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5/05/2026

La soberbia de Jesús expuesta en un breve fragmento, por Neshamot Deot

BS"D


La soberbia de Jesús expuesta en un breve fragmento 

Por Neshamot Deot

Veamos un pequeño texto en griego sobre el que ya daré los detalles necesarios para hacer la debida disertación que expongo en el título: 



Photo: © Bodleian Libraries, University of Oxford

πρότερον πρὸ ἀδικῆσαι πάντα σοφί 2. ζεται. ἀλλὰ προσέχετε µή πως καὶ 3. ὑµεῖς τὰ ὅµοια αὐτοῖς πάθητε. οὐ γὰρ 4. ἐν τοῖς ζωοῖς µόνοις ἀπολαµβάνου5. οιν οἱ κακοῦργοι τῶν ἀν(θρώπ)ων ἀλλὰ [κ]αὶ 6. κόλασιν ὑποµένουσιν καὶ πολ[λ]ὴν 7. βάσανον. καὶ παραλαβὼν αὐτοὺς 8. εἰσήγαγεν εἰς αὐτὸ τὸ ἀγνευτήριον καὶ 9. περιεπάτει ἐν τῶ ἱερῶ. καὶ προσε[λ]- 10. θὼν φαρισαῖός τις ἀρχιερεὺς λευ[εὶς ?] 11. τὸ ὄνοµα συνέτυχεν αὐτοῖς καὶ ε[ἶπεν] 12. τῶ σω(τῆ)ρι, τίς ἐπέτρεψέν σοι πατ[εῖν 13. τοῦτο τὸ ἁγνευτήριον καὶ ἰδεῖν [ταῦ14. τα τὰ ἅγια σκεύη µήτε λουσα[µ]έν[ω] µ[ή15. τε µὴν τῶν µαθητῶν σου τοὺς π[όδας βα16. πτισθέντων; ἀλλὰ µεµολυ[µµένος 17. ἐπάτησας τοῦτο τὸ ἱερὸν τ[όπον ὄν18. τα καθαρόν, ὃν οὐδεὶς ἄ[λλος εἰ µὴ 19. λουσάµενος καὶ ἀλλά[ξασ τὰ ἐνδύ20. µατα πατεῖ, οὐδὲ ὁ[πᾶν τολµᾶ ταῦτα 21. τὰ ἅγια σκεύη. καὶ σ[τὰς εὐθέως ὁ σω(τὴ)ρ 22. σ[ὺν τ]οῖς µαθηταῖ[ς ἀπεκρίθη αὐτῶ, 23. σὺ οὖν ἐνταυθα ὢν ἐν τῶ ἱερῶ καθα24. ρεύεις; λέγει αὐτῶ ἐκεῖνος, καθαρεύω. ἐλουσά25. µην γὰρ ἐν τῆ λίµνη τοῦ ∆(αυεὶ)δ καὶ δἰ ἑτέ26. ρασ κλίµακος κατελθὼν δἰ ἑτέρας 27. ἀ[ν]ῆλθον, καὶ λευκὰ ἐνδύµατα ἐνε28. δυσάµην καὶ καθαρά, καὶ τότε ἦλθον 29. καὶ προσέβλεψα τούτοις τοῖς ἁγίοις 30. σκεύεσιν. ὁ σω(τὴ)ρ πρὸς αὐτὸν 31. [κρι]θεὶς εἶπεν, οὐαί, τυφλοὶ µὴ ὁρῶν32. τ[ε]ς. σὺ ἐλούσω τούτοις τοῖς χεοµένοις 33. ὕ[δ]ασιν ἐν οἷς κύνες καὶ χοῖροι βέβλην34. [ται] νυκτὸς καὶ ἡµέρας, καὶ νιψάµε35. [ν]οσ τὸ ἐκτὸσ δέρµα ἐσµήξω, ὅπερ 36. [κα]ὶ αἱ πόρναι καὶ α[ἱ] αὐλητρίδες µυρί37. [ζ]ου[σιν κ]αὶ λούουσιν καὶ σµήχουσι 38. [καὶ κ]αλλωπίζουσι πρὸς ἐπιθυµί39. [αν τ]ῶν ἀν(θρώπ)ων ἔνδοθεν δὲ ἐκεῖ40. [ναι πεπλ]ήρωται σκορπίων καὶ 41. [πάσησ κα]κίας. ἐγὼ δὲ καὶ οἱ 42. [µαθηταί µου] οὓς λέγεις µὴ βεβα43. [πτίσθαι βεβά]µµεθα ἐν ὕδασι ζω44. [ῆς αἰωνίου τοῖ]ς ἐλθοῦσιν ἀπὸ . . [.] 45. [. . . . . . . . . ἀλ]λὰ οὐαὶ [τ]οῖς [. . .] .

Este breve documento en realidad se trata de una hoja de pergamino, probablemente del siglo IV o V, descubierta por B. P. Grenfell y A. S. Hunt en 1905, conocida como el fragmento evangélico de Oxirrinco (P. Oxy. 840). Este texto fragmentario, hallado en el yacimiento arqueológico de Oxirrinco, Egipto, su contenido se estima que data del siglo II, aproximadamente entre el 110 y el 160 d.C., lo que lo sitúa en la época temprana del cristianismo, contemporáneo a otros escritos apócrifos y gnósticos.

Grenfell y Hunt en Egipto.

El documento contiene dos discursos atribuidos a Jesús, de los cuales el primero ha desaparecido casi por completo. El segundo, muy bien conservado, presenta una controversia entre Jesús y un fariseo, cuyo nombre parece leerse como Leví, y en el que discuten acerca de las purificaciones en el Templo. El tenor de esta disputa recuerda de cerca a ciertos pasajes de los evangelios sinópticos, como Mateo 15,1-20; 23-25 y Marcos 7,1-23, y pone de manifiesto el influjo de fuentes canónicas para su redacción.

A pesar de sus similitudes con los evangelios de Mateo y Marcos, este texto se distingue por su lenguaje y su referencia constante a Jesús como "El Salvador" (ὁ σωτήρ), un término que, aunque aparece en los evangelios de Lucas y Juan, no se usa de manera constante en los textos canónicos. Esto sugiere que el fragmento podría reflejar una variante temprana de tradiciones cristianas o un evangelio no reconocido por la Iglesia primitiva como parte del canon.

Además, el autor del texto muestra cierta ignorancia típica respecto al ritual de las abluciones judías, con alusiones que recuerdan pasajes atribuidos al Evangelio de los Hebreos y de los Nazarenos. La narrativa también contribuye al estudio de las prácticas y debates sobre pureza y rituales en las comunidades cristianas tempranas, que estaban influenciadas por lo poco que sabían del judaísmo como por otros movimientos religiosos de la época, en especial por algunas variantes del gnosticismo. Hay referencias a la inutilidad del agua en orden a la purificación interior, así como menciones de "meretrices y flautistas", que reflejan las tensiones y debates en torno a la pureza ritual en el contexto del cristianismo primitivo. La traducción que nos ofrece Aurelio de Santos Otero, en su edición de Los Evangelios Apócrifos[1] es la siguiente: 

… «antes de atacar injustamente, traman toda clase de ardides. Pero estad atentos no sea que os sobrevenga a vosotros también lo mismo que a ellos. Porque estos malhechores de los hombres no sólo reciben su castigo entre los vivos, sino que habrán de sufrir penas y muchos tormentos». Y, tomándolos consigo, los introdujo en el lugar mismo de las purificaciones y se puso a pasear por el templo. Entonces, cierto fariseo, un pontífice por nombre Leví (?), se acercó, salió a su paso y dijo al Salvador: «¿Quién te ha dado permiso para pisar este lugar de purificación y ver estos vasos sagrados sin haberte lavado tú y sin que tus discípulos se hayan mojado los pies? Sino que, estando contaminado, has hollado este templo, que es un lugar puro, donde nadie puede pisar sin haberse primero lavado y mudado y donde nadie osa mirar los vasos sagrados». Y parándose al momento el Salvador con los discípulos, le respondió: «Entonces tú, que estás en el templo, ¿(crees) estar puro?» Le dice él: «Sí estoy puro, pues me he lavado en el estanque de David y he subido por distinta escalera de la que utilicé para bajar y me he puesto vestidos limpios y blancos, y (sólo) entonces he venido y (me he atrevido a) mirar estos vasos sagrados». El Salvador le respondió diciendo: «¡Ay (de vosotros)!, ciegos, que no veis. Tú te has lavado en esta agua corriente, donde se han echado perros y puercos de noche y de día, y, al lavarte, has limpiado lo exterior de la piel, que es lo que las meretrices y flautistas perfuman, lavan, acicalan y adornan para concupiscencia de los hombres, siendo así que su interior está lleno de escorpiones y de toda clase de maldad. Mas, por lo que se refiere a mí y a mis discípulos, de quienes tú afirmas que no nos hemos lavado, (yo te aseguro que) lo hemos hecho utilizando las aguas vivas que proceden de... Mas ¡ay de aquellos que...'» 

Sin querer debatir la exactitud o no de dicha traducción, ofrezco una tradución alternativa, para destacar ciertos matices que seguiré exponiendo y desarrollando:

 "Antes de cometer injusticia, el sabio lo examina todo. Pero cuídense de no sufrir lo mismo que ellos, porque no solo los malhechores entre los hombres reciben su castigo, sino que también soportan gran tormento. Y llevándolos, los introdujo en el lugar de pureza y caminaba en el templo. Y acercándose un fariseo, un sumo sacerdote llamado Leví, se encontró con ellos y dijo al Salvador: '¿Quién te permitió pisar este lugar de pureza y ver estos santos objetos sin haberte lavado, y sin que los pies de tus discípulos hayan sido bautizados? Pero tú, impuro, has pisado este lugar sagrado, que nadie más pisa sin lavarse primero y cambiarse las vestiduras, ni siquiera se atreve a mirar estos objetos sagrados'. Y el Salvador, respondiendo junto con sus discípulos, le dijo: 'Entonces tú, que estás aquí en el templo, ¿eres puro?' Y él respondió: 'Soy puro, porque me lavé en la piscina de David, y habiendo bajado por una escalera, subí por otra, y me puse vestiduras blancas y puras, y entonces vine y miré estos objetos sagrados'. Y el Salvador, respondiendo, le dijo: '¡Ay de ustedes, ciegos que no ven! Tú te lavaste en estas aguas vertidas en las que perros y cerdos han sido arrojados día y noche, y después de lavarte el exterior, lo frotaste, lo que hacen también las prostitutas y las flautistas que se ungen, se lavan, se frotan y se embellecen para la lujuria de los hombres, pero por dentro están llenas de escorpiones y toda maldad. Pero yo y mis discípulos, que dices que no hemos sido bautizados, hemos sido sumergidos en las aguas de la vida eterna que vienen de…'.


También presento aquí una versión en hebreo del mismo pasaje, en especial para atender al gusto de los que consideran que hay algún valor en hebraizar las fuentes que hablan del más popular de los falsos mesías: 

בְּרִאשׁוֹנָה לִפְנֵי לַעֲשׂוֹת עָוֶל כָּל דָּבָר נִשְׁקָל. אֲבָל הִזָּהֲרוּ פֶּן גַּם אַתֶּם תָּבוֹאוּ לִידֵי דוֹמֵיהֶם. כִּי לֹא רַק בַּחַיִּים יְקַבְּלוּ הָרָעִים שֶׁל בְּנֵי אָדָם שְׂכָרָם, אֶלָּא גַּם עוֹנֶשׁ יִשְׂאוּ וְיִסּוּרִים מְרוּבִּים. וְלָקַח אוֹתָם וְהִכְנִיסָם אֶל בֵּית הַטָּהֳרָה וְהָיָה מִתְהַלֵּךְ בַּהֵיכָל. וַיָּבוֹא אֵלָיו פָּרוּשׁ אֶחָד כֹּהֵן גָּדוֹל לֵוִי שְׁמוֹ וַיִּפְגַּשׁ אוֹתָם וַיֹּאמֶר אֶל הַמוֹשִׁיעַ, מִי הִתִּיר לְךָ לִדְרוֹךְ עַל מָקוֹם זֶה, הַטָּהֳרָה, וּלְרָאוֹת אֶת הַכֵּלִים הַקְּדוֹשִׁים הָאֵלֶּה, בְּלִי רְחִיצָה וְאַף תַּלְמִידֶיךָ לֹא רָחֲצוּ אֶת רַגְלֵיהֶם. וְאַתָּה מְטַמֵּא אֶת הַמָּקוֹם הַקָּדוֹשׁ הַזֶּה, אֲשֶׁר אֵין אִישׁ דוֹרֵךְ עָלָיו מִבִּלְעֲדֵי רוֹחֵץ וּמַחֲלִיף אֶת בְּגָדָיו. וְגַם הוּא מֵעֵז לָגַעַת בַּכֵּלִים הַקְּדוֹשִׁים הָאֵלֶּה. וַיַּעֲמֹד הַמוֹשִׁיעַ וְתַלְמִידָיו, וַיַּעַן אוֹתָם וַיֹּאמֶר: אַתָּה כָּאן בְּבֵית הַמִּקְדָּשׁ מְטַהֵר? וַיֹּאמֶר אֵלָיו: מְטַהֵר אֲנִי. כִּי רָחַצְתִּי בְּאֲגַם דָּוִד וְיָרַדְתִּי בְּמַדְרֵגוֹת אֲחֵרוֹת, וְעָלִיתִי בְּמַדְרֵגוֹת אֲחֵרוֹת, וְלָבַשְׁתִּי בְּגָדִים לְבָנִים וּטְהוֹרִים. אָז בָּאתִי וְרָאִיתִי אֶת הַכֵּלִים הַקְּדוֹשִׁים. וַיֹּאמֶר אֵלָיו הַמוֹשִׁיעַ: אוֹי, עִוְרִים שֶׁאֵינָם רוֹאִים רָחַצְתָּ בְּמֵי זְרוֹם, אֲשֶׁר כְּלָבִים וַחֲזִירִים נוֹפְלִים בָּהֶם לַיְלָה וָיוֹם. רָחַצְתָּ אֶת בְּשָׂרְךָ הַחוּצִי, אֲשֶׁר גַּם הַזוֹנוֹת וְהַמְּנַגְּנוֹת סָכוּ בוֹ שֶׁמֶן וְרוֹחֲצוֹת וּמְיַפּוֹת אוֹתוֹ לְתַאֲוַת בְּנֵי אָדָם, אֲבָל מִבִּפְנִים הֵן מְלֵאוֹת עַקְרָבִּים וְכָל רֶשַׁע. וַאֲנִי וְתַלְמִידַי אֲשֶׁר אָמַרְתָּ שֶׁלֹּא טָבְלוּ, רְחוּצִים בְּמֵי חַיִּים נִצְחִיִּים הַבָּאִים מֵאֵל... .

