4/09/2017

El secreto del Marrano; ¿los judíos mesiánicos como anusim?

BS"D

Pintura: Granada 1563, Braun Hogenberg.

Escribe Moshe Orfalí de la Universidad Bar-Ilán, Tel Aviv, sobre los antecedentes del fenómeno de la conversión en masa de judíos bajo amenaza de muerte o destierro se remontan en la Península Ibérica a los episodios de persecución abierta, tales como se produjeron en la etapas finales de la España romana y más tarde bajo la monarquía de los reyes visigodos católicos.

De la conversión de los judíos de Mahón, ocurrida probablemente hacia los años 417-418 nos da cuenta el obispo Severo en su Carta-Encíclica: “fueron sometidos a la persecución, la sinagoga fue incendiada y a continuación comenzaron los bautismos en masa.”  De este acontecimiento en Menorca hace también relación el Altercatio Ecclesia et Synagogae, que algunos autores, entre ellos V. Seguí y J. Hillgarth, consideran como el commonitorium del obispo Severo.

El inicio de la presión del reino visigodo contra los judíos coincide con la conversión de los monarcas y del elemento visigodo arriano al catolicismo (589). Un gran historiador del judaísmo altomedieval, B. Blumenkranz, dice que esa fecha supone el punto de partida de la más trágica aventura de los judíos con anterioridad a la plena Edad Media.

En efecto, la interrelación de los elementos políticos y religiosos a raíz de la conversión del reino en aquel año dio a este acontecimiento un papel esencialmente político que le hace sobrepasar su dimensión propia. Hacemos hincapié en ello porque fueron también el afán de unificar el reino en todos los aspectos, ocupando el religioso destacado lugar, y el antijudaísmo inherente por esencia al catolicismo, los factores que vuelven a ser protagonistas en la época de los Reyes Católicos, produciendo la fricción  allí donde había existido convivencia pacífica.

No procederé que nos extendamos aquí sobre los duros golpes de los monarcas del siglo VII contra los judíos, estos han quedado ya estudiados y pormenorizados por varios historiadores, desde J. Juster y S. Katz hasta L. García Iglesias. Resumiremos, sí que se trata para ellos de más de un siglo de incertidumbre, persecución y sufrimientos, quedando desprovistos de todos sus bienes, pocos o muchos, las familias deshechas, los hijos arrancados de sus padres y viviendo bajo la más severa prohibición de cumplir con sus creencias. Así sobrevivieron bajo la conversión forzada hasta la caída de los visigodos por la conquista musulmana de Táriq Ibn Ziyad y Abd AlAziz Ibn Musa.

Así lo sugiere el pasaje siguiente, donde Ibn Ziyad se adhiere a la idea de la acción civilizadora de la conquista la voluntad de construcción de un paraíso en la tierra conquistada:

“Aquí se elevará la capital del imperio para la eternidad. Arrasad ese bosque hasta los matorrales. Arrancad la hierba. Cavad el suelo, sacad las rocas y haced casas a Di-s y palacios como nunca se han visto en el mundo. Si hay un paraíso, lo quiero ahora y aquí mismo, en la tierra de Al-Andalus, donde nos han traído nuestros pasos.”

Por ello, es que entre los traidores visigodos (arrianos) y judíos en el año 711 ayudaron a los musulmanes a conquistar los reinos visigodos de la Península Ibérica. Esto representaría un respiro para los judíos sefaradies de sus vecinos cristianos (bizantinos) quienes por fin estarían sometidos, la religión judía sería respetada por el Islam impulsado por Táriq Ibn Ziyad y Abd AlAziz Ibn Musa en los territorios de Al-Andalus. Mientras que los reinos cristianos de la Península Ibérica a partir de 1391 distingue la situación de la de cualquier parte de Europa es por el gran número de conversiones al cristianismo  debido a las persecuciones y matanzas de judíos ocurridas en ese año, sino también de la continuidad de las mismas que llegaron a su apogeo en 1492 con la Expulsión.

