7/06/2026

El mumar Daniel Tsión: El "gran rabino" que la corte declaró loco

BS"D


Hay un nombre que circula con obstinada regularidad en los círculos mesiánicos y de Raíces Hebreas del Cristianismo cada vez que alguien necesita un ejemplo de "un rabino verdaderamente aprendido que reconoció a Yeshú": Daniel Tsión, supuesto gran rabino de Bulgaria. La fórmula siempre es la misma: si un hombre de semejante estatura rabínica llegó a la fe en Yeshú, ¿qué excusa le queda al judío común? Es un argumento elegante. Tiene un solo problema: cada uno de sus componentes fácticos es falso, y no lo digo yo — lo dicen los archivos que el propio movimiento misionero nunca se molestó en abrir.

Empecemos por lo absurdo, porque conviene tenerlo presente antes de entrar en los documentos. Michael Brown, en su primer volumen de Answering Jewish Objections to Jesus, escribe que en 1954 el "recién nombrado gran rabino, Samuel Toledano", le ofreció a Tsión un puesto de juez en el tribunal rabínico de Jerusalén, en reconocimiento al respeto que le tenían los líderes ortodoxos. Deténgase un momento en la escena: un hombre expulsado de toda sinagoga, con una resolución judicial que lo declara mentalmente inestable, es invitado cuatro años después a juzgar halajá en el tribunal más importante del país. Es como si alguien contara que el Vaticano, tras excomulgar a un sacerdote por herejía pública, lo hubiera nombrado poco después arzobispo de Roma "por el respeto que le tenían sus superiores". Uno no necesita saber hebreo para sospechar que algo no cuadra aquí; basta con saber cómo funcionan las instituciones religiosas.

Vayamos entonces a las fuentes, que es donde este tipo de leyendas suele desmoronarse. El Maariv del 13 de junio de 1950 registra que el rabino ashkenazí Isser Y'huda Unterman, entonces al frente del beit din (בֵּית דִּין, tribunal rabínico) de Tel Aviv, había hecho indagar entre los judíos sefardíes que conocían a Tsión, quienes describieron a un hombre nervioso, agitado, que tras un ayuno de tres días comenzó a tener visiones. El tribunal — no un rumor, no una versión mesiánica de segunda mano, sino una resolución formal — lo declaró mentalmente perturbado, lo destituyó de su cargo en Jaffa y le prohibió pisar cualquier sinagoga de la ciudad. Esto ocurrió en 1950. La supuesta oferta de Toledano es de 1954. La cronología, por sí sola, ya desarma el relato.

Pero hay más, porque el nombre mismo está mal. Samuel Toledano no emigró a Israel sino hasta 1958 y jamás ocupó el cargo de gran rabino de Israel — no aparece en ninguna lista oficial de grandes rabinos del país. El rabino que efectivamente intervino en el proceso contra Tsión fue Ya'akov Moshe Toledano, gran rabino sefardí de Tel Aviv entre 1942 y 1958: persona distinta, ciudad distinta. Confundir a un rabino de Tel Aviv con un supuesto nombramiento en Jerusalén no es un matiz menor; es la clase de error que solo comete quien copia de otro misionero sin abrir jamás un periódico israelí de la época.

Y hablando de periódicos: el Davar del 16 de septiembre de 1952 informa que la Oficina de Asuntos Religiosos investigaba una transmisión protestante de radio en la que "el rabino Daniel Tsión, convertido hace tres años a la religión protestante", llamaba en hebreo a la población judía a convertirse al cristianismo. No hay "rumores" que investigar aquí, contra lo que sostiene Brown; hay una transmisión pública, documentada, dos años antes de la fecha que él mismo propone para la conversación privada entre Tsión y Toledano. Uno no puede sostener simultáneamente que algo era secreto en 1954 y que se transmitió por radio nacional en 1952.

Ahora bien, ¿de dónde salió siquiera la idea de que Tsión era un "gran rabino"? Aquí el expediente búlgaro es revelador. Los grandes rabinos históricos de Sofía fueron Marcus Ehrenpreis, David Avram Pipano y, en el período que nos interesa, Asher Hananel (1945-1949). Tsión aparece únicamente como uno de dos "predicadores" de la sinagoga de Sofía — un cargo muy por debajo del rabinato principal. El periodista Noah Zevuloni, en Herut (18 de octubre de 1960), describe una comunidad búlgara tan asimilada que sus oficios religiosos se acompañaban de órgano y de un coro de voces femeninas, dos prácticas que ninguna sinagoga ortodoxa toleraría: el Talmud, en Masejet Beitzá 36b (מַסֶּכֶת בֵּיצָה לו ע"ב), prohíbe explícitamente el uso de instrumentos musicales en sábado y festividad, prohibición que en 1819 la corte rabínica de Hamburgo reafirmó por escrito precisamente contra el uso del órgano; y la halajá clásica prohíbe al varón escuchar el canto de mujeres fuera de su propia esposa. Una comunidad que incorpora ambas cosas a su liturgia no es, en ningún sentido operativo del término, "ortodoxa" — y el título de "gran rabino" que los misioneros le asignan a Tsión ni siquiera corresponde a la jerarquía real de esa comunidad ya secularizada.

