5/04/2026

La soberbia de Jesús expuesta en un breve fragmento, por Neshamot Deot

BS"D


La soberbia de Jesús expuesta en un breve fragmento 

Por Neshamot Deot

Veamos un pequeño texto en griego sobre el que ya daré los detalles necesarios para hacer la debida disertación que expongo en el título: 



Photo: © Bodleian Libraries, University of Oxford

πρότερον πρὸ ἀδικῆσαι πάντα σοφί 2. ζεται. ἀλλὰ προσέχετε µή πως καὶ 3. ὑµεῖς τὰ ὅµοια αὐτοῖς πάθητε. οὐ γὰρ 4. ἐν τοῖς ζωοῖς µόνοις ἀπολαµβάνου5. οιν οἱ κακοῦργοι τῶν ἀν(θρώπ)ων ἀλλὰ [κ]αὶ 6. κόλασιν ὑποµένουσιν καὶ πολ[λ]ὴν 7. βάσανον. καὶ παραλαβὼν αὐτοὺς 8. εἰσήγαγεν εἰς αὐτὸ τὸ ἀγνευτήριον καὶ 9. περιεπάτει ἐν τῶ ἱερῶ. καὶ προσε[λ]- 10. θὼν φαρισαῖός τις ἀρχιερεὺς λευ[εὶς ?] 11. τὸ ὄνοµα συνέτυχεν αὐτοῖς καὶ ε[ἶπεν] 12. τῶ σω(τῆ)ρι, τίς ἐπέτρεψέν σοι πατ[εῖν 13. τοῦτο τὸ ἁγνευτήριον καὶ ἰδεῖν [ταῦ14. τα τὰ ἅγια σκεύη µήτε λουσα[µ]έν[ω] µ[ή15. τε µὴν τῶν µαθητῶν σου τοὺς π[όδας βα16. πτισθέντων; ἀλλὰ µεµολυ[µµένος 17. ἐπάτησας τοῦτο τὸ ἱερὸν τ[όπον ὄν18. τα καθαρόν, ὃν οὐδεὶς ἄ[λλος εἰ µὴ 19. λουσάµενος καὶ ἀλλά[ξασ τὰ ἐνδύ20. µατα πατεῖ, οὐδὲ ὁ[πᾶν τολµᾶ ταῦτα 21. τὰ ἅγια σκεύη. καὶ σ[τὰς εὐθέως ὁ σω(τὴ)ρ 22. σ[ὺν τ]οῖς µαθηταῖ[ς ἀπεκρίθη αὐτῶ, 23. σὺ οὖν ἐνταυθα ὢν ἐν τῶ ἱερῶ καθα24. ρεύεις; λέγει αὐτῶ ἐκεῖνος, καθαρεύω. ἐλουσά25. µην γὰρ ἐν τῆ λίµνη τοῦ ∆(αυεὶ)δ καὶ δἰ ἑτέ26. ρασ κλίµακος κατελθὼν δἰ ἑτέρας 27. ἀ[ν]ῆλθον, καὶ λευκὰ ἐνδύµατα ἐνε28. δυσάµην καὶ καθαρά, καὶ τότε ἦλθον 29. καὶ προσέβλεψα τούτοις τοῖς ἁγίοις 30. σκεύεσιν. ὁ σω(τὴ)ρ πρὸς αὐτὸν 31. [κρι]θεὶς εἶπεν, οὐαί, τυφλοὶ µὴ ὁρῶν32. τ[ε]ς. σὺ ἐλούσω τούτοις τοῖς χεοµένοις 33. ὕ[δ]ασιν ἐν οἷς κύνες καὶ χοῖροι βέβλην34. [ται] νυκτὸς καὶ ἡµέρας, καὶ νιψάµε35. [ν]οσ τὸ ἐκτὸσ δέρµα ἐσµήξω, ὅπερ 36. [κα]ὶ αἱ πόρναι καὶ α[ἱ] αὐλητρίδες µυρί37. [ζ]ου[σιν κ]αὶ λούουσιν καὶ σµήχουσι 38. [καὶ κ]αλλωπίζουσι πρὸς ἐπιθυµί39. [αν τ]ῶν ἀν(θρώπ)ων ἔνδοθεν δὲ ἐκεῖ40. [ναι πεπλ]ήρωται σκορπίων καὶ 41. [πάσησ κα]κίας. ἐγὼ δὲ καὶ οἱ 42. [µαθηταί µου] οὓς λέγεις µὴ βεβα43. [πτίσθαι βεβά]µµεθα ἐν ὕδασι ζω44. [ῆς αἰωνίου τοῖ]ς ἐλθοῦσιν ἀπὸ . . [.] 45. [. . . . . . . . . ἀλ]λὰ οὐαὶ [τ]οῖς [. . .] .

Este breve documento en realidad se trata de una hoja de pergamino, probablemente del siglo IV o V, descubierta por B. P. Grenfell y A. S. Hunt en 1905, conocida como el fragmento evangélico de Oxirrinco (P. Oxy. 840). Este texto fragmentario, hallado en el yacimiento arqueológico de Oxirrinco, Egipto, su contenido se estima que data del siglo II, aproximadamente entre el 110 y el 160 d.C., lo que lo sitúa en la época temprana del cristianismo, contemporáneo a otros escritos apócrifos y gnósticos.

Grenfell y Hunt en Egipto.