No se limitan, pues, estas conversiones al desastre social de 1391, sino que continuamente en los años siguientes, a veces como resultado de la opresión oficial - tal es el caso de la obligación de recluirse en barrios especiales y de llevar marcas distintivas- y de otras veces bajo la política de atracción de algunos eyes, como es el caso de Fernando I de Aragón, quien confiaba cargos relevantes a los judíos más notables que abrazaban el cristianismo. La fogosa oratoria de fray Vicente Ferrer (yimaj shemo) determinó también la conversión de centenares de hebreos; y otra se registraron con motivo de la Disputa de Tortosa (1413-1414), protagonizada por el converso Jerónimo de Santa Fe (antes Yehoshúa Halorquí) y bajo el patrocinio del antipapa Benedicto XIII.
Durante el curso de aquellas largas sesiones en Tortosa recibieron el bautismo algunos notables judíos, por ejemplo los de la familia Caballería, así como amigos y conocidos suyos. Pocas semanas despùes encontramos  varios de ellos con nombres cristianos desempeñando importantes cargos administrativos y políticos. Fernando de la Caballería, el Bonafós de antaño, que ya para diciembre de 1412 prestaba servicios al rey don Fernando, aparece en diciembre de 1414 como “conseller e Tesorer del rey de Aragón”, título que por entonces no se otorgaba a los judíos. Don Vital de la Caballería, hijo del famoso Don Benveniste ben Labí, poeta hebreo y uno de los jefes de la diplomacia judía al comienzo de la disputa, tomó para sí el nombre cristiano de Gonzalo y empezó a trabajar también en la administración financiera del estado. Lo mismo que antes su estrella se había elevado a las cumbres de la poesía hebrea, mostraba ahora su gran capacidad en la cultura humanística, traduciendo del latín al castellano las obras filosóficas de Cicerón. Juntamente con él se convirtió también al cristianismo su maestro y amigo de su familia, el anciano poeta Rabí Shlomoh de Piera (shem reshaim yirkab-שר"י).



Así se fue consolidando en la España cristiana del siglo XV una nueva clase social, la de los judeoconversos o cristianos nuevos: judíos que por cualquier circunstancia cambiaron su religión por la idolatría cristiana mediante el sacramento del bautismo. En castellano el término converso no tiene mayor matiz que el de anteriormente dicho; pero en lengua hebrea emplea dos palabras con diferente sentido: anus (אנוס) o convertido a la fuerza; y meshumad (מְשׁוּמָד) o destructor / abolicionista. La Iglesia se molestó por esta palabra, y lo censuró, sustituyéndolo por מוּמָר mumar, lit. cambiador. Este término talmúdico se refiere a alguien que abandonó el judaísmo. A continuación les presentare los rasgos característicos de estos dos tipos de cripto-judíos respecto al judaísmo en España dentro del periodo de tiempo analizado, y posteriormente en las colonias españolas:

