1/13/2014

دبريم ٣٢ْ١-٢-Devarim / Deuteronomio 33:1-2: ¿HaShem se revelo ante Mahoma en la Meca?

Pintura que muestra a Mahoma con las manos alzadas en oración, de pie en el Monte de la Luz en La Meca. Siyer-i Nebi (Biografía del Profeta), Estambul, territorio otomano, 1595-96.
Biblioteca del Palacio de Topkapi, Estambul, H. 1222, fol. 158v.
Fotografía de Hadiye Cangökçe.

Aḥmad ibn ʿUmar ibn Ibrāhīm al-Qurṭubí, conocido como Ibn al-Muzayyin (1182-1258), afirma en su obra al-Iʿlām bi-mā fī dīn al-Naṣārā que una traducción del hebreo al árabe de Devarim 33:1-2 revela la profecía de la venida de Muhammad en la Meca. Cita el siguiente texto: 

בָּא אַלְלַّה מִסִּינַי וְזָרַח מִשֵּׂעִיר הוֹפִיעַ מֵהַר פָּארָן (מַכָּה הַמְקֻדֶּשֶׁת) וְעִמּוֹ רִבְבוֹת קֹדֶשׁ
جَاءَ اللَّهُ مِنْ سِينَاءَ وَأَشْرَقَ مِنْ سَعِيرَ وَتَلَأْلَأَ مِنْ جَبَلِ فَارَانَ (مَكَّةَ الْمُكَرَّمَةِ) وَمَعَهُ رَبَوَاتٌ مِنَ الْمُقَدَّسِينَ

(“Aláh vino del Sinaí, fulguró desde Seír y resplandeció desde los montes de Parán —la Meca—, y con él un grupo de los santos”). 

Ibn al-Muzayyin aclara que esta versión traduce lo que él llama "el texto hebreo" de la bendición mosaica, y desarrolla su lectura explicando que la venida desde el Sinaí señala la entrega de la Torá a Moshé, que el resplandor desde Seír —monte que identifica con los griegos edomitas— señala el surgimiento del cristianismo, y que la manifestación desde Farán señala el envío de Muhammad:

فَمَجِيئُهُ مِنْ جَبَلِ سِينَاءَ: أَنَّ اللهَ أَنْزَلَ فِيهِ التَّوْرَاةَ وَكَلَّمَ عَلَيْهِ مُوسَى؛ وَإِشْرَاقُهُ مِنْ جَبَلِ سَاعِيرَ: أَنَّ دِينَ الْمَسِيحِ إِنَّمَا أَشْرَقَ مِنْ جِبَالِ سَاعِيرَ، وَهِيَ جِبَالُ الرُّومِ مِنْ أَدُومَ؛ وَاسْتِعْلَانُهُ مِنْ جِبَالِ فَارَانَ: أَنَّ اللهَ تَعَالَى بَعَثَ مِنْهَا مُحَمَّدًا صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ وَأَوْحَى إِلَيْهِ فِيهَا

(“Su venida desde el monte Sinaí: que Dios hizo descender en él la Torá y habló allí a Moshé; su resplandecer desde el monte Seír: que la religión del Mesías resplandeció desde los montes de Seír, que son los montes de los griegos, de Edom; y su manifestarse desde los montes de Farán: que Dios envió desde allí a Muhammad —la paz sea con él— y le reveló allí Su revelación”).

Refuerza su argumento invocando Bereshit 21:21, donde Ismael se asienta en el desierto de Farán:

וְאֵין חוֹלֵק כִּי פָארָן הִיא «מַכָּה», וַהֲלֹא נֶאֱמַר בַּתּוֹרָה: «הוֹשִׁיב הָאֵל אֶת הָגָר וְאֶת בְּנָהּ יִשְׁמָעֵאל בְּפָארָן» 

وَلَا اخْتِلَافَ أَنَّ فَارَانَ: «مَكَّةُ»، وَقَدْ قَالَ فِي التَّوْرَاةِ: «إِنَّ اللهَ أَسْكَنَ هَاجَرَ وَابْنَهَا إِسْمَاعِيلَ فَارَانَ» (تكوين ٢١: ٢١)

(“Y no hay discrepancia en que Farán es «Meca»; pues se dijo en la Torá: «Dios asentó a Hagar y a su hijo Ismael en Farán»” [Génesis 21:21]). (p. 33) 

Refutación.

Esta identificación es, sin embargo, tardía dentro de la propia historia del texto que pretende interpretar. El Targum al-Jumash de RaSa"G (R' Saadia Gaón, 882-942) —la traducción judeoárabe de mayor autoridad filológica, redactada casi dos siglos y medio antes de que naciera Ibn al-Muzayyin— vierte el pasaje así:



وَهَذِهِ الْبَرَكَاتُ الَّتِي بَارَكَ بِهَا مُوسَى رَسُولُ اللَّهِ بَنِي إِسْرَائِيلَ قَبْلَ مَوْتِهِ. وَقَالَ: اللَّهُمَّ الَّذِي تَجَلَّى لَنَا مِنْ طُورِ سِينِي، وَأَشْرَقَ بِنُورِهِ مِنْ جَبَلِ شَعِيرَ، وَلَوَّحَ بِهِ مِنْ جَبَلِ فَارَانَ، وَأَتَى رِبْوَاتِ الْقُدْسِ بِشَرِيعَةِ نُورٍ مِنْ يَمِينِهِ لَهُمْ.
וְהַדִ֗הִ אַלְבַּרַכַּאת אַלַّדִ֗'י בַּארַךְ בִּהַא מוּסִי רַסוּל אַלְלַّה בַּנִי אִסְרַאאִיל קַבְּל מַוְתִה. וְקַאל אַלְלַّהֻםּ אַלַّדִ֗י תַגַ֗לַּי לַנַא מִן טוּר סִינִי וְאַשְׁרַק בִּנוּרִה מִן גַ֗בַּל שַׁעִיר וְלוּחַ בִּה מִן גַ֗בַּל פַארַן וְאַתִי רַבְּוַאת אַלְקֻדְס בִּשַׁרִיעַה נוּר מִן יַמִינִה לַהֻם 

[1] Y estas son las bendiciones con las que מוסי/مُوسَى (Musa, Moshé), רסול אללה/رَسُولُ اللَّهِ (el Mensajero de Dios), bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte.  

[2] Y dijo: «¡Oh אללהם/اللَّهُمَّ (el Eterno), que se nos manifestó desde el monte Sinaí, y resplandeció con Su luz desde el monte Seír, e hizo relucir esa luz desde el monte Parán, y llegó a las miríadas de la santidad —רבואת אלקדס/رِبْوَاتِ الْقُدْسِ— con una ley de luz —בשריעה נור/بِشَرِيعَةِ نُورٍ— desde Su diestra, para ellos!»


