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1/31/2014

Yeshayah 42: 1-4 ¿El profeta Isaías habla sobre el advenimiento de Mahoma?

BS"D



Ibn al-Muzayyin sostiene, en al-Iʿlām bi-mā fī dīn al-Naṣārā, que Yeshayah 42:1-4 profetiza a Muhammad, apoyándose en una cláusula que, según su cita, formaría parte del pasaje tal como lo menciona en su obra p. 273:

وقال أشعياء النبي عن الله: عبدي الذي سرت به نفسي، أنزل عليه وحيي، فيظهر في الأمم عدلي، يوصي الأمم بالوصايا. لا يضحك، ولا يسمع صوته في الأسواق، يفتح العيون العور، ويسمع الآذان الصم، ويحيي القلوب الغلف، وما أعطيه لا أعطيه غيره. أحمد يحمد الله حمدا كثيرا، يأتي من أقصى الأرض، تفرح البرية، وسكانها يهللون الله على كل شرف، ويكبرونه على كل رابية. لا يضعف، ولا يغلب، ولا يميل إلى الهوى، ولا يسمع في الأسواق صوته، ولا يذل الصالحين الذين هم كالعصفة الضعيفة، بل يقوي الصديقين، وهو ركن للمتواضعين، وهو نور الله الذي لا يطفأ، ولا يخاصم حتى تثبت في الأرض حجتي، وينقطع العذر به، وإلى توراته بنقاد الحق.

“Dijo el profeta Isaías acerca de Alah: «Mi siervo, en quien mi alma se complace: he hecho descender sobre él Mi revelación, para que manifieste entre las naciones Mi justicia y encomiende a las naciones los preceptos. No reirá, ni se oirá su voz en los mercados; abrirá los ojos de los ciegos y hará oír a los oídos sordos, y dará vida a los corazones incircuncisos; y lo que le concedo a él no lo concederé a ningún otro. Aḥmad alabará a Allah con abundante alabanza; vendrá desde el extremo de la tierra; se alegrará el desierto, y sus habitantes aclamarán a Alah en toda altura y lo engrandecerán en toda colina. No desfallecerá, ni será vencido, ni se inclinará hacia la pasión; ni se oirá su voz en los mercados; ni humillará a los rectos, que son como la caña débil, sino que fortalecerá a los veraces. Él es sostén de los humildes, y es la luz de Alah que no se extingue; ni contenderá hasta que se establezca en la tierra Mi argumento probatorio, y por medio de él se corte toda excusa; y hacia su Torá [se volverán] los que discierne la verdad.”

Pseudo Yeshayah / Isaías 42:1– 4

Al-Qurṭubī analiza la cita y objeta explícitamente a quien pretenda referirla a Yeshúʿ/ʿĪsā (al-I‘lām, p. 273 y Ithbāt, p. 43). Tras transcribir el testimonio isaiánico, él mismo formula la objeción antes de zanjarla en una sola frase: 

«فإن قلت: هو المسيح، قيل لك: تفهم لفظ الكلام ومساقه، وحينئذ تحكم بأنه محمد قطعاً» — “si dices: es el Mesías, se te responde: comprende la expresión y su contexto, y entonces juzgarás categóricamente (qaṭʿan) que es Mahoma” —, 

y funda ese juicio categórico en una sola cláusula de la profecía: «وذلك أنه قال فيه: يوصي الأمم» (“porque de él se dijo: ordena a las naciones”), cláusula que califica de تصريح ببعثه للناس كافة, “declaración explícita de que fue enviado a la totalidad de la humanidad”. Es decir: "ordena a las naciones" —en plural, sin distinción de pueblo— sólo puede referirse a quien fue enviado a todas las naciones del mundo, no como Yeshú, que según los propios cristianos fue enviado sólo a una raza, sobre todo a la de los Hijos de Israel, como atestigua la versión árabe del Evangelio de Mateo: “Yo no he sido enviado a las razas, sino a las ovejas acostadas de la estirpe de Israel” (Ithbāt, p. 43; cfr. Mt 15:24). Al-Qurṭubī refuerza esta exclusión con un segundo testimonio evangélico, este ya consignado en el aparato del propio al-I‘lām: el mandato de Yeshú a sus apóstoles de:

«لا تسلكوا في سبيل الأجناس، ولكن اختصروا بالضرورة إلى الغنم الرابضة من بني إسرائيل» “no vayáis por camino de los gentiles, sino limitaos por necesidad a las ovejas perdidas de los Hijos de Israel” (Mt 10:5-6) —, 

de modo que la restricción étnica no es una inferencia suya, sino algo que extrae del texto cristiano mismo. Sobre esa base construye un argumento a fortiori: si el propio Evangelio confina la misión de Yeshú a Israel, y la profecía anuncia a alguien que instruye a "las naciones" en plural universal, el referente no puede ser el Mesías cristiano. A esto añade una prueba onomástica complementaria, extraída de la misma cita isaiánica: la paronomasia «أحمد يحمد الله حمداً كثيراً» (“Aḥmad alabará a Alah con abundante alabanza”), donde el nombre profetizado se deriva gramaticalmente del verbo mismo de la frase — recurso que, señala él, “no es lícito a nadie más” (وليس هذا لأحد غيره), reforzando así doblemente la identificación con Mahoma: por el alcance universal de la misión y por la derivación onomástica del texto. 


Respuesta.

El problema de fondo no es sólo que esa cláusula no encaje con Yeshúʿ: es que no encaja con ningún testigo real del texto, en ninguna de las tres lenguas en que Yeshayah 42:1-4 se transmitió antes del Islam. El texto masorético de esos cuatro versículos dice:

[1] He aquí a Mi siervo, a quien sostengo. Mi elegido, en quien Mi alma se deleita. He puesto Mi Espíritu sobre él. Hará que la justicia vaya a las naciones. [2] Ni gritará, ni alzará su voz en la calle. [3] No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que todavía arde. Hará que la justicia vaya conforme a la verdad. [4] No desfallecerá ni será aplastado hasta que haya puesto justicia en la tierra. Y las islas esperarán su enseñanza. 

