1/15/2024

Torah Oral: Tipos de Halajot en la Torá Oral

BS"D

Por Yehuda Aisenberg y Amiram Domovich


1) Peirush Mekubal (Explicaciones aceptadas)

Estas son las explicaciones que Hashem dio - oralmente - a Moshé en el monte Sinai para toda palabra oculta en la Torá. Sobre estas interpretaciones no hay polémicas y sobre ellas está dicho: "En la Torá fueron dichas las generalidades, particularidades y exactitudes desde el Sinai". Y, a pesar de no existir controversias - de la sabiduría de la Torá que nos fue dada -, podemos sacar de sus versículos algunas conclusiones con la ayuda de consideraciones, apoyaturas, demostraciones o alguno de los atributos con que es dilucidada la Torá. De ahí el nombre "Peirush mekubal" (explicación aceptada) por su relación con el versículo y por haber sido transmitido oralmente en el Sinai.

Un ejemplo: No encontramos controversia que haya habido en alguna época desde Moshé hasta Rab Ashi, que alguno de los Jajamim (Sabios) diga: "Quien sacara un ojo a su amigo, se le sacará un ojo también a él porque está escrito: "ojo por ojo" (Deuteronomio 19-21). Respondió el otro: “Se trata sólo de la obligación de pagar el rescate o indemnización por el daño ocasionado”. Tampoco encontramos controversia con respecto a lo que dice (Levítico 23 - 40) "Pri etz hadar" (un fruto del árbol hermoso); cuando alguien dijo que se trata del "etrog" (cidra) no hubo quien lo refute diciendo que se trata de membrillo, granada o parecido. Tampoco hubieron diferencias cuando la Torá menciona "etz avot" (árbol frondoso) que se trata del mirto. Y si vieras en el Talmud, que investigan y discuten en el marco de la reflexión y traen argumentos sobre algunas de estas interpretaciones, como ser, sobre el nombre “etz hadar” que tal vez se trate de membrillo, granada o parecido, hasta que alguien argumentó que se trata de un árbol que tiene el mismo sabor que su fruto; otro dijo “un fruto hermoso de los árboles que se repite de año en año”. Otro dijo un fruto hermoso sobre las aguas. Todas estas interpretaciones no las han traído porque se les complicó todo el tema, sino, hasta que se les aclaró de entre todos los argumentos. Pero hemos visto, sin ninguna duda, desde Yehoshúa hasta ahora, que se toma un etrog junto al lulav cada año y no hay discusión al respecto. La investigación de los jajamim se debe a una insinuación que hay en el texto. A esto se le llama "peirush mekubal".

2) Halajá LeMoshé Misinai.

Las denominadas, leyes ordenadas a Moshé en el Sinai, son la que no tienen relación con ningún "pasuk" (versículo) y es imposible deducirlas del Escrito, ni por algún tipo de interpretación, ni a través de los 13 "midot" (atributos) con los cual la Torá es dilucidada.

El "RAMBAM" (Maimónides) escribe que las "halajot Lemoshé Misinai" son aquellas que no presentan polémica o controversia. Sin embargo, esta aseveración es dura, porque sí vemos que hay discusiones sobre las mismas. Sin embargo, se explican sus palabras con que no hay discusión sobre el cuerpo de la ley, aunque sí sobre las particularidades.

Ejemplo: Del versículo "Y las atarás por señal en tu mano y estarán por frontales entre tus ojos" (Devarim 6 - 8) aprendemos por "peirush mekubal" que se trata de la "mitzvá" (precepto) de "tefilín" (filacterias). Además, sabemos como "Halajá leMoshé miSinai", que los tefilíin deben ser negros, cuadrados, cosidos con "guidim" (hilo especial), etc.

Todas las medidas que están aceptadas en relación con distintas mitzvot: "kezait" (como aceituna), "kebeitzá" (como huevo), también son "halajá leMoshé misinai".

3) Peirushim Mejudashim. (explicaciones renovadas).

Estas son todas las halajot aprendidas de la Torá Escrita con la ayuda de aclaraciones o de alguna de las 13 "midot" (atributos)a través de las cuales la Torá es dilucidada. Al contrario de los otros dos grupos de leyes, en los "peirushim mejudashim" hay controversias y la halajá es fijada por mayoría de los Jajamim (sabios). Más aún: Un "Beit Din" (tribunal) puede discrepar y anular la resolución de otro tribunal. No obstante, mientras la ley está fijada por la mayoría de un Beit Din es válido y tiene vigencia por haber sido aclarado de la Torá por una de las "midot".

La diferencia entre los "peirushim mejudashim" de los "peirushim mekubalim" reside en que no han sido recibidas en el Sinai, sino que son nuevas halajot establecidas por razonamiento lógico o por las "midot" pero, apoyadas en el texto de la Torá, por eso también se consideran leyes de la Torá.

