven todo.

La lógica de la lista es la siguiente: en veintisiete versículos, el Shem Tob presenta una lectura que difiere del Mateo griego, y en cada caso la diferencia puede explicarse por la similitud ortográfica entre dos palabras hebreas. El argumento es que el traductor al griego leyó mal el original hebreo, y por eso escribió algo distinto. El ejemplo más citado es Mateo 6:32, donde el griego dice "los gentiles buscan todas estas cosas" y el Shem Tob dice "los cuerpos buscan todas estas cosas." En hebreo, "gentiles" es hagoyim (הגוים) y "cuerpos" es hagufim (הגופים): palabras visualmente similares, fáciles de confundir. Entonces, se deduce que el traductor al griego leyó mal el original hebreo y escribió "gentiles" donde debía decir "cuerpos."

¿Demuestra esto que el Shem Tob preserva el original? Me senté a analizar los veintisiete casos, uno por uno, en la soledad de mi estudio, sin necesidad de contratar a ningún especialista. Y lo que encontré no fue una lista de pruebas. Fue una lista de problemas.

El problema central es uno que parece banal hasta que uno lo piensa con seriedad: el hecho de que exista una lectura alternativa en hebreo no implica automáticamente que esa lectura sea la correcta. Hay al menos dos escenarios igualmente posibles. En el primero, el que defiende Yosef, el original hebreo fue mal leído y el error pasó al griego y a todos los manuscritos posteriores, mientras que los judíos preservaron la lectura correcta durante trece siglos hasta llegar a Shem Tob ben Itzjak. En el segundo, el texto original hebreo fue traducido correctamente al griego, y en algún momento durante esos mismos trece siglos, alguien retradujo el texto al hebreo desde el griego u otra fuente, y un copista posterior leyó mal el hebreo retraducido, produciendo una variante incorrecta que eventualmente llegó al manuscrito del Shem Tob. Ambos escenarios explican los mismos datos. Y eso ya es suficiente para que la lista deje de ser una prueba.

Existe incluso un tercer escenario más complejo: el Mateo hebreo original fue traducido varias veces, no sólo al griego sino posiblemente al arameo y al latín, y en ese proceso de traducciones cruzadas y retraducciones —en trece siglos todo esto es posible— los errores de lectura pudieron surgir en cualquier punto de la cadena y filtrarse en cualquier dirección. El especialista honesto tiene que contemplar todas estas posibilidades antes de ofrecer una conclusión. Yosef se quedó con una sola y llamó al resultado una demostración definitiva.

Veamos ahora qué dice realmente la lista, caso por caso, porque los detalles importan.

El primer grupo de casos —nueve en total— son diferencias en las que ninguna de las dos lecturas tiene ventaja objetiva sobre la otra. El sentido de la frase no cambia o ambas versiones son igualmente coherentes con el contexto, por lo que es imposible determinar cuál es la original. En Mateo 7:4, el griego dice "déjame sacar la paja" y el Shem Tob dice "espera a que saque la paja": las dos son lógicas. En Mateo 7:6, el griego dice "no deis lo que es santo a los perros" y el Shem Tob dice "no deis la carne santa a los perros": ambas tienen coherencia con el contexto inmediato. En Mateo 18:30, "lo echó en la cárcel" frente a "lo llevó a la cárcel": imposible decidir. En Mateo 22:23, "se le acercaron los saduceos" frente a "le salieron al encuentro": igualmente irresoluble. En Mateo 23:37, "apedrear" frente a "expulsar": ninguna tiene ventaja contextual determinante. En Mateo 24:6, "no os alarméis" frente a "no os llenen de vanas esperanzas": ambas coherentes dado el versículo anterior sobre los falsos mesías. En Mateo 25:33 y 26:53, las diferencias son tan mínimas que no alteran el sentido en ninguna dirección. Nueve casos donde la ambigüedad es total. Nueve casos que no demuestran nada.

El segundo grupo —once casos— es más revelador, porque en ellos la lectura del Mateo griego es más lógica que la del Shem Tob. Esto contradice directamente la premisa implícita de la lista, que supone que cuando hay una diferencia, la versión hebrea tiene que ser la correcta.

Mateo 5:4: el griego dice "bienaventurados los que lloran" (habojim, הבוכים) y el Shem Tob dice "bienaventurados los que esperan" (hajojim, החוכים). La frase siguiente es "porque serán confortados". El consuelo prometido tiene sentido para quienes lloran. Para quienes esperan, la promesa lógica sería que su espera terminaría, no que serían confortados. La lectura griega es más coherente.

