La cuestión de cómo debe relacionarse un judío con los misioneros cristianos que intentan convertirlo no es materia de preferencia personal ni de cortesía social. Es una cuestión halájica definida con precisión jurídica en las obras fundamentales del judaísmo rabínico. Sin embargo, en décadas recientes, ciertos sectores del mundo judío, particularmente aquellos vinculados a intereses políticos israelíes o influenciados por magnates evangélicos, han intentado reinterpretar las fuentes halájicas para sugerir que el cristianismo no constituye avodá zaráh y que, por tanto, las restricciones tradicionales respecto a los instigadores no aplicarían. Esta distorsión se ha cristalizado en la frase:
"
המאירי כותב שנצרות אינה עבודה זרה" (“el Meirí escribe que el cristianismo no es avodá zaráh” sic.),
Una afirmación que carece de fundamento textual en las obras del Meirí y que representa una extrapolación moderna sin base literal.
Rabí Menajem ben Shelomó HaMeirí (1249-1315) fue uno de los más importantes poskim y comentaristas del Talmud de la Provenza medieval. Su obra principal, Bet HaBejirá, constituye un comentario exhaustivo a la mayoría de los tratados talmúdicos, caracterizado por su claridad expositiva y su tendencia a sistematizar las discusiones talmúdicas en principios halájicos coherentes. El Meirí vivió en Perpiñán, en el contexto de la Francia medieval donde las comunidades judías coexistían con sociedades cristianas regidas por sistemas legales relativamente desarrollados, una realidad social muy distinta de la que enfrentaron los amoraím del Talmud Bavlí en el contexto del paganismo mesopotámico. Esta diferencia contextual llevó al Meirí a desarrollar ciertas distinciones halájicas que permitieran regular las relaciones económicas y civiles con los gentiles contemporáneos sin violar las prohibiciones talmúdicas sobre la avodá zaráh. Sin embargo, estas distinciones han sido sistemáticamente malinterpretadas por apologetas modernos que buscan justificar relaciones con misioneros cristianos.
Una tendencia similar aparece en Tosafot a Avodá Zará 2a ( אסור לשאת ולתת עמהם), escrito en el contexto de la Europa cristiana de los siglos XII-XIII, donde las comunidades judías de Francia y Alemania observaban directamente que los cristianos locales no realizaban los sacrificios paganos (takrúvta) de los antiguos romanos o babilonios. Tosafot pregunta:
"על מה סמכו העולם לשאת ולתת ביום איד העבודת כוכבים עמהם?"
(‘¿Sobre qué base comercia el mundo con ellos incluso en el día de su ídolo?’),
Refiriéndose a la práctica común de comerciar viernes/sábado antes del domingo cristiano.
Tosafot ofrece tres justificaciones, culminando en la observación empírica:
"עכו"ם שבינינו קים לן בגוייהו דלא פלחו לעבודת כוכבים"
(‘los aku"m [gentiles] entre nosotros tenemos certeza sobre su interior de que no sirven avodá zará’).
Esta certeza proviene del conocimiento directo de la vida cotidiana medieval: los cristianos realizaban misas simbólicas, no sacrificios animales a ídolos físicos. Tosafot cita ejemplos concretos:
"רבא דשדר ליה קורבנא לבר שישך ביום אידו אמר קים לי בגויה דלא פלח לעבודת כוכבים"
(‘Ravá envió ofrendas a Bar Shíshaj en su día de ídolo diciendo "tengo certeza interna de que no sirve avodá zará"’).
Sin embargo, esta leniencia práctica y empírica —limitada a comercio con gentiles ordinarios— no contradice la clasificación dogmática del Rambam (Hiljot Avodá Zará 9:4: "הנוצרים עובדי ע"ז הם"), ni autoriza la hasatáh activa de misioneros. Tosafot y Meirí coinciden en distinguir entre gentil normal (beneficiario de kulej civiles) y promoción directa de avodá zará (sujeta a Devarim 13).
Existe una corriente minoritaria, documentada en la literatura halájica rabínica, que ha pretendido eximir al cristianismo de la categoría de avodá zaráh basándose en dos pilares textuales. El primero descansa en Tosafot a Sanhedrín 63b, donde los autores medievales franceses y alemanes observan que "ולא הוזהרו בני נח על השיתוף" (‘y los Hijos de Noé no fueron advertidos sobre la asociación’), derivando de ello que el shituf —la creencia en más de una entidad divina— no constituye para los gentiles transgresión equivalente a la que constituiría para un judío. El segundo pilar apela al Meirí en Bava Kamá 113b, donde este aplica su concepto de naciones "גדורות בדתות ונימוסים" (‘encerradas en normas de religión y conducta’) para sostener que ciertas leyes talmúdicas referidas a idólatras no aplicarían a los cristianos de su época. Sobre esta doble base, autores como Rav Sa’adia Gaón AlFayumí—quien en Emunot VeDe'ot II:7 dividió a los cristianos en cuatro corrientes no todas equiparables halájicamente—, el Rashbatz —quien sugirió que la Trinidad no constituye propiamente idolatría siguiendo la lectura de Yehudá HaLevi— y Rav Yosef Meshash —quien declaró que los cristianos contemporáneos no alcanzan la categoría de idólatras ni siquiera en el sentido del shituf— sostuvieron que el cristianismo no encuadra plenamente en la categoría de avodá zaráh. Sin embargo, la mayoría de los poskim rechaza esta postura mediante un principio jurídico que sus defensores sistemáticamente eluden: la determinación halájica no descansa en las declaraciones doctrinales de la clase letrada cristiana, que efectivamente afirma creer en la unidad divina y describe la Trinidad como tres manifestaciones de un único Dios, sino en lo que el común de los fieles cree y practica efectivamente. Y en la práctica observable, el común de los fieles cristianos se postra ante imágenes atribuyendo a Yeshu el carácter de Dios encarnado, dirigiéndole súplica y adoración directa. Este criterio —que la determinación halájica sigue al acto efectivo y no a la autoproclamación teológica— determina que la postura mayoritaria clasifique al cristianismo como idolatría en forma de shituf, con independencia de cómo sus teólogos describan su propia fe. La postura minoritaria, por tanto, no afirma que el cristianismo sea monoteísmo puro, sino únicamente que dado que el shituf no fue prohibido explícitamente a los Bene Noaj (Hijos de Noé) no alcanzaría la categoría halájica plena de avodá zaráh; pero esta distinción, aun concediéndola en el plano teórico, no altera en absoluto el estatuto del misionero cristiano que instiga activamente a un judío a adorar a Yeshu, pues las prohibiciones de Devarim 13 sobre el mesit no dependen de si el culto promovido alcanza o no el umbral técnico de avodá zaráh para los Bene Noaj, sino del hecho incontrovertible de que para el judío al que se dirige la instigación tal culto constituye transgresión cardinal.