RaSa"G sigue en este Targum la interpretación de Rash"i: la bendición del versículo 1 recae exclusivamente sobre Israel, y Mosheh es llamado רסול אללה (Rasul Allah), sin que en ningún momento del pasaje se mencione a Muhammad. El versículo 2 emplea tres verbos causativos deliberadamente distintos —تجلى, أشرق, لوّح— para traducir la secuencia hebrea בָּא / זָרַח / הוֹפִיעַ, subrayando que la misma luz de la Torá se ofreció sucesivamente en el Sinaí, en Seír y en Parán: primero a Israel, luego, según explican Rash"i y Rabeinu Bajya Ibn Pakuda, a los descendientes de Esav, que la rechazaron, y finalmente a los hijos de Ismael en Parán, que también la rechazaron. En ningún momento de esta secuencia introduce RaSa"G una glosa toponímica que identifique Parán con un lugar distinto del que ya nombra el texto masorético. El sintagma final, רבואת אלקדס/رِبْوَاتِ الْقُدْسِ, traduce de manera literal y directa el hebreo רִבְּבֹת קֹדֶשׁ, "miríadas de santidad" —lectura que ya sigue el propio Targum Onkelos al verter la expresión como רִבְּוָת קַדִישִׁין, "miríadas de santos/ángeles"—, aplicado por la tradición midráshica (Sifrei 33:2) a las huestes angélicas que acompañaron la entrega de la Torá.

Conviene detenerse en la elección léxica de RaSa"G en este punto, porque no es trivial: אלקדס/القدس era, en el siglo X, un término en plena formación como topónimo. El nombre árabe dominante para Jerusalén seguía siendo entonces بيت المقدس (calco del hebreo בֵּית הַמִּקְדָּשׁ); la forma abreviada القدس apenas empezaba a circular como alternativa, y no se impondría de manera generalizada sino generaciones después —el propio geógrafo al-Maqdisí (m. 991), casi contemporáneo de RaSa"G, sigue llamando a su ciudad natal بيت المقدس en su obra mayor—. RaSa"G, por tanto, no recurre al nombre ya asentado de la ciudad santa, sino a la raíz abstracta ق-د-س/ק-ד-ש ("santidad"), cognada en ambas lenguas, que es el equivalente léxico más directo y económico del hebreo bíblico; si hay en su elección algún eco del topónimo emergente, ese eco remite exclusivamente a Jerusalén, la única ciudad a la que dicha raíz se asociaba toponímicamente en el árabe de su época.

Resulta significativo, precisamente por ello, que Ibn al-Muzayyin trate esa misma expresión hebrea —רִבְבוֹת קֹדֶשׁ— de un modo enteramente distinto y sin ningún precedente que lo respalde. En su cita, la funde gramaticalmente con la cláusula de Parán mediante וְעִמּוֹ/وَمَعَهُ ("y con él"), leyendo "y con él, miríadas de los santificados" —وَمَعَهُ رَبَوَاتٌ مِنَ الْمُقَدَّسِينَ—, como si esas "miríadas" reforzaran la santidad del lugar que acaba de glosar como "la Meca". Es decir, Ibn al-Muzayyin toma la misma raíz ق-د-س que RaSa"G, tres siglos antes, había empleado siguiendo su resonancia natural hacia Jerusalén, y la redirige por completo hacia la Meca, sin que exista precedente textual alguno —ni en el hebreo masorético, ni en la traducción judeoárabe más autorizada, ni en la evolución toponímica documentada del propio término árabe, que en el siglo X apuntaba a Jerusalén y no a la Meca— que sostenga ese desplazamiento. La operación solo es posible, además, porque Ibn al-Muzayyin necesita fusionar ambas cláusulas mediante "y con él"; RaSa"G, en cambio, mantiene רבואת אלקדס como cláusula gramaticalmente independiente de la que menciona a Parán, siguiendo la separación de miembros del propio texto masorético, de modo que su traducción no ofrece ese punto de apadeo sintáctico. La mención de "Su diestra" —מן ימינה/مِنْ يَمِينِهِ, eco del hebreo מִימִינוֹ— queda, en RaSa"G, ligada a la entrega de la ley, no al monte de Ismael ni a ninguna santidad atribuida a Parán.

Esta ausencia de toda identificación de Parán con la Meca no se limita al testimonio judío: el propio Corán, en el pasaje que más de cerca roza la imaginería teofánica de Devarim 33:2, ancla el motivo de "la diestra" al Sinaí. Sura Maryam 19:51-53 dice:

وَٱذۡكُرۡ فِی ٱلۡكِتَٰبِ مُوسَىٰۤۚ إِنَّهُۥ كَانَ مُخۡلَصًۭا وَكَانَ رَسُولًۭا نَّبِيًّۭا وَنَٰدَيۡنَٰهُ مِن جَانِبِ ٱلطُّورِ ٱلۡأَيۡمَنِ وَقَرَّبۡنَٰهُ نَجِيًّۭا وَوَهَبۡنَا لَهُۥ مِن رَّحۡمَتِنَآ أَخَاهُ هَٰرُونَ نَبِيًّۭا

(“Y menciona en el Libro a Musa: fue en verdad sincero, y fue un mensajero, un profeta. Lo llamamos desde el lado derecho del Monte, y lo acercamos en confidencia. Y le concedimos, por Nuestra misericordia, a su hermano Harún como profeta”); corpus árabe según corpuscoranicum.de). 

Gabriel Said Reynolds señala, en su comentario a este pasaje, que الطُّور (“el Monte”, con artículo determinado y sin más especificación) es en el Corán una designación fija y recurrente exclusivamente del Sinaí: así en 2:63, 2:93, 4:154, 20:80, 23:20, 28:29, 28:46, 52:1 y 95:2 (The Qur'an and the Bible: Text and Commentary, pp. 481-482).

Es decir, cuando el texto coránico dice simplemente "el Monte", su audiencia original entendía sin ambigüedad que se trataba del Sinaí, nunca de otro monte bíblico. Reynolds observa además que la fórmula de 19:52, مِن جَانِبِ الطُّورِ الْأَيْمَنِ (“desde el lado derecho del Monte”), no es un motivo aislado, sino que reaparece en la escena paralela de Sura 28: en 28:29 Mosheh ve un fuego “en el lado de un monte”, y en 28:30 es llamado “desde la orilla derecha del valle” —مِن شَاطِئِ الْوَادِ الْأَيْمَنِ—, motivo que se repite en 28:44. Reynolds sugiere que esta insistencia coránica en “el lado derecho” del lugar de la teofanía guarda relación con el מִימִינוֹ (“desde Su diestra”) de Devarim 33:2. Si esta conexión intertextual —propuesta por uno de los especialistas contemporáneos más reconocidos en el estudio comparado del Corán y la Biblia— es acertada, entonces el dato es doblemente significativo para la refutación de Ibn al-Muzayyin: no solo el hebreo masorético y su traducción judeoárabe más autorizada omiten cualquier vínculo entre Parán y Arabia, sino que el propio Corán, en su eco verbal más cercano al versículo que Ibn al-Muzayyin explota, sitúa el motivo de “la diestra” en el Sinaí —el mismo monte al que ya remite RaSa"G con תג̇לי לנא מן טור סיני— y no en Parán. La identificación de Parán con la Meca carece así de apoyo tanto en la fuente que se pretende interpretar (el texto hebreo) como en la fuente en cuyo nombre se interpreta (el Corán).