Mateo 6:6: el griego dice "entra en tu aposento" (mishkan, משכן) y el Shem Tob dice "ve a tu lecho" (mishkav, משכב). La instrucción inmediata siguiente es "cierra las puertas detrás de ti." Los aposentos tienen puertas. Los lechos, no. La lectura griega funciona. La del Shem Tob, no.

Mateo 7:29: el griego dice "les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas" (soferim), mientras que el Shem Tob dice "y no como el resto de los sabios" (jajamim). Aquí hay un detalle que merece atención: si el original hebreo decía "los sabios" y el traductor al griego lo cambió inexplicablemente por "los escribas", ¿cuál sería la razón? Ninguna. En cambio, si el original griego decía "los escribas" y un copista hebreo posterior leyó "como el resto de" en lugar de "como", y luego sospechando que había un error sustituyó "escribas" por "sabios" —porque Yeshú nunca aparece retratado como escriba—, tenemos una corrección racional por parte de un copista. En el sentido nazareno, tenemos una alteración arbitraria por parte de un traductor. La explicación más parsimonious favorece al griego.

Mateo 8:26: el griego dice "¿por qué temen (tiraú, תיראו), hombres de poca fe?" y el Shem Tob dice "¿por qué miran (teraú, תראו)?" El versículo anterior describe a los discípulos aterrados ante una tormenta, diciéndole a Yeshú "¡Sálvanos porque morimos!" Que la respuesta sea "¿por qué temen?" es perfectamente coherente. Que sea "¿por qué miran?" resulta contextualmente extraño.

Mateo 9:34: el griego dice "por el príncipe (bar, בשר) de los demonios" y el Shem Tob dice "en el nombre (shem, בשם) de los demonios." La inconsistencia del Shem Tob es gramatical: si fuera "en el nombre", lo lógico sería "en el nombre del príncipe de los demonios" o "en los nombres de los demonios", no "en el nombre de los demonios" en plural. La versión griega mantiene la coherencia entre el singular "príncipe" y el plural "demonios."

Mateo 11:5 merece consideración especial. El griego dice "los pobres reciben las buenas nuevas" (mitbasrim, מתבשרים) y el Shem Tob dice "los pobres son absueltos" (mitpashrim, מתפשרים). Este versículo cita Isaías 61:1, que dice "me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos." La palabra "buenas nuevas" en el griego de Mateo viene de la Septuaginta, que añade el término evangelisasthai. No hay razón para suponer que esa palabra sea un error de traducción: es una elaboración deliberada sobre la Septuaginta. Pero lo más significativo es lo contrario: la lectura del Shem Tob, "los pobres son absueltos", no tiene ningún paralelo en el texto hebreo del Tanaj. Isaías, para decir "libertad a los cautivos", usa lishevu'im deror (לִשְׁבוּיִם דְּרוֹר), que no tiene ninguna relación con el mitpashrim del Shem Tob. En este caso no sólo es más lógica la lectura griega: es la que refleja fuentes bíblicas reales. El Shem Tob inventa una frase que no existe ni en Isaías ni en ninguna otra parte del Tanaj.

Mateo 11:13 ofrece un problema similar: el griego dice "todos los profetas y la Ley profetizaron hasta (ad, עד) Juan" y el Shem Tob dice "todos los profetas y la Torá hablaron acerca de (al, על) Yojanan." El versículo siguiente identifica a Yojanan con Elías, y la única fuente bíblica que habla del regreso de Elías es Malaquías. Afirmar que toda la Torá y todos los profetas hablaron acerca de Yojanan es, textualmente, inexacto. La versión griega, que establece una demarcación temporal hasta Yojanan, es más precisa.

Mateo 28:6 cierra este grupo: el griego dice "venid, ved el lugar donde yacía (mead, מעד) el Señor" y el Shem Tob dice "venid, ved el lugar donde se levantó (amad, עמד) el Señor." Las mujeres que se acercan al sepulcro esperan encontrar un cuerpo inerte. La instrucción de ver el lugar donde yacía el cuerpo es coherente con esa expectativa. La del Shem Tob presupone un conocimiento que las mujeres todavía no tienen en ese momento del relato.

Once casos donde el griego es más lógico. Sumados a los nueve anteriores, llevamos veinte casos descartados. Quedan siete. Pero la lista se sigue reduciendo.

El tercer grupo son casos directamente falaces: errores o manipulaciones en la lista misma, independientemente del manuscrito.