El Meirí mismo, en su comentario a Avodá Zaráh 2a, preserva las restricciones fundamentales respecto al comercio con gentiles antes de sus festividades religiosas. El texto establece:
לפני אידיהן של גוים שלשה ימים אסור לשאת ולתת עמהם ופי' בגמ' שלשה ימים חוץ מן האד אסור לשאת ולתת עמהם ר"ל מקח וממכר... ובגמ' ו' א' שאלו על איסור זה של מקח וממכר איזהו טעם איסורו אי משום רווח אי משום ולפני עור ופירשו רבים אי משום הרוחה כלומר מפני שמרויח במקחו או בממכרו וכל שהוא תוך שלשה ליום אידו זכור היא ואזיל ומודה וכל שאנו גורמים בהודאתו אנו עוברים על לא ישמע על פיך או שמא עקר האיסור משום לפני עור מפני שמוכרין לו דבר הראוי להקרבה או לתקרובת או לתשמיש ע"ז ונמצאנו גורמים לו לעבוד והרי אנו עוברים על ולפני עור... ומתוך כך עיקר הפירוש לדעתנו שסתם משנתנו מחשש מכשול הוא שמא ישתמש באותו דבר או יקנה דבר לעבודת הע"ז... וא"כ כל שיש בו חשש מכשול הוא הוא עקר האיסור... וכל שיש במניעתו פסידא אצלנו אין לנו ולהודאתם כלום
('Antes de las festividades de los gentiles, tres días está prohibido comerciar con ellos, y se explicó en la Guemará: tres días además del día de la festividad misma está prohibido comerciar con ellos, es decir, compra y venta... Y en la Guemará 6a preguntaron sobre esta prohibición de compra y venta cuál es la razón de su prohibición: ¿acaso por el beneficio [que les causa] o por [la prohibición de] "ante el ciego [no pongas tropiezo]"? Y explicaron muchos: ¿acaso por la gratificación?, es decir, porque se beneficia con su compra o venta y mientras esté dentro de tres días antes de su festividad lo recuerda y va y agradece [a su ídolo], y todo aquello que causamos con su agradecimiento transgredimos "no se escuchará sobre tu boca" [Shemot / Éxodo 23:13]? ¿O acaso el fundamento de la prohibición es por "ante el ciego" porque le vendemos algo apropiado para ofrenda o para servicio de avodá zaráh y resulta que le causamos practicar el culto, y he aquí transgredimos "ante el ciego"?... Y por todo esto, el fundamento de la interpretación según nuestra opinión es que el principio de nuestra Mishná es por sospecha de tropiezo, que quizás use aquella cosa o compre algo para el servicio de avodá zaráh... Por tanto, todo aquello en lo que hay sospecha de tropiezo, ese es el fundamento de la prohibición... Y todo aquello cuya abstención causa pérdida a nosotros, no tenemos nada con su agradecimiento [al ídolo]').
El Meirí establece explícitamente que כל שיש בו חשש מכשול הוא הוא עקר האיסור (“todo aquello en lo que hay sospecha de tropiezo, ese es el fundamento de la prohibición”).
Ahora bien, si el Meirí mantiene vigente la prohibición de facilitar el culto idólatra incluso mediante transacciones comerciales indirectas, ¿cómo podría sostener alguien razonablemente que habría permitido la instigación directa y activa a ese mismo culto? Las distinciones del Meirí operaban en el ámbito de las relaciones civiles y económicas ordinarias, no en el ámbito de la hasatáh (instigación) activa a la avodá zaráh. Un gentil cristiano que vive conforme a las leyes de su país y no intenta convertir judíos puede beneficiarse de los lenimientos del Meirí en materia de transacciones comerciales. Un misionero cristiano que dedica su existencia a predicar que un judío de Nazaret es Dios encarnado y que los judíos deben adorarlo es, por definición, un mesit, y ninguna distinción halájica sobre relaciones económicas altera su status halájico.