Esa misma ausencia es congruente con la exégesis talmúdica y midráshica anterior al Islam. El Talmud Bavlí, en Avodá Zará 2b, pregunta por qué, si a las naciones gentiles nunca se les ofreció la Torá, el versículo describe a Dios viniendo también desde Seír y Parán:

וממשיך המדרש: אחרי שהקב"ה שואל את כל העמים האם עסקו בתורה, אומרים לפניו העמים:רבונו של עולם, כלום נתת לנו את התורה ולא קיבלנוה? וכיון שלא נתת אותה לנו — מדוע עלינו לתת את הדין על שלא קיימנוה? ושואלים: ומי מצי למימר הכי [והאם יכולים לומר כך] שלא נתן להם?והכתיב [והרי נאמר] בתיאור נתינת התורה: "ויאמר ה' מסיני בא וזרח משעיר למו" (דברים לג, ב), וכתיב[ונאמר]: "אלוה מתימן יבוא וקדוש מהר פארן" (חבקוק ג, ג), ויש לשאול: מאי בעי [מה מבקש] ה'בשעיר, ומאי בעי [ומה מבקש] בפארן? שהרי לא שם ניתנה התורה!

(Las naciones dirán ante Dios: Maestro del universo, ¿nos diste la Toráh y no la aceptamos? Como nunca recibimos la Toráh, ¿por qué nos juzgan por no cumplir con sus mitzvot? La Gemara pregunta: ¿ Y puede uno decir que nunca se les ofreció la Toráh? Pero no está escrito en la descripción de la entrega de la Torá: "Y él dijo: El Eterno vino de Sinaí, y se levantó de Seir a ellos" (Deuteronomio 33:2), y está escrito: "Dios viene de Teiman y el Santo del monte Paran ”(Habacuc 3:3). Y los sabios preguntaron: ¿Qué hizo Dios?¿Requerir en Seir y qué exigió Él en Paran? La Torá no fue dada en esos lugares.). 

La Guemará responde que Dios ofreció la Torá también a los descendientes de Esav y de Ismael, y que ambos la rechazaron —la misma lectura que recoge el Targum de RaSa"G—. R’ Yojanán ben Zakay interpreta, en un sentido complementario, que la venida desde Parán alude a la riqueza de las naciones gentiles que terminó por entregarse a Israel (Bavá Kama 38a); R’ Yishmael sostiene que Israel es el único pueblo capaz de sostener la ley ardiente de la Torá (Beitzá 25b); y la escuela de R’ Sheilá explica que fue el propio Dios quien la entregó en la mano de Moshé (Sotá 4b). El místico andalusí Rabeinu Bajya Ibn Pakuda resume esta misma tradición:

ובמדרש ה' מסיני בא וזרח משעיר, שפתח לבני שעיר שיקבלו התורה ולא רצו, הופיע מהר פארן שהלך משם ופתח לבני ישמעאל שיקבלוה ולא רצו ואתא לישראל. הזכיר הכתוב כל זרע אברהם שלא רצו לקבל התורה כי אם ישראל זרע יעקב בלבד, ומה שהזכיר עשו וישמעאל הוא הדין לכל שאר האומות, וכן דרשו רז"ל חזר הקב"ה על כל אומה ולשון ולא קבלוה עד שבאו ישראל וקבלוה.

(“Y en el midrash” [dice], 'El Eterno vino del Sinaí y brilló desde Seir', que abrió a los hijos de Seir para que recibieran la Torá y no quisieron, 'apareció desde el monte Parán', que fue allí y abrió a los hijos de Ishmael para que la recibieran y no quisieron, y vino a Israel. La Escritura menciona a toda la descendencia de Avraham que no quiso recibir la Torá excepto Israel, la descendencia de Ya'acov solamente, y lo que menciona sobre Esav e Ismael es lo mismo para todas las demás naciones, y así interpretaron nuestros sabios de bendita memoria: El Santo, bendito sea, se acercó a toda nación y lengua y no la aceptaron hasta que vinieron los israelitas y la aceptaron.”).

El valor del testimonio de RaSa"G en esta discusión no es meramente anticuario. Su Tafsir no es una traducción judía interna, producida al margen del mundo árabe-islámico, sino la obra de un gaón que vivió y trabajó dentro del propio califato abasí, dominó el árabe clásico al nivel de los teólogos musulmanes de su entorno —lo bastante bien como para responder directamente a al-Jāḥiẓ sobre la naturaleza de Dios— y compuso su traducción precisamente para que resistiera el escrutinio de esos interlocutores. Por eso su testimonio pesa de un modo distinto al de una traducción moderna o al de una polémica judía tardía: es un texto anterior en varios siglos a la propia formulación del argumento de Ibn al-Muzayyin, redactado en el mismo idioma y dentro del mismo universo intelectual que la apologética islámica dice interpretar, y aun así no contiene el más mínimo rastro de la lectura que se le querría atribuir retrospectivamente. Frente a un interlocutor que invoca "la traducción del hebreo al árabe" como prueba de una profecía, oponerle no una traducción posterior sino la traducción árabe más antigua y filológicamente más solvente que existe —y mostrar que dice otra cosa— es un argumento de autoridad textual que ninguna apologética seria puede descartar sin más. Es, en ese sentido, un recurso permanentemente vigente: cada vez que se repita la afirmación de que "la traducción árabe de la Torá" apunta a Parán como la Meca, el Targum de RaSa"G sigue ahí, anterior a cualquier formulación conocida de esa tesis, para mostrar que no es así.

La convergencia de tres testimonios independientes —el Targum judeoárabe de RaSa"G en el siglo X, la exégesis talmúdica y midráshica que lo antecede, y el propio Corán en su capa más antigua de alusión a Devarim 33, según el análisis de Reynolds— deja a la lectura de Ibn al-Muzayyin sin ningún punto de apoyo textual anterior a ella misma. Ni el hebreo masorético, ni su traducción árabe más autorizada, ni el Corán que Ibn al-Muzayyin dice defender, sitúan a Parán en Arabia ni ligan la diestra divina a ese monte. La identificación de Parán con la Meca y con la profecía de Muhammad es, en suma, una construcción retrospectiva de la apologética islámica medieval, ajena por igual a la fuente hebrea y a la fuente coránica que pretende conciliar.


