La Controversia Fabricada sobre Isaías 53
Últimamente, varias personas me han enviado numerosas citas rabínicas sobre Isaías 53. Las mismas se han rehusado sistemáticamente a contestarme algunas preguntas elementales que he formulado al respecto. El panorama es el que sigue: yo afirmo que Isaías 53 habla de Israel, ellos insisten en que habla del Mesías. Yo apelo a que el propio Isaías siempre identifica al Siervo —protagonista en el capítulo 53— como Israel, mientras que ellos apelan a que varios rabinos identificaron a ese Siervo como el Mesías.
En términos estrictos, ambas posturas contienen elementos correctos: Isaías identifica explícitamente al Siervo como Israel, y varios rabinos posteriores lo identificaron como el Mesías. La pregunta obligada, entonces, es evidente: ¿se contradicen Isaías y los rabinos? Y la respuesta parece obvia: sí. Sigue otra pregunta lógica: ¿a quién debemos creer, a Isaías o a los rabinos?
Estas son precisamente las preguntas que se han negado a responder, por razones que resultan bastante obvias una vez que se examina su metodología. Lo que más molesta en este caso es que aflora una terrible incoherencia en la postura de Mesiánicos y Nazarenos: generalmente, se dedican a denostar la tradición rabínica, apelando a que ésta distorsionó el sentido de la Torá y pervirtió al Judaísmo.
Pero en este caso particular apelan precisamente a esa tradición que normalmente critican con tanta vehemencia. Y lo más extraordinario es que lo hacen en un caso donde pareciera evidente esa supuesta distorsión que tanto denuncian: Isaías declara explícitamente que el Siervo es Israel, mientras que ciertos rabinos afirman otra cosa.
Sin embargo, en este caso particular deciden darle la razón al rabino y dejar en el cesto de la basura lo que dice Isaías, bajo la premisa de que el Targum identifica al Siervo como el Mesías y por lo tanto debe ser el Mesías. La razón de esta selectividad hermenéutica es bastante simple: porque creen que les conviene, porque les agrada, porque se ajusta a sus conclusiones preconcebidas. Esta es su constante: la arbitrariedad metodológica.
Pero dejemos los aspectos penosos de lado y procedamos al análisis riguroso del asunto, porque la realidad histórica demuestra que los rabinos no contradicen en absoluto lo que dice Isaías. Simplemente, enfocan el tema en un estilo muy propio de la tradición rabínica, que tiene sus características particulares, mismas que resultan completamente incomprensibles para Mesiánicos y Nazarenos, atados inevitablemente a los métodos de interpretación bíblica propios del Cristianismo tradicional.
Se trata, simplemente, de entender primero qué dice el texto en su contexto original, y después cómo usa esa información el Judaísmo en contextos posteriores.
Una cosa es definitiva: el Judaísmo no usa los textos bíblicos como lo hace el Cristianismo. Y allí es precisamente donde nuestros amigos Mesiánicos y Nazarenos encuentran su principal obstáculo hermenéutico, porque no conocen otro modo de interpretar la Biblia que el cristiano tradicional.
Entonces, empecemos por repasar los aspectos históricos relacionados con Isaías 53, porque de allí surgen varios conceptos importantes para entender el pasaje correctamente, para comprender lo que los rabinos opinaron sobre ese pasaje en diversos contextos históricos, y para contrastar lo que el Cristianismo enseña por su parte.
El Contexto Histórico de Isaías 53: Evidencia Documental
De acuerdo con la perspectiva tradicionalista, Isaías 53 se escribió en el siglo VIII antes de la era común. Según la Crítica Textual Bíblica académica, en el siglo VI antes de la era común. Esta diferencia cronológica no afecta sustancialmente nuestro análisis.
Pero existe un hecho definitivo que resulta incómodo para la interpretación mesiánica cristiana: el primer texto judío en donde el protagonista de Isaías 53 fue identificado explícitamente como el Mesías es el Targum Pseudo-Jonatán, escrito a mediados del siglo II de la era común.
Entonces, tenemos un lapso temporal que abarca de setecientos a novecientos años en el que ningún autor judío identificó a Isaías 53 como un texto relacionado con el Mesías. Y debemos señalar que la literatura judía en ese extenso lapso es abundante y variada: desde los últimos textos de la Biblia Hebrea como Zacarías, Malaquías, Cantar de los Cantares o Daniel, pasando por toda la vasta literatura de Qumrán, así como los escritos filosóficos de Filón de Alejandría.