La confusión deliberada entre estas dos categorías, la del gentil ordinario que vive bajo un sistema legal y la del instigador activo que promueve avodá zaráh, ha permitido a ciertos apologetas sugerir que las prohibiciones halájicas contra el mesit no aplicarían a los misioneros cristianos. Esta interpretación es insostenible cuando se examina el corpus halájico en su totalidad. El Rambam codifica en Mishneh Torah, Hiljot Avodá Zaráh 5:4, un pasaje central que establece con claridad meridiana las obligaciones del musat (el instigado) respecto al mesit (el instigador). El texto reza:
"מִצְוָה בְּיַד הַמּוּסָת לְהָרְגוֹ שֶׁנֶּאֱמַר יָדְךָ תִּהְיֶה בּוֹ בָרִאשׁוֹנָה לַהֲמִיתוֹ. וְאָסוּר לַמּוּסָת לֶאֱהֹב אֶת הַמֵּסִית שֶׁנֶּאֱמַר לֹא תֹאבֶה לוֹ. וּלְפִי שֶׁנֶּאֱמַר בְּשׂוֹנֵא עָזֹב תַּעֲזֹב עִמּוֹ יָכוֹל אַתָּה עוֹזֵב לָזֶה תַּלְמוּד לוֹמַר וְלֹא תִשְׁמַע אֵלָיו. וּלְפִי שֶׁנֶּאֱמַר וְלֹא תַעֲמֹד עַל דַּם רֵעֶךָ יָכוֹל אִי אַתָּה עוֹמֵד עַל דָּמוֹ שֶׁל זֶה תַּלְמוּד לוֹמַר וְלֹא תָחוֹס עֵינְךָ. וְאָסוּר לַמּוּסָת לְלַמֵּד עָלָיו זְכוּת שֶׁנֶּאֱמַר וְלֹא תַחְמל. וְאִם יָדַע לוֹ חוֹבָה אֵינוֹ רַשַּׁאי לִשְׁתֹּק מִמֶּנָּה שֶׁנֶּאֱמַר וְלֹא תְכַסֶּה עָלָיו"
(Es una mitzvá en mano del instigado matarlo, como está dicho "tu mano estará en él primero para matarlo". Y está prohibido al instigado amar al instigador, como está dicho "no concordarás con él". Y puesto que está dicho respecto al enemigo "ayudar ayudarás con él", ¿acaso debes ayudar a este? La Torah enseña: "y no le oigas". Y puesto que está dicho "no permanezcas impasible sobre la sangre de tu prójimo", ¿acaso no debes permanecer impasible ante la sangre de este? La Torah enseña: "y no apiades tus ojos por él". Y está prohibido al instigado alegar méritos por el instigador, como está dicho "y no sientas compasión". Y si conoce su culpabilidad, no tiene permiso de callar, como está dicho "y no lo encubras").
Este pasaje no es un consejo ético susceptible de adaptación cultural, sino la codificación halájica de seis lavin (preceptos negativos) explícitos en Devarim 13:9. El Rambam preserva la estructura lógica del Sifri, que establece una exclusión sistemática del mesit de todos los mandamientos generales de compasión, ayuda y salvamento. Cuando la Torah ordena "וְאָהַבְתָּ לְרֵעֲךָ כָּמוֹךָ" (‘amarás a tu prójimo como a ti mismo’) en Vaikrá 19:18, el Sifri interroga:
"מִכְּלָל שֶׁנֶּאֱמַר וְאָהַבְתָּ לְרֵעֲךָ כָּמוֹךָ יָכוֹל אַתָּה אוֹהֵב לָזֶה? תַּלְמוּד לוֹמַר: לֹא תֹאבֶה לוֹ"
(‘Puesto que fue dicho "amarás a tu prójimo como a ti mismo", ¿acaso debes amar a este? La Torah enseña: no concordarás con él’).
La misma lógica aplica al mandamiento de ayudar al enemigo con su carga en Shemot 23:5, del cual el mesit queda excluido mediante "וְלֹא תִשְׁמַע אֵלָיו" (‘y no le oigas’), y al mandamiento de no permanecer impasible ante el peligro de muerte del prójimo en Vaicrá 19:16, del cual el mesit queda excluido mediante "וְלֹא תָחוֹס עֵינְךָ עָלָיו" (y no apiades tus ojos por él).
Esta estructura de exclusiones no es accidental ni marginal. El Sefer HaMitzvot del Rambam dedica seis mitzvot consecutivas (16-21) a detallar estas prohibiciones, y todas ellas encuentran su codificación normativa en Mishneh Torah, Hiljot Avodá Zaráh capítulo 5. El Sefer HaJinuk replica esta estructura en sus mitzvot 557-561, el Smag en sus lavin 27-31, y el Smak en sus preceptos 116-117. No estamos ante una opinión aislada de un poseq particular, sino ante un consenso halájico unánime que atraviesa todas las obras fundamentales del judaísmo rabínico. Quien pretenda que el Meirí habría invalidado este corpus entero mediante una distinción sobre transacciones comerciales con gentiles morales simplemente no ha comprendido la naturaleza jurídica de la halajá ni la jerarquía de las fuentes.
Ahora bien, si el Meirí mantiene vigente la prohibición de facilitar el culto idólatra incluso mediante transacciones comerciales indirectas, ¿cómo podría sostener alguien razonablemente que habría permitido la instigación directa y activa a ese mismo culto? Las distinciones halájicas del Meirí operaban en el ámbito de las relaciones civiles y económicas ordinarias, no en el ámbito de la hasatáh (instigación) activa a la avodá zaráh.