Anus-אנוס
מוּמָר Mumar
  1. Los judíos de clases bajas, gentes sencillas, las de humilde condición y las mujeres estaban mucho más apegadas a su religión judaíca, siendo por tanto mucho más proclives al critojudaísmo.
  2. En su aspecto público eran cristianos, mientras que en su vida familiar eran judíos. Rechazaban en los círculos judíos a Yeshu como Mesías.
  3. Identificación por la fe de sus padres, el judaísmo, de forma clandestina.
  4. La aspiración a retornar al judaísmo.
  5. Su deseo de cumplir los preceptos de la Torah de Mosheh, así como diversas costumbres y tradiciones judías.
  6. Fraternidad entre anusim con judíos, por ejemplo, donando aceite para iluminar la sinagoga y repartiendo limosna los lunes y los viernes entre los judíos pobres.
  7. Anusim y judíos se reunían juntos (cuando aún no había sucedido la Expulsión de 1492) para llevar a cabo conjuntamente distintos actos de la vida judía, como la tefilah (‘oración’) o el degüello ritual de reses para el consumo.
  8. Los anusim eran aceptados por los judíos, que los acogían en la congregación durante la oración pública.
  9. En lugares donde no había comunidad judía o había sido aniquilada durante las matanzas de 1391, los anusim acostumbraban a reunirse los shabatot (sábados) o en las festividades judías para rezar en secreto. En tales ocasiones un converso actuaba de oficiante (Jazan), dirigiendo las oraciones tal como se acostumbra a hacer en la sinagoga.
  10. Poseían libros de oraciones (sidurim) y se sabían plegarias de memoria. Los expedientes de la Inquisición nos hablan de ellas: “conocían el Shema Israel, la Amidah, y la Oración de los sueños (“Di-s, yo soy tuyo y mis sueños tuyos serán”)” Estas oraciones y algunas otras pasaron de generación en generación y las conservarón en memoria durante siglos.
  11. Muchos anusim eran versados en el Tana”j, el Talmud, y en los midrashim y disponían de los mismos libros como judíos solían poseer.
  12. Sus casas estaban abiertas a los demás anusim en shabat o en fiesta, y muy especialmente en Yom Kipur (‘Día de Expiación’).
  13. Sabían todas las leyes (halajot) que regulan los ayunos y el mayor de ellos, el de Yom Kipur, lo observaban conforme a la ley judía o Halajah orando desde el anochecer del día anterior y durante el día siguiente, no siendo pocos los que en ese día se fingían enfermos para poder ayunar; no calzaban, ya que llevar en ese día zapatos de cuero está prohibido por la tradición judía, y se perdonaban los unos a los otros; los padres bendecían a los hijos y se sentaban a la mesa tras la aparición de las estrellas en el cielo para celebrar la comida festiva con que se clausura el ayuno.
  14. En la fiesta de Sukot o de las Cabañuelas los anusim iban al campo, donde construían cabañas según está prescrito en la Torah, permaneciendo en ella durante toda una semana entera.
  15. Pesaj se celebraba siguiendo escrupulosamente los preceptos que ordena la tradición: comiendo pan ácimo (matzah), apio, y yerbas amargas; usando vasijas nuevas, etc.
  16. También celebraban Shavu’ot (Pentecostes), Janukah o Fiesta de las Candelas y Purim, en el que se conmemora la salvación milagrosa del pueblo judío, según se relata en el libro de Ester, y en el Talmud sobre el relato de Janukah.
  17. Observación estricta del Shabat, evitando en este día cualquier tipo de trabajo. Cuando algún vecino o vecina entraban en la casa, la dueña cogía la rueca como si estuviera hilando, para volver a dejarla en cuanto el extraño se iba. Antes del comienzo del shabat, que se inicia al caer la noche del viernes, encendían candiles con mecha nueva que dejaban consumir sin apagarlos, se mudaban de camisa, se tomaban un baño en el río, etc. Todo esto lo hacían clandestinamente, exponiendose a las miradas de los cristianos y en el ambiente propio de las pequeñas aldeas, donde cada cual sabía hasta lo que se guisaba en la olla del vecino y estaba tan al tanto de las actividades del prójimo como de las suyas propias.
  18. Los anusim  acostumbraban a visitarse entre sí los sábados para hablar y oír relatos del Talmud y del Tana”j (Biblia Hebrea). Si nos detenemos hoy en analizar la forma que tenían de observar todas esas tradiciones, no podemos por menos de asombrarnos ante su ingenio y los medios utilizados.
  19. En cuanto al tema del luto, por ejemplo, durante todo el shabat dejaban una copa llena de agua en la ventana para que el alma del difunto pudiera saciar su sed con ella.
  20. Shejita: En los patios de sus casas se mataban ovejas, carneros y gallinas según prescribe el ritual judío y a ellos acudían otros conversos para adquirir carne kasher (la ritualmente apta) para su consumo. La mujeres sabían matar gallinas según el ritual, las purificaban y las cocían en ollas separadas como prescribe la ley judía. En los expedientes de la Inquisición encontramos con frecuencia el testimonio de algún carnicero cristiano declarando que el acusado o cualquier otro de los anusim hace años que no va a comprar carne a su establecimiento.
  1. Los judíos de clase alta que habían abrazado el  cristianismo, abjuraron de su fe judía, y no tuvieron reparos en acogerse plena y normalmente a la fe de la que les había sido impuesta por diversas vías.
  2. Tanto fuera como dentro de su familia eran cristianos convencidos.
  3. Identificación por la nueva fe cristiana, así como el tratar de convertir a otros judíos al cristianismo y denunciar a los judaizantes o anusim.
  4. La aspiración de asimilar a sus congéneres al cristianismo.
  5. Traducción de obras cristianas al hebreo para convertir judíos al cristianismo, tales como los evangelios del romance(s) al hebreo.
  6. Denuncias a judaizantes ante el Tribunal de la Santa Inquisición.
  7. Proponian a otros judíos el estudiar a fondo el cristianismo para optar por la conversión al catolicismo.
  8. Los mumarim aceptaban a otros conversos siempre y cuando favorecieran la deserción de la fe judaica.
  9. Los mumarim degustaron alimentos como el cerdo, sangre seca, así como desdeñaron la alimentación kasher por la alimentación que tenían los cristianos.
  10. Los mumarim sí utilizan los textos del Tana”j es del modo escolástico de las controversias clásicas, con el fin de convertir a otros al cristianismo.
  11. Sí se espigan los pasajes del Talmud es para “rescatar” su contenido teológico y moral, así como las supuestas alusiones contra Jeshu de Natzart o ciertas afirmaciones ofensivas aplicadas en el Talmud a los idólatras, cuteos, cananeos, bene-Noaj y gentiles, denominaciones que según los mumarim se refieren a los cristianos.
  12. Los mumarim aprendian sobre temas de literatura talmúdica y de los midrashim  (comentarios bíblicos con carácter homilético), para desarrollar su campaña de proselitismo, y en diversas ocasiones afirman no creer nada del Talmud, salvo aquello que le favorece y sólo en la medida que sirve a su propósito en demostrar que Yeshu es el Mesías, hasta el punto de que no tienen inconveniente en mutilar textos y extraerlos de su contexto para acomodarlos a sus tesis cristiana.
  13. Los mumarim se justificaban que no se habían convertido al cristianismo como los gentiles porque según ellos: “aquellos en su casa y Ley estaban, y no les era necesario otra cosa, salbo bautizarse e creer en Nuestro Sennor era el Rey Mesías, prometido en la Ley de los Profetas”.
  14. Impulsaron literatura antijudaíca con el fin de testificar a favor del cristianismo y al mismo tiempo dar muestra sincera de sus nuevas creencias cristianas.
  15. Impulsaron que se realizarán acusaciones contra el Talmud y que se promulgara una bula de Benedicto XII (mayo 1415), en la que se prohibía y condenaba el Talmud en España, que sólo 130 años antes con Raimundo Martí había sido utilizada como fuente de apoyo para las doctrinas cristianas y cual Alfonso X de Castilla (1252-1284) había solicitado que se tradujera junto con los midrashim.
  16. La confrontación inducida por los mumarim es por naturaleza de contenido teológico y su intencionalidad marcadamente misionera: se busca afanosamente convencer a la alta intelectualidad judía de la verdad cristiana, que aparece confirmada por su propia literatura talmúdica.