Aquí no pretendo dar mayores datos técnicos sobre el fragmento en cuestión, basta con ir a las fuentes de referencia para más detalles precisos por parte de los especialistas en la materia. Mi enfoque y análisis está centrado en comentar un aspecto que claramente está expuesto en el título de este escrito, pero antes debo señalar al menos cuatro aspectos y particularidades: 

1) El fragmento evangélico de Oxirrinco (P. Oxy. 840) está centrado en una crítica a la pureza externa versus la pureza interna. Este detalle evidente, debe ser destacado, ya que indica el motivo de la disputa y aún más el de un conflicto de moralidades que ahí se develan. La contraposición entre la pureza ritual externa y la pureza interna del corazón, es el núcleo del asunto que desata el conflicto de la escena representada en el conflicto que Jesús tiene con el fariseo sacerdote (un oxímoron para la época que dice representar y que da cuenta del poco nivel de conocimiento que el autor tiene del judaísmo de entonces) Leví con “el Salvador”, que  critica la idea de que la limpieza , o los rituales superficiales, puedan garantizar la verdadera pureza, y que compara a los fariseos con prostitutas y flautistas que se preocupan más por la apariencia externa que por su estado interno. 

2) El texto emplea un tono bastante severo y directo, usando expresiones como "¡Ay de ustedes, ciegos que no ven!" y comparaciones despectivas, como eso de "perros y cerdos" que contaminan las aguas. Este tipo de lenguaje es típico de ciertos pasajes evangélicos donde Jesús reprende a las autoridades, particularmente a los fariseos, por su hipocresía y énfasis en los rituales en lugar de la moralidad y la espiritualidad que él presume defender.

3) El documento presenta una estructura de diálogo típica de los evangelios apócrifos y canónicos, en los cuales Jesús interactúa con sus oponentes o críticos, increpándolos (Mateo 15:1-20, Marcos 7:1-23). La forma dialógica refleja un método común en la enseñanza de la época, donde la confrontación verbal -qué no el sano debate- era una herramienta para adoctrinar e imponer ideas, y que sin duda servirían como antecedente “escritural” para las polémicas medievales entre judíos y cristianos. 

4) Referencias rituales judías erróneas que reflejan una clara ignorancia del redactor. El pasaje menciona presuntos elementos específicos del judaísmo, como la piscina de David, las vestiduras blancas y la pureza ritual en el Templo, a fin de dar un escenario contextual (falso) al tema que se pretende discutir: el falso valor de los ritos de purificación. Estos detalles pretenden situar al texto en un contexto judío propio del Segundo Templo, pero crean una imagen equivocada a fin de operar y emplear un “hombre de paja” al cual derrotar más fácilmente.  

De acuerdo al Sacerdote Jesuita y Doctor en Teología Bíblica, Tomás García-Huidobro, en un artículo tituladoEl Imaginario del Templo en el Fragmento de Oxirrinco 840” [2], se deben considerar los siguientes aspectos de este breve documento: 

  1. Contexto del fragmento: El texto, datado entre los siglos III-IV, muestra a Jesús en el Templo de Jerusalén, donde interactúa con un sumo sacerdote llamado Leví. Este cuestiona la pureza ritual de Jesús y sus discípulos por no haberse lavado antes de entrar en el "lugar de las purificaciones" ni observar los rituales tradicionales.

  2. Personajes y simbología: Leví, identificado como sumo sacerdote y fariseo (aunque ningún fariseo ocupó tal cargo históricamente), representa a un grupo cristiano que sigue estrictamente los rituales de purificación, especialmente en lo que concierne al acceso a la eucaristía. Jesús, por otro lado, representa a un grupo con una visión diferente de la pureza, priorizando una pureza espiritual interna.

  3. Disputa teológica: El diálogo refleja una confrontación entre dos grupos cristianos. Leví defiende la importancia de los rituales externos de purificación para participar en la eucaristía, mientras que Jesús critica esta dependencia de los ritos externos, señalando que la verdadera pureza es interna.

  4. Simbolismo del bautismo y la eucaristía: La "piscina de David" que menciona Leví probablemente representa el baptisterio cristiano, y los "vasos sagrados" podrían referirse a los utensilios litúrgicos de la eucaristía. El "lugar de la purificación" parece aludir a un espacio de abluciones, posiblemente ubicado en el atrio de las primeras iglesias cristianas.

  5. Mensaje central: El fragmento subraya una disputa entre quienes veían los rituales de purificación como un requisito esencial para participar en la eucaristía y quienes, como Jesús, defendían una pureza interior y espiritual como la verdadera forma de contemplar las realidades divinas.

En este mismo documento, Tomás García-Huidobro, detalla que el fragmento evangélico de Oxirrinco 840 es una forma velada de exponer una disputa interna entre cristianos del período que tenían diferencias en cuanto a la purificación, de modo tal que detrás de Jesús y Leví, más que un altercado judaico, hay un debate velado entre cristianos, representados en ellos. Citemos este punto en su extensión: 

El fragmento evangélico de Oxirrinco 840 fue encontrado en la región egipcia que lleva su nombre a fines del siglo XIX. A pesar de su brevedad es sumamente sugerente porque una vez más se demuestra cómo las tradiciones cristianas desde el origen estuvieron ligadas a ciertas teologías relacionadas con el templo de Jerusalén. 

Ahora bien, ¿qué grupos humanos, representados por el sumo sacerdote y Jesús, estaban en conflicto? Lo primero que llama la atención es que para ambos, y de diferente forma, ciertas teologías del templo de Jerusalén eran importantes. No conocemos nada acerca de la piscina de David con sus escaleras para bajar y subir. Es probable que esta piscina sea parte del imaginario cultual relacionado con el templo de Jerusalén, pero que en verdad se esté refiriendo al temprano baptisterio cristiano que responde mejor a la descripción. En este baptisterio el creyente también se cambia de ropajes, adoptando una túnica blanca. Respecto a los vasos que los peregrinos contemplaban, es posible que se refieran a los que estaban sobre la mesa del pan de la presencia, los que sin embargo históricamente los peregrinos no podían ver salvo en contadas ocasiones después de la celebración de ciertos festivales. Este “ver” se encuentra en un lugar estratégico del texto lo que nos hace pensar que en un contexto cristiano se estén refiriendo a los utensilios litúrgicos propios de la eucaristía. También el texto habla del “lugar de la purificación”, pero ¿a qué lugar se refiere? Se supone que estaría en el “área del templo” pero no tenemos más idea que nos ayuden a identificar qué se tiene en mente. Es probable que lo que se piense es en el lugar donde el creyente cristiano se lava los pies y las manos localizado en el medio del atrium que antecede a las iglesias. Incluso hoy en día en las iglesias católicas en la entrada hay agua bendita para que el creyente haga una ablución al entrar. De hecho, toda la terminología que se relaciona con la purificación es abundante en el texto en cuestión. Todo esto nos hace pensar que el verdadero contexto del documento es la disputa entre dos grupos cristianos en relación a los ritos de purificación que se demandaban de los creyentes. El sacerdote en la narrativa demanda una correcta práctica litúrgica del bautismo y de la purificación, para acceder de manera adecuada a la eucaristía. El Salvador, en cambio, aboga por una pureza espiritual para poder contemplar las realidades divinas. 

Ahora más allá de si tal pasaje refleja una disputa real entre Jesús y un Prushim “sacerdote” o es reflejo de un debate interno y posterior entre cristianos sobre asuntos de purificación, como sugiere García-Huidobro, hay algo que nos debe quedar muy claro y que se hace evidente en la exposición literal del texto: la soberbia de Jesús.

Esa soberbia de Jesús es una imagen constante y coherente en la mayoría de fuentes que nos presentan a dicho personaje, ya sean canónicas, apócrifas, gnósticas o fragmentarias. Contrario a la idea que generalmente sus seguidores quieren hacer creer de él, presentando a un hombre-dios humilde y manso, Jesús en muchas de las fuentes que lo mencionan presenta todas las características contrarias. Teniendo en cuenta esto, cabe decir sin ambigüedad que el fragmento evangélico de Oxirrinco (P. Oxy. 840) si bien puede contener elementos inverosímiles, sí presenta una imagen coherente de las características morales de Jesús y en ese sentido es un texto creíble. 

Examinando pasajes de fuentes cristianas podemos comparar y corroborar lo que afirmo: 

  •  “En el templo encontró a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, junto con las ovejas y los bueyes; y derribó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Y les dijo: ‘Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.’” (Juan 2:14-16, NVI)


  • Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, ¡hipócritas! Ustedes cierran el reino de los cielos ante la gente. Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que están a punto de entrar.”


  • “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Ustedes son como tumbas blanqueadas, que por fuera lucen hermosas, pero por dentro están llenas de huesos de muertos y de toda clase de impurezas.” (Mateo 23: 13, 27 - NVI)

Como esos hay otros pasajes en los evangelios canónicos. Examinemos ahora otros textos menos conocidos de los apócrifos, que si bien catalogados como ficciones tardías, nos siguen presentando esa misma imagen de soberbia, incluso desde niño. Así en la redacción griega del llamado “Evangelio de Santo Tomás 6: 1-3 [3], se nos presenta la siguiente patética historia: 

“Y un maestro de escuela, llamado Zaqueo, que se encontraba allí, oyó a Jesús hablar así a su padre, y lo sorprendió mucho que un niño se expresase de aquella manera. Y, algunos días después, se acercó a José, y le dijo: Tienes un hijo dotado de buen sentido e inteligencia. Confíalo a mi cuidado, para que aprenda las letras, y, con las letras, le enseñaré toda ciencia. Y también le enseñaré a saludar a los mayores, a honrarlos como antepasados, a respetarlos como padres, y a amar a los de su edad. Y le escribió todas las letras del alfabeto desde Alpha hasta Omega muy puntualmente y con toda claridad. Mas Jesús, mirando a Zaqueo, le dijo: Tú, que no conoces la naturaleza del Alpha, ¿cómo quieres enseñar a los demás la Beta? Hipócrita, enseña primero el Alpha, si sabes, y después te creeremos respecto a la Beta. Luego se puso a discutir con el maestro de escuela sobre las primeras letras, y Zaqueo no pudo contestarle”.


Mas adelante, y luego de otros eventos bastante retorcidos, todo concluye así (Evangelio de Santo Tomas 8:1-2): 

Y, mientras los judíos daban consejos a Zaqueo, el niño rompió a reír, y dijo: Ahora que tu aventura produce sus frutos, y que los ciegos de corazón ven, he aquí que yo vengo de lo alto para maldecirlos, y para llamarlos a lo alto, como me lo ordenó el que me ha enviado a causa de vosotros. Y, cuando el niño hubo acabado de hablar, pronto todos los que habían caído antes bajo su maldición, quedaron curados. Y nadie, desde entonces, se atrevió a provocar nunca su cólera, por miedo a que los maldijese, y los hiriese de enfermedad.


Esta forma de tratar a sus mayores o a personas que detentan cierta autoridad hace eco con lo que el Toldot Yeshu nos dice en el capítulo 2, 3 o el 4 en cualquiera de sus versiones [4], ciertamente no se coincide en la forma narrativa sino en el contenido profundo y esencial de lo que en realidad es y representa el personaje de Jesús: el epitome de la judeofobia, que es seguramente lo que se disfraza a través de su ficción, y que se expresa en esa altanería con la que pretende altercar contra su oponente, en especial si este es judío y representa a las tradiciones.    