El expediente se pone más extraño todavía. Frederick Chary, en The History of Bulgaria, documenta que los líderes judíos búlgaros desconfiaban de Tsión por su cercanía con los dunovistas, la secta búlgara conocida como la Hermandad Blanca, cuyos miembros veneraban al sol naciente e integraban a Yeshú, Buda, Zoroastro y Krishna en un mismo esquema de "maestros cósmicos". Por esa asociación fue apartado del tribunal religioso de Sofía ya en los años treinta — casi una década antes de pisar Israel. Michael Bar-Zohar, superviviente búlgaro del Holocausto e historiador que no tiene ningún interés misionero ni antimisionero en el caso, lo describe en Beyond Hitler's Grasp como una "figura extraña", "místico" y experto en teología comparada, cuyas actividades incomodaban tanto a los líderes judíos que en cierta ocasión el sacristán de la sinagogia principal de Sofía recibió instrucciones de no abrirle las puertas. Cuando el testigo es un historiador secular sin agenda religiosa y aun así describe esta clase de escena, el cuadro clínico empieza a sostenerse solo.

Lo que vino después en Israel no hace sino confirmar el diagnóstico del tribunal de 1950. Tsión ofició servicios junto a misioneros cristianos sin cubrirse la cabeza — gesto impensable en cualquier judío observante ante el arca —, se casó con una mujer cristiana, se instaló en el complejo de Notre Dame y finalmente la abandonó dejándole una nota que decía, textualmente, "quedas divorciada". En marzo de 1955 el Maariv reporta que intentó abrir una iglesia bautista en Tel Aviv. Y en agosto de 1965, cuando Tsión tenía ochenta y dos años, el mismo periódico cubre el caso de una joven de veinte años que abandonó a su familia para instalarse en casa del anciano, convencida de que él mismo era el mesías. Ningún misionero cita esta última noticia, por razones que no requieren mayor explicación.

Hay incluso un detalle filológico que vale la pena rescatar, porque ilustra el nivel de rigor con que se construyó toda esta leyenda. Se atribuye a Tsión la enseñanza de que la palabra דוֹדִי (dodi), que aparece reiteradamente en el Cantar de los Cantares, "significa literalmente mi tío, pero en hebreo antiguo significa mi amigo" y que por tanto apunta a Yeshú. Basta abrir una concordancia bíblica para comprobar que דוֹדִי en el Cantar designa sistemáticamente al amado en un contexto conyugal y erótico — el término no tiene ninguna acepción atestiguada de "amigo" en hebreo bíblico ni misnaico, y mucho menos sirve como código crítico para ninguna figura mesiánica. Es una etimología inventada sobre la marcha, del tipo que solo convence a quien no puede verificarla.

Así que hagamos cuentas. La fecha que da Brown es falsa. El rabino que nombra Brown nunca ofreció nada, porque ni siquiera vivía en Israel en esa fecha. El título de "gran rabino de Bulgaria" no corresponde a ningún registro histórico de esa comunidad. El hombre en cuestión fue formalmente declarado mentalmente inestable por un tribunal rabínico cuatro años antes de la supuesta oferta que se le atribuye. Y su trayectoria previa a la conversión — la secta solar, el órgano, el coro femenino, la destitución búlgara de los años treinta — ya mostraba a alguien alejado de cualquier ortodoxia reconocible antes de que Yeshú entrara siquiera en el cuadro.

La pregunta que le queda al lector no es si Daniel Tsión llegó sinceramente a creer en Yeshú — eso, al menos, parece cierto. La pregunta es otra: si el caso más citado para probar que "hasta los rabinos aprendidos ven la verdad" resulta ser el de un hombre que su propio tribunal certificó como mentalmente inestable, ¿cuántos de los demás nombres que circulan en esas listas resistirían el mismo ejercicio de abrir, simplemente, el periódico correcto?