En ningún lugar de esta extensa producción literaria aparecen indicios de que alguien haya entendido a Isaías 53 como una profecía mesiánica durante ese período histórico.
La pregunta obligada surge naturalmente: ¿por qué esa interpretación mesiánica aparece súbitamente en el Targum Pseudo-Jonatán? Para contestar adecuadamente, debemos hacer algunas especificaciones técnicas sobre este Targum y su contexto de producción.
El Targum Pseudo-Jonatán: Un Texto Extraordinariamente Peculiar
El texto arameo del Targum Pseudo-Jonatán sobre Isaías 52:13-53:12 presenta características que lo distinguen radicalmente de una traducción convencional. La primera frase establece el tono de toda la interpretación targúmica: "He aquí, mi siervo el Mesías prosperará".
Para los defensores de Isaías 53 como profecía mesiánica cristiana, esa identificación inicial es la idea fundamental con la que supuestamente queda claro que el Siervo del Señor —personaje que aparece recurrentemente a lo largo de la sección que abarca los capítulos 40 al 55 de Isaías— es el Mesías davídico.
Pero se trata de un detalle extraordinariamente bizarro en el Targum, especialmente porque Isaías identifica a ese Siervo como Israel en múltiples ocasiones a lo largo de su libro profético. Examinemos la evidencia textual interna del libro de Isaías: "Pero tú, Israel, Siervo mío eres" aparece en Isaías 41:8. "¿Quién es ciego, sino mi Siervo? ¿Quién es sordo, como mi mensajero que envié? ¿Quién es ciego como mi escogido, y ciego como el Siervo del Señor?" encontramos en Isaías 42:19. "Vosotros sois mis testigos, y mi Siervo que yo escogí" declara Isaías 43:10. "Ahora pues, oye, Yaacov, Siervo mío" leemos en Isaías 44:1. "Acuérdate de estas cosas, oh Yaacov e Israel, porque mi Siervo eres" establece Isaías 44:21. "Por amor de mi Siervo Yaacov, y de Israel mi escogido" afirma Isaías 45:4. Finalmente, "Mi Siervo eres, oh Israel, porque en ti me gloriaré" concluye en Isaías 49:3.
Entonces, con todo este antecedente textual preciso y explícito, resulta evidente desde una perspectiva de análisis literario básico que cuando en Isaías 52:13 —donde realmente comienza el discurso que se extiende a lo largo de todo el capítulo 53— encontramos las palabras "He aquí, mi Siervo será prosperado", el texto se refiere claramente a Israel. La razón metodológica es simple: mientras que existen numerosos versículos que directamente identifican a Israel como el Siervo, no existe uno solo en todo el libro de Isaías que identifique al Mesías como el Siervo.
¿Por qué surge entonces esta confusión interpretativa que ha perdurado durante siglos? Por el Targum Pseudo-Jonatán, el primer documento judío que identifica al Siervo como el Mesías en este pasaje específico.
Y aquí sucede algo verdaderamente extraordinario desde el punto de vista de la coherencia argumentativa: generalmente, Mesiánicos y Nazarenos acusan al Judaísmo rabínico de haber torcido deliberadamente la Escritura para ocultar supuestas profecías mesiánicas sobre Ieshú. Y, aparentemente, este debería constituir uno de los casos más evidentes de esa supuesta distorsión: Isaías repite, insiste, recalca vez tras vez de manera explícita que el Siervo es Israel, y de repente, setecientos o novecientos años después aparece un rabino y declara que es el Mesías.
Pero, extrañamente, en este caso particular los Mesiánicos y Nazarenos optan estratégicamente por darle la razón al rabino y desechar completamente lo que dice Isaías de manera explícita y reiterada, bajo la premisa simplista de que si el Targum identifica al Siervo como el Mesías, entonces necesariamente debe ser el Mesías.
Las Distorsiones Radicales del Targum Pseudo-Jonatán
Regresemos al análisis textual detallado del Targum. En realidad, se trata de un texto extraordinariamente bizarro desde el punto de vista de la fidelidad al texto hebreo original. Voy a presentar tres ejemplos concretos donde el Targum se aleja definitivamente del texto bíblico de manera radical.