Retomando el hilo argumental expuesto, resulta pertinente profundizar en la noción de soberbia no como un juicio moral improvisado, sino como una categoría descriptiva que permite articular la lectura del fragmento de Oxirrinco 840 con una red más amplia de testimonios sobre la figura de Jesús. La soberbia, entendida como esa actitud de superioridad que lleva al sujeto a colocarse por encima de los demás —frecuentemente acompañada de desprecio, dificultad para aceptar críticas y una autoconfianza que bordea lo incuestionable, no es un rasgo marginal en la caracterización del personaje, sino un elemento estructural que atraviesa múltiples fuentes, canónicas y no canónicas.

En el fragmento que nos ocupa, esta actitud se cristaliza en la forma misma del diálogo: Jesús no debate, no argumenta en el sentido dialéctico clásico. Lo que hace es sentenciar sin mediar en reflexión alguna. La réplica al fariseo Leví no busca el entendimiento ni la aclaración recíproca, sino la descalificación radical e inmediata, sin un trabajo intelectual previo o consideración por lo que el otro hace. Frases como «¡Ay de ustedes, ciegos que no ven!» (¡Claro, son ciego por lo tanto no ven!) o la comparación con «perros y cerdos» que contaminan las aguas de purificación, no constituyen meras figuras retóricas, sino gestos discursivos que establecen una jerarquía inapelable: quien habla posee una verdad que el otro, por definición ritualista y externa, es incapaz de alcanzar. Esta dinámica no es accidental; responde a un patrón que se repite en los evangelios sinópticos (Mateo 23, Marcos 7) y que encuentra eco incluso en textos de la infancia como el Evangelio de Tomás, donde el niño Jesús humilla públicamente a su maestro Zaqueo con una superioridad intelectual que no admite réplica. Jesús es el modelo del pasado de toda grosería y falta de respeto a las autoridades. 

Lo notable es que esta soberbia no se presenta como un defecto, sino como un signo de autoridad. El Jesús del fragmento no pide permiso para interpretar la pureza; redefine la pureza. No solicita validación ritual; invierte los términos de la validación e impone sus criterios… sin criterio alguno. Y lo hace desde una posición que no se justifica ante las normas, sino que se coloca por encima de ellas sin ninguna consideración. Esta inversión es, precisamente, lo que permite leer el texto no solo como una disputa sobre abluciones, sino como una confrontación entre dos epistemologías: la del especialista que opera dentro de un sistema normativo (en este caso el ficticio fariseo Leví) y la del "iluminado" que reclama acceso directo a una verdad que trasciende y, en última instancia, invalida ese sistema.

Si prestamos atención el fragmento se organiza alrededor de tensiones binarias que no son meramente temáticas, sino que funcionan como el esqueleto argumental del enfrentamiento. Cada polo es defendido por uno de los interlocutores, y es en esta distribución donde se revela la estrategia discursiva. Apreciemos esto a través de la siguiente tabla

Polaridad

Defendida por el Fariseo Leví

Defendida por el Salvador

Puro vs. Impuro

La pureza se alcanza mediante rituales externos: lavado en la piscina de David, vestiduras blancas, escaleras diferenciadas.

La pureza es interna; el lavado externo con aguas contaminadas es inútil si el interior está lleno de "escorpiones y toda maldad".

Exterior vs. Interior

El cumplimiento visible de los ritos legitima el acceso a lo sagrado.

Lo visible carece de valor si no hay transformación interior; la piel lavada no purifica el alma.

Temporal vs. Eterno

Los ritos se ejecutan en el tiempo presente para garantizar la pureza inmediata en el espacio sagrado.

El bautismo en "aguas de vida eterna" trasciende el ritual temporal y conecta con una dimensión escatológica.

Cuerpo vs. Espíritu

La purificación del cuerpo mediante agua y vestimenta es condición necesaria para la santidad.

El cuerpo puede estar limpio y el espíritu corrupto; la verdadera pureza es espiritual.

Ritual vs. Moral

La observancia normativa es suficiente para la legitimidad religiosa.

La moral interna supera y juzga el ritual; la hipocresía ritual es condenable.

Visible vs. Invisible

Lo que puede ser verificado por la comunidad (lavado, vestimenta) es lo que cuenta.

Lo invisible (la intención, el estado del corazón) es lo que determina la verdadera relación con lo divino.


Lo que resulta significativo es que el fariseo (no importa en este punto que sea claramente ficticio) no defiende estas posiciones desde la ignorancia, sino desde la especialización. Su discurso está anclado en una tradición ritual concreta, con referencias topográficas (la piscina de David), procedimentales (escaleras de acceso diferenciadas) y vestimentarias (ropas blancas) que reflejan un conocimiento técnico del sistema de pureza del Segundo Templo. En este sentido, “Leví” encarna al experto que opera dentro de un marco normativo establecido, y eso lo saben los redactores del texto y así deben caracterizarlo para buscar ser lo más realista posibles o bien porque intuitivamente saben que así opera estructuralmente la mentalidad de un “fariseo”. Jesús, por el contrario, no refuta los detalles técnicos, los trasciende desde la arbitrariedad.  No discute si el agua de la piscina de David es ritualmente válida; afirma sin más que toda agua externa es insuficiente si no hay pureza interior. Esta estrategia no es para nada dialéctica, busca ser performativa: no busca ganar el debate dentro de las reglas del otro, sino cambiar las reglas del debate para él quedar bien desde su imaginario egocentrista. 

Para comprender la profundidad de la acusación implícita en la lectura que proponemos, resulta útil recurrir al concepto hebreo de גַּאֲוָה  (gaavá), término que designa la soberbia como altivez, orgullo desmedido y elevación propia por encima de los demás. La raíz ג-א-ה  (gáah), que significa "elevarse" o "levantarse", sugiere precisamente ese movimiento de auto-exaltación que caracteriza la actitud del Jesús presentado en este fragmento. 

En la literatura sapiencial hebrea, la gaavá es sistemáticamente condenada: «Antes del quebrantamiento está la soberbia, y antes de la caída, la altivez de espíritu» (Mishlé/Proverbios 16:18). La tradición ética judía, desde el Talmud hasta la Kabalá, opone a la gaavá la virtud de la anavá (עֲנָוָה), la humildad, considerada condición indispensable para la conexión con lo divino. Desde esta perspectiva, la actitud de Jesús en P. Oxy. 840 —su descalificación del fariseo, su afirmación de poseer una pureza que trasciende la ley, su tono sentencioso— no solo sería criticable, sino éticamente problemática.

Esto no implica, por supuesto, que el autor del fragmento compartiera esta valoración negativa de la gaavá. Por el contrario, es probable que la soberbia de Jesús fuera leída por su comunidad como un signo mesiánico: la autoridad que no se somete a la ley porque es la fuente de una ley superior. Pero precisamente ahí radica el núcleo de la tensión: lo que para unos es humildad espiritual (la renuncia a los ritos externos), para otros puede leerse como la máxima expresión de soberbia (la pretensión de redefinir unilateralmente los términos de lo sagrado).

La lectura del fragmento de Oxirrinco no se sostiene en el aislamiento. Cuando se coteja con el resto del corpus de las enseñanzas atribuidas a Jesús, emerge un patrón discursivo constante que trasciende la división entre fuentes canónicas, apócrifas y polémicas. En los evangelios sinópticos, la confrontación con los custodios de la Torá no se plantea como un intercambio pedagógico, sino como una desautorización frontal. El episodio de la expulsión de los mercaderes del Templo (Juan 2,14-16) no opera como una reforma litúrgica negociada, sino como una toma de posesión unilateral: Jesús impone su autoridad física y retórica sobre un espacio regulado por siglos de tradición sacerdotal, normativa levítica y consenso social. Las invectivas de Mateo 23 (vv. 13, 27) siguen idéntica estructura: no hay espacio para la matización; el fariseo es calificado sin más de "tumba blanqueada", "ciego", "hipócrita". La mecánica es siempre la misma: afirmación de una verdad interna superior, descalificación del ritual externo y sentencia inapelable.

Esta misma dinámica se reproduce, con mayor crudeza aún, en los textos de la infancia. En el Evangelio de Tomás (gr.) 6,1-3 y 8,1-2, el niño Jesús no busca aprender; busca someter al otro presentando su postura como superior solo porque emana de él. La humillación pública de Zaqueo, maestro de escuela, no es un episodio de precocidad intelectual, sino una demostración de soberbia ontológica y casi, para mí, de defecto congénito: «¿Tú, que no conoces la naturaleza del Alpha, cómo quieres enseñar la Beta?» pregunta ese niño grosero, ignorando que e conocimiento de una serie de elementos se da mejor en el conjunto de dicha serie y no por la abstracción solitaria de uno de sus elementos. La estructura es gemela a la de P. Oxy. 840: el especialista es reducido al silencio, no por refutación dialéctica, sino por descalificación de epistemología mal fundada. El texto culmina con la amenaza explícita de maldición y la sumisión por miedo. 

Lo que la exégesis tradicional suele leer como "contradicción" entre un Jesús manso y uno severo, se revela, bajo esta lente, como una coherencia caracterológica de un personaje que con toda seguridad era así en realidad: lo que han hecho las tradiciones por distintas vías es apuntar hacia ese mal e indeseable carácter. La soberbia no es un añadido retórico ni un desliz narrativo; es el motor discursivo que permite al personaje posicionarse por encima de la Torá, del Templo y de sus intérpretes autorizados. Incluso en tradiciones judías posteriores como el Toldot Yeshu, esta altanería es reconocida y tematizada como el rasgo definitorio del impostor mesiánico. Lo que varía entre las tradiciones es la valoración moral, no el rasgo observable. La imagen que se desprende del conjunto de fuentes es la de un sujeto que no negocia su autoridad, sino que la ejerce a fin de presionar a que su auditorio termine por aceptar su posición. Antecedente indiscutible del espíritu fanático de todo líder sectario. 

La hipótesis de Tomás García-Huidobro, que sitúa P. Oxy. 840 en el marco de una controversia interna cristiana sobre la purificación ritual previa a la participación eucarística, no debilita la lectura de la soberbia; por el contrario, la explica en su función comunitaria y retórica. Si el fariseo Leví representa a un grupo cristiano ritualista (que exige abluciones, cambio de vestiduras y purificación física para acceder a los "vasos sagrados") y el Salvador representa a un grupo espiritualista (que prioriza la pureza interna y el "bautismo en aguas de vida eterna"), entonces el texto no describe un encuentro histórico, sino una batalla teológica encubierta.

En este escenario, la soberbia de Jesús cumple una función polémica precisa: legitimar la postura espiritualista mediante la desautorización absoluta de la ritualista. El fariseo no es un judío histórico del siglo I, es un "hombre de paja" construido con elementos anacrónicos y técnicamente imprecisos (la piscina de David con escaleras de acceso diferenciadas, la confusión entre fariseo y archiereus, la inexistencia de tal requisito en la halajá del Segundo Templo) para ser derrotado con facilidad. La ignorancia ritual del autor no es un error casual; es una herramienta de combate doctrinal con la que opera para debilitar la postura del judaísmo que imagina pero que es el que se queda en la memoria como filtro distorsionante del judaísmo real. Al presentar al especialista como obsesionado con lo externo y moralmente corrupto por dentro ("lleno de escorpiones y toda maldad"), el texto cristiano no solo gana un debate litúrgico, sino que consagra la altanería de su maestro como virtud fundacional. La soberbia discursiva se convierte, así, en el arma de una facción contra otra, proyectada sobre la figura de Jesús para otorgarle una autoridad que no admite réplica dentro de la comunidad.

Abandonar la lectura tradicional que prioriza la anavá (humildad) como clave hermenéutica y optar por la gaavá (soberbia) no es un ejercicio de iconoclasia, sino un ajuste metodológico que permite alinear el texto con su propia estructura discursiva. Cuando se lee P. Oxy. 840 desde la humildad, las palabras del Salvador se suavizan o se espiritualizan por conveniencia interpretativa: «ciegos que no ven» se transforma en "llamado a la introspección"; la comparación con prostitutas y flautistas se lee como "metáfora de la vanidad mundana"; la afirmación de haberse lavado en "aguas de vida eterna" se interpreta como "promesa de gracia divina". Pero el texto no solicita suavización, debe leerse en su estructura profunda para confrontarlo. 

Por el contrario, leer desde la gaavá restaura la tensión original del fragmento. Revela que el Jesús que habla en Oxirrinco no dialoga nunca, sino que juzga sin justo juicio. No invita al debate, sino que excluye por principio. No pretender hacer corrección alguna, de inmediato solo condena. Esta postura encuentra un eco estructural en una dinámica que contemporáneamente sufrimos y que el texto parece anticipar: la del "iluminado" que, sin formación en el sistema que critica, se arroga el derecho a deslegitimar al especialista. El terraplanista que increpa al astrónomo o geólogo, el antivacunas que alega con el virólogo, el “teórico” de la conspiración que discute sin razón con el científico social. En Jesús todos ellos están prefigurados. El fariseo Leví, con su defensa de la piscina, las escaleras y las vestiduras blancas, representa al experto que opera dentro de un marco normativo probado y comunitariamente validado. Jesús representa al que clama una verdad superior que no necesita validación externa ni sometimiento a la tradición. La historia endulzada y acrítica, como el texto, tiende a conservar la voz del segundo y a silenciar la del primero.