¿Acaso todas las leyes establecidas según las 13 "midot" son de la Torá? "Rambam" establece diferencias entre ellas: 

a) Todo lo que está explícito en la Torá y los Jajamim del Talmud lo estudiaron por los 13 "midot", pero dijeron que es "mideoraita" (de la Torá), son halajot de la Torá. 

b) Pero si no lo aclararon y no lo dijeron explícitamente, es "miDerabanán" (de los Rabinos), pues no hay versículo que lo enseñe.

El RAMBAN discrepa con el RAMBAM alterando el orden. Él dice: Todo lo estudiado por los 13 Midot es "Mideoraita" salvo que los sabios han dicho explícitamente que es "asmajta" (apoyado en la Torá).

Dinim Derabanan (leyes de los Rabanim)

4) Guezeirot (ordenanzas)

Guezeirot son las leyes que establecieron los "Neviím" (profetas) y los sabios en cada generación, para poner límites y prevenciones a la Torá. Estas leyes el Eterno ordenó cumplirlas de acuerdo al versículo (Levítico 18 - 30): "Y guardaréis mi precepto...". Sobre esto vino la aceptación de "JaZa”L" (nuestros sabios Z.L.): "Hagan un orden a mi mandamiento". A veces aparecían divergencias entre nuestros sabios cuando uno quería decretar y otro se oponía.

Ejemplo: La Torá prohibe carne vacuna pura con leche. Frente a eso los Rabanan prohibieron carne de ave con leche, para alejar al hombre del pecado. Pero hubo un sabio, Rabi Iosi haglili, que no aceptó esta disposición y toda la gente de su pueblo comían carne de ave con leche.

Contrariamente a los "peirushim hamejudashim" donde un sabio puede disentir de otro, en las "guezeirot" es diferente. Una vez aceptada una guezeirá y difundida en todos los ámbitos de Israel, y si es para alejar al hombre del pecado, ningún tribunal podrá anularla. Pero en caso que desapareciera el motivo de esta guezeirá, podrá el jefe supremo del tribunal dejarla sin efecto.

5) Tacanot (reglamentos)

Las tacanot son dinim que decretaron los Jajamim en temas de relación entre los hombres que no agregan ni restan de las mitzvot; o en cosas que pueden ser de utilidad en temas de Torá para los hombres. Y el Rey Shlomó ya dijo: "a quien atraviesa el cerco le morderá la serpiente". (Kohelet 10-8).

Cuando un Beit Din (tribunal) decreta una tacaná, podrá un tribunal superior anularlo.


Torah Oral: Clasificación de los Preceptos (Mitzvot)

BS"D


Por Rabbi Eliezer Gevirtz

Podemos establecer distintas categorías de leyes judías, según su propósito.

1) Mishpatím. Son las leyes que rigen las relaciones entre los hombres. Incluyen restricciones respecto del asesinato, el robo, la violación y el adulterio.

Toda nación civilizada se ha visto en la necesidad de promulgar leyes de este tipo. Sin ellas, sobrevendrá la anarquía. El hombre no tendría el menor escrúpulo en robar, e incluso asesinar. La vida se convertirá en un infierno horroroso. Tal situación ya la vivimos en nuestra propia época. En sociedades en las que se ha violado la ley, impera el reinó de la inestabilidad y el terror. Lo cierto es que el hombre tiene un enorme. potencial para hacer el mal, que se ve empeorado por su necesidad de satisfacer sus propios deseos. Si este potencial. Si no se controla, el hombre puede fácilmente privar a los demás de sus derechos. Por consiguiente, se requieren leyes a fin de recordar al hombre que todos han de beneficiarse si los derechos de todos son protegidos. Cabe recordar que los Mishpatim no son el resultado de la legislación humana, sino Divina. No fueron creadas para proteger a los gobiernos políticos sino para beneficiar la creación de Di-s. Cabe, pues, destacar que los Mishpatim no son sólo de carácter restrictivo. Muchos de ellos son también instrucciones positivas que alientan al hombre a vivir en paz con sus semejantes.

Estas leyes positivas (Mitzvot Ase) incluyen: honrar a los padres, visitar a los enfermos y los menesterosos, ser caritativos con los pobres y ayudar a quienes nos necesitan. El tema básico de la Torá es "V-ahvtá L-reiajá Kamoja: Ama a tus semejantes como a tí mismo". Esto, claro está, lleva a la sociedad pacífica que Di-s previó cuando creó al hombre.