א הֵ֤ן עַבְדִּי֙ אֶתְמָךְ־בּ֔וֹ בְּחִירִ֖י רָצְתָ֣ה נַפְשִׁ֑י נָתַ֤תִּי רוּחִי֙ עָלָ֔יו מִשְׁפָּ֖ט לַגּוֹיִ֥ם יוֹצִֽיא ׃ ב לֹ֥א יִצְעַ֖ק וְלֹ֣א יִשָּׂ֑א וְלֹֽא־יַשְׁמִ֥יעַ בַּח֖וּץ קוֹלֽוֹ ׃  ג קָנֶ֤ה רָצוּץ֙ לֹ֣א יִשְׁבּ֔וֹר וּפִשְׁתָּ֥ה כֵהָ֖ה לֹ֣א יְכַבֶּ֑נָּה לֶאֱמֶ֖ת יוֹצִ֥יא מִשְׁפָּֽט ׃  ד לֹ֤א יִכְהֶה֙ וְלֹ֣א יָר֔וּץ עַד־יָשִׂ֥ים בָּאָ֖רֶץ מִשְׁפָּ֑ט וּלְתוֹרָת֖וֹ אִיִּ֥ים יְיַחֵֽילוּ


-Katznelson Moisés, La Biblia, Hebreo-Español, Editorial Sinai, Tel-Aviv, Israel,1996. Vol. II. p. 710.

Nada de “el extremo de la tierra”, “el desierto”, “toda colina” o “abundante alabanza” está aquí. Y no es que falte por azar: cada uno de esos elementos existe en Yeshayah 42, pero en versículos distintos, no contiguos a 1-4. “Abrirá los ojos ciegos” es 42:7 (לִפְקֹחַ עֵינַיִם עִוְרוֹת); “lo que le concedo no lo concederé a otro” es 42:8 (וּכְבוֹדִי לְאַחֵר לֹא־אֶתֵּן); “vendrá del extremo de la tierra” y el vocabulario de alabanza (תְּהִלָּה) son 42:10 (תְּהִלָּתוֹ מִקְצֵה הָאָרֶץ); “el desierto, sus habitantes, las alturas” es 42:11 (יִשְׂאוּ מִדְבָּר... מֵרֹאשׁ הָרִים יִצְוָחוּ) — el versículo donde además aparece קֵדָר, hijo de Ishmael (Bereshit 25:13) y epónimo de las tribus árabes del desierto, único elemento del capítulo con verdadera conexión onomástica con Arabia; y “glorificarán... en toda colina” retoma 42:12 (יָשִׂימוּ לַיהוָה כָּבוֹד). Incluso “oídos sordos” parece un eco descontextualizado de 42:18 (הַחֵרְשִׁים שְׁמָעוּ), un pasaje posterior sobre la sordera espiritual de Israel, no sobre la misión del Siervo. “Corazones incircuncisos”, en cambio, no tiene ningún correspondiente en todo el capítulo 42 — es materia ajena incluso a ese repertorio ampliado.

Esto ya basta para descartar que Ibn al-Muzayyin —o quien haya acuñado la cita que él hereda— haya leído el hebreo masorético de manera directa y acotada al pasaje. Una lectura del texto hebreo, por libre que fuera su traducción, no podría generar una cláusula geográfica y hímnica que en el original pertenece a diez versículos más adelante. Lo que tenemos es un mosaico armado por igual con material de 1-4, 7, 8, 10-12 y quizá 18, no una traducción de 1-4.

Pero la prueba decisiva no es sólo de contenido, sino léxica, y es la que permite excluir también al judeo-árabe. Si la fuente de Ibn al-Muzayyin hubiera sido una traducción judía real de estos versículos —como la de Benayah ben Saʿadyah ben Zejaryah ben Margaz, que sí es una traducción acotada y fiel de 42:1-4 exclusivamente—, cabría esperar coincidencia terminológica, aunque fuese parcial: los traductores judeo-árabes de la Biblia, desde RaSa"G en adelante, comparten un repertorio técnico fijo para los términos centrales del pasaje. No hay ninguna coincidencia. Donde Benayah usa أحكامي / الحكم (raíz ح-ك-م) para מִשְׁפָּט, Ibn al-Muzayyin trae عدلي (raíz ع-د-ل). Donde Benayah usa نبوّتي (raíz ن-ب-و) para רוּחִי, Ibn al-Muzayyin trae وحيي — término técnico de la profetología islámica para la revelación verbatim entregada a un rasūl, ajeno al vocabulario que un traductor judío emplearía para רוח. Y, sobre todo, donde toda la tradición judeo-árabe —Benayah incluido— vierte תורה sistemáticamente como شريعة, Ibn al-Muzayyin escribe توراته: no traduce la palabra, la translitera con el término coránico estándar para designar la Escritura judía (cf. Corán 3:3, 5:44, 61:6). Ningún traductor judío, trabajando del hebreo al árabe para un público judío, necesitaría transliterar תורה; sólo alguien escribiendo desde fuera de esa tradición, con el vocabulario coránico ya disponible como designación por defecto, produciría توراة en este lugar.

Más aún: la cláusula final —¹³«حتى تثبت في الأرض حجتي، وينقطع العذر به» (“hasta que se establezca Mi argumento probatorio, y por medio de él se corte toda excusa”)— no es vocabulario bíblico en absoluto, sino la reproducción casi literal de una fórmula coránica sobre la función de los profetas:

 «رُسُلًا مُبَشِّرِينَ وَمُنذِرِينَ لِئَلَّا يَكُونَ لِلنَّاسِ عَلَى اللَّهِ حُجَّةٌ بَعْدَ الرُّسُلِ» (“mensajeros portadores de buenas nuevas y amonestadores, para que los hombres no tuvieran argumento (ḥujja) contra Dios después de los mensajeros”, Q4:165). 