Antes de que Maimónides codificara su devastadora evaluación de Yeshú en el siglo XII, antes de que el Meiri intentara navegar las complejidades de la coexistencia judeo-cristiana en la Provenza del siglo XIII, y antes de que Tosafot aplicara sutilezas halájicas a la cuestión de la curación mediante invocación herética, existía ya una caracterización inequívoca del cristianismo primitivo establecida por quien tuvo contacto directo con la primera generación de seguidores de Yeshú: Rabí Yishmael ben Elisha. Como documentamos extensamente en la Sección VI, Rabí Yishmael, quien conoció personalmente a Ya'akov de Kfar Sekhanya —discípulo directo de Yeshú— estableció una halajá que no admite ambigüedad interpretativa: sanar mediante invocación del nombre de Yeshú equivale a idolatría pública y constituye Jilul HaShem (profanación del Nombre Divino) por el cual está prohibido transgredir incluso para salvar una vida. El Talmud Bavlí Sanhedrín 74a preserva su dictamen:
"מִי שֶׁנְּשָׁכוֹ נָחָשׁ וּבָא יַעֲקֹב אִישׁ כְּפַר סִכְנַיָּא לְרַפּאוֹתוֹ בְּשׁוּם יֵשׁוּ בֶּן פַּנְדֵּרָא וְלֹא הִנִּיחוֹ רַבִּי יִשְׁמָעֵאל"
(‘quien fue mordido por serpiente y vino Ya'akov del pueblo de Sekhanya a curarlo mediante el nombre de Yeshú ben Pandera, y Rabí Yishmael no lo permitió’).
La Guemará explica que esta prohibición absoluta se debe a que: "הָנֵי מִילֵי בְּצִנְעָא, אֲבָל בְּפַרְהֶסְיָא — לָא" (‘estas palabras, que está permitido transgredir por pikuaj nefesh, se refieren a cuando se hace en privado, pero en público, no’).
Rabí Yishmael equipara explícitamente invocar el nombre de Yeshú con adorar ídolos públicamente, aplicando la misma halajá de "יֵהָרֵג וְאַל יַעֲבֹר" (‘sea asesinado y no transgredas’) que rige para las tres transgresiones cardinales. Esta equiparación, establecida en el siglo II por autoridad tanaítica de primera magnitud quien tuvo experiencia directa con el movimiento cristiano primitivo, demuestra que la caracterización del cristianismo como avodá zaráh no es polémica medieval tardía influenciada por persecuciones, sino evaluación halájica fundacional basada en observación empírica de la naturaleza del culto cristiano. Cuando siglos después Maimónides escribió que Yeshú “causó que la mayoría del mundo fuera desviada para servir a una deidad distinta de Hashem,” no estaba innovando teológicamente sino codificando consenso establecido desde Rabí Yishmael: el cristianismo, mediante su deificación de figura humana y su invocación de ese nombre como poder salvador, constituye forma de avodá zaráh que viola el monoteísmo sinaítico con la misma gravedad que la idolatría material antigua. Cualquier intento contemporáneo de suavizar esta caracterización mediante distinciones sobre "naciones delimitadas por religiones" (Meiri) o especulaciones sobre roles providenciales retrospectivos (Rav Kook) debe confrontar el hecho de que la autoridad tanaítica más cercana cronológicamente al cristianismo primitivo, quien conoció personalmente a sus representantes, estableció halajá que lo trata como idolatría equivalente a la más grave. Esta no es cuestión de desarrollo doctrinal posterior sino de testimonio histórico directo preservado en la capa más antigua de la tradición rabínica.
El propio cristianismo, en su formulación teológica normativa, proclama doctrinas que constituyen avodá zaráh según todos los criterios halájicos. La afirmación de que "הַלּוֹגוֹס שָׂר בָּשָׂר" (el Logos se hizo carne) en el prólogo joánico, la doctrina de la Trinidad que postula "שְׁלֹשָׁה פָּנִים בְּאֶחָד" (tres personas en uno), y la soteriología que exige fe en la muerte expiatoria de Yeshu como condición de salvación, todas estas formulaciones violan principios fundamentales del monoteísmo judío. La Torah establece en Bamidbar 23:19:
"לֹא אִישׁ אֵל וִיכַזֵּב וּבֶן־אָדָם וְיִתְנֶחָם" (‘Dios no es hombre para que mienta, ni hijo de hombre para que se arrepienta’),
y en Hoshea 11:9: "כִּי אֵל אָנֹכִי וְלֹא־אִישׁ" (porque Dios soy Yo y no hombre). El Shemá proclama: "שְׁמַע יִשְׂרָאֵל יְהוָה אֱלֹהֵינוּ יְהוָה אֶחָד" (‘Oye Israel, Hashem nuestro Dios, Hashem es Uno’), donde el término ejad denota unidad absoluta e indivisible, no una "unidad compuesta" de tres personas como pretenden los apologetas cristianos. Yeshayahu 42:8 proclama:
"אֲנִי יְהוָה הוּא שְׁמִי וּכְבוֹדִי לְאַחֵר לֹא־אֶתֵּן" (Yo soy Hashem, ese es Mi Nombre, y Mi gloria a otro no daré), y en 43:11: "אָנֹכִי אָנֹכִי יְהוָה וְאֵין מִבַּלְעָדַי מוֹשִׁיעַ" (Yo, Yo soy Hashem, y fuera de Mí no hay salvador).