El documento contiene dos discursos atribuidos a Jesús, de los cuales el primero ha desaparecido casi por completo. El segundo, muy bien conservado, presenta una controversia entre Jesús y un fariseo, cuyo nombre parece leerse como Leví, y en el que discuten acerca de las purificaciones en el Templo. El tenor de esta disputa recuerda de cerca a ciertos pasajes de los evangelios sinópticos, como Mateo 15,1-20; 23-25 y Marcos 7,1-23, y pone de manifiesto el influjo de fuentes canónicas para su redacción.

A pesar de sus similitudes con los evangelios de Mateo y Marcos, este texto se distingue por su lenguaje y su referencia constante a Jesús como "El Salvador" (ὁ σωτήρ), un término que, aunque aparece en los evangelios de Lucas y Juan, no se usa de manera constante en los textos canónicos. Esto sugiere que el fragmento podría reflejar una variante temprana de tradiciones cristianas o un evangelio no reconocido por la Iglesia primitiva como parte del canon.

Además, el autor del texto muestra cierta ignorancia típica respecto al ritual de las abluciones judías, con alusiones que recuerdan pasajes atribuidos al Evangelio de los Hebreos y de los Nazarenos. La narrativa también contribuye al estudio de las prácticas y debates sobre pureza y rituales en las comunidades cristianas tempranas, que estaban influenciadas por lo poco que sabían del judaísmo como por otros movimientos religiosos de la época, en especial por algunas variantes del gnosticismo. Hay referencias a la inutilidad del agua en orden a la purificación interior, así como menciones de "meretrices y flautistas", que reflejan las tensiones y debates en torno a la pureza ritual en el contexto del cristianismo primitivo. La traducción que nos ofrece Aurelio de Santos Otero, en su edición de Los Evangelios Apócrifos[1] es la siguiente: 

… «antes de atacar injustamente, traman toda clase de ardides. Pero estad atentos no sea que os sobrevenga a vosotros también lo mismo que a ellos. Porque estos malhechores de los hombres no sólo reciben su castigo entre los vivos, sino que habrán de sufrir penas y muchos tormentos». Y, tomándolos consigo, los introdujo en el lugar mismo de las purificaciones y se puso a pasear por el templo. Entonces, cierto fariseo, un pontífice por nombre Leví (?), se acercó, salió a su paso y dijo al Salvador: «¿Quién te ha dado permiso para pisar este lugar de purificación y ver estos vasos sagrados sin haberte lavado tú y sin que tus discípulos se hayan mojado los pies? Sino que, estando contaminado, has hollado este templo, que es un lugar puro, donde nadie puede pisar sin haberse primero lavado y mudado y donde nadie osa mirar los vasos sagrados». Y parándose al momento el Salvador con los discípulos, le respondió: «Entonces tú, que estás en el templo, ¿(crees) estar puro?» Le dice él: «Sí estoy puro, pues me he lavado en el estanque de David y he subido por distinta escalera de la que utilicé para bajar y me he puesto vestidos limpios y blancos, y (sólo) entonces he venido y (me he atrevido a) mirar estos vasos sagrados». El Salvador le respondió diciendo: «¡Ay (de vosotros)!, ciegos, que no veis. Tú te has lavado en esta agua corriente, donde se han echado perros y puercos de noche y de día, y, al lavarte, has limpiado lo exterior de la piel, que es lo que las meretrices y flautistas perfuman, lavan, acicalan y adornan para concupiscencia de los hombres, siendo así que su interior está lleno de escorpiones y de toda clase de maldad. Mas, por lo que se refiere a mí y a mis discípulos, de quienes tú afirmas que no nos hemos lavado, (yo te aseguro que) lo hemos hecho utilizando las aguas vivas que proceden de... Mas ¡ay de aquellos que...'» 

Sin querer debatir la exactitud o no de dicha traducción, ofrezco una tradución alternativa, para destacar ciertos matices que seguiré exponiendo y desarrollando:

 "Antes de cometer injusticia, el sabio lo examina todo. Pero cuídense de no sufrir lo mismo que ellos, porque no solo los malhechores entre los hombres reciben su castigo, sino que también soportan gran tormento. Y llevándolos, los introdujo en el lugar de pureza y caminaba en el templo. Y acercándose un fariseo, un sumo sacerdote llamado Leví, se encontró con ellos y dijo al Salvador: '¿Quién te permitió pisar este lugar de pureza y ver estos santos objetos sin haberte lavado, y sin que los pies de tus discípulos hayan sido bautizados? Pero tú, impuro, has pisado este lugar sagrado, que nadie más pisa sin lavarse primero y cambiarse las vestiduras, ni siquiera se atreve a mirar estos objetos sagrados'. Y el Salvador, respondiendo junto con sus discípulos, le dijo: 'Entonces tú, que estás aquí en el templo, ¿eres puro?' Y él respondió: 'Soy puro, porque me lavé en la piscina de David, y habiendo bajado por una escalera, subí por otra, y me puse vestiduras blancas y puras, y entonces vine y miré estos objetos sagrados'. Y el Salvador, respondiendo, le dijo: '¡Ay de ustedes, ciegos que no ven! Tú te lavaste en estas aguas vertidas en las que perros y cerdos han sido arrojados día y noche, y después de lavarte el exterior, lo frotaste, lo que hacen también las prostitutas y las flautistas que se ungen, se lavan, se frotan y se embellecen para la lujuria de los hombres, pero por dentro están llenas de escorpiones y toda maldad. Pero yo y mis discípulos, que dices que no hemos sido bautizados, hemos sido sumergidos en las aguas de la vida eterna que vienen de…'.