Primer caso: mientras que Isaías repite explícitamente varias veces "el Siervo es Israel", el Targum declara abruptamente "he aquí, mi Siervo el Mesías", sin ninguna justificación textual interna.
Segundo caso: Isaías 53 menciona ciertas características descriptivas del Siervo, y no hay duda textual de que corresponden al Siervo mismo. Sin embargo, el Targum transfiere esas características a Israel en lugar del Mesías. Por ejemplo, Isaías 52:14 declara textualmente "como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres", refiriéndose claramente al Siervo. Pero el Targum lo parafrasea radicalmente: "La casa de Israel mirará a él durante varios días, porque su pacto fue oscurecido entre las naciones, y su aspecto de entre los hijos de los hombres". Entonces, aunque en el texto bíblico original es el Siervo quien sufre el desfiguramiento, en la interpretación targúmica es Israel quien experimenta ese sufrimiento.
El tercer caso resulta todavía más extraordinario desde el punto de vista de la alteración textual: en el versículo 4, Isaías declara que "ciertamente, él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores, y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de HaShem y abatido". Pero el Targum parafrasea radicalmente: "Entonces, por nuestros pecados orará, y nuestras iniquidades serán perdonadas por su causa, aunque nosotros fuimos lastimados, heridos de delante del Señor y afligidos". Está perfectamente claro que las cualidades de "azotado, herido de HaShem y abatido" corresponden al Siervo en el texto bíblico original. Por lo tanto, si el Targum identifica al Siervo como el Mesías, estas características descriptivas deberían corresponderle necesariamente. Sin embargo, el autor targúmico toma una dirección interpretativa completamente diferente, declarando que "aunque nosotros fuimos lastimados, heridos de delante del Señor y afligidos", refiriéndose claramente a Israel como sujeto del sufrimiento.
Cuarto caso: Isaías 53:7 declara que el Siervo "como cordero fue llevado al matadero, y como oveja delante de sus trasquiladores enmudeció, y no abrió la boca". Pero el Targum invierte completamente el sentido: "A los poderosos de las naciones entregará como ovejas al matadero, y como oveja inocente a sus trasquiladores. No habrá nadie delante de él que abra su boca o que diga una palabra".
La inversión textual resulta extraordinaria. En este fragmento, el contenido bíblico está radicalmente distorsionado de manera que resulta casi irreconocible: mientras que para Isaías es el Siervo quien va mudo hacia su propia muerte como víctima sacrificial, en el Targum el Siervo-Mesías conduce activamente a sus enemigos mudos hacia la muerte como ejecutor victorioso.
Entonces, lo primero que se hace evidente mediante el análisis textual comparativo es que el Targum Pseudo-Jonatán constituye una traducción extremadamente libre —casi podríamos decir parafráctica— del texto hebreo al arameo. Si necesitáramos pruebas adicionales de esta libertad interpretativa, examinemos este caso: Isaías 53:5 declara textualmente "mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados". Pero en ese punto preciso, el Targum traduce de manera completamente diferente: "Pero él reconstruirá el Templo, que fue manchado por nuestros pecados y entregado al enemigo por nuestras iniquidades".
¿En qué lugar del texto original habló Isaías de la reconstrucción del Templo? En ninguno absolutamente. Pero si debemos aceptar metodológicamente que el Siervo es el Mesías porque el Targum así lo identifica, entonces también debemos aceptar consecuentemente que Isaías profetiza sobre la reconstrucción del Templo porque el Targum así lo interpreta. Y de paso, que los que irán a la muerte mudos y desprotegidos serán los enemigos del Mesías, no el Mesías mismo como víctima.
¿Qué sucede realmente con este Targum, que altera de un modo tan evidente y radical el contenido original del texto bíblico?
El Contexto Histórico Real del Targum: Bar Kojba
Para los especialistas en literatura targúmica no existen demasiadas dudas metodológicas al respecto: la simple lectura analítica del Targum Pseudo-Jonatán sobre Isaías 53 muestra claramente que aquí se nos habla de un Mesías guerrero, repentinamente caído en desgracia temporal, y que será restaurado como líder victorioso de manera milagrosa.