Afirmar que un hombre ejecutado en Jerusalén es el salvador de la humanidad y que debe ser objeto de culto constituye una violación flagrante de estos principios y encaja perfectamente en la definición halájica de avodá zaráh.
El Rambam no se refirió únicamente a una confesión cristiana dominante, sino a toda la fe cristiana en sus múltiples variantes. En Pérush HaMishná a Avodá Zará 1:3 escribe explícitamente:
*Este texto fue censurado en la mayoría de ediciones impresas del Comentario a la Mishná del Rambam (Avodá Zará 1:3). El texto completo no censurado aparece en: Edición Frankel, Edición de Rav Yosef Kapach (basada en manuscritos yemenitas originales), Manuscritos yemenitas, y Mechon Mamre - Mishné Torah, Hiljot Avodá Zará 9:4. Recuperado de https://goo.su/7RIEr
La fórmula "לכל שינויי כיתותיהם" (“todas las variantes de sus sectas”) abarca explícitamente cualquier denominación cristiana —católica, ortodoxa, protestante, evangélica— que organice su culto alrededor de Yeshu como mesías y objeto de veneración. La afinidad política contemporánea de ciertos movimientos protestantes pro-Israel con el Estado judío no altera esta clasificación halájica fundamental ni exime a sus misioneros del estatuto de mesit según Devarim 13.
El misionero cristiano, por tanto, no es simplemente un gentil que profesa una fe diferente, sino un mesit activo que intenta seducir judíos a la transgresión de los fundamentos de la Torah. El Rambam define en Mishneh Torah, Hiljot Avodá Zaráh 5:1: "הַמֵּסִית אֶחָד מִיִּשְׂרָאֵל בֵּין אִישׁ בֵּין אִשָּׁה הֲרֵי זֶה נִסְקָל אַף עַל פִּי שֶׁלֹּא עָבַד הַמֵּסִית וְלֹא הַמּוּסָת עֲבוֹדַת כּוֹכָבִים אֶלָּא מִפְּנֵי שֶׁהוֹרָהוּ לַעֲבֹד" (El que instiga a uno de Israel, sea hombre o mujer, es lapidado, aunque ni el instigador ni el instigado hayan practicado el culto a ídolos, sino por el mero hecho de haberle instruido a practicarlo). La hasatáh misma, independientemente de su éxito, constituye el crimen capital. El Rambam continúa especificando en 5:2: "כֵּיצַד. הָאוֹמֵר לַחֲבֵרוֹ אֶעֱבֹד כּוֹכָבִים אֵלֵךְ וְאֶעֱבֹד נֵלֵךְ וְנַעֲבֹד" (¿Cómo? El que dice a su compañero: adoraré ídolos, iré y adoraré, vayamos y adoremos), empleando cualquier formulación que invite al culto, "הֲרֵי זֶה מֵסִית" (es un mesit).
Un misionero que proclama "Jesús es el Señor", que invita a "aceptar a Cristo como salvador personal", que distribuye literatura evangelizadora o que organiza eventos de conversión encaja perfectamente en esta definición halájica. No es relevante que emplee el término "Yeshúa" en lugar de "Jesús", que afirme continuidad con el judaísmo, o que se presente como "judío mesiánico". Todos estos son estratagemas retóricas que no alteran la sustancia halájica: está instando a un judío a adorar como Dios a un hombre ejecutado, lo cual constituye avodá zaráh según todos los parámetros de la halajá. El Rambam en Sefer HaMitzvot, Mitzvá Lo Taasé 26, define la prohibición de profetizar en nombre de avodá zaráh:
"האזהרה שהזהר אדם מלהתנבא בשמה, והוא: שיאמר שה' ציווהו לעבדה או שהיא עצמה ציוותה על עבודתה והבטיחה גמול ועונש" (La advertencia de no profetizar en nombre de avodá zaráh, diciendo que Hashem le ordenó servirla o que ella misma ordenó su servicio y prometió recompensa y castigo).
El misionero que afirma que "Jesús dijo" o que "el Nuevo Testamento enseña" está profetizando en nombre de su ídolo, y el Rambam especifica que tal persona es pasible de jenek (estrangulamiento).
Las obligaciones del judío ante tal instigador no son materia de preferencia personal sino de mandamiento explícito. El Sefer HaMitzvot en Mitzvá Lo Taasé 17, codificado en Mishneh Torah 5:4, ordena:
"האזהרה שהזהר המוסת מלאהב את המסית, ושלא יאבה לדבריו, הוא אמרו יתעלה: לא תאבה לו" (La advertencia al instigado de no amar al instigador y no concordar con sus palabras: "לא תאבה לו" - no concordarás con él).
El Sifri, citado tanto en el Sefer HaMitzvot como en Mishneh Torah, establece la exclusión explícita:
"מכלל שנאמר: ואהבת לרעך כמוך יכול אתה אוהב לזה? תלמוד לומר: לא תאבה לו" (Puesto que fue dicho "amarás a tu prójimo como a ti mismo", ¿acaso debes amar a este? La Torah enseña: no concordarás con él).
Esta exclusión no es una licencia para el odio irracional, sino el reconocimiento de que el mandamiento de ahavat Israel no se extiende a quien intenta destruir la neshama judía mediante la conversión a la idolatría.