El binomio ḥujja / qaṭʿ al-ʿudhr pertenece a la doctrina islámica clásica de la profecía —la necesidad del profeta para eliminar la excusa humana—, no a ningún estrato del hebreo o del judeo-árabe bíblico.

Y no se trata de una frase suelta tomada al azar: Q4:163-165 es, como señala Gabriel Said Reynolds, una unidad compositiva reconocible dentro de un género coránico bien atestado, el catálogo de profetas (comparable a 2:136; 3:84; 6:84-86; 21:48-91; 33:7; 42:13; 37:75-148), construida con una arquitectura literaria propia: la posición de Yeshú a mitad del listado del v. 163, entre "las tribus" y Yiov (Job), no sigue ni el orden bíblico ni una cronología tradicional, sino que responde —según Reynolds— a exigencias de rima coránica, de modo que "asbāṭ" (tribus) y "Sulaymān" cierran verso, mientras que "ʿĪsā" abre uno, en posición de relieve equiparable a la de Noé y David¹⁴. La misma unidad remata el v. 163 declarando que a David se le dio el Zabūr —recogiendo la idea, ya judía y cristiana, de que David es el autor principal de los Salmos, atestiguada tanto en el Midrash (Avot 6:9) como en el Nuevo Testamento (Mc 12:36-37)—, y en el v. 164 afirma que Dios habló directamente a Mosheh, eco de Números 12:4-8 (cf. Éxodo 33:11; Deuteronomio 5:4-5)¹⁴. Es decir: la secuencia que culmina en el v. 165 con la fórmula de la ḥujja no es una frase aislada, sino el cierre doctrinal de un pasaje entero dedicado a establecer una cadena de profetas autenticados por la recepción directa de habla o escritura divina —Zabūr a David, palabra directa a Mosheh— cuyo propósito explícito es privar a la humanidad de excusa. Ese es exactamente el mismo campo conceptual —waḥy entregado verbatim a un profeta, eliminación de la excusa mediante la sucesión profética— del que Ibn al-Muzayyin extrae tanto وحيي como حجتي/العذر en su pretendida cita de Isaías. No toma prestada una expresión coránica suelta: reproduce, en miniatura, la lógica doctrinal de una unidad textual identificable del Corán (4:163-165), lo cual hace aún más difícil sostener que esa cláusula provenga de una traducción del hebreo o del judeo-árabe bíblico.

Dos testimonios judíos independientes, en una tercera lengua, confirman la misma conclusión sin necesidad de recurrir de nuevo al hebreo o al judeo-árabe. El Targum Yonatán, de datación muy anterior tanto al cristianismo consolidado como al Islam, traduce así el inicio del pasaje (versión estándar, Sefaria):

הָא עַבְדִי מְשִׁיחָא אֶקְרְבִינֵהּ בְּחִירִי דְאִתְרְעֵי בֵּיהּ מֵימְרִי אֶתֵּן רוּחָא דְקוּדְשִׁי עֲלוֹהִי דִינִין לְעַמְמִין יְגַלֵי

(“He aquí Mi siervo el Meshija’, lo acercaré; Mi elegido, en quien Mi Verbo se complació; pondré Mi espíritu de santidad sobre él; revelará juicios a los pueblos”). 

El mismo pasaje, sin embargo, circuló también en una recensión que carece de la palabra מְשִׁיחָא: el testimonio arameo que transmite el manuscrito de Benayah ben Saʿadyah ben Zejaryah ben Margaz (BL Or 2211, ff. 134-135) lee en 42:1, así como en el Proyecto Léxico Integral Aramaico (CAL):


 הָא עַבדִי אְקָרְבִנֵיה בְחִירִי דְאִתרְעִי בֵיה מֵימְרִי אַתֵין רֻוחַ קֻודשִי עְלֹוהִי דִינִי לְעַמְמִין יְגַלֵי׃   

Es decir, la misma estructura y el mismo contenido, pero sin la calificación mesiánica explícita. 

Esto es doblemente útil para el argumento: por un lado, muestra que la lectura mesiánica de Targum Yonatán en su forma estándar no depende de ningún elemento árabe ni pudo generarse como reacción al Islam, porque es anterior a él; por otro, muestra que ni siquiera la recensión no mesiánica —la que en principio dejaría más margen interpretativo abierto— introduce nada geográfico o etnonímico vinculado a Arabia. Mesiánica o no, en ninguna de las dos formas del Targum aparece rastro alguno del material que Ibn al-Muzayyin cita.

Y la traducción judeoárabe del mismo Benayah (BL Or 2211, ff. 134-135), independiente tanto del Targum como de RaSa"G, vierte el pasaje con igual sobriedad:

הודא עבדי אדעמה מכתארי רציתג בה נפסי אגעל נבוותי פיה יכרג בהא אחכאמי אלי אלאמס: מן חית לא יצרך ולא יסמע ולא יעלן פי אלאסואק צותה: חתי קצבה מרצוה לא יכסרהא ופתילה כאמדה לא יטפיהא יכרג אלחכם עלי חקה: בל לא יכמד ולא יתרצץ אד' יצייר אלחכם פי אלבלאד ולשריעתה אלאמם ירגון

هُوَذَا عَبْدِي أَدْعَمُهُ، مُخْتَارِي رَضِيَتْ بِهِ نَفْسِي، أَجْعَلُ نُبُوَّتِي فِيهِ، يُخْرِجُ بِهَا أَحْكَامِي إِلَى الْأُمَمِ: مِنْ حَيْثُ لَا يَصْرُخُ وَلَا يُسْمَعُ وَلَا يُعْلِنُ فِي الْأَسْوَاقِ صَوْتَهُ: حَتَّى قَصَبَةً مَرْضُوضَةً لَا يَكْسِرُهَا، وَفَتِيلَةً كَامِدَةً لَا يُطْفِيهَا، يُخْرِجُ الْحُكْمَ عَلَى حَقِّهِ: بَلْ لَا يَخْمُدُ وَلَا يَتَرَضَّضُ إِذْ يُصَيِّرُ الْحُكْمَ فِي الْبِلَادِ، وَلِشَرِيعَتِهِ الْأُمَمُ يَرْجُونَ.