La coherencia de esta lectura radica en su capacidad para integrar lo que otras aproximaciones fragmentan. No hay un Jesús "manso" y otro "severo"; hay un personaje cuya autoridad se construye discursivamente mediante la descalificación del otro. Ya sea en el Templo de Jerusalén, en el aula de Zaqueo o en el debate eucarístico de una comunidad egipcia del siglo III-IV, el patrón es invariable: la soberbia no es un defecto accidental, sino la condición de posibilidad de su mensaje, y quizás hasta su mismo núcleo. Reconocerlo no implica emitir un juicio moral, sino leer el fragmento en su integridad textual, sin los filtros apaciguadores que la recepción posterior ha impuesto. P. Oxy. 840, con sus imprecisiones rituales y su tono sentencioso, no es una anomalía. Es un testimonio lúcido de cómo se forja la autoridad en el discurso religioso fanático: no mediante el diálogo simétrico, sino mediante la imposición de una verdad que se declara a sí misma inapelable.



Notas.

[1] Los Evangelios Apócrifos. Biblioteca de Autores cristianos, Madrid, 2003, pp 74-78.

[2] Tomás García-Huidobro, Tomás. “El Imaginario del Templo en el Fragmento de Oxirrinco 840”, en  https://tomasgarciahuidobro.com/el-imaginario-del-templo-en-e/  (consultado 3/05/2026)

[3] En este mismo evangelio apócrifo hay muchos otros pasajes donde Jesús de niño es presentado como un truhan que mata de manera caprichosa a otros niños. Como ejemplo (4:1-2):  Otra vez, Jesús atravesaba la aldea, y un niño que corría, chocó en su espalda. Y Jesús, irritado, exclamó: No continuarás tu camino. Y, acto seguido, el niño cayó muerto. Y algunas personas, que habían visto lo ocurrido, se preguntaron: ¿De dónde procede este niño, que cada una de sus palabras se realiza tan pronto? Y los padres del niño muerto fueron a encontrar a José, y se le quejaron, diciendo: Con semejante hijo no puedes habitar con nosotros en la aldea, donde debes enseñarle a bendecir, y no a maldecir, porque mata a nuestros hijos”.

[4] ara examinar las variantes textuales del Toldot Yeshu en español, véase el artículo de Oraj HaEmet “El Toldot Yeshu, La historia judía popular sobre Jesús de Nazaret”, en https://www.orajhaemeth.org/p/toldot-yeshu.html 




5/25/2025

Midrash Kohelet Raba 1:8: Cafarnaúm, la cuna de la apostasía y la perversión sexual judeo-cristiana.

BS"D


El Midrash Kohelet Raba 1:8 presenta una de las narrativas más reveladoras y complejas sobre las tensiones entre el judaísmo rabínico y las comunidades judeo-cristianas primitivas, específicamente en la sección que relata el encuentro de Rabí Yonatan con los minim, los judeo-cristianos. Este pasaje, que forma parte de una serie de relatos sobre rabinos que tuvieron contacto directo o indirecto con los primitivos herejes judeo-cristianos, ofrece una ventana única hacia las percepciones rabínicas sobre las prácticas cristianas primitivas y las estrategias de seducción que empleaban los judeo-cristianos para atraer a estudiosos judíos hacia sus filas. La historia de Rabí Yonatan, quien inicialmente buscaba rescatar a un estudiante que había desertado hacia la herejía, se transforma en un relato paradigmático sobre la naturaleza engañosa y sexualmente pervertida que los rabinos atribuían a las comunidades cristianas. El episodio del “gemol jisdá” (actos de bondad amorosa) constituye el núcleo narrativo de esta historia, donde los minim utilizan terminología religiosa judía respetable para disfrazar lo que los comentaristas rabínicos interpretan como prácticas sexuales grupales ritualizadas. A través de un análisis detallado de este pasaje, junto con las explicaciones proporcionadas por los grandes comentaristas medievales como el Jidushei HaRadal, Etz Yosef, Matnot Kehunah, Perush Maharzu, Yedei Moshe y Yefeh To'ar, podemos desentrañar las múltiples capas de significado teológico, social y polémico que subyacen en esta narrativa rabínica, revelando no solo las ansiedades específicas del judaísmo tardío sobre la expansión cristiana, sino también las sofisticadas estrategias hermenéuticas empleadas por los sabios para construir una crítica integral del cristianismo que abarcaba desde la perversión textual hasta la corrupción moral, presentando a los judeo-cristianos como seductores que combinaban poder sobrenatural, manipulación escritural y libertinaje sexual en un paquete aparentemente piadoso pero fundamentalmente destructivo para la integridad espiritual judía.



El Texto Primario y su Contexto Histórico

La Narrativa Rabínica Completa

Traducción del texto arameo:

Sefer Rabbot. (1545). (n.p.): Daniel Bomberg. 

מַעֲשֶׂה בְּאִשָּׁה אַחַת שֶׁבָּאת אֵצֶל רַבִּי אֱלִיעֶזֶר לְהִתְגַּיֵּר, אָמְרָה לוֹ רַבִּי קָרְבֵנִי, אָמַר לָהּ פָּרְטִי אֶת מַעֲשַׂיִךְ, אָמְרָה בְּנִי הַקָּטָן מִבְּנִי הַגָּדוֹל, נָזַף בָּהּ. הָלְכָה אֵצֶל רַבִּי יְהוֹשֻׁעַ, וְקִבְּלָהּ. אָמְרוּ לוֹ תַּלְמִידָיו רַבִּי אֱלִיעֶזֶר מְרַחֵק וְאַתָּה מְקָרֵב, אָמַר לָהֶם כֵּיוָן שֶׁנָּתְנָה דַעְתָּהּ לְהִתְגַּיֵּר אֵינָהּ חַיָּה לְעוֹלָם, דִּכְתִיב (משלי ב, יט): כָּל בָּאֶיהָ לֹא יְשׁוּבוּן, וְאִם שָׁבוּ לֹא יַשִֹּׂיגוּ אָרְחוֹת חַיִּים. חֲנִינָא בֶּן אֲחִי רַבִּי יְהוֹשֻׁעַ אֲזַל לַהֲדָה כְּפַר נַחוּם, וַעֲבָדוּן לֵיהּ מִינָאֵי מִלָּה וְעָלוּן יָתֵיב רָכֵיב חֲמָרָא בְּשַׁבַּתָּא, אֲזַל לְגַבֵּיהּ יְהוֹשֻׁעַ חֲבִיבֵיהּ וִיהַב עֲלוֹי מְשַׁח וְאִיתַּסֵי. אֲמַר לֵיהּ כֵּיוָן דְּאִיתְעַר בָּךְ חַמְרָא דְּהַהוּא רַשִּׁיעָא לֵית אַתְּ יָכֵיל שְׁרֵי בְּאַרְעָא דְיִשְׂרָאֵל, נְחַת לֵיהּ מִן תַּמָּן לְבָבֶל וּדְמַךְ תַּמָּן בִּשְׁלָמֵיהּ. רַבִּי יוֹנָתָן עָרַק חַד מִן תַּלְמִידוֹי לְגַבֵּיהוֹן, אֲזַל וְאַשְׁכְּחֵיהּ עֲבַד בֶּן אִפֶּטוּנִיּוּת, שְׁלַחוּן מִינַיָּא בַּתְרֵיהּ כָּךְ אָמְרִין לֵיהּ, וְלָא כָךְ כְּתִיב (משלי א, יד): גּוֹרָלְךָ תַּפִּיל בְּתוֹכֵנוּ כִּיס אֶחָד יִהְיֶה לְכֻלָּנוּ, וַהֲוָה פָּרַח וְאִינוּן פָּרְחִין בַּתְרֵיהּ. אָמְרִין לֵיהּ רַבִּי אִיתָא גְּמוֹל חִסְדָּא לַהֲדָא כַּלְּתָא, הָלַךְ וּמְצָאָן עֲסוּקִים בְּרִיבָה אַחַת, אֲמַר לוֹן כֵּן אָרְחֵיהוֹן דִּיהוּדָאי עָבְדִין, אָמְרִין לֵיהּ וְלָא כֵן כְּתִיב בַּתּוֹרָה: גּוֹרָלְךָ תַּפִּיל בְּתוֹכֵנוּ כִּיס וגו', וַהֲוָה פָּרַח וְאִינוּן פָּרְחִין בַּתְרֵיהּ עַד דִּמְטָא לִתְרַע וּטְרַד בְּאַפֵּיהוֹן, אָמְרוּן רַבִּי יוֹנָתָן אֵזֵיל גְּלוֹג לְאִמָּךְ דְּלָא הֲפַכְתְּ וְלָא אִיסְתַּכַּלְתְּ בָּן, דְּאִלּוּ הֲפַכְתְּ וְאִיסְתַּכַּלְתְּ בָּן יוֹתֵר מִן מַה דַּהֲוֵינַן פָּרְחִין בַּתְרָךְ הֲוֵית פָּרִיחַ בַּתְרָן. רַבִּי יְהוּדָה בֶּן נְקוֹסָה הָיוּ הַמִּינִין מִתְעַסְּקִין עִמּוֹ, הָיוּ שׁוֹאֲלִים אוֹתוֹ וּמֵשִׁיב שׁוֹאֲלִין אוֹתוֹ וּמֵשִׁיב, אֲמַר לוֹן עַל מַגָּן אַתּוּן מְגִיבִין, אֱתוֹן נַעֲבֵיד בֵּינֵינַן דְּכָל בַּר נָשׁ דְּנָצַח חַבְרֵיהּ יְהֵא פָּצַע מוֹחֵיהּ דְּחַבְרֵיהּ בְּקוּרְנָס, וְהוּא נָצַח לוֹן וּפְצַע מוֹחֵיהוֹן עַד דְּאִיתְמַלְאוּן פִּיצְעִין פִּיצְעִין, וְכֵיוָן דַּאֲתָא אָמְרִין לֵיהּ תַּלְמִידוֹי רַבִּי סִיְּעוּךָ מִן הַשָּׁמַיִם וְנִצַּחְתָּ, אֲמַר לוֹן וְעַל מַגָּן, לְכוּ וְהִתְפַּלְּלוּ עַל אוֹתוֹ הָאִישׁ וְעַל אוֹתָהּ הַחֵמֶת שֶׁהָיְתָה מְלֵאָה אֲבָנִים טוֹבוֹת וּמַרְגָּלִיּוֹת, אֲבָל עַכְשָׁו מְלֵאָה פְּחָמִין.

Traducción: “Aconteció con una mujer que vino ante Rabí Eliezer para convertirse [Ella era una hereje y quería arrepentirse ver. Matnot Kehuna]. Le dijo: ‘Rabí, acércame [al judaísmo]’. Él le respondió: ‘Detalla tus acciones’. Ella contestó: ‘Mi hijo menor es [producto] de mi hijo mayor’. Él la reprendió severamente. Ella entonces acudió a Rabí Yehoshúa, quien la aceptó. Sus discípulos le dijeron: ‘Rabí Eliezer la rechaza y tú la aceptas’. Les respondió: ‘Una vez que ha decidido convertirse, ya no pertenece a su vida anterior, como está escrito (Proverbios 2:19): Todos los que a ella van, no vuelven, y si vuelven, no alcanzan las sendas de la vida”. [La mujer había sido una hereje, y no podría evitar graves transgresiones por mucho tiempo. Sin embargo, como ella había decidido arrepentirse, no viviría lo suficiente para volver a sus caminos pecaminosos, y por lo tanto al Rabino Yehoshua no le preocupaba que ella indujera a otros a pecar ver. Midrash HaMevoar]

Janina, sobrino del Rabí Yehoshúa, fue a Kfar-Najum, y allí los minim [herejes judeo-cristianos] realizaron una acción mágica contra él, y lo llevaron a montar un asno en Shabat. [Rabí] Yehoshúa, su tío, fue a verlo y le aplicó aceite, y se curó. Le dijo:Puesto que se ha despertado en ti el vino de aquel malvado, ya no puedes permanecer en la tierra de Israel’. Descendió de allí a Bavel (Babilonia) y allí falleció en paz.