2) Edut. Estas leyes incrementan la toma de conciencia acerca de Di-s y de Sus obras por el hombre. Dan fe del dominio de Di-s sobre el mundo. Tienen por propósito elevar al hombre a un nivel espiritual más alto y estimularlo a llevar una vida más pura y santa. Entre los ejemplos de Edut podemos citar la observancia del Shabat y las festividades judías, y el empleo de artículos simbólicos tales como Tefilín, Tzitzit y mezuzá, recordatorios éstos de la presencia de Di-s.

Al ayudar al hombre a sentirse más cerca de Di-s, estas leyes evocan su potencial de rectitud. Aquél que comparta la espiritualidad del Shabat no se verá atrapado en el frenético atolladero de la competencia. Comprenderá que la vida entraña más que comer, dormir y preocuparse por el dinero. El Shabat y el Iom Tov permiten al hombre disfrutar de más tiempo junto a su familia. Le ayudan a sentirse más cerca de los demás judíos que celebran idénticas conmemoraciones de la supervivencia judía. Los Edut elevan el alma del hombre y le recuerdan que es parte de la nación judía: un miembro de un pueblo que lo alienta.

3) Jukim. Estas leyes, como por ejemplo: Sha-atnez (no usar prendas que contengan una mezcla de lana y lino) y no comer productos lácteos y cárneos juntos, son, tal vez, las más difíciles de aceptar de todas las leyes judías. Ello se debe a que la Torá no da razones concretas que las justifiquen. Los Sabios han procurado explicarlas de varios modos distintos. (Por ejemplo, la prohibición de mezclar lana y lino o leche y carne podría simbolizar la necesidad de separar artículos o actos intrínsecamente distintos). También podría afirmarse que estas leyes ponen a prueba la disciplina interna del hombre y la intensidad de su fe en Di-s. Pero independientemente de la razón, Di-s en Su infinita sabiduría consideró apropiado promulgar estas leyes. El hombre podría no hallarse a un nivel espiritual o intelectual suficientemente elevado como para comprenderlas plenamente, motivo por el cual tal vez Di-s no reveló sus razones. (Esto sería un caso análogo al del médico que no explica realmente las causas de una dieta a un paciente que no las comprenderá. Di-s también pone al hombre a dieta -una dieta espiritual- y el hombre no puede comprender cabalmente las necesidades espirituales de su cuerpo.) Dado que estos son los mandamientos de Di-s, del hombre dependerá aceptar Su juicio y obedecerlo. Esto es, de por sí, una lección, no en el sentido de que siempre debemos obedecer toda ley legislada por cualquier autoridad, sino que a veces debemos dominar nuestros impulsos aún cuando no se nos diga por qué. Cuando un padre pide a su hijo que haga algo que el hijo tal vez no comprenda o no quiera hacer al principio, aunque ello sea en el mejor interés del hijo (como por ejemplo, renunciar a ver la televisión para estudiar), el hijo debe obedecer. Si bien el padre es humano y puede equivocarse, Di-s está más allá de toda posibilidad de error. Sus leyes son perfectas porque El es perfecto. ¿Por qué habría el hombre de arriesgarse a desobedecer los Jukim y fallar en la prueba divina de la fuerza de voluntad, cuando ello podría traerle aparejados sufrimientos? En cambio, el hombre debe obedecer las leyes divinas aunque no siempre comprenda su propósito. Tal es el concepto de Emunáh: fe total en la sabiduría Divina, en cualquier condición.

Las leyes del judaísmo, pues, tienen distintos propósitos:

  1. Aseguran el reconocimiento de Di-s por el hombre, y su voluntad de depositar en El fe absoluta.

b) Permiten al hombre vivir una vida pura y decente y dominar sus instintos más bajos.

c) Ejercen influencia sobre el hombre para que trate a sus semejantes con justicia y bondad.

d) Le recuerdan que es un miembro de la nación judía y que tiene que dar el ejemplo ante los demás.

e) Proporcionan nutrimento espiritual a su alma, así como los alimentos proporcionan nutrientes físicos al cuerpo.

Un judío realmente observante debe hacer gala de muchas cualidades personales distintivas. Debe mostrar interés especial en el bienestar de los demás, y esforzarse por ayudar a los menesterosos. Debe evitar todo acto que podría causar daño físico, material o psicológico a sus semejantes, y, en consecuencia, debe ser muy cuidadoso tanto en sus actos como en sus observaciones. Siempre debe estar consciente de la presencia de Di-s y recordar que mentir y engañar sólo pueden perjudicar. Aunque nadie le sorprenda actuando de este modo, Di-s sí lo hará. Debe llevar una vida decente y familiar, y sentar un ejemplo de moralidad que sus hijos y sus vecinos puedan imitar. Su estilo de vida debe impresionar a los demás de modo tal que incluso los no judíos admiren el modo de vida judío. Aquél que cumpla con estas normas, será, sin duda, un buen judío.