1/07/2014

El Mesías en la tradición judía, por Tamara Maleh

BS"D



Por Tamara Maleh

Introducción: Cuando los Cristianos Inventan Conceptos que Nunca Existieron

En el Judaísmo, el concepto de Mesías no es algo mágico, sino algo concreto y en completa coherencia con la raíz etimológica de la palabra: Ungido. Se refiere, por lo tanto, a aquel que ha recibido una unción que lo aparta para el ejercicio de un oficio especial.

Es así de simple. Pero los cristianos, como siempre, tuvieron que complicarlo todo y convertirlo en algo místico y sobrenatural que nunca fue.

En la Biblia Hebrea, existen dos pasajes en donde se señala de modo preciso cómo fueron seleccionados dos linajes específicos para recibir esa unción especial:

  • Éxodo 29:1-7 se refiere a la unción que recibió Aarón para ser el Sumo Sacerdote
  • I Samuel 16 narra como David recibió la unción que le convirtió en rey de Israel (previamente, Saúl había recibido la misma unción, pero su linaje no fue confirmado como el depositario de la misma; por eso se seleccionó a David)

La frase que resume la verdadera naturaleza mesiánica está en Éxodo 29:7, donde HaShem le dice a Moisés: "tomarás el aceite de la unción, lo derramarás sobre su cabeza (de Aarón) y lo uncirás". Con ello, Aarón se convirtió en el primer Ungido (Mesías) del Judaísmo.

1. LOS DOS LINAJES MESIÁNICOS: UN CONCEPTO QUE EL CRISTIANISMO IGNORA DELIBERADAMENTE

Entonces, para el Judaísmo está sobradamente claro que hay dos linajes mesiánicos:

  1. El Sacerdotal, de la tribu de Levi
  2. El Real, de la tribu de Judá

Todos aquellos que ostentaron el rango de Sumo Sacerdote, y todos aquellos descendientes del rey David que gobernaron al pueblo judío, fueron Mesías, porque para ejercer su cargo tuvieron que recibir la unción, conforme a lo establecido por la Biblia.

Yoshke Queda Descartado Inmediatamente

Una vez entendido este concepto simple, Yoshke (Jesús) queda descartado de manera definitiva como Mesías, porque:

  • NUNCA recibió unción alguna
  • NUNCA ejerció como rey de Israel
  • NUNCA ejerció como Sumo Sacerdote de Israel

En el mejor de los casos, si acaso fue del linaje de David como lo dicen los evangelios (algo sumamente dudoso, por cierto), pudo llegar a ser reconocido como un candidato a ser Mesías, pero no Mesías como tal.

Ese rango sólo lo puede tener alguien que ya ha recibido la unción.

Para decirlo en breve: no se nace siendo Mesías. Se es Mesías sólo hasta que se recibe la unción.

2. LA PERSPECTIVA CRISTIANA: UNA REDEFINICIÓN CONVENIENTE Y SIN BASE BÍBLICA

Naturalmente, el Cristianismo no acepta este argumento. Su perspectiva de Mesías es radicalmente diferente: el redentor elegido para garantizar la salvación de la humanidad.

Por lo tanto, la identidad del Mesías no depende de una unción física, porque el Mesías es Mesías por naturaleza propia, en un nivel sobrenatural e irrepetible. La idea es que ha sido elegido por HaShem para un oficio especial, y eso equivale o sustituye a la unción.

Pero aquí hay un punto débil en la perspectiva cristiana:

Nada de eso tiene relación directa con el significado literal de Mesías (Ungido). En ese caso, deberíamos llamarlo el Elegido. En consecuencia, nada de eso tiene verdadero sustento bíblico.

No existe un solo pasaje en la Biblia Hebrea que defina al Mesías en esos términos.

En cambio, hay dos pasajes muy claros que definen al Mesías en los términos que el Judaísmo siempre ha sostenido: Éxodo 29 y I Samuel 16.

El Argumento de las "Expectativas Constantes": Otra Falacia Cristiana

Hay otro detalle que debe analizarse: si asumimos que el Mesías es alguien sobrenatural e irrepetible, elegido para redimir a la humanidad, lo lógico sería suponer que las expectativas del pueblo judío en relación a ese Mesías siempre fueron las mismas: algún día llegará aquel ser sobrenatural e irrepetible que nos salvará de nuestros pecados.

Parece algo muy lógico y judío, pero es totalmente incorrecto.

Cuando se revisa la evidencia bíblica, nos topamos con algo nada cómodo para la perspectiva cristiana: las expectativas mesiánicas del Judaísmo han cambiado mucho a lo largo de la historia.

La Evidencia Bíblica que Destruye el Argumento Cristiano

Y la mejor prueba de ello es algo bien simple:

En la Biblia Hebrea, el tema del Mesías parece que apenas empieza a abordarse en los libros proféticos, elaborados a partir del siglo VIII AEC. En los textos anteriores —empezando por la Torá o Pentateuco, base del Judaísmo— esa clase de discursos, simplemente, NO EXISTEN.

Eso resulta desconcertante para la perspectiva cristiana.

Por ejemplo, en Deuteronomio 30 se explica cuáles son las condiciones que HaShem le pone a Israel para restaurarlo como nación, y no hace ninguna referencia a nada que podamos identificar como el Mesías en el sentido cristiano.

¿Por qué Moisés (siglo XIII AEC) no le puso atención a este tema, y por qué a partir del libro de Isaías (siglo VIII AEC), las cosas empiezan a cambiar radicalmente?

3. EL ERROR DE LOS ESPECIALISTAS CRISTIANOS: IGNORANCIA HISTÓRICA DISFRAZADA DE ERUDICIÓN

Algunos especialistas cristianos se han arriesgado a señalar que el concepto de Mesías es tardío, en realidad. Es decir: en la época de Moisés, y luego en la de los Jueces (siglos XIII al X AEC), no existía la idea de un Mesías.

Es un total error, surgido de querer explicar las expectativas mesiánicas judías con los parámetros del Cristianismo.

Si Éxodo 29 especifica el modo en el que Aarón tenía que ser uncido para empezar a ejercer como Sumo Sacerdote, entonces para el Judaísmo NO EXISTE NINGUNA DUDA de que el concepto de Mesías existe claramente en la Torá, desde las épocas mosaicas.

¿Qué es lo que sucede?

Que lo que NO EXISTE es la idea de que algún día llegará aquel ser sobrenatural e irrepetible que nos salvará de nuestros pecados.

Lo que existe, en cambio, es una serie de expectativas relacionadas con el concepto de Mesías, que fueron transformándose conforme fueron cambiando las circunstancias para el pueblo de Israel.