También presento aquí una versión en hebreo del mismo pasaje, en especial para atender al gusto de los que consideran que hay algún valor en hebraizar las fuentes que hablan del más popular de los falsos mesías: 

בְּרִאשׁוֹנָה לִפְנֵי לַעֲשׂוֹת עָוֶל כָּל דָּבָר נִשְׁקָל. אֲבָל הִזָּהֲרוּ פֶּן גַּם אַתֶּם תָּבוֹאוּ לִידֵי דוֹמֵיהֶם. כִּי לֹא רַק בַּחַיִּים יְקַבְּלוּ הָרָעִים שֶׁל בְּנֵי אָדָם שְׂכָרָם, אֶלָּא גַּם עוֹנֶשׁ יִשְׂאוּ וְיִסּוּרִים מְרוּבִּים. וְלָקַח אוֹתָם וְהִכְנִיסָם אֶל בֵּית הַטָּהֳרָה וְהָיָה מִתְהַלֵּךְ בַּהֵיכָל. וַיָּבוֹא אֵלָיו פָּרוּשׁ אֶחָד כֹּהֵן גָּדוֹל לֵוִי שְׁמוֹ וַיִּפְגַּשׁ אוֹתָם וַיֹּאמֶר אֶל הַמוֹשִׁיעַ, מִי הִתִּיר לְךָ לִדְרוֹךְ עַל מָקוֹם זֶה, הַטָּהֳרָה, וּלְרָאוֹת אֶת הַכֵּלִים הַקְּדוֹשִׁים הָאֵלֶּה, בְּלִי רְחִיצָה וְאַף תַּלְמִידֶיךָ לֹא רָחֲצוּ אֶת רַגְלֵיהֶם. וְאַתָּה מְטַמֵּא אֶת הַמָּקוֹם הַקָּדוֹשׁ הַזֶּה, אֲשֶׁר אֵין אִישׁ דוֹרֵךְ עָלָיו מִבִּלְעֲדֵי רוֹחֵץ וּמַחֲלִיף אֶת בְּגָדָיו. וְגַם הוּא מֵעֵז לָגַעַת בַּכֵּלִים הַקְּדוֹשִׁים הָאֵלֶּה. וַיַּעֲמֹד הַמוֹשִׁיעַ וְתַלְמִידָיו, וַיַּעַן אוֹתָם וַיֹּאמֶר: אַתָּה כָּאן בְּבֵית הַמִּקְדָּשׁ מְטַהֵר? וַיֹּאמֶר אֵלָיו: מְטַהֵר אֲנִי. כִּי רָחַצְתִּי בְּאֲגַם דָּוִד וְיָרַדְתִּי בְּמַדְרֵגוֹת אֲחֵרוֹת, וְעָלִיתִי בְּמַדְרֵגוֹת אֲחֵרוֹת, וְלָבַשְׁתִּי בְּגָדִים לְבָנִים וּטְהוֹרִים. אָז בָּאתִי וְרָאִיתִי אֶת הַכֵּלִים הַקְּדוֹשִׁים. וַיֹּאמֶר אֵלָיו הַמוֹשִׁיעַ: אוֹי, עִוְרִים שֶׁאֵינָם רוֹאִים רָחַצְתָּ בְּמֵי זְרוֹם, אֲשֶׁר כְּלָבִים וַחֲזִירִים נוֹפְלִים בָּהֶם לַיְלָה וָיוֹם. רָחַצְתָּ אֶת בְּשָׂרְךָ הַחוּצִי, אֲשֶׁר גַּם הַזוֹנוֹת וְהַמְּנַגְּנוֹת סָכוּ בוֹ שֶׁמֶן וְרוֹחֲצוֹת וּמְיַפּוֹת אוֹתוֹ לְתַאֲוַת בְּנֵי אָדָם, אֲבָל מִבִּפְנִים הֵן מְלֵאוֹת עַקְרָבִּים וְכָל רֶשַׁע. וַאֲנִי וְתַלְמִידַי אֲשֶׁר אָמַרְתָּ שֶׁלֹּא טָבְלוּ, רְחוּצִים בְּמֵי חַיִּים נִצְחִיִּים הַבָּאִים מֵאֵל... .

Aquí no pretendo dar mayores datos técnicos sobre el fragmento en cuestión, basta con ir a las fuentes de referencia para más detalles precisos por parte de los especialistas en la materia. Mi enfoque y análisis está centrado en comentar un aspecto que claramente está expuesto en el título de este escrito, pero antes debo señalar al menos cuatro aspectos y particularidades: 

1) El fragmento evangélico de Oxirrinco (P. Oxy. 840) está centrado en una crítica a la pureza externa versus la pureza interna. Este detalle evidente, debe ser destacado, ya que indica el motivo de la disputa y aún más el de un conflicto de moralidades que ahí se develan. La contraposición entre la pureza ritual externa y la pureza interna del corazón, es el núcleo del asunto que desata el conflicto de la escena representada en el conflicto que Jesús tiene con el fariseo sacerdote (un oxímoron para la época que dice representar y que da cuenta del poco nivel de conocimiento que el autor tiene del judaísmo de entonces) Leví con “el Salvador”, que  critica la idea de que la limpieza , o los rituales superficiales, puedan garantizar la verdadera pureza, y que compara a los fariseos con prostitutas y flautistas que se preocupan más por la apariencia externa que por su estado interno. 