(“He aquí a mi siervo, a quien sostengo¹; Mi elegido, en quien Mi alma se complació²; pongo Mi profecía³ en él; por ella sacará mis decretos⁴ a las naciones⁵. Porque no gritará, ni se le oirá, ni hará proclamar su voz en los mercados⁶. La caña quebrada⁷ no la romperá, y el pábilo mortecino no lo apagará: sacará el juicio conforme a su verdad⁸. Antes bien, no desfallecerá ni será quebrantado⁹, hasta que establezca el juicio en la tierra; y en su ley¹¹ las naciones¹⁰ esperarán.”)

Ningún nombre, ninguna geografía árabe, ninguna fórmula de alabanza, ningún vocabulario coránico técnico: tres testigos independientes entre sí —el hebreo masorético, el Targum arameo (en sus dos recensiones) y el judeoárabe de Benayah— coinciden en que el pasaje no contiene ese material, y ninguno de los tres pudo servir de base a la cita de Ibn al-Muzayyin sin una intervención compositiva ajena a los tres.

La propia tradición exegética judía, además, mantiene abierta la identidad del Siervo sin que ninguna de sus opciones apunte a Muhammad ni requiera importar material de otro pasaje. RaSa"G lo identifica con Kóresh (Ciro), el rey persa a quien Yeshayah 45:1 llama explícitamente מְשִׁיחַ ה', “el ungido del Eterno” —un no israelita con misión universal, atestiguado siglos antes del Islam, que basta por sí solo para mostrar que “traer justicia a las naciones” no exige un referente árabe—; Rash"i lo identifica con Israel, “Su elegido” (Tehilim 135:4); e Ibn Ezra, con el propio profeta Yeshayahu. El argumento de Ibn al-Muzayyin contra la lectura cristiana, aun concedido en su totalidad, solo descartaría una de estas opciones sin favorecer ninguna otra: de que Yeshú no encaje no se sigue que deba tratarse de Muhammad, cuando la propia tradición judía —anterior en todos los casos a la controversia islámica— ya ofrecía candidatos plausibles sin necesidad de alterar el texto.

Notas

  1. אדעמה / أدعمه, de د-ع-م "sostener, apuntalar". Corresponde al hebreo אֶתְמָךְ־בּוֹ.

  2. רציתג — crux textual. El hebreo subyacente es רָצְתָה נַפְשִׁי (3.ª pers. fem. sing.: "mi alma se agradó"). El esqueleto consonántico ר-צ-י-ת-ג no da una forma árabe reconocible; la ג final es anómala y probablemente refleja una confusión ה/ג en el ejemplar, ya que رضيت (sin la ג) concuerda exactamente en género con نفسي, como exige el hebreo. Normalizo a رضيت.

  3. נבוותי / نبوّتي, "mi profecía" — y no روحي, "mi espíritu", equivalente literal esperado de רוּחִי. Es una glosa interpretativa que identifica el רוח depositado sobre el Siervo con el don/oficio profético, lectura afín a la tendencia exegética rabínica-gaónica de asociar רוח הקדש con נבואה.

  4. אחכאמי / أحكامي, plural "mis decretos" — el hebreo trae משפט en singular. Nótese la inconsistencia: el mismo lexema hebreo se vierte en singular más adelante (אלחכם, v. 3-4).

  5. אלאמס — leído literalmente daría الأمس, "ayer", sin sentido aquí. Dado que el hebreo trae לַגּוֹיִם y que אלאמם aparece correctamente escrito en el v. 4, leo אלאמס como error de copia por אלאמם = الأمم.

  6. אלאסואק / الأسواق, plural "los mercados" — el hebreo trae בַּחוּץ, singular ("en la calle/afuera"). El traductor concretiza el espacio público como mercado.

  7. קצבה מרצוה / قصبة مرضوضة — מרצוה está escrito defectivamente (falta la geminación de ض), grafía frecuente en manuscritos judeo-árabes bíblicos no vocalizados; normalizo a مرضوضة.

  8. עלי חקה / على حقّه — vierte לֶאֱמֶת ("en verdad, fielmente"). حق abarca "verdad" y "derecho/justicia", conservando una ambigüedad ausente en el hebreo אמת.

  9. יתרצץ / يترضّض, "será quebrantado" — el TM trae יָרוּץ ("correrá", de רוץ), pero el traductor lee רצץ ("quebrantar"), en paralelo con יִשְׁבּוֹר del v. 3.

  10. אלאמם / الأمم, "las naciones" — el hebreo trae אִיִּים ("islas, costas lejanas"). Generaliza la imagen geográfica en un término abstracto, produciendo un inclusio con el v. 1 que no existe en la variatio léxica del hebreo (גוים ~ איים).