Entonces, el hecho histórico de que este Targum se haya elaborado hacia mediados del siglo II de la era común nos explica perfectamente lo que sucede desde el punto de vista contextual: aquí se está hablando de manera idealizada sobre Simeón bar Kojba, y resulta evidente que el autor del Targum tenía la esperanza de que pese a las primeras derrotas militares, Bar Kojba terminaría derrotando definitivamente a los romanos. Gracias a este análisis histórico-contextual, podemos ser más precisos para fechar el Targum: debió elaborarse hacia el año 135 de la era común, después de que los romanos recuperasen Jerusalén y Bar Kojba se viera obligado a replegarse tácticamente hacia Betar, y antes de la derrota definitiva en la que el propio Bar Kojba murió en batalla.
Sólo mediante este análisis histórico-contextual se pueden entender adecuadamente las múltiples contradicciones aparentes entre el Targum y el texto original de Isaías: el Targum no pretende interpretar exegéticamente lo que dice Isaías en su contexto original del siglo VI antes de la era común, sino que pretende aplicar hermenéuticamente esos textos para interpretar lo que le estaba sucediendo contemporáneamente a Bar Kojba en el siglo II de la era común.
De aquí, específicamente, es de donde surge históricamente la idea judía de un Mesías Sufriente en la literatura rabínica posterior. Pero debemos señalar algo crucial: se trata de una idea radicalmente diferente en contenido teológico a la del Cristianismo tradicional.
El Mesías Sufriente: Perspectivas Judía y Cristiana Irreconciliables
Para el Cristianismo tradicional, el asunto teológico resulta relativamente simple: Isaías 53 profetizó el perfil sufriente y de mártir del Mesías davídico, y nos presenta a un personaje amable y apacible, mudo ante las injusticias que cometen en su contra, precisamente porque su objetivo soteriológico es entregar su vida voluntariamente por la redención expiatoria de Israel y eventualmente de toda la humanidad.
El Judaísmo rabínico jamás se expresó del Mesías en esos términos soteriológicos. O, para ser más preciso metodológicamente, jamás se expresó del Mesías del Linaje de David en esos términos de sacrificio expiatorio vicario. Para poder asimilar hermenéuticamente las ideas del Targum Pseudo-Jonatán sin contradecir las expectativas mesiánicas davídicas tradicionales, construyeron otra figura mesiánica, relativamente artificial desde el punto de vista bíblico, donde proyectar el perfil de un Mesías Sufriente: el Mashiaj ben Yosef.
Ahora bien: para el Judaísmo rabínico, este tipo de ideas teológicas no se pueden inventar arbitrariamente de la nada. Tienen que poseer algún sustento bíblico, por pequeño o tangencial que sea.
Sorprendentemente para muchos que desconocen la literatura rabínica, Isaías 53 no fue el sustento bíblico primario para la idea del Mesías Sufriente del Linaje de Yosef. El sustento bíblico principal es Zacarías 12:10, que habla proféticamente de un personaje "traspasado" durante una batalla escatológica para liberar a Jerusalén de sus enemigos.
Zacarías no menciona explícitamente que este personaje "traspasado" sea un Mesías en términos técnicos, pero la tradición judía posterior al Targum Pseudo-Jonatán así lo perfiló hermenéuticamente. Entonces, la idea final —bastante rústica desde el punto de vista teológico— fue, en resumen, la siguiente construcción: el Mashiaj ben Yosef, un líder guerrero de carácter militar, morirá en batalla contra los enemigos de Israel e Israel guardará un luto nacional por él, tal y como lo profetiza Zacarías 12:10-14. Luego, posteriormente el Mashiaj ben David hará su aparición escatológica y derrotará definitivamente a los enemigos de Israel, para establecerse como rey de los judíos en el período mesiánico pleno.
¿Por qué el Judaísmo rabínico asoció específicamente a Yosef con el Mesías mártir y sufriente? Por un razonamiento hermenéutico bastante lógico aunque evidentemente especulativo: Jeroboam, el responsable político de la división de Israel después de la muerte de Salomón, pertenecía a la tribu de Efraim, y estableció su capital real en Samaria, en territorio tribal de Efraim. Por lo tanto, según este razonamiento midráshico, si Efraim fue el responsable histórico de la división de Israel, entonces Efraim es quien tiene la responsabilidad histórica de unificar a Israel en el futuro escatológico. Y de eso precisamente habla la profecía de Zacarías 12:10-14: tras la muerte de este guerrero "traspasado", el texto profético declara que el llanto y el lamento unirá en una sola expresión colectiva de dolor al Linaje del Rey David, a los descendientes de la Casa de Levi —la casta sacerdotal—, y a "todos los otros linajes" que representan al resto de Israel.