Torah Oral: Los Preceptos y sus motivos

BS"D

Por Rabi Haym Halevi Donin.


El porque de las mitzvot (Taamei Hamitzvot) ocupó la atención de todos los ilustres sabios y rabinos de Israel, un gran cuerpo de obras literarias se erigió para explicar las razones de todas las leyes de la Torá, así como de las muchas regulaciones y costumbres que aparecieron en el curso de la historia judía. La Torá en sí no ofrece específicamente razones para la mayoría de los preceptos. Si bien estas razones fueron a menudo sugeridas por las Primeras y Posteriores Autoridades, sus opiniones no fueron siempre consideradas como necesariamente correctas o válidas. Cuanto más importante fue el rabino o el sabio, mayor peso se atribuyó a sus explicaciones y razonamientos, pero en ningún momento se les dio el papel de una doctrina impuesta. Sabios que vivieron en épocas distintas y bajo otras condiciones consideraron diversos objetivos y diferentes razones para la observancia de esta o aquella ordenanza en particular. Esta variedad de explicaciones, más que derogar la validez de determinado precepto, proporciona un testimonio adicional de que la Torá es, en efecto, una ley para todas las épocas "a través de vuestras generaciones, un estatuto eterno". A pesar de las condiciones y circunstancias cambiantes, siempre fue significativa y relevante para aquellos que la estudiaron e intentaron entenderla.

La única razón que un judío devoto necesita para la observancia de cualquier precepto -sea cual fuere la forma en que estos puedan ser clasificados- es que reflejan la voluntad de D’s. Como obediente servidor del Señ-r, su deber es cumplirlos. Sin embargo, este hecho jamás a impedido al judío tratar de comprender las razones de las múltiples leyes y mandamientos. Al buscar tales razones sentía que se acercaba al espíritu de la Divinidad y que de esa manera se elevaba espiritualmente. Solo cuando se enfrentaba a una regla cuya razón se escapaba totalmente de su comprensión (esas reglas se denominan jukim en la Torá) apelaba entonces al argumento más definitivo: esto es lo que D’s exige de nosotros. La incapacidad de aprehender un propósito perceptible o de encontrar un motivo, no fue utilizada nunca por el hombre de fe como un pretexto para desechar la observancia o incluso para concluir que no existe ninguna razón o finalidad en la misma. La disyuntiva está en que uno se rinda y admita sus limitaciones, o que continúe en sus intentos esforzándose aún más en descubrir el significado y el objetivo de las disposiciones.

Existieron periodos en la vida de los judíos, particularmente cuando estos vivieron en ghettos, excluidos de contactos con influencias foráneas, en que el conjunto de ellos no considero necesario entender el porque de las cosas, sino que se satisfacía sabiendo el como de ellas. Esa época terminó. Hoy, al igual que durante otras épocas de la historia de nuestro pueblo, cuando los judíos estuvieron en contacto con otras culturas y enfrentaron otras ideologías y movimientos rivales, resulto vital para ellos desarrollar una comprensión y una apreciación de las razones y cierta comprensión del porque. Ello es importante no solo para fortalecer las convicciones del judío observante, sino también para proporcionarle los medios necesarios para refutar a aquellos que objetan o se mofan de sus practicas. Es necesario también tener la capacidad de presentar el judaísmo, tanto al judío como al no judío, como un credo dinámico, como una fe viviente, como una filosofía pertinente y como "ismos" y a las modas espirituales que de tiempo en tiempo invaden nuestra sociedad.


Para llegar a una comprensión del porqué de muchas leyes judías, es esencial reconocer la importancia de conocer a fondo no sólo lo particular, sino también lo general. Mientras que algunas leyes, como aquellas que tratan de actos de benevolencia y justicia, no requieren una explicación elaborada y pueden entenderse en forma independiente de las demás leyes, otras no se comprenden con facilidad si se las considera aisladamente. En tanto que el concepto del día de descanso semanal es fácilmente comprensible, los principios subyacentes determinados por la Halajá y el culto vinculados con el Shabat, requieren la comprensión de algunas de las ideas básicas de la filosofía religiosa judía. Hay aún otras leyes tales como las de Kashrut, que es necesario comprender en el conjunto de los principios de la Halajá y de sus metas espirituales para poder así encontrar un objeto y un sentido en los detalles. Si se tratara de explicar la Kashrut sin conectarla con el resto del judaísmo, uno quedaría confundido. Aquí es donde se desorientan muchos de los estudiosos superficiales del judaísmo.