La Mitzvá Lo Taasé 18, también codificada en Mishneh Torah 5:4, ordena:
"האזהרה שהזהר המוסת שלא יקל בנטירה למסית, לא חייב לנטור לו בהכרח; וכשאינו נוטר לו - עובר על מצוות לא תעשה. והוא אמרו: ולא תשמע אליו" (La advertencia al instigado de no aliviar su rencor hacia el instigador, sino que inexorablemente debe guardarle rencor. Cuando no le guarda rencor - transgrede un precepto negativo: "ולא תשמע אליו" - y no le oigas).
El Sifri establece nuevamente la exclusión:
"מכלל שנאמר: עזב תעזב עמו יכול אתה עוזב לזה? תלמוד לומר: ולא תשמע אליו" (Puesto que fue dicho "ayudar ayudarás con él", ¿acaso debes ayudar a este? La Torah enseña: ni le oigas).
Esta obligación de guardar rencor no es una invitación a la violencia física, que está prohibida en el exilio donde carecemos de autoridad judicial, sino la obligación de mantener una actitud de rechazo inequívoco hacia el instigador y su mensaje.
La Mitzvá Lo Taasé 19, igualmente codificada en Mishneh Torah 5:4, ordena:
"האזהרה שהזהר המוסת מלהציל את המסית, אם יראה ובמצב של אבוד וכליה, והוא אמרו: ולא תחס עינך עליו" (La advertencia al instigado de no salvar al instigador si lo ve en situación de perdición y destrucción: "ולא תחס עינך עליו" - y no apiades tus ojos por él).
El Sifri establece la tercera exclusión:
"מכלל שנאמר: לא תעמד על דם רעך יכול אי אתה עומד על דמו של זה? תלמוד לומר: ולא תחוס עינך" (Puesto que fue dicho "no permanezcas impasible sobre la sangre de tu prójimo", ¿acaso no debes permanecer impasible ante la sangre de este? La Torah enseña: y no apiades tus ojos por él).
Esta prohibición debe entenderse dentro del contexto del sistema judicial bíblico donde la ejecución del mesit era obligatoria, pero en la práctica contemporánea se traduce en la prohibición de ir en su socorro moral o apologético cuando sus doctrinas son refutadas.
Las Mitzvot Lo Taasé 20 y 21, ambas codificadas en Mishneh Torah 5:4, establecen obligaciones activas respecto al mesit. La Mitzvá 20 ordena:
"האזהרה שהזהר המוסת מללמד זכות על המסית, אפילו יודע לו זכות - אסור לו להזכירו ולא ילמד עליו זכות. והוא אמרו יתעלה: ולא תחמל" (La advertencia al instigado de no alegar méritos para el instigador. Incluso si conoce de él algún mérito - le está prohibido mencionarlo y no debe alegar por él méritos: "ולא תחמל" - y no sientas compasión).
El Rambam en Mishneh Torah especifica:
"אָסוּר לַמּוּסָת לְלַמֵּד עָלָיו זְכוּת" (está prohibido al instigado alegar méritos por él).
Esto implica que argumentos del tipo "pero apoya a Israel políticamente" o "pero hace obras de caridad" son irrelevantes y está prohibido mencionarlos en el contexto de evaluar a un misionero. La Mitzvá 21 ordena:
"האזהרה שהזהר המוסת מלשתק מללמד על המסית חובה הידועה לו, מה שמביא לידי קיום העונש עליו. והוא אמרו יתעלה: ולא תכסה עליו" (La advertencia al instigado de no callar el alegato de culpabilidad contra el instigador que le sea conocido, aquello que lleva al cumplimiento del castigo sobre él: "ולא תכסה עליו" - y no lo encubras).
El Rambam especifica: "אִם יָדַע לוֹ חוֹבָה אֵינוֹ רַשַּׁאי לִשְׁתֹּק מִמֶּנָּה" ('si conoce su culpabilidad, no tiene permiso de callar'). Esta obligación de declarar la culpabilidad del mesit es precisamente lo opuesto a la actitud contemporánea de "respeto interreligioso" que exige silencio ante el proselitismo cristiano.
El Sefer HaMitzvot en Mitzvá Lo Taasé 28, codificado en Mishneh Torah, Hiljot Avodá Zaráh 5:7, establece la prohibición de escuchar al falso profeta:
"האזהרה שהזהרנו מלשמוע נבואת מתנבא בשם עבודה זרה, לומר: שלא נתווכח עמו ולא נשאלהו" (La advertencia de no oír la profecía del que profetiza en nombre de avodá zaráh. No debemos argumentar con él ni pedirle sus pruebas).
El Rambam en Mishneh Torah especifica:
"אָסוּר לַעֲרֹךְ דִּין וּתְשׁוּבָה עִם הַמִּתְנַבֵּא בְּשֵׁם עֲבוֹדַת כּוֹכָבִים וְאֵין שׁוֹאֲלִין מִמֶּנּוּ אוֹת וּמוֹפֵת. וְאִם עָשָׂה מֵעַצְמוֹ אֵין מַשְׁגִּיחִין עָלָיו וְאֵין מְהַרְהֲרִין בּוֹ" (está prohibido establecer debate con el que profetiza en nombre de avodá zaráh, y no pedimos de él señal o prodigio. Y si hace por sí mismo, no prestamos atención ni reflexionamos sobre ello).