De allí dedujeron los antiguos sabios rabínicos que este guerrero escatológico tendría que provenir de la tribu de Efraim, descendiente de Yosef.
Como puede apreciarse mediante este análisis comparativo, la doctrina cristiana sobre el Mesías Sufriente no tiene ninguna similitud sustancial con las creencias judías rabínicas sobre el Mashiaj ben Yosef.
Una observación adicional resulta crucial: como ya se estableció mediante el análisis textual, en términos estrictamente bíblicos no existe fundamento textual explícito para hablar de un Mesías Sufriente en el sentido soteriológico, o de un Mesías del Linaje de Yosef proveniente de la tribu de Efraim. Esos conceptos teológicos jamás son mencionados explícitamente en el texto bíblico de manera directa. Son, metodológicamente hablando, deducciones hermenéuticas midráshicas.
Por ello, el Judaísmo rabínico jamás ha aceptado estos conceptos como una creencia dogmática formal, y generalmente se les otorga un sentido mayormente simbólico o alegórico en la tradición exegética posterior.
Los Textos Rabínicos y la Identificación del Siervo
Frecuentemente me presentan textos rabínicos medievales y posteriores donde ciertos rabinos declaran que Isaías 53 habla del Mesías. Al respecto, debemos comenzar con algunas precisiones metodológicas obligadas que resultan fundamentales para comprender el contexto hermenéutico.
Primero: quienes citan selectivamente a esos rabinos son cristianos que intentan demostrar apologéticamente que Ieshú es el Mesías davídico. Segundo: los rabinos citados no creían en absoluto que Ieshú fuera el Mesías, y de hecho muchos de ellos escribieron explícitamente en contra de las pretensiones mesiánicas cristianas.
Eso, por sí solo, evidencia metodológicamente que algo fundamental está equivocado en el argumento misionero. Y el punto es simple desde el punto de vista hermenéutico: aunque exista una similitud superficial de palabras —"Isaías 53 habla de los sufrimientos del Mesías"—, la pregunta crucial es si existe una similitud sustancial de ideas teológicas entre lo que afirman esos rabinos y lo que afirma el Cristianismo.
Es evidente que no existe tal similitud: los rabinos que hablaron de los sufrimientos del Mesías basándose hermenéuticamente en Isaías 53 hablaban específicamente del Mashiaj ben Yosef, un personaje teológicamente diferente y funcionalmente distinto al Mesías del Linaje de David.
Está perfectamente claro en la investigación académica de Raphael Patai tomada de su estudio especializado sobre los textos mesiánicos en la literatura rabínica: "La Hagadá, la leyenda Talmúdica, sin titubeos lo identifica con el Mesías, y entiende especialmente las descripciones de estos sufrimientos como refiriéndose al Mesías ben Yosef".
Siempre que la tradición judía rabínica habla de un Mesías que sufre y muere por la redención de Israel en un contexto escatológico, se refiere específicamente al Mashiaj ben Yosef. Por lo tanto, toda la posibilidad apologética de identificar a Ieshú de Nazaret allí queda completamente anulada metodológicamente, porque la pretensión teológica del Nuevo Testamento es que Ieshú es el Mashiaj ben David, no el Mashiaj ben Yosef.
Entonces, el análisis nos deja con las siguientes conclusiones metodológicas: primero, las fuentes judías rabínicas hablan de algo teológicamente distinto a las creencias cristianas tradicionales. Mientras éstas hablan de un Mesías del Linaje de David que viene a morir y sacrificarse vicariamente por los demás para expiar pecados, el Judaísmo rabínico declara que eso le corresponde funcionalmente al Mesías del Linaje de Yosef, no al del Linaje de David. Segundo, los cristianos descontextualizan sistemáticamente y tergiversan estas fuentes judías rabínicas para intentar demostrar apologéticamente que el Judaísmo acepta que Isaías 53 habla del Mesías davídico en términos cristianos.
En el exceso de la manipulación apologética, incluso algunos afirman que el primero en identificar al Siervo de Isaías con Israel fue Rashi, el rabino medieval francés del siglo XI. Esto es completamente falso desde el punto de vista histórico: Orígenes de Alejandría, el padre de la Iglesia del siglo III, dio testimonio explícito de que los judíos de su época —siglos II y III de la era común— ya tenían perfectamente clara esta interpretación tradicional. Y en realidad, desde el punto de vista del análisis textual simple, el primero en declarar que el Siervo es Israel fue el propio Isaías en múltiples pasajes de su libro profético.