Podríamos comparar el panorama total del judaísmo con un rompecabezas que después de armarse muestra un cuadro hermoso y estimulante. Si se saca cualquiera de las piezas del medio, no solo quedaría allí abierto un agujero que desfiguraba la belleza del cuadro total, sino que si se solicitara a alguien identificar las piezas individuales, encontraría grandes dificultades para hacerlo. Una pieza aislada del rompecabezas puede no tener ningún sentido ; podría aparecer simplemente como una masa confusa e insignificante de líneas y colores. Pero si se la restituye al lugar al que pertenece en el cuadro, no solo le restaura la belleza al cuadro, sino que la pieza sin sentido y confusa adquiere de pronto valor; cuando se la ajusta a las otras, sus líneas y colores adquieren un claro diseño. Lo mismo ocurre con la Kashrut y con otras leyes, que aisladas podrían aparecer como careciendo de toda explicación racional. Pero consideradas sobre el trasfondo del cual forman parte, como continuación de series completas de disciplinas religiosas que se refieren a cada aspecto de la vida y que tienen el propósito de enseñar a los hombres a controlar sus pasiones y apetitos, los detalles específicos de cada precepto comienzan a ser vistos bajo una luz mucho más clara.

Antes de entrar a tratar de las leyes especificas que trata este libro, desearía elaborar la razón general que tiene la Torá para exigir del judío la observancia de todas sus leyes y regulaciones : es de esa manera que Israel puede llegar a ser santo y santificado. "Habla a toda la congregación de los hijos de Israel y diles : sed santos porque santo soy yo, el Señor, vuestro D’s" (Levítico 19 :2). Asimismo : "pero vosotros seréis para mi un reino de sacerdotes y una nación santa" (Éxodo 19 :6). Este llamado a la santificación de Israel como la razón de ser para la observancia de los mandamientos, se repite constantemente a lo largo de la Torá, a veces como introducción, a veces como conclusión de secciones enteras de leyes, y otras en relación con ordenanzas específicas.

La santidad como objetivo impregna toda la ley religiosa judía y envuelve cada uno de los aspectos que son de la incumbencia y experiencia humanas. Encontramos que el judaísmo se preocupa por: 

1) la santidad del individuo, 

2) la santidad del tiempo, y, 

3) la santidad del lugar. 

Todas las leyes religiosas judías pueden definirse en términos de una u otra de estas categorías.

La incumbencia por la santidad del individuo se refleja en las leyes que se refieren a los asuntos sociales y éticos, a las relaciones sexuales, a los hábitos alimenticios, a los modos de vestir y de hablar, a las relaciones familiares, a la higiene personal y al cuidado de la salud, la suprema importancia de la vida, incluso el respeto que se le debe a un cadáver.

La preocupación por la santidad del tiempo se enfatiza en las leyes relacionadas con el sábado y las fiestas. La santidad del lugar se refleja en los mandamientos que se refieren al Tiempo de Jerusalem (en hebreo llamado Beit Hamikdash, que significa literalmente "Casa de la Santidad"). Esto se refleja también en las leyes que conciernen al Beit Kneset -la sinagoga- y al Beit Midrash, casa de estudio.

Tal como la observancia de las leyes que se refieren a la santidad de los lugares sagrados, contribuye a aumentar la venerabilidad de los mismos y su violación, a su profanación, de igual manera la observancia de las leyes del Shabat y de las fiestas contribuyen a la santidad del día en cuestión y determinan su carácter sagrado ; y el respeto de las leyes que se refieren a la santidad del individuo o a otras santidades, contribuyen a la formación de una persona santa.

En este punto debe ser apropiado definir exactamente lo que se entiende por "una persona santa" en el marco conceptual judío. En la tradición de otras religiones y pueblos la imagen de una persona santa es generalmente la de aquella que se separa de la vida, que rechaza los placeres y deseos terrenales y que se aleja de los problemas diarios de la vida y de la sociedad. Esta imagen de asceta no es la concepción judía de una persona santa. Por el contrario, hay razones para argüir que, si bien ese ascetismo no esta prohibido, semejante disociación de la vida y la adopción de prohibiciones adicionales, esta de hecho desaprobada por el judaísmo.

La concepción judía de la santidad puede formularse en los siguientes términos : "La Santidad no reside en una separación ascética de la vida, o en el excesivo negarse a uno mismo los placeres humanos, o en la represión de los deseos del hombre. Por el contrario, debe formularse en la plena participación de los vaivenes de la vida comunitaria y social compartiendo tanto las experiencias gratas como las penosas que surgen en la vida, sin negarse a sí mismo ningún placer legítimo; pero al mismo tiempo desarrollando el sentido del propio discernimiento para poder distinguir y elegir entre el bien del mal, lo verdadero de lo falso, lo justo de lo injusto, lo sagrado de lo profano, lo puro de lo impuro, lo limpio de lo sucio. Cuanto mayor sea el sentido de discernimiento ético-moral-religioso, mayor será la santidad del individuo.