Esto contradice directamente la aproximación apologética contemporánea que invita a debates interreligiosos y que pide al misionero que "presente sus pruebas". La halajá ordena exactamente lo contrario:
"וְאִם יִתְמִיד בְּטַעֲנָתוֹ - נְעָנִישֵׁהוּ כְּרָאוּי לְפִי דִּינֵי הַתּוֹרָה, וְלֹא נָחוּשׁ לְמוֹפְתָיו וְלֹא לִרְאָיוֹתָיו" (Y si persiste en su argumento - lo castigamos como corresponde según las leyes de la Torah, y no tomamos en cuenta sus demostraciones ni sus pruebas).
En la práctica contemporánea, esto se traduce en la obligación de rechazar la invitación al debate y de refutar directamente las doctrinas sin entrar en el juego apologético del misionero.
Finalmente, el Sefer HaMitzvot en Mitzvá Lo Taasé 29, codificado en Mishneh Torah, Hiljot Avodá Zaráh 5:9, ordena:
"האזהרה שהזהרנו שלא לחוש לנביא השקר או להמנע מלהרגו" (La advertencia de no temer al falso profeta ni abstenernos de ejecutarlo).
El Rambam especifica:
"כָּל הַמּוֹנֵעַ עַצְמוֹ מֵהֲרִיגַת נְבִיא הַשֶּׁקֶר מִפְּנֵי מַעֲלָתוֹ... הֲרֵי זֶה עוֹבֵר בְּלֹא תַּעֲשֶׂה. וְכֵן הַמּוֹנֵעַ עַצְמוֹ מִלְּלַמֵּד עָלָיו חוֹבָה" (quien se abstiene de ejecutar al falso profeta... transgrede un precepto negativo. Y también quien se abstiene de declarar culpabilidad sobre él).
El Sifri enseña:
"לֹא תָגוּר מִמֶּנּוּ - אַל תִּמְנַע עַצְמְךָ מִלְּלַמֵּד עָלָיו חוֹבָה" (No temas de él - no te abstengas de declarar culpabilidad sobre él).
Esta mitzvá responde directamente a la táctica misionera de intimidación, donde se acusa a los judíos de "temer la verdad" cuando rechazan escuchar la predicación cristiana. La halajá ordena precisamente lo contrario: no temer al falso profeta y declarar abiertamente su culpabilidad.
Todas estas mitzvot no son recomendaciones éticas opcionales ni sugerencias de comportamiento ideal, sino lavin (mandamientos negativos) explícitos cuya transgresión constituye violación de la Torah. El Rambam no está ofreciendo consejo pastoral cuando codifica estas halajot en Mishneh Torah, sino estableciendo norma jurídica vinculante. La estructura misma del texto, que cita los versículos bíblicos, preserva la lógica del Sifri y establece las consecuencias halájicas, indica que estamos ante legislación positiva, no ante homilética. El Sefer HaJinuk, en sus mitzvot 557-561, replica esta estructura y explica las razones de cada precepto, enfatizando que el propósito es "לְהַרְחִיק כָּל עִנְיַן עֲבוֹדָה זָרָה" ('alejar todo asunto de avodá zaráh'). El Smag y el Smak codifican igualmente estas mitzvot sin modificación alguna. Quien pretenda que el Meirí, mediante una distinción sobre transacciones comerciales, habría invalidado este corpus entero simplemente no comprende la naturaleza del psak halajá ni la jerarquía de las fuentes en el derecho judío.
El intento contemporáneo de presentar al cristianismo como religión no idólatra compatible con el judaísmo no es un desarrollo halájico legítimo sino un expediente político motivado por consideraciones ajenas a la Torah. Los magnates evangélicos estadounidenses ejercen influencia considerable sobre ciertos sectores del establishment israelí mediante donaciones financieras y apoyo político. Este apoyo no es desinteresado: los evangélicos apocalípticos creen que la restauración judía en la tierra de Israel es condición previa para el retorno de su Cristo, momento en el cual esperan la conversión masiva o destrucción de los judíos. El gobierno de Netanyahu ha cultivado deliberadamente estas alianzas, llegando al punto de permitir presencia misionera organizada en Israel mismo, en violación de la halajá y de las leyes del Estado. La narrativa de que "el cristianismo no es avodá zaráh según el Meirí" proporciona cobertura pseudo-halájica conveniente para esta alianza política, pero carece de fundamento textual serio.
El Meirí jamás afirmó que el cristianismo careciera del status de avodá zaráh. Lo que el Meirí hizo fue aplicar ciertos lenimientos en transacciones comerciales con los gentiles contemporáneos a él, reconociendo que ciertas restricciones comerciales podían relajarse en su contexto. Pero el propio Meirí mantiene vigentes todas las prohibiciones fundamentales cuando escribe respecto a las festividades: "לפני אידיהן של גוים שלשה ימים אסור לשאת ולתת עמהם" (antes de sus festividades de los gentiles, tres días está prohibido comerciar con ellos), y explica que la razón es "משום רווחא... דקא מרווח להו... ואזיל ומודה" (por el beneficio... que se beneficia... y va y agradece [a su ídolo]). Si la mera transacción comercial que indirectamente facilita el agradecimiento al ídolo está prohibida, ¿cómo podría estar permitida la instigación directa al culto de ese ídolo? La lógica misma del Meirí refuta la interpretación que le atribuyen los apologetas contemporáneos.