  11. ולשריעתה / ولشريعته, "y su ley" — corresponde a וּלְתוֹרָתוֹ. El equivalente judeo-árabe estándar de תורה es שריעה/شريعة (así ya en Saadia Gaón, sistemáticamente, en vez de transliterar el hebreo). Semánticamente, ش-ر-ع significa "el camino trazado hacia el agua", de donde "vía prescrita", campo apto para תורה. Cronológicamente, شريعة en este sentido genérico ya aparece en el propio Corán (Q5:48), es decir, pertenece al vocabulario árabe religioso-jurídico preislámico/coránico general, no a la terminología técnica de la sharīʿa como sistema jurídico islámico codificado, que cristaliza después en el fiqh clásico. Su uso aquí no implica, pues, dependencia del vocabulario islámico.

  12. Ausencia de ح-م-د — en todo el pasaje (אדעמה/أدعمه، יצרך/يصرخ، יסמע/يسمع، יעלן/يعلن، יכרג/يخرج، אלחכם/الحكم) no aparece en ningún momento la raíz ح-م-د, pese a que este es precisamente el pasaje —el siervo que "no gritará... ni hará oír su voz en la calle"— que la apologética islámica suele explotar como retrato de Muhammad. El paralelo con Al-Qurṭubī no es uno a uno: en su al-Iʿlām bi-mā fī dīn al-Naṣārā atribuye a unos "pliegos adscritos a los Doce Profetas" un dicho sobre la manifestación divina desde Parán por la cual Dios será "alabado" (يُحمد) en los cielos — el juego يُحمد → أحمد lo aplica ahí, no a Isaías 42. Y la tradición transmitida por Ibn Isḥaq vía 'Aisha, que sí evoca literalmente "no brusco, no duro, no pregonero ruidoso en los mercados", se cita como palabras "del Evangelio" y tampoco contiene ح-م-د. La identificación "Aḥmad = el siervo de Isaías 42" carece así de anclaje textual tanto en la fuente judía como en la fuente islámica que más se le asemeja.

  13. حجتي / وينقطع العذر — reproduce el binomio ḥujja / qaṭʿ al-ʿudhr de Q4:165, doctrina islámica clásica sobre la función profética; vocabulario ausente tanto del hebreo como del judeo-árabe bíblico en este pasaje.

  14. Gabriel Said Reynolds, The Qurʾan and the Bible: Text and Commentary (New Haven: Yale University Press, 2018), pp. 184-185, sobre Q4:163-165: analiza el catálogo de profetas del pasaje, la posición de ʿĪsā (Yeshú) en el v. 163 como posible efecto de la rima coránica, la atribución del Zabūr a David (con paralelos en Avot 6:9 y Mc 12:36-37) y el habla directa de Dios a Mosheh en el v. 164 como eco de Números 12:4-8 (cf. Éxodo 33:11; Deuteronomio 5:4-5).

1/13/2014

دبريم ٣٢ْ١-٢-Devarim / Deuteronomio 33:1-2: ¿HaShem se revelo ante Mahoma en la Meca?

Pintura que muestra a Mahoma con las manos alzadas en oración, de pie en el Monte de la Luz en La Meca. Siyer-i Nebi (Biografía del Profeta), Estambul, territorio otomano, 1595-96.
Biblioteca del Palacio de Topkapi, Estambul, H. 1222, fol. 158v.
Fotografía de Hadiye Cangökçe.

Aḥmad ibn ʿUmar ibn Ibrāhīm al-Qurṭubí, conocido como Ibn al-Muzayyin (1182-1258), afirma en su obra al-Iʿlām bi-mā fī dīn al-Naṣārā que una traducción del hebreo al árabe de Devarim 33:1-2 revela la profecía de la venida de Muhammad en la Meca. Cita el siguiente texto: 

בָּא אַלְלַّה מִסִּינַי וְזָרַח מִשֵּׂעִיר הוֹפִיעַ מֵהַר פָּארָן (מַכָּה הַמְקֻדֶּשֶׁת) וְעִמּוֹ רִבְבוֹת קֹדֶשׁ
جَاءَ اللَّهُ مِنْ سِينَاءَ وَأَشْرَقَ مِنْ سَعِيرَ وَتَلَأْلَأَ مِنْ جَبَلِ فَارَانَ (مَكَّةَ الْمُكَرَّمَةِ) وَمَعَهُ رَبَوَاتٌ مِنَ الْمُقَدَّسِينَ

(“Aláh vino del Sinaí, fulguró desde Seír y resplandeció desde los montes de Parán —la Meca—, y con él un grupo de los santos”). 

Ibn al-Muzayyin aclara que esta versión traduce lo que él llama "el texto hebreo" de la bendición mosaica, y desarrolla su lectura explicando que la venida desde el Sinaí señala la entrega de la Torá a Moshé, que el resplandor desde Seír —monte que identifica con los griegos edomitas— señala el surgimiento del cristianismo, y que la manifestación desde Farán señala el envío de Muhammad:

فَمَجِيئُهُ مِنْ جَبَلِ سِينَاءَ: أَنَّ اللهَ أَنْزَلَ فِيهِ التَّوْرَاةَ وَكَلَّمَ عَلَيْهِ مُوسَى؛ وَإِشْرَاقُهُ مِنْ جَبَلِ سَاعِيرَ: أَنَّ دِينَ الْمَسِيحِ إِنَّمَا أَشْرَقَ مِنْ جِبَالِ سَاعِيرَ، وَهِيَ جِبَالُ الرُّومِ مِنْ أَدُومَ؛ وَاسْتِعْلَانُهُ مِنْ جِبَالِ فَارَانَ: أَنَّ اللهَ تَعَالَى بَعَثَ مِنْهَا مُحَمَّدًا صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ وَأَوْحَى إِلَيْهِ فِيهَا

(Su venida desde el monte Sinaí: que Dios hizo descender en él la Torá y habló allí a Moshé; su resplandecer desde el monte Seír: que la religión del Mesías resplandeció desde los montes de Seír, que son los montes de los griegos, de Edom; y su manifestarse desde los montes de Farán: que Dios envió desde allí a Muhammad —la paz sea con él— y le reveló allí Su revelación).