El denominador común entre el concepto judío de santidad y el de las otras religiones, esta claramente expresado en el concepto crucial de "estar separado". El gran comentador bíblico Rashi explica la frase kedoshim tihiyú -seres santos- como significado perushim tihiyú -vosotros os separéis. Sin embargo, las opiniones difieren cuando se considera el problema : separarse de qué, alejarse de que? Para otros, esto significó separarse de la vida. Para el judío, significo alejarse de la idolatría; separarse de lo secular; apartarse de lo vulgar y lo profano.

Así como un lugar sagrado está apartado de los lugares seculares y comunes, así como un tiempo sagrado es separado del tiempo secular o común, de la misma manera una persona santa se aparta, por medio de su conducta y de sus actos, de aquellos que llevan una vida secular o cuya conducta es vulgar y profana.

La Torá llama a los judíos a convertirse en el pueblo sagrado y llevar una existencia de santidad todo el tiempo. Este es entonces el objetivo de la observancia de las leyes de la Torá: ayudar a la santidad personal contribuyendo así a crear una sociedad más santificada.

No es una tarea fácil. Siendo gente como las demás, no todos los judíos consideran a esta meta como deseable. Con frecuencia buscan "escapar" de la "carga" que se quiere imponer sobre ellos. "Seamos como todas las otras naciones", es una exclamación que se ha escuchado a través de las centurias desde los periodos mas tempranos de la historia de Israel. En algunos casos esta frase ha sido una exigencia legitima en pro de la normalización, ya que los judíos se cansaron de servir de víctimas propiciatorias por los defectos y frustraciones de otras sociedades. Quisieron poner fin a la discriminación y obtener los derechos y los privilegios de una nación como todas las otras. Pero, con frecuencia ha sido una exclamación de rebeldía en contra las exigencias de la Torá, contra su disciplina y sus restricciones, contra los deberes que impone. Moisés anticipo esa reacción hace 3.200 años cuando en su mensaje de despedida a su pueblo le dijo:

“En verdad, esta Torah que hoy te impongo no es muy difícil para ti ni es cosa que esté lejos de ti. No está en los cielos para que puedas decir: Quién puede subir por nosotros a los cielos y nos la traerá y nos la hará oír para que así cumplamos? No está al otro lado de los mares para que puedas decir: Quien pasara por nosotros al otro lado de los mares, para que nos la traiga y nos la haga oír a fin de que la cumplamos? Porque la tienes enteramente muy cerca de ti, la tienes en tu boca y en tu corazón para que la puedas cumplir” (Devarim / Deuteronomio 30:11-14)

En otras palabras, Moisés dijo a su pueblo: ¡Todo depende de ustedes! Si existe la voluntad y la convicción, del deseo y la fe de hacerlo –todo puede ser hecho. Las palabras de despedida de Moisés nunca han perdido su frescura, su significación y su impacto a través de los milenios. Son igualmente oportunas en la época actual, porque el carácter humano no ha cambiado mucho, excepto, quizás, en las formas de racionalización utilizadas. Hoy, el termino "necesidades" se utiliza como el pretexto general y siempre útil para justificar y legitimar toda clase de conducta inmoral, amoral, antisocial o no-religiosa concebible.

Un problema real que enfrentan incluso las personas mejor intencionadas que viven en un medio no religioso, fue planteado por Maimónides en el siglo XII como "la tendencia natural del hombre a pensar y actuar como sus amigos y colegas y a seguir las costumbres de sus conciudadanos". Su consejo, tan útil en la actualidad como lo fue entonces, fue el de acentuar la importancia particular que tiene el "asociarse con hombres buenos y sabios... y apartarse de los malvados para que sus actos no influyan sobre nosotros" (Hiljot Deot 6:1).

Cuando se consideran las observancias prácticas, debemos considerar las admoniciones que lanzó Moisés a aquellos que podrían pensar que esos mandamientos no tienen valor, que el objetivo de santidad impuesto por D’s sobre Israel no tiene ningún mérito: 

“Mirad, yo os he enseñado leyes y mandamientos, como el Eterno, mi D’s, me mandó... Guardadlos y ponedlos por obra; porque esta es vuestra sabiduría y vuestro entendimiento a los ojos de los pueblos, que al conocer todas estas leyes, se dirán: Ciertamente sabia e inteligente es, esta gran nación... Y, qué nación grande hay que tenga leyes y mandamientos justos como es toda esta Torá que yo pongo hoy delante de vosotros?” 

(Devarim / Deuteronomio 4:5-8).


Torah Oral: La Autorrealización a través de las Mitzvot

BS"D

Por Lisa Aiken.

