Emanuel Salinas de la secta de los Natzratim del Sábado Lunar (o los "avdielitas" del Sábado Lunar) señala que, conforme al Salmo 104:19, la luna debe marcar los moadim, término hebreo que traducido correctamente significa temporadas o estaciones. A partir de esta premisa, descarta apresuradamente que los moadim sean definidos por el sol, intentando construir un argumento según el cual las semanas deben ser definidas por los ciclos lunares y no por los ciclos solares.
Esta idea presenta una confusión evidente desde el punto de vista metodológico: Salinas sugiere erróneamente que en el Judaísmo definimos las semanas en función del sol, cuando en realidad nadie ha propuesto semejante cosa. En el Judaísmo tradicional, la semana constituye una cuenta autónoma que no depende del sol ni de la luna como referencia astronómica directa.
Entonces, procedamos a ordenar las ideas correctamente: la discusión real gira en torno a si la cuenta semanal —y con ello el Shabat— depende del ciclo lunar, o bien es autónoma respecto a cualquier ciclo astronómico. Debe quedar perfectamente claro que estamos descartando de entrada que dependa del ciclo solar. Nadie ha afirmado eso, y no resulta razonable suponer que alguien pretenda afirmarlo seriamente. Por lo tanto, citar el Salmo 104:19 para señalar que la base calendárica es la luna y no el sol, resulta metodológicamente ocioso e irrelevante para la discusión real.
En todo caso, la discusión deberá enfocarse correctamente a la posibilidad de identificar la semana como una de las demás moadim mencionadas en la Torá. De entrada, debe señalarse que no existe un solo pasaje en la Biblia Hebrea que establezca explícitamente esta relación entre semanas y moadim. Naturalmente, ello no descarta de manera absoluta ninguna posibilidad teórica. Puede serlo, puede no serlo. Dependerá del análisis riguroso de los demás argumentos para que lo determinemos conclusivamente.
La Contradicción de Génesis 1:14
Salinas menciona, sin hacer ningún comentario explicativo o análisis crítico, que Génesis 1:14 declara que las lumbreras serán para señales, estaciones, días y años. Sin darse cuenta, se contradice fundamentalmente a sí mismo: Génesis 1:14 admite perfectamente que el Sol —una de las dos lumbreras creadas— también sirve como referente para marcar los moadim. El versículo no declara "una de las lumbreras" de manera exclusiva, sino "lumbreras" en plural, incluyendo ambas.
La evidencia histórica resulta contundente al respecto: jamás en la historia documentada del Judaísmo se utilizó un calendario exclusivamente lunar para determinar las festividades. Por el contrario, siempre se ha usado un calendario lunisolar que integra armoniosamente los ciclos lunares y solares para mantener las festividades en sus estaciones agrícolas correspondientes.
La única religión semítica que ha utilizado históricamente un calendario exclusivamente lunar es el Islam, precisamente porque sus festividades no están vinculadas a estaciones agrícolas específicas. Incluso, las antiguas controversias calendáricas documentadas en el Judaísmo del Segundo Templo fueron debido al uso de un calendario predominantemente solar por parte de los Esenios Qumranitas, promotores de un sacerdotalismo extremo que se refleja claramente en los Rollos del Mar Muerto. Pero jamás ningún grupo judío documentado utilizó un calendario exclusivamente lunar para determinar el Shabat.
La Torá resulta clara cuando se analiza correctamente: las dos lumbreras han sido establecidas por HaShem para señalar las estaciones. Falso, entonces, que esta función sea exclusiva de la luna como pretende Salinas.
El Shabat No Es un Moed en el Sentido Técnico
Salinas cita Levítico 23:1-3 para intentar justificar que la semana y el Shabat deben ser considerados parte de los moadim y, por lo tanto, contabilizadas a partir de los ciclos lunares. Pero el texto resulta mucho menos preciso al respecto cuando se examina cuidadosamente el versículo 4 y los siguientes, cosa que curiosamente Salinas omite analizar. Veamos qué declara el texto completo: "Y el Señor habló a Moisés diciendo: las estaciones del Señor, las santas convocaciones que proclamarán. Estas son Mis estaciones. Seis días trabajarás, pero el séptimo será Shabat de descanso, convocación santa. No harás ningún trabajo. Es Shabat para el Señor en todas tus moradas. Estas son las estaciones del Señor, santas convocaciones que proclamarán en sus temporadas. En el primer mes, a los catorce días del mes..."