El R’ Yonatan, uno de sus estudiantes se fugó con ellos [con los judeo-cristianos]. Fue y lo encontró completamente depravado.  [El mismo se había convertido en un judeo-cristiano, y se había involucrado en el libertinaje sexual como lo habían hecho los otros herejes]. Enviaron herejes tras [Rabí Yonatan], y entonces le dijeron: ¿Pero no está escrito: “Echa tu suerte entre nosotros, tengamos todos una bolsa” (Proverbios 1:14))? [“Monedero” es un eufemismo para una prostituta.] Él [Rabino Yonatan] volaba y ellos volaban tras él. [Milagrosamente se alejó volando de ellos, y ellos volaron tras él para perseguirlo, usando magia negra. Apenas pudo escapar de ellos.] Le habían dicho: [Esto es lo que pasó antes de que escapara.] ‘Rabino, venga a participar en los hechos de bondad amorosa (gemol jisdá) para una novia. Él fue y los encontró ocupados [sexualmente] con una mujer joven. Él les dijo: ‘¿Es así como actúan los judíos?’ Ellos le dijeron: ‘¿Pero no está escrito en la Torá: “Echa tu suerte entre nosotros, [que todos tengamos una] bolsa”?’ Volaba y ellos volaban tras él, hasta que llegaron a su puerta y les dio un portazo en la cara. Dijeron: ‘Rabí Yonatan, ve y cuéntale con alegría a tu madre que no te volviste y no nos miraste, como si te hubieras dado la vuelta y nos hubieras mirado, más de lo que habríamos volado tras de ti, habrías volado detrás de nosotros.

Rabí Yehudah ben Nekosa: los minim discutían con él; le preguntaban y él respondía, le preguntaban y él respondía. Les dijo: ‘En vano me respondéis. Hagamos un acuerdo entre nosotros: cualquiera que venza a su compañero golpeará la cabeza de su compañero con un martillo’. Y él los venció y golpeó sus cabezas hasta que se llenaron de heridas. Cuando regresó, sus discípulos le dijeron: ‘Rabí, te ayudaron desde el cielo y venciste’. Les dijo: ‘En vano [me alabáis]; id y rezad por aquel hombre y por aquel odre que estaba lleno de piedras preciosas y perlas, pero ahora está lleno de carbones’. [La referencia es a sí mismo. Estaba lleno de Torá, pero ahora, tras haber debatido extensamente con los herejes, había sido expuesto a sus afirmaciones e ideas.]”

Hirshman, M. G., & Baruchi, S. (Eds.). (2016). Midrash Kohelet Rabbah 1–6: Mahadurah biḳortit ʻal pi kitve yad ve-ḳitʻe Genizah / Midrash Kohelet Rabbah 1–6: Critical edition based on manuscripts and Genizah fragments [מדרש קהלת רבה א–ו: מהדורה ביקורתית על פי כתבי יד וקטעי גניזה]. Mifʻal ha-Midrash, Mekhon Shekhṭer le-madʻe ha-Yahadut. p. 76; Schreier, J. (Trad.). (s. f.). Kohelet Rabbah [traducción en línea]. En The Sefaria Midrash Rabbah. Sefaria. https://www.sefaria.org/Kohelet_Rabbah.1.8Schoeps, H. J. (1948). Simon Magus in der Haggada? Hebrew Union College Annual, 21, 257–274. http://www.jstor.org/stable/23503694 

Janania ben el hermano de Rabí Yehoshua, figura perteneciente a la cuarta generación de Tanaítas (110-135 E.C.), representa un caso paradigmático de la compleja transición que experimentó el judaísmo rabínico en su proceso de autodefinición frente al cristianismo emergente. El investigador británico R. Travers Herford, en su obra fundamental Christianity in Talmud and Midrash (p. 211), ofrece una evaluación cronológica crucial al considerar este texto como auténticamente tanaítico a pesar de las aparentes contradicciones lingüísticas que presenta. La presencia del arameo, idioma característico del período amoraítico posterior, junto con la redacción tardía del Midrash Kohelet Raba, podría sugerir una composición más reciente; sin embargo, Herford argumenta convincentemente que ciertos marcadores textuales inequívocos apuntan hacia su antigüedad histórica. La mención específica de Kefar-Najum (Cafarnaúm) como localización geográfica concreta en la Tierra de Israel, junto con la identificación nominal precisa del sabio involucrado, constituyen criterios metodológicos sólidos para la datación de material tanaítico auténtico, ya que las tradiciones posteriores tienden hacia la generalización geográfica y la anonimización de los protagonistas.

La interpretación del comentarista medieval Matnot Kehuna, incorporada en la prestigiosa edición de Vilna del Midrash, proporciona una clave hermenéutica fundamental al enfatizar la significación geográfica del viaje de R’ Janania hacia Kefar-Najum (Cafarnaum). Según esta exégesis, el sabio se dirigió específicamente “al lugar de la torre de los tintoreros” (migdal tzaba'im) con propósitos curativos, sugiriendo una búsqueda de sanación que trasciende lo meramente físico. Esta interpretación, sin embargo, genera una ambigüedad deliberada en el texto: la naturaleza exacta de la “enfermedad” de R’ Janania permanece intencionalmente obscura, permitiendo una lectura más profunda donde la condición que requiere tratamiento no es necesariamente corporal sino espiritual. En este contexto, la intervención terapéutica de Rabí Yehoshua mediante la aplicación de aceite (meshaj) adquiere dimensiones tanto médicas como exorcísticas, funcionando como un remedio específico contra los encantamientos (keshafim) que los herejes (minim) supuestamente habían ejercido sobre R’ Janania. Esta interpretación transforma el relato de una simple curación médica en una narrativa de liberación espiritual, donde el poder rabínico ortodoxo se enfrenta y vence a las fuerzas mágicas heréticas de los judeo-cristianos.

El texto presenta una constelación de elementos simbólicos que establecen inequívocamente su orientación anti-cristiana, creando un palimpsesto narrativo donde cada detalle funciona como marcador polémico. La elección de Kefar-Najum como escenario no es accidental sino profundamente significativa: esta ciudad funcionó como el centro neurálgico del ministerio de Yeshú según los evangelios canónicos, particularmente Mateo 4:13 que registra explícitamente su establecimiento residencial allí (“κατώκηϲε  ειϲ καφαρναουμ = וְיָשַׁב בְּכְפַר-נַחוּם”) según dice el Codex Sinaiticus folio 201a. Esta localización geográfica específica transforma el relato en una inversión narrativa deliberada, donde un sabio judío ortodoxo penetra en el corazón mismo del territorio cristiano para rescatar a un correligionario contaminado por la herejía. La mención del burro (jamor) como medio de transporte adquiere resonancias cristológicas inmediatas, evocando la entrada de Yeshú en Jerusalén montado sobre un pollino, episodio central en la narrativa evangélica que los autores rabínicos conocían y contra el cual polemizaban. La violación sabática mediante la equitación constituye una transgresión halájica específica que los rabinos categorizaban bajo la prohibición de muktzeh y las labores derivadas del Shabat, presentando así a los cristianos como violadores sistemáticos de la Torah. La expresión “דְּהַהוּא רַשִּׁיעָא” (ese malvado) representa un topos anti-cristiano que, refleja la cristalización de actitudes rabínicas hostiles hacia la figura de Yeshú, identificándolo mediante el epíteto despectivo que se convertiría en estándar en la literatura polémica posterior.

El encuentro de R’ Janania con los minim en Kefar-Najum adquiere mayor credibilidad histórica cuando se examina dentro del corpus más amplio de narrativas rabínicas similares que documentan interacciones entre sabios ortodoxos y comunidades judeo-cristianas durante el mismo período cronológico. El paralelo más significativo lo constituye el célebre relato del encuentro entre R’ Eliezer ben Hyrcanus y el hereje Ya’akov de la aldea de Sakhnin, episodio documentado en múltiples fuentes tanaíticas cuya autenticidad histórica es prácticamente indiscutible. Esta historia aparece registrada en una impresionante variedad de textos: Kohelet Raba (comentario 1, verso 8, 3), Talmud de Jerusalén (Avoda Zara 2:2 y Shabat 14:4), Tosefta Julin 2:22, y Talmud de Babilonia (Avoda Zara 16b-17a), demonstrando así su amplia circulación y aceptación en los círculos rabínicos. Ambas narrativas comparten una estructura literaria común que revela un patrón editorial consciente: un sabio respetado establece contacto con representantes de los herejes judeo-cristianos, experimenta algún grado de atracción o contaminación herética, enfrenta la condena y amonestación de autoridades rabínicas superiores, y finalmente experimenta un proceso de purificación y reintegración al judaísmo normativo. Esta estructura narrativa recurrente sugiere no solo la historicidad de tales encuentros sino también su función pedagógica dentro del sistema educativo rabínico como exempla moralizantes.

El investigador Dan Yafe de la Universidad Bar-Ilan, en su obra fundamental Le Judaïsme et l'avènement du Christianisme, proporciona el marco sociopolítico esencial para comprender estos relatos dentro de su contexto histórico más amplio. Según el análisis de Yafe, el período comprendido entre el Concilio de Yavne (aproximadamente 85-90 E.C.) y la Segunda Revuelta Judía conocida como la Rebelión de Bar Kojba (132-135 E.C.) representa una fase crítica de implementación sistemática de las políticas de separación judeo-cristiana que habían sido formuladas teóricamente en Yavne. Durante esta fase, los líderes rabínicos no se limitaron a declarar la incompatibilidad entre judaísmo y cristianismo sino que procedieron a ejecutar activamente un programa de desvinculación que requería la identificación, confrontación y neutralización de aquellos elementos judíos que mantenían conexiones con comunidades cristianas. Los casos de R’ Eliezer ben Hyrcanus y R’ Janania ben Ají R’ Yehoshua deben entenderse, por tanto, no como incidentes aislados sino como manifestaciones específicas de este proceso histórico más amplio de demarcación religiosa. La exigencia de desvinculación total (hafrada) de tales relaciones no representaba meramente una preferencia teológica sino una necesidad política urgente para la supervivencia del judaísmo como sistema religioso distintivo en un ambiente donde las fronteras confesionales permanecían peligrosamente fluidas y permeables.

Análisis Filológico de las Gemilut Jasadim Orgiásticas de los minim judeo-cristianos.

La expresión “gemol jisda” (גמול חסדא) que aparece en el relato de R’ Yonatan presenta una complejidad semántica extraordinaria que requiere un análisis filológico profundo para desentrañar sus implicaciones. En el hebreo clásico, ‘gemilut jasadim’ (גמילות חסדים) constituye uno de los tres pilares fundamentales sobre los que se sostiene el mundo según Pirqe Avot 1:2, junto con la Torah y el servicio divino (avodah). El término “gemol” deriva de la raíz trilítera ג-מ-ל que en su forma qal significa "hacer" o "realizar", pero que en su forma piel (גמל) adquiere un sentido intensivo de "recompensar completamente" o "retribuir plenamente". La palabra "jesed" (חסד), por su parte, representa uno de los conceptos teológicos más complejos del hebreo bíblico, abarcando un espectro semántico que incluye bondad, misericordia, lealtad covenantal y amor fiel.

Sin embargo, el contexto específico en el que aparece esta expresión en el Midrash Kohelet revela una perversión deliberada de su significado sacro original. Los herejes invitan a R’ Yonatan a “participar en actos de bondad amorosa para una novia” (gemol jisda lahade kalta), pero cuando el sabio responde a la invitación, los encuentra “ocupados con una mujer joven” (asukim beriva ajat). La yuxtaposición entre la terminología sagrada de “gemilut jasadim” y la realidad sexual sórdida que describe constituye una ironía teológica devastadora: lo que debería representar la expresión más elevada del altruismo religioso se ha pervertido en libertinaje sexual comunal.

El testimonio más perturbador y filológicamente preciso de esta dinámica semántica no proviene, sin embargo, de los comentaristas medievales ni de los papiros mágicos griegos, sino de un manuscrito hebreo del Nuevo Testamento conservado en la Cambridge University Library bajo la signatura Ms. Oo.1.32, y Gaster Hebrew MS 1616 producido en el seno de la comunidad judía negra de Cochín, Kerala, en el siglo XVIII, y adquirido en 1806 por el reverendo Claudius Buchanan directamente de una de sus sinagogas. Este codex, redactado en escritura semicursiva sefardí y analizado preliminarmente por Solomon Schiller-Szinessy y Franz Delitzsch, transmite una versión hebrea de la epístola a los Gálatas que funcionó como texto vivo en el contexto de una comunidad que articulaba su identidad judía frente al cristianismo misionero europeo — comunidad que conservó este texto no como curiosidad anticuaria sino como instrumento de refutación polémica, según declara el propio colofón (f. 70v):

 וסהדי במרומים שלא העתקתי זה ח״ו להאמין אילה להבין ולידע מה להשיב לאפיקורוסים 

(“y mi testigo está en las alturas de que no copié esto, Dios no lo quiera, para creer, sino para entender y saber qué responder a los herejes”). 