4. LA EVOLUCIÓN HISTÓRICA DE LAS EXPECTATIVAS MESIÁNICAS: 14 ETAPAS QUE LOS CRISTIANOS IGNORAN

Veamos en detalle cómo evolucionaron las expectativas mesiánicas a lo largo de la historia judía:

Etapa 1: El Linaje Sacerdotal (Desde Aarón hasta 587 AEC)

Aarón fue elegido como Sumo Sacerdote, y se confirmó que su descendencia tendría ese privilegio para siempre. De ese modo, se estableció el primer linaje mesiánico de Israel, y ejerció sus funciones hasta el año 587 AEC, cuando el Templo de Jerusalén fue destruido por los babilónicos.

Fueron un poco más de 700 años en los que el pueblo de Israel nunca esperó la llegada de un Mesías sacerdotal, por una razón muy simple: el Sumo Sacerdote estaba en donde tenía que estar.

Del mismo modo, nunca se cuestionó sobre la identidad del siguiente Mesías sacerdotal, porque resultaba obvia: el primer hijo varón del Sumo Sacerdote en funciones.

Etapa 2: El Linaje Real (Desde David hasta 587 AEC)

Unos tres siglos después, Saúl fue uncido como primer rey de Israel. Sin embargo, su descendencia no fue confirmada como la depositaria o heredera de esa unción. Dicho privilegio fue concedido al segundo rey de Israel: David, de la tribu de Judá.

Con ello, quedó establecido el segundo linaje mesiánico. Al igual que el linaje sacerdotal, también estuvo en el ejercicio de sus funciones hasta el año 587 AEC, cuando —además de la destrucción del Templo— fue depuesto el último rey de Judá, Sedequías.

Hasta ese momento, nadie en el pueblo judío esperó la llegada de un Mesías del linaje real, porque el rey estaba en su trono, y no había dudas sobre quien sería el siguiente Ungido: alguno de los hijos varones del rey.

Etapa 3: Las Expectativas Básicas (Desde el Inicio hasta 587 AEC)

Pero esto no significa que no hubiesen ideales mesiánicos, o expectativas relacionadas con los dos linajes mesiánicos. Y la base es la Torá: a fin de cuentas, el pueblo de Israel solicitó un rey para que gobernase con justicia, según lo explica 1 Samuel 8:1-6.

Y lo primero que Samuel hizo cuando Saúl fue investido como rey de Israel, fue poner por escrito "las leyes del reino" (1 Samuel 10:25).

Entonces, está claro que desde un inicio hubo un estrecho vínculo entre Mesías y Ley (Torá), lo que implica que el pueblo de Israel siempre tuvo la expectativa de que, bajo la tutela de los Ungidos para dirigir a Israel (rey y Sumo Sacerdote), se lograría una correcta obediencia a la Torá.

Etapa 4: La Esperanza de Justicia y Paz

Entonces, las expectativas mesiánicas hasta el año 587 AEC eran que, algún día, Israel viviría seguro y en paz, con la posibilidad de obedecer la Torá de modo correcto.

Si queremos decirlo en términos más familiares, se esperaba que llegaran los Ungidos que habrían de traer una era de justicia y paz. Pero no había ningún misterio sobre su origen: por derecho hereditario, dichos Ungidos por venir serían hijos del Sumo Sacerdote y del rey en funciones.

Etapa 5: La Esperanza del Rey Justo (Época de Ajaz y Ezequías)

Estas expectativas se exacerbaron por culpa de los reyes de Judá que la Biblia señala como impíos. Por esta razón, la esperanza mesiánica se volvió bastante precisa: la espera del nacimiento de un heredero al Trono de David que se conduzca con rectitud y bondad.

En la literatura bíblica de esta época —principalmente, el libro del profeta Isaías— la pareja real más representativa es Ajaz y su hijo Ezequías: el primero, el modelo de la impiedad; el segundo, el modelo de la justicia.

Etapa 6: La Amenaza Asiria y la Derrota de los Enemigos

Justo en esa época, hubo otro factor que alteró las expectativas tradicionales respecto a los dos linajes mesiánicos: la amenaza asiria.

Además de lo ya mencionado, a las expectativas mesiánicas se agregó una idea muy importante: la derrota de los enemigos del pueblo judío.

Isaías 7-9 y Miqueas 5 son dos perfectos ejemplos de este momento de evolución en las expectativas mesiánicas.

De cualquier modo, en ninguno de estos pasajes encontramos la idea de que la llegada del futuro rey sea un misterio. Por el contrario: todos los discursos mesiánicos dan por sentado que se conoce de dónde vendrá el siguiente rey, e incluso dónde habría de nacer (Belén, según Miqueas).

Incluso, Isaías 9 nos ofrece un himno dedicado al heredero al trono ya nacido (precisamente, Ezequías; resulta fácil de deducir por las referencias cronológicas que nos da el propio Isaías).

Etapa 7: La Reunificación de Israel (Después de 722 AEC)

Hubo otro detalle que se alteró por causa de la invasión asiria. Aunque Judá no cayó en su poder, el reino de Israel —las Diez Tribus del norte— fue destruido en el año 722 AEC. Los sobrevivientes fueron enviados al exilio, y entonces la expectativa mesiánica se amplió:

No nada más se esperaba una era de libertad y justicia, además de la derrota de los enemigos del pueblo judío, sino también la reunificación de los dispersos de Israel.

Pero, hasta este punto, NO EXISTÍA TODAVÍA LA IDEA DE LA LLEGADA DE UN MESÍAS, porque los linajes de Aarón y de David seguían ejerciendo sus oficios correspondientes en Jerusalén.

Otros textos proféticos que se escribieron en esta época fueron Sofonías, Habacuc y Nahum.

Etapa 8: El Cambio Radical - La Destrucción de Judá (587 AEC)

La destrucción del reino de Judá en el año 587 AEC marca el cambio radical de las expectativas mesiánicas, porque a partir de ese momento los linajes mesiánicos dejaron de ejercer.

En consecuencia, la expectativa mesiánica por primera vez incorporó el concepto de restauración o redención.

Ahora sí había que esperar el regreso de los dos linajes mesiánicos, y las expectativas llegaron a su máximo posible: había que recuperar el país, reconstruirlo, reunificar a Israel, derrotar a los enemigos, y restaurar las instituciones mesiánicas.

En estas épocas, los libros proféticos que se escribieron fueron Jeremías, Abdías y Ezequiel.

Etapa 9: La Evidencia Textual del Cambio Histórico

Es muy notable la diferencia que encontramos entre Isaías —por un lado— y Jeremías y Ezequiel —por el otro— cuando hablan del linaje de David.

Analicemos los textos:

  • Isaías 9:6 dice "porque un niño nos ha nacido, un hijo nos ha sido dado, y la autoridad sobre su hombro". No se menciona al linaje de David, pero nadie duda que se trate de una referencia mesiánica, que da por hecho que el Mesías ya nació.

  • Jeremías 33:15 dice: "en aquel día y en aquellos tiempos, Yo haré brotar para David un renuevo de justicia..."