La redacción del texto resulta bastante reveladora desde el punto de vista literario. Una cosa es segura mediante el análisis textual: el Shabat es definido como una mikrá kodesh —convocación santa—, pero nunca como una moadei Adonai —estación del Señor— en el sentido técnico de las festividades anuales. La razón resulta simple desde el punto de vista lingüístico: moad, como ya vimos, implica textualmente un período de varios días específicos en el calendario anual. Y aquí no se habla de la semana en general como período, sino del Shabat en particular como día único que se repite semanalmente.
Lo que sí queda claro mediante el análisis estructural del texto es lo siguiente: primero menciona al Shabat de manera separada, y luego anuncia las "estaciones" y "santas convocaciones" definidas como "temporadas" anuales, y comienza por el Pesaj mencionando específicamente "primer mes, catorce días del mes". Entonces, resulta claro que el Shabat está mencionado estructuralmente afuera o aparte de las convocaciones regidas por el cómputo mensual lunar.
Y resulta perfectamente obvio desde el punto de vista lógico. La razón es perfectamente evidente: si el texto habla de una secuencia de seis días de trabajo y un día de reposo, entonces no se puede concebir razonablemente que esté sometida al ciclo lunar, por una razón demasiado elemental desde el punto de vista astronómico: el ciclo lunar no tiene una duración de múltiplos de siete días.
El Problema Matemático Insuperable del Shabat Lunar
El ciclo lunar sinódico dura exactamente 29 días, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos. No dura 28 días como algunos asumen erróneamente. Por eso, los meses judíos tradicionales alternan sistemáticamente un mes de 29 días con uno de 30 días. De ese modo, cada período de dos meses coincide perfectamente con dos ciclos lunares completos, totalizando 59 días.
Se sabe mediante evidencia arqueológica que los antiguos semitas —babilónicos, sumerios, acadios y demás— en sus fases más primitivas de conceptos calendáricos, iniciaban la cuenta de las semanas con la aparición de la Luna Nueva. De hecho, tal práctica formaba parte integral del culto a la luna en esas culturas paganas. Debido a la naturaleza matemática del ciclo lunar, resulta imposible organizar semanas de duración regular —o "semanas fijas"— bajo ese sistema, porque la última semana comenzaría el día 22 y terminaría el día 28, que correspondería al cuarto Shabat o séptimo día del mes. Luego, sobra un día y medio antes de que la cuenta pueda comenzar nuevamente con la siguiente Luna Nueva. En consecuencia, lo que sucederá inevitablemente es que un mes tendrá un día extra, y el siguiente mes tendrá dos días extras acumulados.
El resultado inevitable desde el punto de vista práctico es que entre la última semana de cada mes y el primer Shabat del siguiente mes, habrán siete u ocho días laborales consecutivos. Y eso está explícitamente prohibido por la Torá, porque está escrito claramente "seis días trabajarás". No dice "seis días trabajarás, excepto entre meses cuando trabajarás siete u ocho días consecutivos".
En su fase de desarrollo calendárico posterior, los grupos semitas —incluyendo definitivamente a los hebreos— establecieron la llamada "semana fija", independiente tanto de los ciclos lunares como de los solares, como una secuencia autónoma e ininterrumpida de siete días.
¿Cuál podría ser la duda razonable al respecto? En Levítico 23 está perfectamente claro que la Torá se refiere explícitamente a este modo de conceptualizar la semana, toda vez que declara "seis días trabajarás y al séptimo descansarás". No dice "a partir de cada Luna Nueva empezarás a contar seis días, y al séptimo descansarás, pero entre la última semana del mes y la primera del mes siguiente, trabajarás siete u ocho días consecutivos, o descansarás dos días", ni nada semejante a esa complejidad absurda.
Al establecer que la semana es una secuencia fija de seis días laborales seguidos de un día de descanso, la Torá deja perfectamente en claro que la cuenta semanal es autónoma respecto a cualquier fenómeno astronómico.
Las Señales y las Lumbreras
Salinas cita Éxodo 31:13 donde declara "guardaréis mis Shabat, porque es señal" e insiste argumentativamente: el Shabat es llamado "señal" en hebreo ot. Y todavía tiene el desacierto metodológico de declarar: "recuerden que las lumbreras fueron creadas para ser por señales".