A lo largo de mis ya varios años debatiendo este tema con misioneros cristianos y mesiánicos, me sorprende constantemente la facilidad metodológica con la que muchos simplemente descartan la evidencia bíblica textual directa. Les he citado repetidamente los textos explícitos de Isaías donde el propio profeta declara inequívocamente "mi Siervo eres, oh Israel", y de todos modos me insisten sin fundamento: "el primero en afirmar eso fue Rashi en el medioevo", en un gesto bastante peculiar de necedad hermenéutica o ignorancia histórica deliberada.
Ahora bien: existe otra pregunta metodológica obligada que sigue pendiente de respuesta adecuada. Si Isaías es tan explícito y reiterado en declarar que el Siervo es Israel, ¿por qué hubo rabinos posteriores que declararon en ciertos contextos que es el Mesías?
Sufrimiento y Redención en la Perspectiva del Exilio
Una cosa resulta definitiva desde el punto de vista histórico, por mucho que moleste a tantos apologetas cristianos: la idea de que Isaías 53 habla de los sufrimientos de algún Mesías es una idea propia del Judaísmo rabínico en el exilio posterior a la destrucción del Segundo Templo. Como ya mencioné mediante el análisis del Targum Pseudo-Jonatán, el primero en plantear hermenéuticamente esta interpretación fue un autor anónimo que estaba intentando interpretar teológicamente las derrotas militares de Bar Kojba. Antes de él, absolutamente ningún autor judío documentado había hablado de un Mesías Sufriente en el sentido soteriológico.
La creencia en un Ungido de HaShem que sufre y muere, y con ello contribuye a la redención escatológica de Israel, sólo apareció históricamente hasta que Israel empezó a vivir su etapa más angustiosa después de la fallida rebelión de Bar Kojba contra Roma en el año 135 de la era común. No antes de ese contexto histórico traumático.
¿Y por qué surgió esta idea teológica en ese momento histórico particular? Porque existe una relación hermenéutica intrínseca entre los conceptos bíblicos de sufrimiento y redención en la teología judía. De hecho, todo el discurso profético de Isaías 40 al 55 está enfocado precisamente en esa relación teológica, y el capítulo 53 resulta perfectamente coherente con el resto del discurso profético cuando se analiza en su contexto original. Lo sobresaliente desde el punto de vista exegético es que a lo largo de todo ese extenso discurso profético, jamás se menciona al Mesías en términos técnicos.
Por ejemplo, donde el profeta se expresa de la manera más específica respecto al perdón de los pecados de Israel, declara así: "No me trajiste los animales de tus holocaustos, ni me honraste con tus sacrificios; no te hice servir con ofrenda, ni te hice fatigar con incienso; no compraste para mí caña aromática, ni me saciaste con la grosura de tus sacrificios, sino que pusiste sobre Mí la carga de tus pecados, me fatigaste con tus maldades. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados" aparece en Isaías 43:23-25.
Isaías no podría ser más claro desde el punto de vista teológico: el perdón de los pecados de Israel no se ha logrado por medio de sacrificios rituales expiatorios. Por lo tanto, Isaías 53 no puede estar hablando de los sacrificios expiatorios del Mesías para el perdón de los pecados de Israel en términos soteriológicos cristianos.
¿De qué habla entonces el texto profético en su contexto original? Del sufrimiento histórico como parte integral de la redención nacional de Israel. Pero debemos entender redención en la perspectiva judía bíblica, no en la perspectiva cristiana soteriológica: para todo el discurso profético de Isaías 40 al 55, la redención consiste concretamente en la restauración política de Judea y la reconstrucción del Templo de Jerusalén. Todo el discurso profético está dirigido explícitamente a los exiliados en Babilonia que estaban a punto de regresar históricamente para restaurar el país bajo el decreto de Ciro el Grande.