  • Ezequiel 37:21 y 24 dice: "... porque Yo tomaré a los hijos de Israel de las naciones a donde fueron, y los reuniré desde todo lugar, y los traeré a su tierra... y mi siervo David será rey sobre ellos..."

Está claro: Jeremías y Ezequiel hablan de una restauración del linaje de David en tiempo futuro; Isaías no: habla del Mesías rey en tiempo presente.

¿La razón? Es simple: cuando Isaías escribió, el linaje de David ocupaba su trono. En cambio, la situación había cambiado radicalmente para cuando Jeremías y Ezequiel escribieron.

Entonces, está claro que las expectativas mesiánicas nunca fueron fijas. Se ajustaron a las circunstancias.

Etapa 10: La Restauración Parcial (539 AEC en adelante)

En el año 539 AEC, el Imperio Babilónico fue conquistado por los persas. Ciro el Grande, el nuevo emperador, aplicó una política de tolerancia con los pueblos que habían sido exiliados por los babilónicos, y en muchos casos les concedió la opción de reconstruirse como naciones.

Tal fue el caso del pueblo judío, que pudo regresar a su hogar ancestral y refundar el reino de Judea. Poco a poco, la vida se fue normalizando: se reconstruyeron Jerusalén y el Templo, y con ello, los Sumos Sacerdotes volvieron a ejercer su oficio.

Un linaje mesiánico —el sacerdotal— fue restaurado, pero el otro no.

Del mismo modo, el país fue reconstruido, pero muchos judíos siguieron en el exilio. La situación se volvió ambigua: se había logrado una restauración, pero sólo a nivel parcial.

Entonces, las expectativas mesiánicas se redefinieron: algún día, el linaje de David sería restablecido, los exiliados de Israel y de Judá se reunirían en Judea, y el pueblo de HaShem habitaría seguro y en paz, libre de sus enemigos, y obedeciendo correctamente la Torá.

Fue apenas a partir de estas circunstancias que la expectativa por la restauración del linaje de David se convirtió en la expectativa mesiánica por excelencia.

Hay que notar que el linaje sacerdotal sólo estuvo fuera de su oficio durante un poco más de medio siglo. En cambio, el linaje de David nunca volvió al trono.

Lógicamente, la llegada del rey del linaje de David se convirtió en la esperanza emblemática del pueblo judío (hasta la fecha).

Pero eso, de ningún modo, significa que no exista el otro linaje mesiánico: el sacerdotal. Es tan importante como el linaje de la realeza. Del mismo modo, tampoco altera el significado de lo que es un Mesías: alguien que ha sido uncido para ejercer un oficio especial (Sumo Sacerdote o rey).

Etapa 11: La Crisis del Sumo Sacerdocio (171 AEC)

En el año 171 AEC, las circunstancias volvieron a cambiar: Antíoco IV Epífanes, el emperador Sirio-Seléucida, depuso al Sumo Sacerdote Onías III, y con ello llegó a su fin el oficio del Sumo Sacerdote en su perspectiva tradicional.

Unos años después (167-158 AEC) el país se sumió en la llamada Guerra Macabea, y sólo hasta que las cosas realmente se apaciguaron se pudo restaurar el Sumo Sacerdocio.

Sin embargo, hubo un problema para los más tradicionalistas: el linaje que ocupó el cargo —los Hasmoneos— no tenían derecho a hacerlo, por no ser descendientes directos de Aarón por la línea de Zadok (Zadokim o Saduceos).

En consecuencia, se inició una permanente tensión entre los diversos grupos del Judaísmo en la cual siempre jugó un papel importante la legitimación del poder.

Con ello, se consolidó la expectativa de que cuando llegara la redención mesiánica también se habría de restaurar al linaje correcto en el Sumo Sacerdocio. Esta idea está sobradamente demostrada por el contenido de los Rollos del Mar Muerto (muchos de los libros que integran esta colección se escribieron, precisamente, en esta época).

Etapa 12: La Dominación Romana y Herodiana (63 AEC en adelante)

Los Saduceos no se quedaron con los brazos cruzados. Hábiles políticos de oficio, supieron mantenerse cerca de los grupos de poder, incluso después de que Judea volvió a perder su independencia en el año 63 AEC, cuando fue anexada como provincia romana.

En el año 37 AEC, Herodes el Grande fue impuesto por Roma como rey de Judea, y esto marcó el declive definitivo de los Hasmoneos. Pronto, el ejercicio del Sumo Sacerdocio volvió a recaer en manos de los Saduceos, aunque con una limitante: las autoridades políticas —Herodes, inicialmente, luego, los procuradores romanos— conservaron el privilegio de poner y quitar Sumos Sacerdotes a su antojo.

Por lo tanto, la expectativa de una restauración plena del correcto ejercicio del Sumo Sacerdocio siguió vigente como una parte esencial de las expectativas mesiánicas.

Sin embargo, debido a la ocupación romana y al gobierno tiránico de un extranjero como Herodes, la esperanza de la restauración del linaje de David en el trono se reforzó como la esperanza judía por excelencia, bajo la premisa de que cuando eso sucediera, todo lo demás también recuperaría su lugar y forma correctos.

Etapa 13: La Destrucción del Segundo Templo (70 EC)

Entre los años 66 y 73, Judea se levantó en armas contra Roma, y en el año 70 Jerusalén y el Templo volvieron a ser destruidos.

A partir de ese momento, se volvió a una situación similar a la de la época del exilio en Babilonia: no había país, no había Ciudad Santa, no había Templo, no había Sumo Sacerdote y no había rey.

Las expectativas mesiánicas se exacerbaron una vez más hasta el máximo posible, y esta vez la situación se extendió durante casi dos mil años.

Etapa 14: La Refundación del Estado de Israel (1948)

En 1948, se refundó el Estado de Israel. Esto, desde la perspectiva de los religiosos sionistas, debe entenderse como un logro de carácter mesiánico, debido a que se consiguió uno de los objetivos: recuperar la independencia del país, y con ello facilitar la posibilidad de la reintegración de todo el pueblo judío.

Sin embargo, es obvio que las expectativas mesiánicas no se han completado: ninguno de los linajes mesiánicos ha recuperado sus funciones, y la mayoría de los judíos todavía viven fuera de Israel.

En el mejor de los casos, la situación ha mejorado, pero no se ha resuelto.

5. LA PERSPECTIVA CRISTIANA: TOTALMENTE DESCONTEXTUALIZADA Y REDUCCIONISTA

El Cristianismo no contempla este panorama.

Desde su perspectiva, la esperanza judía siempre ha sido exactamente la misma (la llegada de un Redentor), y por eso les resulta razonablemente lógico que no haya nadie mejor calificado para serlo que Yoshke.

Pero es una perspectiva totalmente descontextualizada, que deja de lado todo lo que implica la Redención Mesiánica para el Judaísmo.