Lo que este manuscrito preserva constituye, desde la óptica de Kohelet Raba 1:8, no una confirmación textual involuntaria sino la exposición definitiva de una enseñanza paulina deliberadamente estratificada: una doctrina exotérica presentable a las autoridades sinagogales, y una doctrina esotérica — la instauración de los cultos orgiásticos — transmitida mediante la selección calculada de terminología que únicamente los iniciados más avanzados, aquellos בני עלייה en el lenguaje del círculo íntimo, sabrían decodificar correctamente. Allí donde el Codex Sinaiticus registra en 5:6 folio 280 πίστις δι' ἀγάπης ἐνεργουμένη y en 5:13 διὰ τῆς ἀγάπης δουλεύετε ἀλλήλοις:

El texto hebreo de Cochín vierte sistemáticamente el término griego ἀγάπη mediante la locución גמילות חסדים — el mismo sintagma arameo-hebreo que los minim del Midrash emplean como contraseña iniciática para invitar a R' Yonatan a sus prácticas: אִיתָא גְּמוֹל חִסְדָּא לַהֲדָא כַּלְּתָא. La elección traductora no es filológicamente inocente ni traductológicamente obvia ni, y esto es lo determinante, semánticamente accidental: el traductor disponía de alternativas perfectamente acreditadas — אַהֲבָה, חֶסֶד, רַחֲמִים —, pero el texto subyacente que traducía, la epístola paulina misma, contenía ya la instrucción cifrada que hacía inevitable esa elección terminológica para cualquier lector judío suficientemente formado. Que esto constituya una lectura inevitable para el cualquier Talmid Jajam  formado en Kohelet Raba es demostrable textualmente y no admite refutación; que Pablo diseñó esa terminología con intención deliberada lo demuestra la convergencia de tres elementos que no admiten explicación alternativa por coincidencia. El primero es el propio Pablo: en 1 Corintios 2:6-7 él mismo declara sin ambages que enseña una σοφία distinta ἐν τοῖς τελείοις"entre los perfectos/iniciados" — y que esa sabiduría la transmite ἐν μυστηρίῳ ("en misterio"), ἐν ἀποκρύφῳ ("en lo oculto") — autopresentación explícita como maestro de doble registro que convierte la hipótesis en confirmación del propio Pablo sin necesidad de inferencia externa alguna. El segundo es la arquitectura tripartita de Gálatas 5 — axioma teológico (5:6), praxis comunitaria obligatoria (5:13), consagración pneumatológica (5:22) — que no es la estructura de una exhortación moral sino la de una iniciación progresiva: enunciado doctrinal, mandamiento práctico, elevación espiritual, exactamente los tres estadios que los manuales de los cultos mistéricos grecorromanos prescribían para la transmisión de su enseñanza más profunda. El tercero es el argumento estadístico que ningún exégeta cristiano ha sabido responder: las comunidades que desarrollaron cultos orgiásticos en el siglo I y II — los corintios de 1 Corintios 5, los nicolaítas del Apocalipsis 2:6, los carpocratianos descritos por Clemente, los grupos denunciados por Epifanio en el Panarion — son todas sin excepción comunidades paulinas, no joánicas, no jacobeas, no petrinas; una convergencia que estadísticamente no puede ser coincidencia y que solo encuentra explicación coherente en la hipótesis de que todas obedecían con precisión literal una instrucción que procedía del mismo maestro.

Porque el nudo filológico más revelador no está en 5:13 ni en 5:22, sino en el versículo que los precede y los funda teológicamente: precisamente en Gálatas 5:6, donde el Codex Sinaiticus registra πίστις δι' ἀγάπης ἐνεργουμένη y el manuscrito de Cochín lo vierte sin ambages como:

אמונה שעושה בגמילות חסדים  

(“la fe que opera mediante gemilut jasadim”) 

Aquí Pablo no está exhortando ni advirtiendo ni listando virtudes: está formulando su axioma teológico central, la proposición que fundamenta toda su soteriología, y esa proposición dice, en el hebreo que el manuscrito de Cochín preserva con precisión quirúrgica, que la fe salvífica no es fe contemplativa ni fe declarativa sino fe que עושה — que hace, que ejecuta, que realiza corporalmente — mediante la גמילות חסדים. Para el lector rabínico formado en Kohelet Raba 1:8, que conoce de memoria la escena donde los minim invocan exactamente esa expresión para iniciar a R' Yonatan en sus prácticas, la proposición paulina no admite lectura inocente: Pablo está enseñando que la fe que salva es la fe que se activa y se completa mediante la práctica orgiástica ritual, y que fuera de esa activación — ἐνεργουμένη, participio presente medio-pasivo de ἐνεργέω, verbo que en los papiros mágicos griegos designa técnicamente la activación de poderes ocultos mediante actos rituales, como en PGM IV.1596 donde ἐνεργεῖν describe la potencia sexual consagrada — la fe permanece inerte, teológicamente nula, incapaz de justificar. Porque Pablo no ignoraba la polisemia radical del término ἀγάπη en el griego koiné del siglo I, donde el campo semántico del verbo ἀγαπάω bordeaba constantemente el de ἐράω — como atestigua Platón en el Lisis 222a al usarlos casi intercambiablemente — ni desconocía que en el arameo galileo de su formación farisaica la raíz ג-מ-ל en su forma intensiva piel, גמל, designaba una retribución plena y corporal que trascendía con mucho la mera benevolencia abstracta. La estructura retórica de Gálatas 5 revela, bajo análisis, una pedagogía de doble registro perfectamente construida: para el oyente superficial, la advertencia de 5:13 — μὴ τὴν ἐλευθερίαν εἰς ἀφορμὴν τῇ σαρκί, “no uséis la libertad como pretexto para la carne” — funciona como salvaguarda moral ortodoxa; pero para el iniciado que ha recibido la instrucción esotérica, esa misma advertencia opera como la figura retórica que los antiguos denominaban παράλειψις — la mención de aquello que se declara no mencionar —, porque al introducir Pablo la carne (σάρξ) precisamente en el momento en que ordena la mutua δουλεία mediante la ἀγάπη, está trazando para el ojo entrenado la conexión que el texto exotérico finge suprimir. El resultado es que Gálatas 5:13 — בגמילות תהיו אחד לאחד (“sed uno para otro mediante la gemilut jasadim (prácticas orgiásticas rituales)”) en el manuscrito de Cochín — no es una exhortación a la caridad fraternal sino, a través del doble registro que Pablo domina con maestría de hierofante, el desarrollo práctico obligatorio del axioma ya enunciado en 5:6, (Gaster Hebrew MS 1616, folio 411, Ms. Oo.1.32, folio 126v):

אמונה שעושה בגמילות חסדים

“la fe que opera mediante las gemilut jasadim (prácticas orgiásticas rituales)”, 

Cualquier Talmid Jajam formado en Kohelet Raba 1:8 lo lee sin perífrasis posible ni eufemismo que lo mitigue: Pablo no está formulando aquí una propuesta ética sobre la caridad ni una exhortación a la benevolencia abstracta — está enunciando su axioma soteriológico central, la proposición que fundamenta toda su teología, y esa proposición dice que la fe que עושה, que ejecuta corporalmente la גמילות חסדים (prácticas orgiásticas rituales), es la única fe que salva, exactamente la misma gemilut jasadim que los minim ejecutaban cuando R' Yonatan llegó donde la "novia" y los encontró עֲסוּקִים בְּרִיבָה אַחַת — confirmado además por el ἐνεργουμένη del Sinaiticus, participio presente medio-pasivo de ἐνεργέω, verbo que en los papiros mágicos griegos designa técnicamente la activación de poderes ocultos mediante actos rituales: la fe solo se activa, solo adquiere su potencia salvífica, en el momento en que se realiza sexualmente en la comunidad. El iniciado avanzado que escucha 5:6 no escucha una metáfora sobre la virtud: escucha la orden de su maestro de participar en la gemilut jasadim (prácticas orgiásticas rituales) con sus hermanos en la fe, porque esa y no otra es, según Pablo, la fe que justifica delante de Dios. Sobre ese axioma fundacional se erige 5:13 — בגמילות תהיו אחד לאחד (“sed uno para otro mediante las prácticas orgiásticas rituales”) — que el talmid jajam lee sin ambigüedad posible como la orden práctica que convierte el axioma teológico en praxis comunitaria obligatoria, articulada además mediante la figura de la παράλειψις — porque al introducir Pablo la carne (σάρξ) precisamente en el momento en que ordena la mutua δουλεία mediante la ἀγάπη, está trazando para el ojo entrenado la conexión que el texto exotérico finge suprimir: la libertad proclamada en 5:1 — קומו עתה כחשפים במשיח — es la libertad de ejecutar sin restricciones halájicas exactamente lo que los minim practicaban en Cafarnaúm. La ironía filológica alcanza su cenit en 5:22, donde el primer fruto del Espíritu — ὁ καρπὸς τοῦ πνεύματός ἐστιν ἀγάπη en el Sinaiticus — queda renderizado como פירות של רוח זה גמילות (“el primer fruto del Espíritu son las prácticas orgiásticas rituales”), encabezando una lista de virtudes espirituales que el texto paulino contrasta, en 5:19-21, con זנות טומאה וסרסוןπορνεία ἀκαθαρσία ἀσέλγεια — distinción que para el lector rabínico entrenado en Kohelet Raba no era sino la coartada retórica del iniciador más sofisticado: Pablo condena la זנות con una mano precisamente porque con la otra ha instaurado la gemilut jasadim como su sustituto consagrado y elevado, de práctica clandestina a primer don del Espíritu — el mismo movimiento que los minim del Midrash ejecutan cuando cubren su acto con el vocabulario de la bondad amorosa. La arquitectura es implacable y no admite lectura alternativa: fe que se activa mediante la gemilut jasadim (5:6), obligación comunitaria de esa gemilut jasadim (5:13), gemilut jasadim como primera y suprema manifestación del Espíritu (5:22) — tres proposiciones que los בני עלייה del círculo paulino leían como un solo mandamiento progresivo, y que explican sin residuo por qué los corintios de 1 Corintios 5-6, los nicolaítas del Apocalipsis 2:6, los carpocratianos de Clemente y los grupos denunciados por Epifanio en el Panarion no estaban traicionando a Pablo sino obedeciendo con precisión literal la instrucción que el manuscrito de Cochín, con la transparencia involuntaria de quien traduce sin saber que está confesando, ha preservado para quien tenga oídos para oír.

El comentarista medieval Yefeh To'ar proporciona la clave hermenéutica esencial al explicar que la cita de Mishleí / Proverbios 1:14 ("גורלך תפיל בתוכנו כיס אחד יהיה לכולנו") debe entenderse no literalmente sino como eufemismo sexual. El término "kis" (כיס = bolsillo, bolsa) funciona como metáfora para “prostituta” o más específicamente para el órgano sexual femenino compartido comunitariamente. Esta interpretación eufemística encuentra paralelos en la literatura rabínica donde el lenguaje comercial frecuentemente enmascara realidades sexuales: el verbo "lifol goral" (echar suertes) sugiere la distribución aleatoria de turnos sexuales entre los participantes masculinos, mientras que la expresión “kis ejad” (una sola bolsa) indica la disponibilidad sexual indiscriminada de la mujer para todos los miembros del grupo.

La hipótesis más plausible sobre el origen de determinadas prácticas orgiásticas en sectores judeocristianos primitivos se fundamenta en una reinterpretación radical de elementos centrales del mensaje evangélico de Yeshú, especialmente aquellos que propugnaban la abolición de las distinciones sociales convencionales y la constitución de una nueva comunidad cimentada en el amor fraternal. El término griego ἀγάπη (agápē), piedra angular de la terminología cristiana primitiva, deriva del verbo ἀγαπάω (agapáō), cuyo campo semántico en el griego clásico y helenístico es notablemente amplio. Aunque en el corpus neotestamentario ἀγάπη suele asociarse a un amor espiritual, desinteresado y trascendente, en la literatura griega anterior y contemporánea su significado es mucho más ambiguo y puede incluir matices de afecto intenso, favoritismo e incluso deseo.

Sin embargo, para expresar el amor erótico o sexual, el griego clásico emplea preferentemente el verbo ἐράω (eráō), que aparece en la forma activa solo en presente e imperfecto (por ejemplo, ἤρων, Heródoto 9.108; ἐρᾶν, Eurípides, Hipólito 32; Platón, Simposio 181b), y cuyo uso implica connotaciones explícitamente sexuales o pasionales, tanto hacia personas (c. genitivo de persona: “ἤρα τῆς γυναικός”, Heródoto 9.108) como hacia objetos o estados (c. genitivo de cosa: “τυραννίδος ἐρᾷ”, Arquíloco 25.3). No obstante, existen contextos en los que ἀγαπάω y φιλέω pueden solaparse parcialmente con ἐράω, especialmente en registros poéticos o filosóficos donde la distinción entre amor espiritual y amor erótico se difumina (cf. Platón, Lisis 222a; Jenofonte, Hierón 11.11).

En este sentido, el uso de ἀγαπάω en el Evangelio de Juan —por ejemplo, en la célebre declaración “ἠγάπησεν ὁ θεὸς τὸν κόσμον” (Juan 3:16, Codex Sinaiticus folio 248: “ηγαπηϲεν ο θϲ  τον κοϲμο”)— no puede considerarse semánticamente neutro ni desprovisto de ambigüedad en el contexto del sincretismo religioso del siglo I. La polisemia inherente de ἀγάπη, sumada a la permeabilidad conceptual entre los distintos registros del amor en el griego koiné, permitió que ciertos grupos interpretaran el mandamiento del amor radical no solo en clave ética o espiritual, sino también como una invitación a la comunión corporal, a las prácticas orgiásticas.