2) El texto emplea un tono bastante severo y directo, usando expresiones como "¡Ay de ustedes, ciegos que no ven!" y comparaciones despectivas, como eso de "perros y cerdos" que contaminan las aguas. Este tipo de lenguaje es típico de ciertos pasajes evangélicos donde Jesús reprende a las autoridades, particularmente a los fariseos, por su hipocresía y énfasis en los rituales en lugar de la moralidad y la espiritualidad que él presume defender.

3) El documento presenta una estructura de diálogo típica de los evangelios apócrifos y canónicos, en los cuales Jesús interactúa con sus oponentes o críticos, increpándolos (Mateo 15:1-20, Marcos 7:1-23). La forma dialógica refleja un método común en la enseñanza de la época, donde la confrontación verbal -qué no el sano debate- era una herramienta para adoctrinar e imponer ideas, y que sin duda servirían como antecedente “escritural” para las polémicas medievales entre judíos y cristianos. 

4) Referencias rituales judías erróneas que reflejan una clara ignorancia del redactor. El pasaje menciona presuntos elementos específicos del judaísmo, como la piscina de David, las vestiduras blancas y la pureza ritual en el Templo, a fin de dar un escenario contextual (falso) al tema que se pretende discutir: el falso valor de los ritos de purificación. Estos detalles pretenden situar al texto en un contexto judío propio del Segundo Templo, pero crean una imagen equivocada a fin de operar y emplear un “hombre de paja” al cual derrotar más fácilmente.  

De acuerdo al Sacerdote Jesuita y Doctor en Teología Bíblica, Tomás García-Huidobro, en un artículo tituladoEl Imaginario del Templo en el Fragmento de Oxirrinco 840” [2], se deben considerar los siguientes aspectos de este breve documento: 

  1. Contexto del fragmento: El texto, datado entre los siglos III-IV, muestra a Jesús en el Templo de Jerusalén, donde interactúa con un sumo sacerdote llamado Leví. Este cuestiona la pureza ritual de Jesús y sus discípulos por no haberse lavado antes de entrar en el "lugar de las purificaciones" ni observar los rituales tradicionales.

  2. Personajes y simbología: Leví, identificado como sumo sacerdote y fariseo (aunque ningún fariseo ocupó tal cargo históricamente), representa a un grupo cristiano que sigue estrictamente los rituales de purificación, especialmente en lo que concierne al acceso a la eucaristía. Jesús, por otro lado, representa a un grupo con una visión diferente de la pureza, priorizando una pureza espiritual interna.

  3. Disputa teológica: El diálogo refleja una confrontación entre dos grupos cristianos. Leví defiende la importancia de los rituales externos de purificación para participar en la eucaristía, mientras que Jesús critica esta dependencia de los ritos externos, señalando que la verdadera pureza es interna.

  4. Simbolismo del bautismo y la eucaristía: La "piscina de David" que menciona Leví probablemente representa el baptisterio cristiano, y los "vasos sagrados" podrían referirse a los utensilios litúrgicos de la eucaristía. El "lugar de la purificación" parece aludir a un espacio de abluciones, posiblemente ubicado en el atrio de las primeras iglesias cristianas.

  5. Mensaje central: El fragmento subraya una disputa entre quienes veían los rituales de purificación como un requisito esencial para participar en la eucaristía y quienes, como Jesús, defendían una pureza interior y espiritual como la verdadera forma de contemplar las realidades divinas.

En este mismo documento, Tomás García-Huidobro, detalla que el fragmento evangélico de Oxirrinco 840 es una forma velada de exponer una disputa interna entre cristianos del período que tenían diferencias en cuanto a la purificación, de modo tal que detrás de Jesús y Leví, más que un altercado judaico, hay un debate velado entre cristianos, representados en ellos. Citemos este punto en su extensión: 

El fragmento evangélico de Oxirrinco 840 fue encontrado en la región egipcia que lleva su nombre a fines del siglo XIX. A pesar de su brevedad es sumamente sugerente porque una vez más se demuestra cómo las tradiciones cristianas desde el origen estuvieron ligadas a ciertas teologías relacionadas con el templo de Jerusalén. 

Ahora bien, ¿qué grupos humanos, representados por el sumo sacerdote y Jesús, estaban en conflicto? Lo primero que llama la atención es que para ambos, y de diferente forma, ciertas teologías del templo de Jerusalén eran importantes. No conocemos nada acerca de la piscina de David con sus escaleras para bajar y subir. Es probable que esta piscina sea parte del imaginario cultual relacionado con el templo de Jerusalén, pero que en verdad se esté refiriendo al temprano baptisterio cristiano que responde mejor a la descripción. En este baptisterio el creyente también se cambia de ropajes, adoptando una túnica blanca. Respecto a los vasos que los peregrinos contemplaban, es posible que se refieran a los que estaban sobre la mesa del pan de la presencia, los que sin embargo históricamente los peregrinos no podían ver salvo en contadas ocasiones después de la celebración de ciertos festivales. Este “ver” se encuentra en un lugar estratégico del texto lo que nos hace pensar que en un contexto cristiano se estén refiriendo a los utensilios litúrgicos propios de la eucaristía. También el texto habla del “lugar de la purificación”, pero ¿a qué lugar se refiere? Se supone que estaría en el “área del templo” pero no tenemos más idea que nos ayuden a identificar qué se tiene en mente. Es probable que lo que se piense es en el lugar donde el creyente cristiano se lava los pies y las manos localizado en el medio del atrium que antecede a las iglesias. Incluso hoy en día en las iglesias católicas en la entrada hay agua bendita para que el creyente haga una ablución al entrar. De hecho, toda la terminología que se relaciona con la purificación es abundante en el texto en cuestión. Todo esto nos hace pensar que el verdadero contexto del documento es la disputa entre dos grupos cristianos en relación a los ritos de purificación que se demandaban de los creyentes. El sacerdote en la narrativa demanda una correcta práctica litúrgica del bautismo y de la purificación, para acceder de manera adecuada a la eucaristía. El Salvador, en cambio, aboga por una pureza espiritual para poder contemplar las realidades divinas. 