La tradición cristiana responde diciendo que eso se debe a un error por parte del pueblo judío, al no entender la dimensión espiritual del concepto Mesías, y reducir sus expectativas a hechos materiales y enmarcados en la historia.

¿¿¿En serio??? ¿¿¿Nosotros reducimos el concepto, cuando ellos son los que lo redujeron a una sola persona???

El Cristianismo Reduce Todo a la Expiación de Pecados

En cambio, el énfasis del Cristianismo está puesto en que ese Redentor habría de venir a resolver el gran problema de la humanidad: el perdón de sus pecados.

Problema que en el Judaísmo no existe: la Biblia Hebrea explica claramente la naturaleza de la expiación, y EN NINGÚN MOMENTO la condiciona a la presencia del Mesías del linaje de David.

Con ello, el Cristianismo redujo la expectativa mesiánica a la llegada de una persona.

Más aún: lo importante es esa persona y nada más, mientras que para el Judaísmo lo importante es todo lo que tiene que suceder alrededor de la manifestación de esa persona: la restauración plena de Israel, incluyendo país, capital, Templo, instituciones mesiánicas, paz, justicia, y un ambiente óptimo para la obediencia de la Torá.

El Criterio Judío es Claro y Verificable

Por eso, el Judaísmo es preciso: cualquiera que pretenda ser esa persona, si no viene acompañado por esa restauración plena —nadie, hasta la fecha, lo ha hecho— no será reconocido como el Mesías que esperamos.

Sin embargo, debe aclararse que eso no le quita el rango de Mesías a todos los que ya lo ostentaron en el pasado: los Sumos Sacerdotes del linaje de Aarón, y los reyes del linaje de David.

Fueron uncidos para ejercer su ministerio, sin importar si lo hicieron bien o mal, y pese al hecho de que la Redención Mesiánica no llegó.

Por eso, cuando nos referimos al "Mesías que esperamos", estamos hablando concretamente de aquel con quien vendrá esa Redención propia de lo que llamamos Reino Mesiánico, sin que eso demerite el rango mesiánico de todos aquellos que en el pasado fungieron como reyes o Sumos Sacerdotes.

6. SIMEÓN BAR KOJBA: LOS CONCEPTOS JUDÍO Y CRISTIANO FRENTE A FRENTE

En el año 132 EC, el pueblo judío volvió a rebelarse contra la dominación romana. Su líder fue un joven conocido originalmente con un nombre despectivo: Simeón bar Kosiva (literalmente, hijo de mentira en arameo), que muy pronto se reveló como un gran líder militar, y que al inicio de la revuelta propinó serias derrotas a las legiones romanas.

El país se independizó durante tres años, y este carismático líder fue uncido como rey de Israel, cambiando su nombre por Simeón bar Kojba (hijo de la Estrella).

La abrumadora mayoría de los judíos —incluyendo a grandes sabios como el célebre Rabí Akiva— lo reconocieron como Mesías.

Y nótese: no fue un reconocimiento abstracto. Como ya se mencionó, fue uncido como rey, porque además se le reconoció como descendiente del rey David, y ejerció el poder de manera efectiva entre los años 132 y 135.

El emperador Adriano ordenó una invasión masiva a Judea, y Bar Kojba murió en batalla. Con él, llegó a su fin la resistencia armada de los judíos contra Roma.

La Acusación Cristiana: "Falso Mesías"

Frecuentemente, los cristianos acusan a los judíos de haber creído en un falso mesías. Para el Cristianismo, el asunto es fácil: Bar Kosiva (es prácticamente imposible que acepten llamarlo Bar Kojba), un falso mesías, nos engañó.

Es una perspectiva errónea por completo.

Bar Kojba NO FUE UN FALSO MESÍAS por una simple razón: estrictamente hablando, no se puede ser un falso mesías.

Quien recibe la unción mesiánica, es Mesías.

En última instancia, la única posibilidad para ser un falso mesías es nunca recibir esa unción, y pretender que de todos modos se es Mesías (paradójicamente, como en el caso de Yoshke).

Pero si Bar Kojba fue uncido y reconocido como rey de Israel porque se aceptó que pertenecía al linaje de David, y luego gobernó al pueblo judío, fue, en el sentido estricto de la palabra, Mesías.

La Diferencia entre "Ser Mesías" y "Ser el Mesías que Esperamos"

Ciertamente, la redención no llegó con él. En ese aspecto, las expectativas de Rabí Akiva y sus demás seguidores no se vieron cumplidas.

Pero ese es otro asunto, que nada tiene que ver con la condición de ser Mesías.

Simplemente, quedó claro que no fue el Mesías que esperamos, pero el hecho operativo y concreto es que fue Mesías.

Es una idea que el Cristianismo no puede asimilar.

Según su perspectiva, el Mesías es un ser único e irrepetible, y no hay posibilidad de comparar a Bar Kojba con Yoshke, porque este último nació de una virgen, hizo milagros y resucitó, cumpliendo así las profecías mesiánicas concernientes al Mesías Sufriente, aunque dejando pendientes las concernientes al Mesías Triunfante.

Naturalmente, esto carece de sentido para el Judaísmo:

En esencia, la identidad del Mesías no depende del cumplimiento de profecías, sino de:

  1. Su pertenencia al linaje de David
  2. Su unción como un hecho concreto
  3. Su ejercicio del poder legitimado ante todo el pueblo judío

7. EL PAPEL DE LAS PROFECÍAS MESIÁNICAS: SOLO PARA DESPUÉS DEL AÑO 70 EC

Ciertamente, en la actualidad no se puede asegurar quiénes pertenecen al linaje del rey David. Por ello, resulta imposible decidir quiénes tienen derecho a ser Mesías.

Por ello, para identificar al que HaShem haya elegido para este cargo, se tendrán que cumplir una serie de profecías mesiánicas.

Como se puede notar, esto hace que los discursos cristiano y judío parezcan idénticos: estamos esperando al que cumplirá las profecías mesiánicas.

Pero esta es una condición que sólo se dio a partir del año 70, cuando los descendientes del rey David tuvieron que pasar a la clandestinidad, debido al intento del emperador Vespasiano por exterminarlos, y con ello aniquilar —desde su raíz— la base del nacionalismo judío.

Eso implica que, hasta el año 70, los descendientes del rey David estaban claramente identificados por la población judía (como Hillel el Grande, por ejemplo). Por lo tanto, no existían dudas sobre quiénes podían reclamar el derecho a ser Mesías.

Yoshke No Tenía que Cumplir Ninguna Profecía

En consecuencia, Yoshke no tenía que cumplir ninguna profecía mesiánica para demostrar su legitimidad al trono de David:

  • Si era parte de ese linaje, no había modo de cuestionarlo
  • Si no lo era, no había modo de aceptarlo

Lo único que tenía que hacer era:

  1. Recibir la unción
  2. Una vez legitima
  3. do como Mesías, restaurar plenamente a Israel
  4. 3. Gobernar a su pueblo

No lo hizo. Por eso, desde la perspectiva judía, no es Mesías.