Así, la progresiva identificación del amor divino con la experiencia comunitaria totalizadora —donde la distinción entre agápē y érōs se desdibuja— pudo servir de justificación teológica y filológica para el desarrollo de rituales en los que la expresión del amor fraternal adquiría formas orgiásticas o eróticas, escandalosas para los observadores exteriores pero coherentes, desde la hermenéutica interna del grupo judeo-cristiano, con la radicalidad del mensaje original de Yeshú. En suma, la sofisticación semántica de los términos griegos del amor, unida a la plasticidad de las interpretaciones en los primeros siglos de la era común, constituye un fundamento filológico sólido para comprender la emergencia de estas prácticas y su posterior condena por parte de las autoridades rabínicas y eclesiásticas.

Sin embargo, la aplicación práctica de este concepto de “agape” en las comunidades cristianas primitivas parece haber generado interpretaciones divergentes que podrían haber llevado a excesos rituales. La expresión paulina "φίλημα ἅγιον" (beso santo) mencionada repetidamente en las epístolas (Romanos 16:16, 1 Corintios 16:20, 2 Corintios 13:12, 1 Tesalonicenses 5:26) sugiere prácticas comunitarias de intimidad física que, aunque originalmente inocentes, podrían haber evolucionado hacia formas más extremas de expresión corporal. El Codex Sinaiticus en 1 Corintios 16:20 folio 274a registra: “αϲπαϲαϲθε αλληλουϲ εν φιληματι αγιω”, formulación que en griego permite interpretaciones que van desde el saludo ceremonial hasta la intimidad física.

Esta ambigüedad se acentúa en los textos gnósticos coptos de Nag Hammadi, especialmente en el Evangelio de Felipe (NHC II,3), donde el beso trasciende la mera cortesía y se convierte en un símbolo de comunión espiritual y transmisión de conocimiento místico. Así, el texto afirma:

ⲡⲉⲛⲥⲱⲛ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲣⲱⲙⲉ ⲁϥⲉⲓ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲥⲉⲡⲉ ⲁϥⲙⲉⲧⲁⲥⲛⲁⲩ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲡⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲟⲓⲛⲟⲥ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲉⲗⲁⲓⲟⲛ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲡⲉⲥⲱⲛ. ⲡⲉⲧⲥⲉⲡⲉ ⲙⲉⲩⲉⲓⲧⲉ ⲡⲉⲧⲥⲉⲡⲉ ⲡⲉⲥⲱⲛ. ⲡⲉⲧⲥⲉⲡⲉ ⲡⲉⲥⲱⲛ ⲙⲉⲩⲉⲓⲧⲉ ⲡⲉⲥⲱⲛ. ⲉⲧⲃⲉ ⲧⲉⲛⲥⲱⲛ ⲧⲉⲛⲥⲱⲛ ⲛⲁⲛ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲥⲱⲛ. ⲧⲁⲛⲧⲉⲛⲃⲱⲕ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲭⲁⲣⲓⲥ ⲉⲧⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ.

“El Hijo del Hombre vino como sembrador, y trajo consigo pan y vino y aceite, y también el beso. El que siembra el amor cosecha amor. El que siembra el beso cosecha el beso en retorno. Por eso nos besamos unos a otros. Recibimos la concepción de la gracia que hay en cada uno de nosotros.”

(EvFel 58,34–59,5, traducción de Bentley Layton)

En el célebre pasaje sobre Yeshú y María Magdalena (Miriam Terene’), el beso adquiere un matiz aún más íntimo y polémico:

ⲧⲉⲛⲕⲟⲓⲛⲱⲛⲟⲥ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲥⲱⲧⲏⲣ ⲧⲉ ⲙⲁⲣⲓⲁ ⲡⲉ ⲧⲏⲣⲉⲛⲏ. ⲙⲁⲥⲉ ⲁϥⲙⲉⲛⲁⲧⲉⲛ ⲉⲧⲛ̄ⲧⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ ⲉⲃⲟⲗ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲙⲉⲛⲁⲧⲉⲛ ⲉⲧⲛ̄ⲧⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ ⲉⲃⲟⲗ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲉⲧⲛ̄ⲧⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ ⲉⲃⲟⲗ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲉⲧⲛ̄ⲧⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ ⲉⲃⲟⲗ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲉⲧⲛ̄ⲧⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ ⲉⲃⲟⲗ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲉⲧⲛ̄ⲧⲉⲛⲧⲉⲛⲁⲩ ⲉⲃⲟⲗ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ ⲛ̄ⲧⲉ ⲡⲉⲧⲛⲁⲙⲉⲓⲛⲉ.

“Y la compañera [koinonos] del Salvador (p-sōtēr) es María’ Terené [la Magdalena; o, según la tradición copta local, la Terené]. Más [la amaba] que a todos los discípulos, y la besaba a menudo en la [boca]. Los otros discípulos lo veían y le decían: “¿Por qué la amas más que a todos nosotros?”

(EvFel 63,32–64,10)

Estas fuentes ilustran cómo, en determinados círculos gnósticos, la práctica del beso pudo evolucionar desde un simple gesto de fraternidad a un acto cargado de significado esotérico y, potencialmente, de intimidad física. Así, el “beso santo” paulino, resignificado en clave gnóstica, sirvió no solo como símbolo de comunión espiritual, sino también como posible vehículo para rituales de unión que difuminaban las fronteras entre lo espiritual y lo corporal, abriendo la puerta a interpretaciones y prácticas que los observadores externos —y posteriormente las autoridades eclesiásticas— consideraron excesivas o incluso escandalosas.

La enseñanza de Yeshú sobre la abolición de estructuras familiares tradicionales, particularmente evidente en Mateo 10:34-37 donde declara haber venido “no para traer paz sino espada” y dividir las familias, pudo haber sido interpretada por algunos grupos como una licencia para transgredir todas las normas sexuales convencionales. El concepto de “nueva creación” (καινὴ κτίσις) proclamado por Pablo en 2 Corintios 5:17 implicaba teóricamente la abolición de todas las distinciones y prohibiciones del orden anterior, incluyendo potencialmente las restricciones sexuales halájicas que definían la identidad judía ortodoxa.

Más específicamente, la enseñanza de Yeshú registrada en Marcos 12:25 (Codex Sinaiticus, folio 225a: “οταν γαρ εκ νεκρων αναϲτωϲι  ουτε γαμιζονται”) sobre que en la resurrección “Pues cuando resuciten de entre los muertos, ni se casarán” pudo haber sido interpretada por comunidades escatológicamente orientadas como una abolición inmediata del matrimonio y, por extensión, de todas las restricciones sexuales. Si los creyentes se consideraban ya participantes de la vida resurrectionis, entonces las normas matrimoniales del mundo presente perdían su relevancia y autoridad.

La evolución de las "ἀγάπαι" (comidas de amor fraternal) hacia rituales sexuales comunitarios representa un fenómeno sociológico complejo que encuentra paralelos en movimientos religiosos entusiastas a lo largo de la historia. El término "ἀγάπη" inicialmente designaba las comidas comunitarias cristianas mencionadas en Judas 12 (Codex Sinaiticus, folio 325a: “ουτοι ειϲιν γογγυϲται μεμψιμυροι κα ταϲ επιθυμιαϲ αυτων πορευομενοι εν ταιϲ αγαπαιϲ ϋμων · ϲπιλαδεϲ” = Estos son murmuradores, quejosos, que caminan según sus propios deseos; en vuestras ágapais [banquetes orgiasticos] son manchas...) donde se describe a los falsos maestros como “manchas en vuestras ágapes”. La transformación semántica del término desde “comida de amor” hacia “ritual orgiástico” refleja un proceso de radicalización teológica donde la metáfora del amor divino se materializa literalmente en actos sexuales.

El testimonio de Epifanio sobre los gnósticos que "recogen la potencia de Prunikós de los cuerpos, a través de los fluidos" sugiere una teología específica donde los fluidos corporales se conciben como vehículos de poder espiritual. Esta concepción encuentra resonancias en el lenguaje eucarístico del Nuevo Testamento, particularmente en Juan 6:53-56 donde Yeshú declara la necesidad de "comer su carne y beber su sangre" para obtener vida eterna. El Codex Sinaiticus folio 521a en Juan 6:54 registra: “ο τρωγων μου τη  ϲαρκα και πινω  μου το αιμα εχει ζωην αιωνιον”, formulación que en contextos gnósticos pudo haber sido interpretada literalmente como consumo ritual de sustancias corporales.

La práctica gnóstica descrita por Epifanio donde los participantes “recogen semen” (συλλέγομεν γονήν) durante rituales sexuales para consumirlo posteriormente como fuente de poder espiritual (δύναμις) representa una perversión extrema de la teología eucarística cristiana entre los primeros judeo-cristianos. El término griego "δύναμις" aparece frecuentemente en el Nuevo Testamento para describir el poder milagroso de Yeshú, y su aplicación a fluidos sexuales sugiere una identificación entre el poder salvador cristiano y la energía sexual humana.

La edición crítica de Hirshman y Baruchi suministra en su aparato comentarial (Peirush Zikaron Yaakov) tres observaciones exegéticas que, leídas en conjunto, fijan de forma definitiva la valencia semántica de «גְּמוֹל חִסְדָּא» en el episodio de R' Yonatan y blindan su autenticidad histórica frente a cualquier objeción de interpolación tardía. La primera corresponde al §348, donde el comentario yuxtapone la sentencia halájica:

«וְעַד כַּמָּה, אָמַר רַב חִסְדָּא עַד אַרְבַּע אַמּוֹת, אָמַר לֵיהּ גְּמוֹל חִסְדָּא לַעֲנִיִּים... לָטִים» 

(«¿Y hasta cuánto debe alejarse un judío de los minim? Dijo Rav Jisda: hasta cuatro codos. Le dijo: realiza un acto de jesed para los pobres... los latim [salteadores]»), 

El nombre propio «רַב חִסְדָּא» y el sintagma «גְּמוֹל חִסְדָּא» comparten la raíz trilítera ח-ס-ד, y en la hermenéutica rabínica clásica esa coincidencia no es accidental sino un procedimiento exegético codificado mediante el cual el texto activa un contraste deliberado: la misma raíz que en boca del maestro ortodoxo prescribe la distancia protectora frente a la herejía es la que los lestai convierten en instrumento de seducción para abolir exactamente esa distancia. La segunda observación corresponde al §365, donde el comentario glosa «רַ' בִּרָא גְּמוֹל חֶסֶד לַכַּלָּה» («Rabino, ven a realizar un acto de jesed para la novia») añadiendo de forma inmediata «הָלַךְ וּמָצָא עֲסוּקִים בְּנַעֲרָה אַחַת» («fue y los encontró ocupados con una jovencita»), fijando así la equivalencia semántica entre ambas expresiones como unidad indisoluble: «גְּמוֹל חֶסֶד לַכַּלָּה» no admite lectura inocente porque su sentido queda determinado retroactivamente por lo que R' Yonatan encuentra al llegar, y el aparato comentarial trata deliberadamente ambos sintagmas como las dos mitades de un único enunciado cuya primera mitad es la cobertura piadosa y cuya segunda mitad es la realidad que esa cobertura disimula. La tercera observación, igualmente en §365, procede de Lieberman —citado en el aparato como Mehqarim be-Torat Eretz Yisrael, p. 173— quien señala que la locución «עָרַק חַד מִן תַּלְמִידוֹי» («uno de sus discípulos se fugó con ellos») es «קַצָּת מְגַמְגֶּמֶת» («algo forzada/tartamuda»), observación que lejos de debilitar el pasaje lo fortalece: una formulación que la tradición manuscrita no ha pulido ni armonizado con los paralelos del Yerushalmi Guitín 8:10 es precisamente la señal filológica de que preserva un estrato narrativo anterior a cualquier elaboración redaccional, lo cual significa que la escena de «גְּמוֹל חֶסֶד לַכַּלָּה» y el hallazgo de R' Yonatan no son una amplificación polémica tardía sino el núcleo histórico más antiguo y resistente del relato.¹ Sobre estas tres observaciones convergentes descansa la bivalencia irreducible de «גְּמוֹל חִסְדָּא»: expresión cuya lectura exotérica —acto de bondad amorosa, pilar del orden ético judío— y cuya lectura esotérica —invitación a la participación en el acto sexual grupal que R' Yonatan encuentra al llegar— no son lecturas alternativas sino simultáneas, depositadas en el mismo sintagma con una precisión que el texto midrásico, lejos de disimular, explota como su arma polémica más sofisticada, y que el aparato crítico de Hirshman y Baruchi preserva con plena conciencia de su función hermenéutica (Hirshman & Baruchi, 2016, p. 75).