Ahora más allá de si tal pasaje refleja una disputa real entre Jesús y un Prushim “sacerdote” o es reflejo de un debate interno y posterior entre cristianos sobre asuntos de purificación, como sugiere García-Huidobro, hay algo que nos debe quedar muy claro y que se hace evidente en la exposición literal del texto: la soberbia de Jesús.

Esa soberbia de Jesús es una imagen constante y coherente en la mayoría de fuentes que nos presentan a dicho personaje, ya sean canónicas, apócrifas, gnósticas o fragmentarias. Contrario a la idea que generalmente sus seguidores quieren hacer creer de él, presentando a un hombre-dios humilde y manso, Jesús en muchas de las fuentes que lo mencionan presenta todas las características contrarias. Teniendo en cuenta esto, cabe decir sin ambigüedad que el fragmento evangélico de Oxirrinco (P. Oxy. 840) si bien puede contener elementos inverosímiles, sí presenta una imagen coherente de las características morales de Jesús y en ese sentido es un texto creíble. 

Examinando pasajes de fuentes cristianas podemos comparar y corroborar lo que afirmo: 

  •  “En el templo encontró a los que vendían bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados. Entonces, haciendo un látigo de cuerdas, echó a todos del templo, junto con las ovejas y los bueyes; y derribó las mesas de los cambistas y las sillas de los que vendían palomas. Y les dijo: ‘Escrito está: Mi casa será llamada casa de oración, pero ustedes la han convertido en cueva de ladrones.’” (Juan 2:14-16, NVI)


  • Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, ¡hipócritas! Ustedes cierran el reino de los cielos ante la gente. Ni entran ustedes, ni dejan entrar a los que están a punto de entrar.”


  • “¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Ustedes son como tumbas blanqueadas, que por fuera lucen hermosas, pero por dentro están llenas de huesos de muertos y de toda clase de impurezas.” (Mateo 23: 13, 27 - NVI)

Como esos hay otros pasajes en los evangelios canónicos. Examinemos ahora otros textos menos conocidos de los apócrifos, que si bien catalogados como ficciones tardías, nos siguen presentando esa misma imagen de soberbia, incluso desde niño. Así en la redacción griega del llamado “Evangelio de Santo Tomás 6: 1-3 [3], se nos presenta la siguiente patética historia: 

“Y un maestro de escuela, llamado Zaqueo, que se encontraba allí, oyó a Jesús hablar así a su padre, y lo sorprendió mucho que un niño se expresase de aquella manera. Y, algunos días después, se acercó a José, y le dijo: Tienes un hijo dotado de buen sentido e inteligencia. Confíalo a mi cuidado, para que aprenda las letras, y, con las letras, le enseñaré toda ciencia. Y también le enseñaré a saludar a los mayores, a honrarlos como antepasados, a respetarlos como padres, y a amar a los de su edad. Y le escribió todas las letras del alfabeto desde Alpha hasta Omega muy puntualmente y con toda claridad. Mas Jesús, mirando a Zaqueo, le dijo: Tú, que no conoces la naturaleza del Alpha, ¿cómo quieres enseñar a los demás la Beta? Hipócrita, enseña primero el Alpha, si sabes, y después te creeremos respecto a la Beta. Luego se puso a discutir con el maestro de escuela sobre las primeras letras, y Zaqueo no pudo contestarle”.


Mas adelante, y luego de otros eventos bastante retorcidos, todo concluye así (Evangelio de Santo Tomas 8:1-2): 

Y, mientras los judíos daban consejos a Zaqueo, el niño rompió a reír, y dijo: Ahora que tu aventura produce sus frutos, y que los ciegos de corazón ven, he aquí que yo vengo de lo alto para maldecirlos, y para llamarlos a lo alto, como me lo ordenó el que me ha enviado a causa de vosotros. Y, cuando el niño hubo acabado de hablar, pronto todos los que habían caído antes bajo su maldición, quedaron curados. Y nadie, desde entonces, se atrevió a provocar nunca su cólera, por miedo a que los maldijese, y los hiriese de enfermedad.


Esta forma de tratar a sus mayores o a personas que detentan cierta autoridad hace eco con lo que el Toldot Yeshu nos dice en el capítulo 2, 3 o el 4 en cualquiera de sus versiones [4], ciertamente no se coincide en la forma narrativa sino en el contenido profundo y esencial de lo que en realidad es y representa el personaje de Jesús: el epitome de la judeofobia, que es seguramente lo que se disfraza a través de su ficción, y que se expresa en esa altanería con la que pretende altercar contra su oponente, en especial si este es judío y representa a las tradiciones.    