Más aún, el Meirí concluye su discusión sobre las festividades gentiles con una observación que desmantela completamente la interpretación moderna. Después de discutir los diversos lenimientos en transacciones comerciales, escribe:
"ומתוך כך עקר הדברים נראה לי שדברים אלו כלם לא נאמרו אלא על עובדי האלילים וצורותיהם וצלמיהם" (y por todo esto, el fundamento de estos asuntos me parece que todo esto fue dicho solamente sobre los adoradores de ídolos y sus formas y sus imágenes).
Luego añade: "אבל בזמנים הללו מותר לגמרי" (pero en estos tiempos está permitido completamente). Los apologetas contemporáneos se aferran a esta última frase para sugerir que el Meirí permitió comercio irrestricto con cristianos, pero ignoran convenientemente la frase siguiente donde el Meirí explica qué entiende por "estos tiempos" y a quiénes se refiere como "notzrim". El Meirí escribe:
וּמָה שֶׁאָמְרוּ בַּגְּמָרָא נָצְרִי לְעוֹלָם אָסוּר אֲנִי מְפָרְשׁוֹ מִלְּשׁוֹן נוֹצְרִים בָּאִים מֵאֶרֶץ מֶרְחָק הָאָמוּר בְּיִרְמְיָהוּ שֶׁקָּרָא אוֹתָם הָעָם נוֹצְרִים עַל שֵׁם נְבוּכַדְנֶצַּר
(‘Y lo que dijeron en la Guemará se refiere a 'natzri siempre está prohibido', yo lo interpreto de la expresión 'notzrim que vienen de tierra lejana' mencionado en Irmeyahu (Jeremías 4:16), que llamó a ese pueblo 'notzrim' por el nombre de Nevujadnetzar’).
El Meirí está identificando a los "notzrim" talmúdicos no con los cristianos sino con los babilonios adoradores del sol en tiempos de Nevujadnetzar. Esta interpretación, históricamente insostenible, permitió al Meirí en su contexto aplicar ciertos lenimientos, pero no constituye una declaración de que el cristianismo carezca del status de avodá zaráh.
La evidencia de que el Meirí no consideraba al cristianismo exento de las restricciones fundamentales sobre avodá zaráh se encuentra en su propio tratamiento de la instigación. En ningún momento el Meirí sugiere que las prohibiciones de Devarim 13 respecto al mesit no aplicarían a misioneros cristianos. Al contrario, cuando discute el tema del mesit en su comentario, preserva todas las restricciones tradicionales sin modificación. El silencio del Meirí sobre una supuesta excepción cristiana a las leyes del mesit es elocuente: si realmente hubiera creído que el cristianismo no constituye avodá zaráh y que por tanto sus predicadores no son mesitim, habría sido obligatorio mencionarlo explícitamente, dada la gravedad de las prohibiciones involucradas. La ausencia de tal mención indica que el Meirí distinguía entre relaciones comerciales ordinarias con gentiles éticos y la instigación activa a la avodá zaráh, considerando lo primero susceptible de leniencia pero lo segundo absolutamente prohibido.
La actitud halájica correcta hacia los misioneros cristianos, por tanto, no admite ambigüedad. Un misionero, sea que se presente como "cristiano evangélico", "judío mesiánico", "nazareno", "netzari" o bajo cualquier otra denominación, que dedica sus esfuerzos a convencer judíos de que Yeshu es el Mashíaj y debe ser adorado como Dios, es un mesit según la definición halájica explícita del Rambam en Mishneh Torah 5:1-2. Como tal, está sujeto a todas las restricciones de Devarim 13:9 codificadas en las seis mitzvot del Sefer HaMitzvot (17-21) y del Sefer HaJinuk (557-561). El judío está obligado a rechazar todo vínculo afectivo con tal persona, a no ayudarlo en sus esfuerzos misioneros, a no defenderlo cuando es criticado, a declarar abiertamente su culpabilidad, y a no temer las consecuencias de tal declaración. Estas obligaciones no son opcionales ni están sujetas a anulación por conveniencia política o consideraciones de "diálogo interreligioso". Son lavin explícitos cuya transgresión constituye violación de la Torah.
La táctica contemporánea de apelar al Meirí para justificar relaciones cordiales con misioneros es, por tanto, una distorsión deliberada de las fuentes halájicas al servicio de una agenda política. El Meirí jamás escribió "שנצרות אינה עבודה זרה" (‘que el cristianismo no es avodá zaráh’). Esta frase, frecuentemente citada en círculos hasbáricos, no aparece en ningún texto del Meirí y representa una fabricación moderna. Lo que el Meirí hizo fue aplicar ciertos lenimientos en transacciones comerciales con los gentiles de su época, pero jamás sugirió que la predicación activa del cristianismo a judíos dejara de constituir hasatáh prohibida. Quien afirme lo contrario debe producir el texto explícito del Meirí, con referencia precisa al volumen, página y línea, donde el Meirí supuestamente habría eximido a los misioneros cristianos de las prohibiciones de Devarim 13. Tal texto no existe.
La halajá, codificada uniformemente en todas las obras fundamentales del judaísmo rabínico, es inequívoca: el misionero cristiano es un mesit, y la actitud del judío hacia él debe regirse por las prohibiciones explícitas de Devarim 13:9, no por consideraciones de cortesía social o conveniencia política. Esta no es una posición extremista ni una interpretación rigorista, sino simplemente la aplicación fiel de la Torah y su codificación halájica. Quien pretenda otra cosa, amparándose en interpretaciones fraudulentas del Meirí, no está defendiendo el judaísmo sino traicionándolo.