Evidencias Filológicas y Polémicas Antiguas sobre las Prácticas Comunitarias

El análisis filológico de fuentes siríacas, griegas y semíticas revela que la evolución de ciertas prácticas comunitarias judeo-cristianas hacia formas orgiásticas no fue solo una acusación polémica, sino un fenómeno documentado y debatido en la Antigüedad. El término siríaco jubá’ (ܚܘܒܐ / חובא), equivalente semítico del griego ἀγάπη, aparece en la Peshitta y otros textos cristianos orientales con una ambigüedad semántica comparable a la del griego, permitiendo interpretaciones que van desde el amor fraternal hasta la unión sexual ritualizada. Documentos pseudoepigráficos siríacos posteriores emplean jubá’ para describir prácticas sexuales rituales con pretensiones de conferir iluminación espiritual, y el Liber Graduum del siglo IV menciona comunidades que interpretaban el mandamiento del amor fraternal (jubá’ d-ajé) en términos literales y físicos, sugiriendo que tales tendencias no se limitaron al ámbito gnóstico griego, sino que penetraron también en tradiciones semíticas orientales. Expresiones como qurbana d-jubá (“ofrenda de amor”) aparecen en textos polémicos siríacos como designación despectiva para rituales donde el acto sexual se concebía como sacrificio espiritual.

Esta convergencia filológica se refuerza por los testimonios patrísticos. Clemente de Alejandría, por ejemplo, reporta explícitamente los ágapes orgiásticos de los carpocratianos, señalando que en tales banquetes “buscan comunión” (κοινωνία), y protesta contra el uso de κοινωνία μυστική (“comunión mística”) para referirse a la unión sexual. Clemente observa que los carpocratianos justificaban su conducta citando la máxima evangélica “da a quien te pida”, reinterpretada como un mandamiento de Yeshú para legitimar la promiscuidad ritual. Estas acusaciones, aunque similares a las calumnias paganas contra los cristianos en general (cf. Tertuliano, Apología VII.1), se documentan con detalles internos que delatan una conexión funcional primitiva entre los sacramentos, persistente en ciertas sectas libertinas. Además, Clemente denuncia que los carpocratianos eran conocidos como “los que falsifican la verdad” (οἱ παραχαράσσοντες τὴν ἀλήθειαν), y que su práctica de la cópula ritual en los ágapes iba acompañada de la exigencia a cualquier mujer de cumplir la “ley divina” de Yeshú, que en última instancia se basaba en una interpretación literal y radical de las palabras de Yeshú.

Este trasfondo ritualista tiene paralelos en la literatura mágica greco-egipcia, donde los papiros mágicos (PGM IV, 1596-1715) describen invocaciones y consagraciones que incluyen fórmulas para conferir “encanto sexual” y participación en ritos orgiásticos secretos, asociados a divinidades como Helios y Dioniso. El término griego ὀργιαστής (“participante en ritos orgiásticos”) aparece en estos contextos como designación técnica de quienes buscan experiencias de comunión extática y sexual con lo divino, mostrando que la frontera entre magia, mística y sexualidad ritual era porosa en el entorno religioso tardoantiguo.

La percepción de estos rituales como amenazas sociales y morales está atestiguada también en la legislación romana, que prohibió la castración en honor a Atis y reprimió los misterios báquicos en el 186 a.C., alegando su carácter orgiástico, oriental y femenino. Esta tendencia persecutoria se mantuvo durante siglos, alimentando el estigma sobre los cultos mistéricos, las collegia y las sociedades funerarias, a menudo acusadas de prácticas sexuales subversivas.

Desde la perspectiva rabínica, el Midrash Kohelet Raba 1:8 ofrece un testimonio paradigmático: los minim (judeo-cristianos) son retratados como seductores que, bajo la apariencia de “gemol jisda” (גמול חסדא, actos de bondad amorosa), organizan rituales sexuales grupales disfrazados de altruismo religioso. Los comentaristas medievales (Jidushei HaRadal, Etz Yosef, Matnot Kehunah, etc.) desentrañan las capas polémicas y teológicas de este relato, revelando la ansiedad rabínica ante la expansión cristiana y su reinterpretación radical de conceptos sagrados judíos.

Conclusión

La hipótesis más sólida sobre la enseñanza mistérica de Yeshú respecto a la autorización de las gemol jisda o ágapes, reconstruida desde el arameo galileo y enriquecida por el análisis filológico multilingüe, apunta a que su doctrina sobre el amor comunitario no solo fue radicalmente encarnacional, sino que también se insertó en el horizonte ritualista de los cultos mistéricos del Mediterráneo oriental. En el arameo galileo, términos como חסדא (jisda) y רחמין (rajamín) ya poseían, en registros apocalípticos y místicos, un potencial semántico que permitía su expansión hacia formas de intimidad física, especialmente cuando se reinterpretaba la hospitalidad y el amor fraternal como participación directa en la economía divina de la redención.

Sin embargo, la plasticidad de estos conceptos se vio potenciada al ser traducidos y resignificados en contextos griegos, coptos y siríacos: ἀγάπη, ܚܘܒܐ (jubá), ⲁⲅⲁⲡⲏ, todos ellos términos que, en los ambientes gnósticos y cristianos heterodoxos, podían abarcar desde la caridad ética hasta la comunión sexual ritualizada. La raíz aramea de gemol jisda (גמול חסדא), al pasar al griego como κοινωνία y al copto como ⲕⲟⲓⲛⲱⲛⲟⲥ, adquirió matices de participación mística y corporal, como se observa en el Evangelio de Felipe y otros textos de Nag Hammadi, donde la unión física y el beso se convierten en vehículos sacramentales de iluminación y reintegración espiritual.

La clave hermenéutica de este desarrollo reside en la convergencia entre la teología encarnacional de Yeshú y la praxis ritual de los cultos mistéricos grecorromanos. Los papiros mágicos griegos (PGM), especialmente PGM IV, atestiguan la existencia de ritos orgiásticos y fórmulas de consagración que buscaban la participación extática en la divinidad a través de la unión sexual y la comunión de cuerpos, invocando a deidades como Helios, Dioniso o la Gran Madre, y empleando términos como ὀργιαστής (“participante en ritos orgiásticos”) tal como se lee en líneas 1596-1715:

...Εἰ λανχυχ ακαρὲν βαλ μισθρὲν μαρτα / μαθαθ λαιλαμ μουσουθι σιεθο βαθαβαθι ιατμὼν αλει ιαβαθ αβαοθ σαβαωθ αδωναϊ,  [= בִּי לַנְחִיךְ עֲקָרֵן בַּעַל מִסְתְּרֵן מַרְתָּא מַתַּת לְעָלַם מוסותי סִיֵּתוֹ בַּת־אַבַּתִּי יַתְמוֹן עָלֵי יַבַּת אֲבוֹת צְבָאוֹת יי] ὁ μέγας θεός, ορσενοφρὴ οργεατὴς τ᾿ ὁ θορνατὴς κριθι βιόθι ιαδμὼ υταμὼι μεθιεί λονχοο ακαυ βαλ μινθρὲ βανε βαινχχυχχχ ουφρι νοθεουσι θραι / αρσιουθ ερονέρθερ…

(Traducción: ..Te invoco, el más grande en el cielo: bi lanchych akaren bal misthren marta, mathath lailam mousouthi sietho bathabathi iatmon alei Iabath Abaoth Sabaoth Adonai [= בִּי לַנְחִיךְ עֲקָרֵן בַּעַל מִסְתְּרֵן מַרְתָּא מַתַּת לְעָלַם מוסותי סִיֵּתוֹ בַּת־אַבַּתִּי יַתְמוֹן עָלֵי יַבַּת אֲבוֹת צְבָאוֹת יי] ([Oh] vida, fuerza, señor, oculto, dador de dones, eterno, poderoso, oculto, que todo lo ve, que concede dones, que eres el padre, los ejércitos, el Señor) el gran dios, Orsenophrē (Osiris/Serapis), el participante en ritos orgiásticos  (οργεατὴς τ᾿ ὁ θορνατὴς) y el que excita el frenesí, [tú que eres] poderoso, vital, que das vida, que eres invocado, que eres secreto, el que ilumina, el que protege, el que es señor, el que da nacimiento, el que es creador, el que es oculto, el que es dios, el que es poderoso, el que es alto, el Helios resplandeciente, que da luz a todo el mundo. Tú eres la gran serpiente, líder de todos los dioses, quien controla el principio de Egipto y el fin de todo el mundo habitado, quien se une en el océano, el hijo, el dios, los dioses.)

-Betz, H. D. (Ed.). (1986). The Greek Magical Papyri in Translation, Including the Demotic Spells (pp. 68 [=126 del PDF]). Chicago: The University of Chicago Press.

Estas prácticas, orientadas a la obtención de poder, fortuna y revelación, se estructuraban en torno a la idea de que la sexualidad ritual era un canal legítimo y eficaz de acceso a la realidad divina.

En este contexto, Yeshú puede ser interpretado como un hierofante semítico-romano, un maestro de misterios que, adaptando y resignificando la tradición judía de jesed y gemilut jasadim, la fusionó con los modelos mistéricos grecorromanos, autorizando ágapes y gemol jisda como prácticas de comunión total, donde la abolición de las distinciones convencionales y la participación en el amor divino se encarnaban en gestos de hospitalidad radical, partimiento del pan y, en ciertos círculos, unión sexual ritual. El verbo arameo דבק (davaq, “adherirse, unirse”) y su paralelo griego κολλάω, ambos connotando tanto unión mística como física, refuerzan la hipótesis de que la devequt hierofante propuesta por Yeshú se realizaba no solo en el plano espiritual, sino también en el corporal, en línea con las aspiraciones de los cultos mistéricos de su tiempo.

Desde la perspectiva rabínica del Midrash Kohelet Raba, la reacción ante las prácticas descritas —como los ágapes o gemol jisda— no puede entenderse simplemente como una polémica religiosa más, sino como una denuncia frontal de lo que los sabios consideraban una corrupción radical de la identidad judía. Para los rabinos, Yeshu y sus discípulos (los jinukim) no eran vistos como una rama legítima del judaísmo, sino como mumarim: desviados, apóstatas y, sobre todo, pervertidos sexuales que habían traicionado los valores fundamentales de la Torá y la tradición.

El relato de Kohelet Raba 1:8 y sus glosas medievales dejan claro que los minim (judeo-cristianos) no solo reinterpretaron el amor fraternal y la hospitalidad, sino que los transformaron en rituales de índole sexual bajo el disfraz de “actos de bondad amorosa” (gemol jisda). Para los sabios, este uso de la terminología sagrada judía para legitimar la promiscuidad y la orgía ritual era una de las formas más peligrosas de herejía: no solo porque pervertía la halajá, sino porque seducía a los incautos bajo la apariencia de piedad y compasión. Así, el Midrash describe cómo los discípulos de Yeshu atraían a jóvenes judíos con promesas de comunión y espiritualidad, solo para iniciarlos en prácticas que los rabinos consideraban abominaciones sexuales y mágicas, asociadas en el imaginario rabínico tanto con la idolatría pagana como con la traición nacional.

La narrativa rabínica no se limita a la condena moral, sino que construye una oposición total: los seguidores de Yeshu son presentados como “otros”, como extranjeros dentro de Israel, incapaces de regresar a la vida judía auténtica (“todos los que a ella van, no vuelven…”). La imagen de los minim como seductores, magos y libertinos sexuales se convierte en un mecanismo de defensa identitaria, que busca proteger la integridad espiritual del pueblo judío frente a la amenaza de la asimilación y la disolución ritual. El hecho de que los ágapes y las gemol jisda sean interpretados como orgías rituales no es solo una acusación moral, sino una declaración de guerra cultural: para los rabinos, Yeshu y sus jinukim no son judíos extraviados, sino enemigos internos, agentes de corrupción que deben ser combatidos y expulsados.

En este sentido, la reacción rabínica y patrística ante las prácticas mistéricas y orgiásticas de los judeo-cristianos no solo atestigua el impacto subversivo de la hermenéutica de Yeshu en el Mediterráneo tardoantiguo, sino que revela la profunda fractura entre judaísmo y cristianismo. Desde la óptica de Kohelet Raba, la autorización de las gemol jisda o ágapes por Yeshu no es la universalización de una mística semítica, sino la perversión máxima de la santidad judía: una herejía que, bajo el disfraz del amor y la comunión, destruye la frontera entre lo sagrado y lo profano, y convierte a sus adeptos en mumarim, desviados y pervertidos irredimibles a los ojos de la tradición rabínica.


Nota al pie:

¹ Lieberman, S. (1991). Meḥqarim be-Torat Ereẓ Yisrael [מחקרים בתורת ארץ ישראל]. Magnes Press, p. 173. La observación de Lieberman se enmarca en su análisis comparativo de las variantes textuales entre el Yerushalmi Guitín 8:10 y el Midrash Kohelet Rabah, donde demuestra que la formulación midrásica, precisamente por su carácter lingüísticamente «forzado» respecto a los paralelos talmúdicos, preserva un estrato narrativo anterior a la redacción final del Midrash. Esta metodología —identificar autenticidad en la resistencia del texto a la armonización— es característica del método filológico de Lieberman, expuesto sistemáticamente en su obra Hellenism in Jewish Palestine (Jewish Theological Seminary of America, 1950), y constituye uno de los instrumentos críticos más sólidos disponibles para la datación de material tanaítico embebido en compilaciones amoraíticas tardías como Kohelet Rabah.