Resulta incomprensible por qué Salinas no se da cuenta de que al citar insistentemente Génesis 1:14 está dando por sentado que las dos lumbreras —y no sólo la luna de manera exclusiva— son la señal para marcar las temporadas y estaciones. Su propio argumento se contradice internamente.
Los Meses y la Luna: Un Consenso Irrelevante
Salinas procede a proporcionar varios ejemplos bíblicos de cómo el inicio de los meses está relacionado con la luna. Lo que resulta llamativo es lo siguiente: en eso todos estamos perfectamente de acuerdo desde hace milenios. El calendario judío siempre ha sido lunisolar, con meses determinados por la luna. Resulta completamente irrelevante para la discusión específica del Shabat lunar, que constituye una cuestión totalmente diferente.
La Pregunta Equivocada
Al final de su exposición, Salinas pregunta retóricamente: "¿Alguien me puede demostrar que la semana es solar?" Debo repetir lo evidente: nadie ha declarado que la semana sea solar. Esa afirmación se la inventó completamente por su cuenta. Está discutiendo arduamente contra un argumento que nadie ha presentado, y de hecho que nadie en su sano juicio presentaría seriamente. Se trata de una falacia del hombre de paja bastante evidente.
La Tergiversación de la Enciclopedia Judaica
Salinas afirma que la Enciclopedia Judaica declara que al principio el Shabat era contado por la Luna. Esto constituye una tergiversación de lo que realmente dice la fuente. Lo que la Enciclopedia Judaica declara textualmente es lo siguiente:
"El origen del Shabat, así como el verdadero significado del nombre, es incierto... Probablemente fue originalmente conectado de alguna manera con el culto de la luna, como de hecho es sugerido por la frecuente mención de las fiestas del Shabat y Luna Nueva en la misma oración... La luna tiene cuatro fases de aproximadamente 28 días que aparentemente se detiene cada siete días... El Shabat dependiendo, en el período nómada de Israel, de la observación de las fases de la luna, no podría, de acuerdo con este punto de vista, ser un día fijo. Disociado de la luna, el Shabat se convirtió en un día de descanso para los trabajadores y de los animales en la granja... El calendario asirio parece revelar un esfuerzo por deshacerse del Shabat movible en favor del fijo..."
Lo primero que resulta evidente mediante el análisis textual es que se trata de una especulación académica: el artículo declara expresamente "el origen es incierto, probablemente". Luego, resulta muy preciso al recalcar este carácter especulativo mediante la frase: "de acuerdo con este punto de vista". Los autores del artículo, en una correcta actitud académica neutral y mesurada, dejan perfectamente en claro que no están proporcionando un criterio absoluto, confirmado e indiscutible mediante evidencia documental directa.
Resulta metodológicamente grotesco, por lo tanto, que Salinas lo presente como hecho establecido.
Y existe otro detalle crucial que Salinas omite convenientemente: el párrafo sugiere que Israel, en su período nómada, difícilmente conceptualizó un Shabat fijo. Correcto desde el punto de vista antropológico. Pero ¿cuál fue precisamente el período nómada de Israel? Resulta obvio que no fue el del Éxodo. Ese constituyó solamente un intermedio nómada de cuarenta años, pero para ese entonces el pueblo ya llevaba cientos de años establecidos sedentariamente en Egipto, y antes de eso varias generaciones establecidas en Canaán durante la época patriarcal.
Es decir: cuando Israel tuvo que vivir nómada durante el Éxodo, la realidad histórica es que tenían aproximadamente cinco siglos de ser sedentarios. Por lo tanto, resultaba perfectamente lógico que ya no contabilizaran el tiempo con criterios nómadas primitivos, sino con criterios sedentarios desarrollados.
El período nómada de Israel se refiere históricamente, en realidad, a la era previa al Patriarca Yaacov, cuando los ancestros hebreos vagaban como pastores seminómadas. Cuando Israel vagó cuarenta años en el desierto bajo Moisés, poseía ya todos los recursos teóricos y prácticos para utilizar semanas fijas que no dependieran de los ciclos lunares.
El Meollo Matemático del Asunto
El punto en discusión resulta más simple de lo que los enredos argumentativos de Salinas presentan. El punto fundamental es si el Shabat está sujeto a los ciclos lunares o es autónomo. Tomando en cuenta que los ciclos lunares sinódicos duran exactamente 29 días, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos, tenemos un total de 708 horas, 43 minutos y 12 segundos por ciclo lunar completo.