Di-s encontró necesario crear al primer hombre y a la primera mujer con características diferentes. La Torá subraya la importancia de mantener estas diferencias a través de leyes que se aplican en forma distinta para el hombre y la mujer. Por ejemplo, le es prohibido al hombre vestir ropa de mujer o tomar cualquier actitud femenina (por ejemplo maquillarse) y viceversa. En general el judaísmo enfatiza el mantener las diferencias que Di-s creó en vez de reducirlas. Por ejemplo, la Torá prohíbe erradicar las diferencias entre especies. Nos es prohibido injertar entre especies de plantas, tejer lana y lino juntos, aparear dos especies distintas, mezclar leche y carne, etc.. Si Di-s hubiera querido que anulamos ciertas diferencias, no las habría creado deliberadamente y bendecido (S. R. Hirsh sobre Génesis 1:24).

El judaísmo tiene como premisa que cada creación física contiene un mensaje espiritual que enseñar. Y ésta no puede transmitir el mensaje cuando sus características son socavadas y anuladas.

Di-s construyó deliberadamente el cuerpo humano de manera que podamos percatarnos como él pretende que se haga uso. Más que un accidente biológico, nuestra anatomía refleja nuestros desafíos espirituales y nuestras dotes. Se ha sugerido que poseemos dos oídos y dos ojos, pero sólo una boca para así poder observar y oír más de lo que hablamos. Nuestras mentes se ubican más arriba que nuestros corazones (lo que no es cierto en muchos animales), para reflejar la idea de que nuestro intelecto (ubicado en nuestras cabezas) rige nuestros sentimientos (ubicados en nuestro corazón) y no de cualquier otra forma.

Cuando Di-s creó a la primera mujer, la Torá nos dice que fue creada de la costilla de Adam. Esto fue así ya que su influencia en él, y su principal modo de desarrollo, serían internos (Ver Génesis Rabá 17 y 18:2). El hecho de que los órganos reproductivos de la mujer y los genitales sean internos, también sugiere que la manera óptima de funcionar para la mujer, es desarrollarse internamente. La correspondiente exterioridad del hombre sugiere que él debe desarrollarse más en su interacción externa con el mundo.

Con lo expresado anteriormente, podemos ahora examinar el rol judío de la mujer en contraposición con los modernos valores seculares.

El judaísmo estimula al hombre y a la mujer a fomentar sus respectivas fuerzas tomando lo que Di-s les dio y usándolo para promover el crecimiento espiritual de ellos mismos y de otros. La Torá enseña que hay distintos caminos por los que el hombre y la mujer pueden lograr este objetivo.

Antes de poder desarrollar lo positivo en nosotros, debemos primero evitar hacer cosas que nos hieren o nos destruyen tanto a nosotros mismos, como a otros (Salmo 34:15). Debemos trabajar en nuestra realización y en el desarrollo del mundo. Logramos ambos objetivos cuidando el cumplimiento de los mandamientos de la Torá, la cual legisla lo que debemos y no debemos hacer.

La Torá contiene 613 mandamientos o mitzvot, de los cuales 365 mitzvot nos dicen qué no hacer, y 248 nos dicen qué debemos hacer. Estas son conocidas, respectivamente, como mitzvot negativas y positivas. Hay también innumerables preceptos que la ley judía nos permite específicamente o prohíbe. Ningún código de ley puede legislar cada acción concesible.

Para lograr ser un judío observante, debemos hacer más que simplemente cumplir lo que requieren las mitzvot. Debemos comportarnos apropiadamente en situaciones que no han sido legisladas con especificación. Deducimos cómo comportarse en esas situaciones basadas en cómo nos comportamos en las que están legisladas. esto es conocido como el "reino de lo permisible" o dibrei reshut.

Las mitzvot negativas están diseñadas para evitar el herirnos o herir a otros. Esto es válido tanto para el hombre como para la mujer (con sólo tres excepciones) (Mishná Kidushim 29a) porque ambos sexos tienen medios similares de no lastimarse. Las mitzvot positivas son medios específicos por los que nos realizamos. Estos, como veremos, corresponden en forma distinta para el hombre y para la mujer.

Teorías de las diferencias en intelectos principales

Así como la mujer fue creada físicamente distinta al hombre, algunos sabios judíos dicen que también fueron creadas con una principal forma de pensar diferente a la del hombre. La mujer y el hombre están presuntamente dotados por igual con la facultad intelectual de "jojmá" sabiduría innata. Sin embargo, se presume que el desarrollo intelectual en otras esferas es mucho más variable en hombres que en mujeres.