Mateo 8:21: la lista afirma que el griego dice "otro" (ajer, אחר) mientras que el Shem Tob dice "uno" (ejad, אחד). Pero el Shem Tob no escribe ejad. Escribe va'ejad mitalmidav (וא׳ מתלמדיו). La diferencia no viene de ninguna lectura paralela del hebreo original: viene de un error —voluntario o no— del autor de la lista.

Mateo 11:28: la lista afirma que donde el griego dice "venid a mí (elai, אלי)", el Shem Tob dice "vayan a Él (elav, אליו)". Pero George Howard, cuya traducción del Shem Tob es el texto de referencia para todos los enamorados de este manuscrito, traduce elav precisamente como "venid a mí." La interpretación "vayan a Él" no es una lectura del texto; es un prejuicio teológico de los nazarenos, obsesionados con eliminar del manuscrito cualquier rasgo que suene demasiado cristológico.

Mateo 13:48: la lista afirma que el griego dice "lo malo lo echan al mar (lejof, לחוף)" mientras que el Shem Tob dice "lo echan afuera (lajutz, לחוץ)". El texto griego de Mateo dice exactamente "lo echan afuera", igual que el Shem Tob. No hay diferencia que analizar. No sé de dónde sacaron este caso.

Mateo 26:23: la lista sostiene que el griego dice "ese me traicionará" (yimsreni, ימסרני) mientras que el Shem Tob dice "ese me venderá" (yimkreni, ימכרני). Pero el término griego paradósei no se traduce como "traicionará": significa "me entregará en manos de otro." La lista está presentando una traducción incorrecta del griego para fabricar una diferencia que el texto no tiene.

Mateo 26:30: la lista afirma que el griego dice "cuando cantaron (vayashiru, וישרו) el himno" y el Shem Tob dice "cuando retornaron (vayashuvu, וישבו)." Pero según la traducción de Howard, el Shem Tob en este versículo dice simplemente "y salieron al Monte de los Olivos" (vayelju vayetzu lehar hazeitim, וילכו ויצאו להר הזתים). La diferencia real es que el griego menciona el himno antes de salir, y el Shem Tob simplemente no lo menciona. Ninguna lectura paralela del hebreo está en juego.

Cinco casos más descartados por errores o manipulaciones directas en la lista. Llevamos veinticinco.

El vigésimo sexto caso merece consideración aparte por su gravedad.

En Mateo 22:37 se cita el Shemá. El texto hebreo dice "con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas." El Mateo griego dice "con toda tu mente" en lugar de "con todas tus fuerzas" —un error conocido, porque en el hebreo bíblico el concepto de "mente" no existe como tal; la palabra dea (דעה) es de uso moderno. La lista presenta esto como prueba de que el Shem Tob preservó la lectura correcta.

El problema es doble. Primero, que el autor del Shem Tob pudo perfectamente encontrarse con ese error en su fuente griega o latina y corregirlo deliberadamente, precisamente porque estaba citando un versículo de la Torá que cualquier judío conoce de memoria. Segundo —y esto es lo que hace este caso directamente deshonesto— el Shem Tob no dice lo que la lista afirma que dice. El texto real del manuscrito en Mateo 22:37 es: "Y les dijo: amarás al Señor con todo tu corazón" (amar lo: veahavta et Hashem Eloheja bejol levavja vejú, אמר לו ואהבת את ה״ אלקיך בכל לבבך וכו). El Shem Tob no menciona ni "toda tu alma" ni "todas tus fuerzas." La frase se corta con un vejú, abreviatura de "etcétera." El autor de la lista inventó una lectura que no existe en el manuscrito para fabricar una prueba sobre un versículo que toda la tradición judía conoce y que cualquier copista judío habría corregido instintivamente.

El descaro de este caso es proporcional a su facilidad de detección. El Shemá no es un versículo oscuro que requiera especialistas para verificarlo.

Con esto llegamos a veintiséis casos descartados. Queda uno solo.

Mateo 6:32, el caso del que hablábamos al inicio: "los gentiles (hagoyim, הגוים) buscan todas estas cosas" en el griego, frente a "los cuerpos (hagufim, הגופים) buscan todas estas cosas" en el Shem Tob. La similitud ortográfica es real y el error de lectura es plausible. Y concedo que la versión del Shem Tob tiene una cierta coherencia interna con el contexto del sermón. Pero la lectura griega tampoco es ilógica. En ningún caso es una prueba contundente. Es, en el mejor escenario para Yosef, un argumento de peso relativo que no puede sostener por sí solo una hipótesis sobre la autenticidad del manuscrito.