Refuerza su argumento invocando Bereshit 21:21, donde Ismael se asienta en el desierto de Farán:

וְאֵין חוֹלֵק כִּי פָארָן הִיא «מַכָּה», וַהֲלֹא נֶאֱמַר בַּתּוֹרָה: «הוֹשִׁיב הָאֵל אֶת הָגָר וְאֶת בְּנָהּ יִשְׁמָעֵאל בְּפָארָן» 

وَلَا اخْتِلَافَ أَنَّ فَارَانَ: «مَكَّةُ»، وَقَدْ قَالَ فِي التَّوْرَاةِ: «إِنَّ اللهَ أَسْكَنَ هَاجَرَ وَابْنَهَا إِسْمَاعِيلَ فَارَانَ» (تكوين ٢١: ٢١)

(Y no hay discrepancia en que Farán es «Meca»; pues se dijo en la Torá: «Dios asentó a Hagar y a su hijo Ismael en Farán» [Génesis 21:21]). (p. 33) 

Refutación.

Esta identificación es, sin embargo, tardía dentro de la propia historia del texto que pretende interpretar. El Targum al-Jumash de RaSa"G (R' Saadia Gaón, 882-942) —la traducción judeoárabe de mayor autoridad filológica, redactada casi dos siglos y medio antes de que naciera Ibn al-Muzayyin— vierte el pasaje así:



وَهَذِهِ الْبَرَكَاتُ الَّتِي بَارَكَ بِهَا مُوسَى رَسُولُ اللَّهِ بَنِي إِسْرَائِيلَ قَبْلَ مَوْتِهِ. وَقَالَ: اللَّهُمَّ الَّذِي تَجَلَّى لَنَا مِنْ طُورِ سِينِي، وَأَشْرَقَ بِنُورِهِ مِنْ جَبَلِ شَعِيرَ، وَلَوَّحَ بِهِ مِنْ جَبَلِ فَارَانَ، وَأَتَى رِبْوَاتِ الْقُدْسِ بِشَرِيعَةِ نُورٍ مِنْ يَمِينِهِ لَهُمْ.
וְהַדִ֗הִ אַלְבַּרַכַּאת אַלַّדִ֗'י בַּארַךְ בִּהַא מוּסִי רַסוּל אַלְלַّה בַּנִי אִסְרַאאִיל קַבְּל מַוְתִה. וְקַאל אַלְלַّהֻםּ אַלַّדִ֗י תַגַ֗לַּי לַנַא מִן טוּר סִינִי וְאַשְׁרַק בִּנוּרִה מִן גַ֗בַּל שַׁעִיר וְלוּחַ בִּה מִן גַ֗בַּל פַארַן וְאַתִי רַבְּוַאת אַלְקֻדְס בִּשַׁרִיעַה נוּר מִן יַמִינִה לַהֻם 

[1] Y estas son las bendiciones con las que מוסי/مُوسَى (Musa, Moshé), רסול אללה/رَسُولُ اللَّهِ (el Mensajero de Dios), bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte.  

[2] Y dijo: «¡Oh אללהם/اللَّهُمَّ (el Eterno), que se nos manifestó desde el monte Sinaí, y resplandeció con Su luz desde el monte Seír, e hizo relucir esa luz desde el monte Parán, y llegó a las miríadas de la santidad —רבואת אלקדס/رِبْوَاتِ الْقُدْسِ— con una ley de luz —בשריעה נור/بِشَرِيعَةِ نُورٍ— desde Su diestra, para ellos!»


RaSa"G sigue en este Targum la interpretación de Rash"i: la bendición del versículo 1 recae exclusivamente sobre Israel, y Mosheh es llamado רסול אללה (Rasul Allah), sin que en ningún momento del pasaje se mencione a Muhammad. El versículo 2 emplea tres verbos causativos deliberadamente distintos —تجلى, أشرق, لوّح— para traducir la secuencia hebrea בָּא / זָרַח / הוֹפִיעַ, subrayando que la misma luz de la Torá se ofreció sucesivamente en el Sinaí, en Seír y en Parán: primero a Israel, luego, según explican Rash"i y Rabeinu Bajya Ibn Pakuda, a los descendientes de Esav, que la rechazaron, y finalmente a los hijos de Ismael en Parán, que también la rechazaron. En ningún momento de esta secuencia introduce RaSa"G una glosa toponímica que identifique Parán con un lugar distinto del que ya nombra el texto masorético. El sintagma final, רבואת אלקדס/رِبْوَاتِ الْقُدْسِ, traduce de manera literal y directa el hebreo רִבְּבֹת קֹדֶשׁ, "miríadas de santidad" —lectura que ya sigue el propio Targum Onkelos al verter la expresión como רִבְּוָת קַדִישִׁין, "miríadas de santos/ángeles"—, aplicado por la tradición midráshica (Sifrei 33:2) a las huestes angélicas que acompañaron la entrega de la Torá.

Conviene detenerse en la elección léxica de RaSa"G en este punto, porque no es trivial: אלקדס/القدس era, en el siglo X, un término en plena formación como topónimo. El nombre árabe dominante para Jerusalén seguía siendo entonces بيت المقدس (calco del hebreo בֵּית הַמִּקְדָּשׁ); la forma abreviada القدس apenas empezaba a circular como alternativa, y no se impondría de manera generalizada sino generaciones después —el propio geógrafo al-Maqdisí (m. 991), casi contemporáneo de RaSa"G, sigue llamando a su ciudad natal بيت المقدس en su obra mayor—. RaSa"G, por tanto, no recurre al nombre ya asentado de la ciudad santa, sino a la raíz abstracta ق-د-س/ק-ד-ש ("santidad"), cognada en ambas lenguas, que es el equivalente léxico más directo y económico del hebreo bíblico; si hay en su elección algún eco del topónimo emergente, ese eco remite exclusivamente a Jerusalén, la única ciudad a la que dicha raíz se asociaba toponímicamente en el árabe de su época.