Retomando el hilo argumental expuesto, resulta pertinente profundizar en la noción de soberbia no como un juicio moral improvisado, sino como una categoría descriptiva que permite articular la lectura del fragmento de Oxirrinco 840 con una red más amplia de testimonios sobre la figura de Jesús. La soberbia, entendida como esa actitud de superioridad que lleva al sujeto a colocarse por encima de los demás —frecuentemente acompañada de desprecio, dificultad para aceptar críticas y una autoconfianza que bordea lo incuestionable, no es un rasgo marginal en la caracterización del personaje, sino un elemento estructural que atraviesa múltiples fuentes, canónicas y no canónicas.

En el fragmento que nos ocupa, esta actitud se cristaliza en la forma misma del diálogo: Jesús no debate, no argumenta en el sentido dialéctico clásico. Lo que hace es sentenciar sin mediar en reflexión alguna. La réplica al fariseo Leví no busca el entendimiento ni la aclaración recíproca, sino la descalificación radical e inmediata, sin un trabajo intelectual previo o consideración por lo que el otro hace. Frases como «¡Ay de ustedes, ciegos que no ven!» (¡Claro, son ciego por lo tanto no ven!) o la comparación con «perros y cerdos» que contaminan las aguas de purificación, no constituyen meras figuras retóricas, sino gestos discursivos que establecen una jerarquía inapelable: quien habla posee una verdad que el otro, por definición ritualista y externa, es incapaz de alcanzar. Esta dinámica no es accidental; responde a un patrón que se repite en los evangelios sinópticos (Mateo 23, Marcos 7) y que encuentra eco incluso en textos de la infancia como el Evangelio de Tomás, donde el niño Jesús humilla públicamente a su maestro Zaqueo con una superioridad intelectual que no admite réplica. Jesús es el modelo del pasado de toda grosería y falta de respeto a las autoridades. 

Lo notable es que esta soberbia no se presenta como un defecto, sino como un signo de autoridad. El Jesús del fragmento no pide permiso para interpretar la pureza; redefine la pureza. No solicita validación ritual; invierte los términos de la validación e impone sus criterios… sin criterio alguno. Y lo hace desde una posición que no se justifica ante las normas, sino que se coloca por encima de ellas sin ninguna consideración. Esta inversión es, precisamente, lo que permite leer el texto no solo como una disputa sobre abluciones, sino como una confrontación entre dos epistemologías: la del especialista que opera dentro de un sistema normativo (en este caso el ficticio fariseo Leví) y la del "iluminado" que reclama acceso directo a una verdad que trasciende y, en última instancia, invalida ese sistema.

Si prestamos atención el fragmento se organiza alrededor de tensiones binarias que no son meramente temáticas, sino que funcionan como el esqueleto argumental del enfrentamiento. Cada polo es defendido por uno de los interlocutores, y es en esta distribución donde se revela la estrategia discursiva. Apreciemos esto a través de la siguiente tabla

Polaridad

Defendida por el Fariseo Leví

Defendida por el Salvador

Puro vs. Impuro

La pureza se alcanza mediante rituales externos: lavado en la piscina de David, vestiduras blancas, escaleras diferenciadas.

La pureza es interna; el lavado externo con aguas contaminadas es inútil si el interior está lleno de "escorpiones y toda maldad".

Exterior vs. Interior

El cumplimiento visible de los ritos legitima el acceso a lo sagrado.

Lo visible carece de valor si no hay transformación interior; la piel lavada no purifica el alma.

Temporal vs. Eterno

Los ritos se ejecutan en el tiempo presente para garantizar la pureza inmediata en el espacio sagrado.

El bautismo en "aguas de vida eterna" trasciende el ritual temporal y conecta con una dimensión escatológica.

Cuerpo vs. Espíritu

La purificación del cuerpo mediante agua y vestimenta es condición necesaria para la santidad.

El cuerpo puede estar limpio y el espíritu corrupto; la verdadera pureza es espiritual.

Ritual vs. Moral

La observancia normativa es suficiente para la legitimidad religiosa.

La moral interna supera y juzga el ritual; la hipocresía ritual es condenable.

Visible vs. Invisible

Lo que puede ser verificado por la comunidad (lavado, vestimenta) es lo que cuenta.

Lo invisible (la intención, el estado del corazón) es lo que determina la verdadera relación con lo divino.


Lo que resulta significativo es que el fariseo (no importa en este punto que sea claramente ficticio) no defiende estas posiciones desde la ignorancia, sino desde la especialización. Su discurso está anclado en una tradición ritual concreta, con referencias topográficas (la piscina de David), procedimentales (escaleras de acceso diferenciadas) y vestimentarias (ropas blancas) que reflejan un conocimiento técnico del sistema de pureza del Segundo Templo. En este sentido, “Leví” encarna al experto que opera dentro de un marco normativo establecido, y eso lo saben los redactores del texto y así deben caracterizarlo para buscar ser lo más realista posibles o bien porque intuitivamente saben que así opera estructuralmente la mentalidad de un “fariseo”. Jesús, por el contrario, no refuta los detalles técnicos, los trasciende desde la arbitrariedad.  No discute si el agua de la piscina de David es ritualmente válida; afirma sin más que toda agua externa es insuficiente si no hay pureza interior. Esta estrategia no es para nada dialéctica, busca ser performativa: no busca ganar el debate dentro de las reglas del otro, sino cambiar las reglas del debate para él quedar bien desde su imaginario egocentrista. 