¿Y a los sufrimientos de quién se refiere el profeta en este contexto histórico? En el capítulo 40, en el propio inicio del discurso profético, la referencia es perfectamente clara: "Hablad al corazón de Jerusalén y decidle que su tiempo se ha cumplido, que su pecado es perdonado, que doble ha recibido de la mano del Señor por todos sus pecados" declara Isaías 40:2. La idea teológica es perfectamente clara desde el punto de vista exegético: los propios sufrimientos históricos de Israel han expiado las culpas de Israel durante el exilio babilónico.
Por eso, la única lógica hermenéutica coherente que puede existir en Isaías 53 —considerando los sufrimientos del Siervo para redimir a Israel— es que el Siervo es Israel mismo sufriendo en el exilio.
¿Por qué resulta esta la única interpretación coherente? Primero, porque en ese mismo discurso profético Isaías declara explícitamente que ningún sacrificio ritual fue usado para perdonar a Israel, por lo que no puede referirse a un sacrificio vicario. Segundo, porque Isaías declara explícitamente y de manera reiterada que el Siervo que sufre es Israel. Y tercero —la más importante desde el punto de vista teológico fundamental—, porque la Torá establece claramente que nadie puede morir vicariamente por los pecados de otro: "Los padres no morirán por los hijos, ni los hijos por los padres; cada uno morirá por su pecado" declara Deuteronomio 24:16 como principio teológico fundamental.
Por lo tanto, desde el punto de vista de la teología bíblica judía, sólo Israel puede expiar los pecados de Israel mediante su propio sufrimiento histórico. Por lo tanto, el Siervo que sufre para redimir y expiar las culpas de Israel es Israel mismo, porque sólo puede ser Israel según los principios establecidos en la Torá.
Ahora bien: esos son los elementos del discurso profético en su contexto original histórico: el siglo VI antes de la era común, cuando a partir del año 539 antes de la era común los judíos antiguos recibieron la autorización del emperador persa Ciro para reconstruir su país y su Templo.
Pero ese contexto histórico ya pasó definitivamente. El significado concreto e inmediato de Isaías 53 pertenece al pasado histórico del retorno de Babilonia, no al futuro distante en el que apareció Ieshú de Nazaret cinco siglos después.
De hecho, el Judaísmo rabínico tiene perfectamente claro metodológicamente que Isaías 53 no es una profecía mesiánica en el sentido técnico cristiano, porque ni siquiera constituye una profecía futura en su contexto original. El lenguaje hebreo es perfectamente claro al respecto: allí se habla de algo que se está viviendo contemporáneamente en ese momento histórico, y por todas las referencias cronológicas internas que el propio texto profético proporciona, sabemos con certeza que ese momento fue el del fin del exilio en Babilonia durante el siglo VI antes de la era común.
Entonces, cuando varios rabinos —todos ellos posteriores cronológicamente al siglo II de la era común— tomaron elementos hermenéuticos de este pasaje y declararon que "anunciaban los sufrimientos del Mesías", estaban perfectamente conscientes de que el sentido original e inmediato de Isaías 53 ya estaba resuelto históricamente en el retorno de Babilonia. Ellos estaban interpretando hermenéuticamente para otra generación y bajo otras circunstancias históricas traumáticas, pero respetando un principio fundamental de interpretación bíblica rabínica: kal vajomer, como es en lo general, así es en lo particular, y viceversa.
Por eso, si Isaías —hablando proféticamente del fin del exilio en Babilonia en el siglo VI antes de la era común— estableció que existe una relación teológica entre los sufrimientos históricos y la redención nacional —en su caso, entre los propios sufrimientos de Israel en el exilio y la redención de Israel mediante el retorno—, se deduce hermenéuticamente que para que llegue la redención final escatológica, también habrá un sufrimiento final correspondiente. Y algunos rabinos posteriores afirmaron que esta vez no sólo sería el sufrimiento colectivo de Israel, sino también el sufrimiento particular de un Ungido de HaShem: el Mashiaj ben Yosef.
Por eso, recurrieron hermenéuticamente a Zacarías 12:10 para identificar al personaje específico cuyos sufrimientos y martirio se reflejan en la redención final escatológica de Israel.
Entonces, el nivel jerárquico metodológico de los textos bíblicos es el siguiente desde la perspectiva rabínica: Zacarías 12:10 es el texto que proporciona el perfil básico del Mesías Sufriente proveniente del Linaje de Yosef. Isaías 53 sólo sirve hermenéuticamente para aclarar algunas características adicionales de su sufrimiento mediante analogía, pero no constituye en sí mismo una profecía mesiánica primaria.