Como fue mencionado previamente, algunas interpretan según el relato de la creación, que Di-s creó a la mujer con el intelecto principal de "biná" (Génesis 2:22) y que poseen más de lo que los hombres poseen (Nidah 45b). Biná es típicamente mal traducida por la intuición. La intuición no requiere de un funcionamiento intelectual. Es simplemente una capacidad innata. En verdad, cuando se habla de biná se refiere a nuestra habilidad de adentrarnos en las emociones y pensamientos de otra persona y sacar conclusiones del conocimiento que obtenemos a través de este proceso. Esto debiera traducirse más bien por "razonamiento propio".

Se considera que los hombres poseen más el don innato de "daat", la habilidad de atarse a los hechos, figuras y detalles. Daat debería traducirse por "razonamiento analítico". Esto no significa que todos los hombres o todas las mujeres piensen en base a un solo campo excluyendo el otro. Significa que en general la mayoría de las mujeres tienden a tener más biná que gran parte de los hombres, mientras que la mayoría de los hombres tienden a tener más daat que muchas mujeres. Hay, sin embargo, algunas mujeres que poseen mayor razonamiento analítico que los hombres, y algunos hombres con mejor razonamiento innato que las mujeres.

Estas tres facetas intelectuales son todas importantes. La Torá dice que Di-s creó al mundo con las facultades de jojmá, biná y daat. Unos dos mil años más tarde, El ordenó a los judíos que salieron de Egipto, que Le construyeran un santuario (Mishkán) en el desierto. Este mishkán representaba un mundo en miniatura en el que Di-s podía residir entre los judíos. El pidió a los judíos que crearan este mundo en pequeña escala, haciendo uso de jojmá, biná y daat (Éxodo 31:3).

Si Di-s no pensaba que las facultades de daat y biná eran igualmente importantes e igualmente válidas, habría podido crear al mundo con sólo una de ellas. El hecho de que El creó al mundo con ambas y ordenó a los judíos requerir de ambas en la construcción del Mishkán, refleja el hecho de que el mundo no podría florecer sin la convergencia de estas dos facultades complementarias. El hombre y la mujer deben valorar sus respectivas capacidades intelectuales y hacer uso de ellas en su diario desenvolvimiento.

Hay muchas vías por las que la mujer puede desarrollar y gozar de su biná. Una forma es a través del estudio de la Torá de manera tal que nutra sus fuerzas intelectuales particulares. Las mujeres pueden estudiar Torá analizando y comprendiendo las características emocionales y religiosas de nuestros antepasados, el significado de varios símbolos y objetos, así como las motivaciones que ocasionaron el comportamiento específico de caracteres bíblicos. El análisis del por qué de las narrativas bíblicas de manera general, en vez del estudio detallado, son unas de las maneras por las que las mujeres pueden nutrir su biná.

Biná puede también enriquecerse de la relación con las personas y con actos de bondad. Los procesos de ser esposas y madres, de hospedar invitados, visitar a los enfermos y trabajar para causas de caridad, permiten a la mujer utilizar y desarrollar su biná.
La mujer puede también nutrir su biná por vocación. Cuando la mujer ha buscado empleo fuera de casa, se ha inclinado tradicionalmente a profesiones de ayuda o a la enseñanza. Aún cuando la sociedad secular pueda tener sus razones propias para relegar a la mujer a trabajos de tipo "ayuda", muchas mujeres escogen profesiones que requieren sensibilidad a los matices de las relaciones humanas. Cuando encuentra estos trabajos satisfactorios, es porque con frecuencia estos empleos contribuyen a la realización de su biná y de su destreza de educar.

Aparte de las diferencias físicas e intelectuales entre hombres y mujeres, hay también diferencias emocionales importantes. Puesto que procesamos las emociones en nuestra mente, el hombre y la mujer perciben las experiencias en forma diferente, según si filtra sus emociones a través de la biná o el daat. Por eso la conciencia emocional tiende a diferir en hombres y mujeres. Las mujeres son con frecuencia más conscientes emocionalmente que los hombres, y estos están generalmente más apegados que las mujeres a los detalles de sus experiencias.

Los psicoterapeutas encuentran a menudo que la mujer tiende a ser más emocional que el hombre, y que el hombre tiende a intelectualizar y a obsesionarse por los detalles mucho más que las mujeres. Es bastante interesante notar que los pacientes del sexo masculino se concentran frecuentemente en los detalles de sus experiencias, mientras que las mujeres están más dispuestas a describir como se sienten con lo sucedido. Cuando estas características se manifiestan en extremo, dan como resultados personas de comportamiento histriónico (en extremo apegado a sus emociones) u obsesivo, compulsivo (en extremo apegado a los detalles). las mujeres tienden más a una conducta histriónica que los hombres, mientras que los hombres obsesivos compulsivos exceden en números a éstas.

Teniendo presente estas diferencias podemos examinar ahora, cómo y tal vez por qué, las leyes judías son distintas para cada sexo.