8. EL ORIGEN DE LAS "PROFECÍAS MESIÁNICAS" CRISTIANAS: UNA INVENCIÓN DEL SIGLO II

¿De dónde, entonces, surge la idea de que Yoshke cumplió "profecías mesiánicas"?

De la doctrina cristiana sobre el Mesías: un ser único y sobrenatural, anunciado por HaShem desde el principio de los tiempos y esperado por Israel, siempre bajo los mismos términos.

Dicha idea se consolidó apenas en el siglo II EC, hecho perfectamente verificable en la evidencia documental de los siglos I EC hacia atrás:

Nadie en el Judaísmo habló de un Mesías que:

  • Naciera de una virgen
  • Fuera vendido por treinta monedas de plata
  • Pasara su infancia en Egipto
  • Fusionara los roles de rey y Sumo Sacerdote
  • Tuviese cualquier otra de las características supuestamente profetizadas en la Biblia Hebrea

Toda esa construcción teológica surgió y se desarrolló con el Cristianismo.

9. POR QUÉ EL JUDAÍSMO NO PUEDE ASIMILAR LA DOCTRINA CRISTIANA

¿Por qué el Judaísmo no puede asimilar esa doctrina?

Porque el Judaísmo entiende Mesías en un modo concreto: alguien que ha sido uncido como Sumo Sacerdote o como Rey.

Por lo tanto, el Judaísmo ha tenido más de 100 Mesías:

  • Casi 90 Sumos Sacerdotes
  • Más de 20 reyes del linaje de David, incluyendo a Bar Kojba

Así ha sido desde las épocas de Moisés, y así seguirá siendo.

Por eso, no estamos esperando al Mesías, sino a un Mesías con el que llegará la Redención.

En cambio, el Cristianismo reconstruyó todo el concepto para afirmar que siempre se ha esperado al Mesías, y que el único que cumple con el perfil para serlo es Yoshke, pese a que:

  • NUNCA recibió la unción
  • NO trajo la redención a su gente

CONCLUSIÓN: LO QUE REALMENTE ESPERAMOS

Para el Judaísmo no hay vuelta de hoja: lo que esperamos es la restauración de los dos linajes mesiánicos, y eso implica la manifestación de dos Mesías:

  1. El del linaje de Aarón (Sumo Sacerdote)
  2. El del linaje de David (rey)

La restauración del linaje aarónico conlleva, según la perspectiva tradicional:

  • La reconstrucción del Templo
  • La restauración de toda la institución sacerdotal judía

Y, naturalmente, aquello que le da razón de ser a toda esta restauración: una era de paz y justicia para toda la humanidad.

Hay que recalcar: sin esto último, nada de lo anterior tiene sentido.

A los judíos nos queda claro que Yoshke no cubre, en absoluto, nada de esta expectativa mesiánica.

Y también queda claro que los conceptos mesiánicos del Judaísmo y el Cristianismo son incompatibles.

Por eso, es un hecho definitivo que un verdadero judío no puede aceptar a Yoshke como Mesías, porque se tiene que rechazar lo que el Judaísmo siempre ha creído.

Como bien sabemos: cuando el cristianismo tiene que inventar toda una teología nueva para justificar a su candidato mesiánico, lo que demuestra es que su candidato NUNCA FUE MESÍAS según los criterios establecidos por HaShem en la Torá.

¡¡¡Yoshke nunca fue uncido, nunca gobernó, nunca trajo la redención, y por lo tanto NUNCA FUE MESÍAS!!!

1/06/2014

Rabino Shlomo Aviner: Resumen de halajot para Tu BiShvat

BS"D


Ieshiva Ateret Ierushalaim
Bajo la dirección del
Rabino Shlomo Aviner

                                                 #215

Resumen de halajot para Tu BiShvat

1.    Tu BiShvat (el día 15 del mes de Shvat) es la fecha que delimita y diferencia los frutos del año pasado de los frutos del nuevo año, en relación a los diezmos y las ofrendas (Rosh HaShana 15).
2.    En Tu BiShvat no se dice Tajanun (Shuljan Aruj, Orej Jaim 131:6).
3.    Hay una antigua costumbre entre los ashkenazim (Shuljan Aruj, Orej Jaim 131:6, Mishna Brura, inciso 31) y lossfaradim (Pri Etz Hadar – Seder Limud LeLeil Tu BiShvat) de comer varios tipos de frutos en ese día. Pero no es mencionado que haya que comer 15 tipos de frutas.
4.    Es bueno buscar justamente frutas que la persona no tiene oportunidad de comer durante el resto del año (Mishna Brura, 225 inciso 19. Véase Talmud Ierushalmi, al final del tratado Kidushin).
5.    Hay que buscar frutas de las siete especies con las que fue alabada Eretz Israel (la Tierra de Israel). Pero es preferible frutos de Eretz Israel - incluso si no son de esas siete especies – a frutos de las siete especies importados del exterior. Porque la abundancia de frutos en nuestra santa tierra es un síntoma de gueulá (Redención) – véase Sanhedrin 98A, comentario de Rashi. Y la Shjina (manifestación de la presencia Divina) mora en Eretz Israel, y es absorbida por los frutos (Ba”j, Orej Jaim 208). Por ello, nuestro Rav, el Rav Tzvi Iehudá Kuk llamaba a las bananas de Israel “la banana santa”.
6.    El Rav Kuk acostumbraba “por su gran aprecio de la kdushá (santidad) de los frutos de Eretz Israel, se esforzaba por lavar sus manos antes de comerlas” (LeShlosha BeElul 78).
7.    Hay que anteceder los frutos de las siete especies a los demás, según el orden: Aceituna, dátil, uvas, higo y granada (véase Shuljan Aruj, Orej Jaim 211:1-2).
8.    El que come frutas de Eretz Israel y también frutas del exterior debe bendecir “al perotea” en la bendición después de haber comido, porque los frutos de Eretz Israel son más importantes (Siaj HaPesaj, Pág. 105, citando al Gaón, el Rav Kanievski – apodado “staipler” – y el Gaón, el Rav Eliashiv).
9.    El Rav Kuk escribió: “Según la costumbre, en él [Tu BiShvat] hay cierta impresión de día festivo, de renacimiento del asentamiento en la Tierra de lo Santo” (Iguerot HaReaya Bet 61).

10.  Hay quienes acostumbran a plantar un árbol frutal en Tu BiShvat. Cuando visité a Ionatan Pollard en la cárcel en EE.UU. me dijo él con humildad: “Te quiero pedir algo muy grande – cuando vuelvas a Israel, planta un árbol frutal”. Por ello, pedimos a todos plantar árboles frutales para Ionatan Pollard.