Resulta significativo, precisamente por ello, que Ibn al-Muzayyin trate esa misma expresión hebrea —רִבְבוֹת קֹדֶשׁ— de un modo enteramente distinto y sin ningún precedente que lo respalde. En su cita, la funde gramaticalmente con la cláusula de Parán mediante וְעִמּוֹ/وَمَعَهُ ("y con él"), leyendo "y con él, miríadas de los santificados" —وَمَعَهُ رَبَوَاتٌ مِنَ الْمُقَدَّسِينَ—, como si esas "miríadas" reforzaran la santidad del lugar que acaba de glosar como "la Meca". Es decir, Ibn al-Muzayyin toma la misma raíz ق-د-س que RaSa"G, tres siglos antes, había empleado siguiendo su resonancia natural hacia Jerusalén, y la redirige por completo hacia la Meca, sin que exista precedente textual alguno —ni en el hebreo masorético, ni en la traducción judeoárabe más autorizada, ni en la evolución toponímica documentada del propio término árabe, que en el siglo X apuntaba a Jerusalén y no a la Meca— que sostenga ese desplazamiento. La operación solo es posible, además, porque Ibn al-Muzayyin necesita fusionar ambas cláusulas mediante "y con él"; RaSa"G, en cambio, mantiene רבואת אלקדס como cláusula gramaticalmente independiente de la que menciona a Parán, siguiendo la separación de miembros del propio texto masorético, de modo que su traducción no ofrece ese punto de apadeo sintáctico. La mención de "Su diestra" —מן ימינה/مِنْ يَمِينِهِ, eco del hebreo מִימִינוֹ— queda, en RaSa"G, ligada a la entrega de la ley, no al monte de Ismael ni a ninguna santidad atribuida a Parán.

Esta ausencia de toda identificación de Parán con la Meca no se limita al testimonio judío: el propio Corán, en el pasaje que más de cerca roza la imaginería teofánica de Devarim 33:2, ancla el motivo de "la diestra" al Sinaí. Sura Maryam 19:51-53 dice:

وَٱذۡكُرۡ فِی ٱلۡكِتَٰبِ مُوسَىٰۤۚ إِنَّهُۥ كَانَ مُخۡلَصًۭا وَكَانَ رَسُولًۭا نَّبِيًّۭا وَنَٰدَيۡنَٰهُ مِن جَانِبِ ٱلطُّورِ ٱلۡأَيۡمَنِ وَقَرَّبۡنَٰهُ نَجِيًّۭا وَوَهَبۡنَا لَهُۥ مِن رَّحۡمَتِنَآ أَخَاهُ هَٰرُونَ نَبِيًّۭا

(“Y menciona en el Libro a Musa: fue en verdad sincero, y fue un mensajero, un profeta. Lo llamamos desde el lado derecho del Monte, y lo acercamos en confidencia. Y le concedimos, por Nuestra misericordia, a su hermano Harún como profeta”); corpus árabe según corpuscoranicum.de). 

Gabriel Said Reynolds señala, en su comentario a este pasaje, que الطُّور (“el Monte”, con artículo determinado y sin más especificación) es en el Corán una designación fija y recurrente exclusivamente del Sinaí: así en 2:63, 2:93, 4:154, 20:80, 23:20, 28:29, 28:46, 52:1 y 95:2 (The Qur'an and the Bible: Text and Commentary, pp. 481-482).

Es decir, cuando el texto coránico dice simplemente "el Monte", su audiencia original entendía sin ambigüedad que se trataba del Sinaí, nunca de otro monte bíblico. Reynolds observa además que la fórmula de 19:52, مِن جَانِبِ الطُّورِ الْأَيْمَنِ (“desde el lado derecho del Monte”), no es un motivo aislado, sino que reaparece en la escena paralela de Sura 28: en 28:29 Mosheh ve un fuego “en el lado de un monte”, y en 28:30 es llamado “desde la orilla derecha del valle” —مِن شَاطِئِ الْوَادِ الْأَيْمَنِ—, motivo que se repite en 28:44. Reynolds sugiere que esta insistencia coránica en “el lado derecho” del lugar de la teofanía guarda relación con el מִימִינוֹ (“desde Su diestra”) de Devarim 33:2. Si esta conexión intertextual —propuesta por uno de los especialistas contemporáneos más reconocidos en el estudio comparado del Corán y la Biblia— es acertada, entonces el dato es doblemente significativo para la refutación de Ibn al-Muzayyin: no solo el hebreo masorético y su traducción judeoárabe más autorizada omiten cualquier vínculo entre Parán y Arabia, sino que el propio Corán, en su eco verbal más cercano al versículo que Ibn al-Muzayyin explota, sitúa el motivo de “la diestra” en el Sinaí —el mismo monte al que ya remite RaSa"G con תג̇לי לנא מן טור סיני— y no en Parán. La identificación de Parán con la Meca carece así de apoyo tanto en la fuente que se pretende interpretar (el texto hebreo) como en la fuente en cuyo nombre se interpreta (el Corán).