Como podemos apreciar, los anusim tenían afinidad por el judaísmo de sus antepasados, exponiéndose a ser delatados por cristianos “viejos” o por los cristianos “nuevos” o mumarim quienes estaban obsesionados en pertenecer al núcleo católico. Los anusim eran conscientes de tal peligro (de ser descubiertos) y por eso dejaban pasar años antes de introducir a sus hijos en los secretos de la familia criptojudía. Los mumarim por el contrario, introducian a sus hijos desde muy temprana edad a conventos para que tuvieran la educación cristiana.  Los anusim le daban una verdadera educación a los jóvenes con su pasado judaíco. En los expedientes de la Inquisición que se han conservado testimonios estremecedores sobre la forma como los anusim iniciaban a sus hijos en el secreto de su pasado judío y en lo los hacía diferentes de la gente que los rodeaba.   

Algunos niños llegaron a ello por intuición, pero en muchos casos encontramos que los padres les provocaban a sabiendas una crisis de fe para destruir la que pudiera albergar por la religión católica. Hubo casos en que el marido enseñaba a s mujer los preceptos de la Torah de Mosheh o le exigía que cumpliera con determinadas tradiciones judías sin explicarle su significado; algunas ancianas en el marco familiar instruian a las muchachas jóvenes en el cumplimiento de los preceptos que las mujeres tienen que guardar. Hubo jóvenes que abrieron su corazón a sus amigos, también ellos hijos de conversos, introduciéndolos confidencialmente en el secreto de su pasado; tal situación tuvo a veces consecuencias trágicas, pues en ocasiones los adolescentes se equivocaron y divulgaron su secreto a un amigo de ascendencia cristiana o mumarim quienes los denunciaron a ellos y a su familia ante el tribunal de la Inquisición.

¿los judíos mesiánicos como majaras?

Es por ello que los anusim, como posteriormente los moriscos (cripto-musulmanes) denominaron a los mumarim con el peyorativo de marranos ya que la palabra proviene del árabe andalusí, ‘majrum’ (desgraciado-محروم) por su sentido de traición al judaísmo, los judíos y los critojudíos (anusim).  Es interesante que hoy en día los “judíos” mesiánicos reclamen frenéticamente que tienen conocimientos rabínicos que avalen su creencia cristiana, en el que a diferencia de los anusim los mesiánicos por fuera se muestran como judíos mientras que en su interior y su intención es meramente cristiana. Los judíos mesiánicos si bien hace 500 años podrían haber pertenecido al grupo de mumarim ya que tienen la misma obsesión de convertir a otros judíos al cristianismo por medio de los textos rabínicos como del Tana”j. Es por ello que los mesiánicos no podrían ser Bene-Anusim, pero sí podrían ser majaras o maraja en el sentido moderno de tal palabra, ya que tal palabra aún sigue teniendo uso en Andalucía, cuyo significado es el de “loco”, “chiflado”, “chalado”, “desdichado”, ya que no tienen relación con el judaísmo, sino que con tretas tratan de convertir a otros al cristianismo, incluso aquellos Bene-Anusim que tratan de romper aquel viejo vínculo con el cristianismo.

Pintura: Granada 1563, Braun Hogenberg.


1 comentario:

  1. Excelente articulo, es importante discernir los matices halajicos para distinguir claramente a quien le corresponde la categoría de Benei Anusim y a quienes no.

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