Esa es la lista completa. Un versículo donde la lectura hebrea parece más coherente que la griega, sin ser determinante. El resto: nueve casos ambiguos, once donde el griego tiene ventaja, cinco falaces y un caso de manipulación documentada.

Ante todo esto, Yosef responde que los especialistas tienen miedo de decir la verdad porque necesitan cuidar sus empleos. Es el refugio final del argumento que no puede sostenerse con evidencia: la conspiración de los académicos cobardes. No voy a perder tiempo en esa idea. La menciono sólo porque ilustra perfectamente a qué punto ha llegado el razonamiento de Yosef cuando se enfrenta a los hechos.

Pero hay más. Porque la lista de Yosef no sólo falla por sus propios méritos internos. Falla porque ignora completamente el resto de la evidencia, que es considerablemente más voluminosa y más significativa.

Los especialistas que han analizado el Shem Tob en profundidad —William Petersen, George Howard y otros— han identificado un fenómeno que Yosef nunca entendió, o nunca quiso entender: las similitudes entre el Shem Tob y el Evangelio Gnóstico de Tomás. Cuando le mencioné esto en el debate, Yosef me acusó de afirmar que el Shem Tob era una copia de Tomás, evidenciando que el tema le quedó demasiado grande. No dije eso. Nadie en sus cinco sentidos diría eso.

Lo que se ha observado es que el Shem Tob comparte con el Evangelio de Tomás ciertas variantes textuales que no existen en el Mateo griego. Por ejemplo, en Mateo 13:48 el texto griego dice que los pescadores "recogen lo bueno en cestas." El Shem Tob agrega "los pescadores recogen lo bueno en cestas." El Evangelio de Tomás, en la misma parábola, dice "el pescador recoge lo bueno en cestas." La coincidencia no es entre el Shem Tob y el Mateo griego: es entre el Shem Tob y un texto que dejó de circular en Occidente hacia el siglo III o IV, porque fue proscrito por la Iglesia. Eso sugeriría que el Shem Tob preserva variantes textuales del siglo III o anteriores, lo cual le daría una antigüedad y un valor documental que la lista de Yosef jamás podría demostrar.

Digo "sugeriría" en condicional deliberado, porque aquí entra la Armonía de Lieja.

Una Armonía de los Evangelios es una obra en la que los cuatro evangelios se fusionan en un texto continuo y unificado. La primera fue el Diatesarón de Taciano, compuesto hacia el año 165 en arameo siriaco. Durante la Edad Media se elaboraron decenas de Armonías en lenguas vernáculas, y la mayoría de ellas no partió del Mateo griego sino de las versiones en arameo conocidas como Vetus Syra (elaboradas entre los siglos III y IV) y del Vetus Latina (anterior al año 382), ambas con diferencias significativas respecto a los manuscritos griegos. La Armonía de Lieja fue elaborada en Bélgica en el siglo XIII en lingburgués, una variante dialectal del holandés. Y cuando los especialistas la compararon con el Shem Tob, encontraron algo inesperado.

Todas las similitudes entre el Shem Tob y el Evangelio de Tomás —que supuestamente evidenciaban la antigüedad del manuscrito— también aparecen en la Armonía de Lieja. Volviendo al ejemplo de Mateo 13:48: el Shem Tob dice "los pescadores recogen" (plural), Tomás dice "el pescador recoge" (singular), y la Armonía de Lieja dice "los pescadores recogen" (plural), exactamente igual que el Shem Tob. La similitud no es con Tomás. Es con la Armonía de Lieja.

Esto se repite sistemáticamente. En Mateo 7:3, donde el griego dice "darte cuenta de la paja", el Shem Tob, Tomás y la Armonía de Lieja ponen "ver la paja." En Mateo 5:14, donde el griego dice que la ciudad "está construida encima de una colina", los tres ponen "está colocada." En Mateo 5:15, los tres añaden las palabras "en un lugar oculto", que no existen en el Mateo griego. En todos estos casos, la Armonía de Lieja tiene la misma lectura que el Shem Tob.

Pero la Armonía de Lieja fue elaborada en el siglo XIII, un siglo antes de que Shem Tob ben Itzjak incluyera su versión de Mateo en el Even Boán. Esto abre una posibilidad que los nazarenos no quieren contemplar: que el Mateo hebreo del Shem Tob no sea la preservación de un texto original, sino una traducción al hebreo hecha a partir de la Armonía de Lieja, heredando por esa vía variantes textuales antiguas que la Armonía preservaba de sus propias fuentes arameas y latinas.