Para comprender la profundidad de la acusación implícita en la lectura que proponemos, resulta útil recurrir al concepto hebreo de גַּאֲוָה  (gaavá), término que designa la soberbia como altivez, orgullo desmedido y elevación propia por encima de los demás. La raíz ג-א-ה  (gáah), que significa "elevarse" o "levantarse", sugiere precisamente ese movimiento de auto-exaltación que caracteriza la actitud del Jesús presentado en este fragmento. 

En la literatura sapiencial hebrea, la gaavá es sistemáticamente condenada: «Antes del quebrantamiento está la soberbia, y antes de la caída, la altivez de espíritu» (Mishlé/Proverbios 16:18). La tradición ética judía, desde el Talmud hasta la Kabalá, opone a la gaavá la virtud de la anavá (עֲנָוָה), la humildad, considerada condición indispensable para la conexión con lo divino. Desde esta perspectiva, la actitud de Jesús en P. Oxy. 840 —su descalificación del fariseo, su afirmación de poseer una pureza que trasciende la ley, su tono sentencioso— no solo sería criticable, sino éticamente problemática.

Esto no implica, por supuesto, que el autor del fragmento compartiera esta valoración negativa de la gaavá. Por el contrario, es probable que la soberbia de Jesús fuera leída por su comunidad como un signo mesiánico: la autoridad que no se somete a la ley porque es la fuente de una ley superior. Pero precisamente ahí radica el núcleo de la tensión: lo que para unos es humildad espiritual (la renuncia a los ritos externos), para otros puede leerse como la máxima expresión de soberbia (la pretensión de redefinir unilateralmente los términos de lo sagrado).

La lectura del fragmento de Oxirrinco no se sostiene en el aislamiento. Cuando se coteja con el resto del corpus de las enseñanzas atribuidas a Jesús, emerge un patrón discursivo constante que trasciende la división entre fuentes canónicas, apócrifas y polémicas. En los evangelios sinópticos, la confrontación con los custodios de la Torá no se plantea como un intercambio pedagógico, sino como una desautorización frontal. El episodio de la expulsión de los mercaderes del Templo (Juan 2,14-16) no opera como una reforma litúrgica negociada, sino como una toma de posesión unilateral: Jesús impone su autoridad física y retórica sobre un espacio regulado por siglos de tradición sacerdotal, normativa levítica y consenso social. Las invectivas de Mateo 23 (vv. 13, 27) siguen idéntica estructura: no hay espacio para la matización; el fariseo es calificado sin más de "tumba blanqueada", "ciego", "hipócrita". La mecánica es siempre la misma: afirmación de una verdad interna superior, descalificación del ritual externo y sentencia inapelable.

Esta misma dinámica se reproduce, con mayor crudeza aún, en los textos de la infancia. En el Evangelio de Tomás (gr.) 6,1-3 y 8,1-2, el niño Jesús no busca aprender; busca someter al otro presentando su postura como superior solo porque emana de él. La humillación pública de Zaqueo, maestro de escuela, no es un episodio de precocidad intelectual, sino una demostración de soberbia ontológica y casi, para mí, de defecto congénito: «¿Tú, que no conoces la naturaleza del Alpha, cómo quieres enseñar la Beta?» pregunta ese niño grosero, ignorando que e conocimiento de una serie de elementos se da mejor en el conjunto de dicha serie y no por la abstracción solitaria de uno de sus elementos. La estructura es gemela a la de P. Oxy. 840: el especialista es reducido al silencio, no por refutación dialéctica, sino por descalificación de epistemología mal fundada. El texto culmina con la amenaza explícita de maldición y la sumisión por miedo. 

Lo que la exégesis tradicional suele leer como "contradicción" entre un Jesús manso y uno severo, se revela, bajo esta lente, como una coherencia caracterológica de un personaje que con toda seguridad era así en realidad: lo que han hecho las tradiciones por distintas vías es apuntar hacia ese mal e indeseable carácter. La soberbia no es un añadido retórico ni un desliz narrativo; es el motor discursivo que permite al personaje posicionarse por encima de la Torá, del Templo y de sus intérpretes autorizados. Incluso en tradiciones judías posteriores como el Toldot Yeshu, esta altanería es reconocida y tematizada como el rasgo definitorio del impostor mesiánico. Lo que varía entre las tradiciones es la valoración moral, no el rasgo observable. La imagen que se desprende del conjunto de fuentes es la de un sujeto que no negocia su autoridad, sino que la ejerce a fin de presionar a que su auditorio termine por aceptar su posición. Antecedente indiscutible del espíritu fanático de todo líder sectario. 

La hipótesis de Tomás García-Huidobro, que sitúa P. Oxy. 840 en el marco de una controversia interna cristiana sobre la purificación ritual previa a la participación eucarística, no debilita la lectura de la soberbia; por el contrario, la explica en su función comunitaria y retórica. Si el fariseo Leví representa a un grupo cristiano ritualista (que exige abluciones, cambio de vestiduras y purificación física para acceder a los "vasos sagrados") y el Salvador representa a un grupo espiritualista (que prioriza la pureza interna y el "bautismo en aguas de vida eterna"), entonces el texto no describe un encuentro histórico, sino una batalla teológica encubierta.