Esa misma ausencia es congruente con la exégesis talmúdica y midráshica anterior al Islam. El Talmud Bavlí, en Avodá Zará 2b, pregunta por qué, si a las naciones gentiles nunca se les ofreció la Torá, el versículo describe a Dios viniendo también desde Seír y Parán:

וממשיך המדרש: אחרי שהקב"ה שואל את כל העמים האם עסקו בתורה, אומרים לפניו העמים:רבונו של עולם, כלום נתת לנו את התורה ולא קיבלנוה? וכיון שלא נתת אותה לנו — מדוע עלינו לתת את הדין על שלא קיימנוה? ושואלים: ומי מצי למימר הכי [והאם יכולים לומר כך] שלא נתן להם?והכתיב [והרי נאמר] בתיאור נתינת התורה: "ויאמר ה' מסיני בא וזרח משעיר למו" (דברים לג, ב), וכתיב[ונאמר]: "אלוה מתימן יבוא וקדוש מהר פארן" (חבקוק ג, ג), ויש לשאול: מאי בעי [מה מבקש] ה'בשעיר, ומאי בעי [ומה מבקש] בפארן? שהרי לא שם ניתנה התורה!

(Las naciones dirán ante Dios: Maestro del universo, ¿nos diste la Toráh y no la aceptamos? Como nunca recibimos la Toráh, ¿por qué nos juzgan por no cumplir con sus mitzvot? La Gemara pregunta: ¿ Y puede uno decir que nunca se les ofreció la Toráh? Pero no está escrito en la descripción de la entrega de la Torá: "Y él dijo: El Eterno vino de Sinaí, y se levantó de Seir a ellos" (Deuteronomio 33:2), y está escrito: "Dios viene de Teiman y el Santo del monte Paran ”(Habacuc 3:3). Y los sabios preguntaron: ¿Qué hizo Dios?¿Requerir en Seir y qué exigió Él en Paran? La Torá no fue dada en esos lugares.). 

La Guemará responde que Dios ofreció la Torá también a los descendientes de Esav y de Ismael, y que ambos la rechazaron —la misma lectura que recoge el Targum de RaSa"G—. R’ Yojanán ben Zakay interpreta, en un sentido complementario, que la venida desde Parán alude a la riqueza de las naciones gentiles que terminó por entregarse a Israel (Bavá Kama 38a); R’ Yishmael sostiene que Israel es el único pueblo capaz de sostener la ley ardiente de la Torá (Beitzá 25b); y la escuela de R’ Sheilá explica que fue el propio Dios quien la entregó en la mano de Moshé (Sotá 4b). El místico andalusí Rabeinu Bajya Ibn Pakuda resume esta misma tradición:

ובמדרש ה' מסיני בא וזרח משעיר, שפתח לבני שעיר שיקבלו התורה ולא רצו, הופיע מהר פארן שהלך משם ופתח לבני ישמעאל שיקבלוה ולא רצו ואתא לישראל. הזכיר הכתוב כל זרע אברהם שלא רצו לקבל התורה כי אם ישראל זרע יעקב בלבד, ומה שהזכיר עשו וישמעאל הוא הדין לכל שאר האומות, וכן דרשו רז"ל חזר הקב"ה על כל אומה ולשון ולא קבלוה עד שבאו ישראל וקבלוה.

(“Y en el midrash” [dice], 'El Eterno vino del Sinaí y brilló desde Seir', que abrió a los hijos de Seir para que recibieran la Torá y no quisieron, 'apareció desde el monte Parán', que fue allí y abrió a los hijos de Ishmael para que la recibieran y no quisieron, y vino a Israel. La Escritura menciona a toda la descendencia de Avraham que no quiso recibir la Torá excepto Israel, la descendencia de Ya'acov solamente, y lo que menciona sobre Esav e Ismael es lo mismo para todas las demás naciones, y así interpretaron nuestros sabios de bendita memoria: El Santo, bendito sea, se acercó a toda nación y lengua y no la aceptaron hasta que vinieron los israelitas y la aceptaron.”).

El valor del testimonio de RaSa"G en esta discusión no es meramente anticuario. Su Tafsir no es una traducción judía interna, producida al margen del mundo árabe-islámico, sino la obra de un gaón que vivió y trabajó dentro del propio califato abasí, dominó el árabe clásico al nivel de los teólogos musulmanes de su entorno —lo bastante bien como para responder directamente a al-Jāḥiẓ sobre la naturaleza de Dios— y compuso su traducción precisamente para que resistiera el escrutinio de esos interlocutores. Por eso su testimonio pesa de un modo distinto al de una traducción moderna o al de una polémica judía tardía: es un texto anterior en varios siglos a la propia formulación del argumento de Ibn al-Muzayyin, redactado en el mismo idioma y dentro del mismo universo intelectual que la apologética islámica dice interpretar, y aun así no contiene el más mínimo rastro de la lectura que se le querría atribuir retrospectivamente. Frente a un interlocutor que invoca "la traducción del hebreo al árabe" como prueba de una profecía, oponerle no una traducción posterior sino la traducción árabe más antigua y filológicamente más solvente que existe —y mostrar que dice otra cosa— es un argumento de autoridad textual que ninguna apologética seria puede descartar sin más. Es, en ese sentido, un recurso permanentemente vigente: cada vez que se repita la afirmación de que "la traducción árabe de la Torá" apunta a Parán como la Meca, el Targum de RaSa"G sigue ahí, anterior a cualquier formulación conocida de esa tesis, para mostrar que no es así.

La convergencia de tres testimonios independientes —el Targum judeoárabe de RaSa"G en el siglo X, la exégesis talmúdica y midráshica que lo antecede, y el propio Corán en su capa más antigua de alusión a Devarim 33, según el análisis de Reynolds— deja a la lectura de Ibn al-Muzayyin sin ningún punto de apoyo textual anterior a ella misma. Ni el hebreo masorético, ni su traducción árabe más autorizada, ni el Corán que Ibn al-Muzayyin dice defender, sitúan a Parán en Arabia ni ligan la diestra divina a ese monte. La identificación de Parán con la Meca y con la profecía de Muhammad es, en suma, una construcción retrospectiva de la apologética islámica medieval, ajena por igual a la fuente hebrea y a la fuente coránica que pretende conciliar.