Los ejemplos se multiplican. En Mateo 3:10, el Shem Tob introduce un versículo completo que pertenece a Lucas 3:10 —la pregunta de la gente a Juan sobre qué deben hacer— y que no existe en el Mateo griego. La misma inserción aparece en las Armonías árabes y persas, en los Códices Fuldensis y Sangallensis, en la Armonía de Toscana, y en la Armonía de Lieja. Los defensores del Shem Tob han propuesto que ese versículo estaba en el original de Mateo y que todos los copistas lo trasladaron a Lucas por error. Eso requeriría que absolutamente todos los manuscritos griegos, latinos, arameos, coptos y eslavos del Nuevo Testamento hubieran cometido exactamente el mismo error de manera independiente. La explicación alternativa es más simple: en una Armonía se fusionan los cuatro evangelios, por lo que un versículo de Lucas puede aparecer naturalmente junto a uno de Mateo. Y quien intentó recuperar el texto de Mateo a partir de la Armonía de Lieja cometió el error comprensible de no reconocer la frontera entre los dos evangelios.

Los casos continúan. En Mateo 22:4, donde el griego dice "becerros engordados", el Shem Tob y la Armonía de Lieja ponen "aves", lectura que también comparten el Vetus Latina, la Vulgata, los Códices Fuldensis y Sangallensis, y las Armonías de Venecia y Toscana. En Mateo 25:1, donde el griego habla sólo del "novio", el Shem Tob y la Armonía de Lieja agregan "y una novia", interpolación que también aparece en los Códices Fuldensis y Sangallensis y en la Armonía de Toscana. En Mateo 26:2, un caso especialmente revelador: donde el griego dice "el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado", el Shem Tob dice "será entregado en la mano de los judíos" y la Armonía de Lieja dice "será entregado a los judíos." Esta formulación, con su tono marcadamente antijudío —que presenta a los judíos como un grupo ajeno y responsable de lo que le ocurrirá a Yeshú—, aparece en las Armonías de Stuttgart y La Haya, elaboradas directamente a partir de la Armonía de Lieja, y en la Armonía de Zurich, que le está emparentada. Los especialistas señalan que una frase de este tono difícilmente habría sido elaborada por judíos, lo que sugiere que la versión de Mateo que llegó a manos de Shem Tob ben Itzjak fue elaborada por no judíos o por judíos conversos al cristianismo.

George Howard calculó que las similitudes entre el Shem Tob y la Armonía de Lieja que encuentran paralelo en otras Armonías o manuscritos —especialmente del Vetus Syra y el Vetus Latina— son alrededor de mil, y se le ha criticado por ser demasiado conservador: hoy se estiman en aproximadamente 1,500. Pero lo más significativo es que hay alrededor de doscientos casos en que las similitudes entre el Shem Tob y la Armonía de Lieja no tienen ningún paralelo con ningún otro manuscrito ni Armonía, excepto con las Armonías elaboradas directamente a partir de la de Lieja —Stuttgart, La Haya—. Doscientos casos de correspondencia exclusiva entre el Shem Tob y la Armonía de Lieja. Comparados con el único caso de la lista de Yosef que no fue descartado.

Termino con un detalle que, por sí solo, vale más que toda la lista que Yosef ha estado defendiendo.

En Mateo 1:16, el Mateo griego dice: "Y Yaacov engendró a Yosef, el esposo de María, de quien nació Jesús, llamado Cristo." Un texto hebreo original no habría dicho "llamado Cristo." Habría dicho "llamado Mesías." Eso lo sabe cualquiera que conozca la diferencia entre el hebreo y el griego. ¿Qué dice el Shem Tob en ese versículo?

Haniqra Mashiaj uvela'az Kristos (הנקרא משיח ובלעז קריס״טוס).

"Llamado Mesías, que en lengua extranjera se dice Kristos."

Un texto que se preservó dentro de comunidades judías durante trece siglos, copiado generación tras generación desde la era del Segundo Templo, ¿habría necesitado aclarar que la palabra Mesías, en "lengua extranjera", se traduce como Kristos? ¿Para qué audiencia habría sido necesaria esa aclaración? Sólo para una audiencia que llegó al texto desde el griego y necesitaba que le explicaran el término hebreo. Es decir, exactamente la situación de alguien que está traduciendo desde una fuente griega o de una Armonía medieval al hebreo.

Saquen ustedes sus propias conclusiones, como decía el texto de origen. Yo ya saqué las mías.