En este escenario, la soberbia de Jesús cumple una función polémica precisa: legitimar la postura espiritualista mediante la desautorización absoluta de la ritualista. El fariseo no es un judío histórico del siglo I, es un "hombre de paja" construido con elementos anacrónicos y técnicamente imprecisos (la piscina de David con escaleras de acceso diferenciadas, la confusión entre fariseo y archiereus, la inexistencia de tal requisito en la halajá del Segundo Templo) para ser derrotado con facilidad. La ignorancia ritual del autor no es un error casual; es una herramienta de combate doctrinal con la que opera para debilitar la postura del judaísmo que imagina pero que es el que se queda en la memoria como filtro distorsionante del judaísmo real. Al presentar al especialista como obsesionado con lo externo y moralmente corrupto por dentro ("lleno de escorpiones y toda maldad"), el texto cristiano no solo gana un debate litúrgico, sino que consagra la altanería de su maestro como virtud fundacional. La soberbia discursiva se convierte, así, en el arma de una facción contra otra, proyectada sobre la figura de Jesús para otorgarle una autoridad que no admite réplica dentro de la comunidad.

Abandonar la lectura tradicional que prioriza la anavá (humildad) como clave hermenéutica y optar por la gaavá (soberbia) no es un ejercicio de iconoclasia, sino un ajuste metodológico que permite alinear el texto con su propia estructura discursiva. Cuando se lee P. Oxy. 840 desde la humildad, las palabras del Salvador se suavizan o se espiritualizan por conveniencia interpretativa: «ciegos que no ven» se transforma en "llamado a la introspección"; la comparación con prostitutas y flautistas se lee como "metáfora de la vanidad mundana"; la afirmación de haberse lavado en "aguas de vida eterna" se interpreta como "promesa de gracia divina". Pero el texto no solicita suavización, debe leerse en su estructura profunda para confrontarlo. 

Por el contrario, leer desde la gaavá restaura la tensión original del fragmento. Revela que el Jesús que habla en Oxirrinco no dialoga nunca, sino que juzga sin justo juicio. No invita al debate, sino que excluye por principio. No pretender hacer corrección alguna, de inmediato solo condena. Esta postura encuentra un eco estructural en una dinámica que contemporáneamente sufrimos y que el texto parece anticipar: la del "iluminado" que, sin formación en el sistema que critica, se arroga el derecho a deslegitimar al especialista. El terraplanista que increpa al astrónomo o geólogo, el antivacunas que alega con el virólogo, el “teórico” de la conspiración que discute sin razón con el científico social. En Jesús todos ellos están prefigurados. El fariseo Leví, con su defensa de la piscina, las escaleras y las vestiduras blancas, representa al experto que opera dentro de un marco normativo probado y comunitariamente validado. Jesús representa al que clama una verdad superior que no necesita validación externa ni sometimiento a la tradición. La historia endulzada y acrítica, como el texto, tiende a conservar la voz del segundo y a silenciar la del primero.

La coherencia de esta lectura radica en su capacidad para integrar lo que otras aproximaciones fragmentan. No hay un Jesús "manso" y otro "severo"; hay un personaje cuya autoridad se construye discursivamente mediante la descalificación del otro. Ya sea en el Templo de Jerusalén, en el aula de Zaqueo o en el debate eucarístico de una comunidad egipcia del siglo III-IV, el patrón es invariable: la soberbia no es un defecto accidental, sino la condición de posibilidad de su mensaje, y quizás hasta su mismo núcleo. Reconocerlo no implica emitir un juicio moral, sino leer el fragmento en su integridad textual, sin los filtros apaciguadores que la recepción posterior ha impuesto. P. Oxy. 840, con sus imprecisiones rituales y su tono sentencioso, no es una anomalía. Es un testimonio lúcido de cómo se forja la autoridad en el discurso religioso fanático: no mediante el diálogo simétrico, sino mediante la imposición de una verdad que se declara a sí misma inapelable.



Notas.

[1] Los Evangelios Apócrifos. Biblioteca de Autores cristianos, Madrid, 2003, pp 74-78.

[2] Tomás García-Huidobro, Tomás. “El Imaginario del Templo en el Fragmento de Oxirrinco 840”, en  https://tomasgarciahuidobro.com/el-imaginario-del-templo-en-e/  (consultado 3/05/2026)

[3] En este mismo evangelio apócrifo hay muchos otros pasajes donde Jesús de niño es presentado como un truhan que mata de manera caprichosa a otros niños. Como ejemplo (4:1-2):  Otra vez, Jesús atravesaba la aldea, y un niño que corría, chocó en su espalda. Y Jesús, irritado, exclamó: No continuarás tu camino. Y, acto seguido, el niño cayó muerto. Y algunas personas, que habían visto lo ocurrido, se preguntaron: ¿De dónde procede este niño, que cada una de sus palabras se realiza tan pronto? Y los padres del niño muerto fueron a encontrar a José, y se le quejaron, diciendo: Con semejante hijo no puedes habitar con nosotros en la aldea, donde debes enseñarle a bendecir, y no a maldecir, porque mata a nuestros hijos”.

[4] ara examinar las variantes textuales del Toldot Yeshu en español, véase el artículo de Oraj HaEmet “El Toldot Yeshu, La historia judía popular sobre Jesús de Nazaret”, en https://www.orajhaemeth.org/p/toldot-yeshu.html