El resultado metodológico es evidente, y las diferencias teológicas contundentes saltan a la vista mediante el análisis comparativo:
Mientras que la tradición judía rabínica habla de los sufrimientos de un Mesías proveniente de la tribu de Efraim, el Cristianismo tradicional habla de los sufrimientos del Mesías de la tribu de Yehudá. Mientras que la tradición judía rabínica entiende la redención generada por el sufrimiento como la restauración nacional política de Israel, el Cristianismo tradicional entiende la redención como el perdón soteriológico de los pecados mediante expiación vicaria. Mientras que la tradición judía rabínica respeta estrictamente lo establecido por la Torá respecto a que nadie puede morir vicariamente por los pecados de otro según Deuteronomio 24:16, el Cristianismo tradicional insiste en que el Mesías murió vicariamente por nuestros pecados violando ese principio toráico. Mientras que la tradición judía rabínica habla de los sufrimientos de un guerrero militar que morirá en una batalla escatológica por liberar Jerusalén, el Cristianismo tradicional habla de los sufrimientos de un hombre pacífico crucificado durante la dominación romana de Judea sin ninguna batalla de liberación. Mientras que la tradición judía rabínica entiende que el significado inmediato y primario de Isaías 53 corresponde a un evento histórico del siglo VI antes de la era común en el retorno de Babilonia, pero sirve hermenéuticamente para aclarar ideas sobre la futura redención plena de Israel, el Cristianismo tradicional cree que Isaías 53 fue escrito concretamente para profetizar un evento ocurrido siglos después en el siglo I. Mientras que la tradición judía rabínica entiende que existe una relación teológica indisoluble entre los sufrimientos históricos y la restauración nacional de Israel, el Cristianismo tradicional cree que el Mesías vino y sufrió, pero sin que eso se tradujera en la restauración nacional de Israel.
Es decir: todo resulta sustancialmente distinto entre ambas perspectivas teológicas. Y más aún: punto por punto, Mesiánicos y Nazarenos se someten metodológicamente a los puntos de vista cristianos tradicionales, no a los puntos de vista judíos rabínicos.
Por eso, cuando aparece alguien y me presenta numerosas citas de rabinos medievales y posteriores donde declaran "Isaías 53 habla del Mesías", la respuesta académica resulta bastante evidente. Lo único que se hace manifiesto es la total ignorancia en la materia hermenéutica judía, bajo la falsa premisa metodológica de que uno puede leer un texto bíblico descontextualizado y así, sin más preparación, entenderlo adecuadamente.
¿Quieren entender textos escritos hace dos mil seiscientos años en un contexto cultural radicalmente diferente? No hay alternativa metodológica: hay que estudiar Historia seriamente, mucha Historia del Antiguo Cercano Oriente, para no andar propagando necedades apologéticas y confundir deliberadamente los puntos de vista judíos rabínicos con los puntos de vista cristianos tradicionales.
Conclusiones Metodológicas: El Desafío a los Apologetas
Para refutar adecuadamente estas conclusiones académicas, mis oponentes apologetas tendrán que demostrar documentalmente lo siguiente:
Primero, que existieron autores judíos —por lo menos uno documentado— que entre los siglos VI antes de la era común y I de la era común identificaron explícitamente al Siervo de Isaías 53 como el Mesías davídico. Segundo, que existieron autores judíos —por lo menos uno documentado— que hablaron del Mesías del Linaje de David como un Mesías Sufriente y mártir que muere vicariamente por su pueblo para expiar pecados.
Básicamente, eso es lo que se requiere metodológicamente. Todas las premisas de mi exposición académica se desmoronarían con evidencia documental de eso, y reconozco que no se pueden quejar de que les estoy solicitando algo imposible: les estoy ahorrando el trabajo intelectual de pensar y analizar críticamente.
Pero, para ello, el asunto tiene que ser textualmente preciso desde el punto de vista académico. Una cita textual documentada no debería ocupar más de un párrafo breve. Si la respuesta y las objeciones vienen en múltiples párrafos extensos llenos de explicaciones complicadas y justificaciones elaboradas, es porque no existen las citas precisas y documentadas que estoy solicitando metodológicamente, y no queda más remedio apologético que recurrir a la retórica demostrativa.
Pero sea como fuere: me dispongo a esperar pacientemente la refutación académica fundamentada.