Para dividir eso en cuatro semanas exactas e iguales, necesitaríamos que cada semana tuviera exactamente 177 horas, 10 minutos y 48 segundos. Eso equivale matemáticamente a que cada uno de los siete días debería durar aproximadamente 25 horas con casi 18 minutos.
¿Para qué se necesitaría algo tan absurdo y, francamente, completamente ridículo desde el punto de vista práctico? Para que el ciclo lunar pudiera organizarse de tal modo que se trabajen exactamente seis días y luego se descanse un día de manera consistente. De lo contrario, sucede inevitablemente lo siguiente desde el punto de vista matemático:
El día primero coincide con la Luna nueva. Por lo tanto, el primer Shabat cae en el día 7, y los siguientes en los días 14, 21 y 28 del mes lunar. El siguiente mes no comienza inmediatamente, porque al ciclo lunar le faltan todavía un día, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos. Por simple comodidad práctica, solamente se espera un día completo, y las 12 horas, 43 minutos y 12 segundos restantes se dejan pendientes para acumularse al siguiente mes.
Entonces, entre el último Shabat del mes y el primer Shabat del mes siguiente, transcurren inevitablemente siete días laborales consecutivos: uno que quedó rezagado en el mes que terminó —el día 29 del ciclo lunar— más los seis días laborales de la primera semana del mes que comenzó.
Luego, los Shabatot del siguiente mes caen nuevamente en los días 7, 14, 21 y 28. Pero después está el lapso pendiente acumulado para concluir el ciclo lunar: otras 12 horas, 43 minutos y 12 segundos. Agregando las del mes anterior, tenemos acumuladas 25 horas, 26 minutos y 24 segundos. Otro día completo adicional. En consecuencia, se tendrán que esperar dos días antes del inicio del siguiente ciclo lunar.
Eso implica matemáticamente que entre el último Shabat del mes que termina y el primer Shabat del mes que inicia, habrá inevitablemente ocho días laborales consecutivos.
Pero la Torá declara explícitamente: seis días trabajarás y al séptimo descansarás. La Torá establece claramente que el ciclo de trabajo seguido de reposo corresponde a seis días laborales seguidos de un día de descanso. Ni uno más, ni uno menos.
¿Estamos hablando acaso de un Shabat solar? Por supuesto que no. Se necesitaría ser extraordinariamente confuso o metodológicamente creativo para suponer semejante cosa. Estamos hablando de una cuenta autónoma, basada fundamentalmente en que el texto bíblico declara explícitamente: seis días trabajarás, un día descansas. Y ese ritmo de ninguna manera coincide con ningún ciclo astral observable. Ni con el solar, ni con el lunar.
En perfecta lógica con eso, no existe ningún versículo en la Biblia Hebrea que declare que el Shabat se cuenta a partir de la Luna nueva. Salinas pretende resolver esa carencia textual evidente declarando que los Shabat son "señales" que deben ser definidas exclusivamente por la luna, pero comete el error inexplicable de apelar precisamente a Génesis 1:14 donde declara que las dos lumbreras —sol y luna— están establecidas para marcar esas "señales".
Con eso, solamente evidencia su total incomprensión del texto bíblico que él mismo cita.
El Desafío Matemático para los Defensores del Shabat Lunar
Naturalmente, espero una refutación puntual y matemáticamente coherente por parte de los partidarios del Shabat Lunar. Y el punto resulta perfectamente preciso: quiero que me expliquen exactamente cómo logran trabajar seis días consecutivos y descansar un día, empezando la cuenta de la primera semana de cada mes con la Luna Nueva, que aparece astronómicamente cada 29 días, 12 horas, 43 minutos y 12 segundos.
Literalmente, están intentando encontrarle la cuadratura al círculo, un problema matemáticamente imposible desde la geometría euclidiana. El Shabat lunar constituye una teoría que viola directamente el mandamiento toráico de seis días trabajarás, un día descansarás, forzando inevitablemente períodos de siete u ocho días laborales consecutivos entre meses.
Como bien sabemos: cuando tu teoría calendárica te obliga a violar el mandamiento explícito de la Torá, lo que tienes no es una revelación divina, sino una confusión humana.
