5/26/2010

Los judíos en el Imperio Romano del Siglo I y Pablo de Tarso.













Los tres mil soldados judíos que a las órdenes de Antípater acudieron  en el año 47 a.e.c, a auxiliar a César en su campaña de Egipto no sabían que estaban abriendo las puertas de cien años de prosperidad política en el seno del Imperio para el pueblo de Israel. César mostró su agradecimiento reinstaurando un mínimo de autonomía administrativa en Judea y autorizando la reconstrucción de las murallas de Jerusalén. Pero su decisión más trascendente fue la de garantizar  los privilegios jurídicos de las comunidades judías de la diáspora, en  particular las de Asia Menos y Alejandría. Los judíos de todo orbe se pasaron en bloque al partido romano, y en públicas lamentaciones, como no deja de observar Suetonio:

“Una gran multitud de extranjeros se unió al sumo luto público con lamentaciones a guisa de cada cual, destacándose los judíos, que durante toda la noche no dejaron de frecuentar el tumulto” 
Divis Julius, 84


Las vicisitudes del territorio de Judea durante las guerras civiles que precedieron a la instalación de Octavio Augusto en 31 a.e.c. no afectaron al status de los asentamientos judíos de la diáspora. Ésta  fue la norma hasta la sublevación de Bar-Kosiba (132-135).

Los emperadores, hasta Adriano, no hicieron repercutir en la comunidad judía religiosa los agravios que periódicamente les causaba la metrópolis del hebraísmo. En cambio, la relativa independencia política de que gozó Erretz Israel durante el reinado de Herodes el Grande favoreció la consolidación de los privilegios de las sinagogas en todo el imperio. 

Augusto continuó mostrando benevolencia hacia los judíos y mantuvo cordiales relaciones con Herodes, a pesar de que éste había militado en el partido de Antonio. Por su parte Filon de Alejandría describe con trazos economíasticos la actitud de Augusto hacía los judíos de Roma y de Jerusalem: 

“No ignoraba que el gran barrio de Roma al otro lado del Tiber estaba ocupado y habitado por los judíos. La mayoría eran libertos de derecho romano. Traídos a Italia como cautivos, habían sido manumitidos por sus dueños, sin ser sus dueños, sin ser forzados a alterar ninguna de sus costumbres ancestrales. Sabía también que poseían sinagogas en las cuales se reunían el dinero sagrado de las primicias y lo enviaban a Jerusalén por medio de personalidades encargadas del sacrificio. Con todo esto, ni expulsó a los judíos de Roma ni les privo de la ciudadanía romana por el hecho de enorgullecerse de su ciudadanía judía, como tampoco introdujo innovaciones ofensivas en las sinagogas, ni le prohibió reunirse para las conferencias sobre sus leyes, ni se opuso a la colecta de primicias…”

Legatio ad Gaium, 155-157

Sin embargo durante el reinado de Tiberio se produjo una inflexión negativa en la política hacía los judíos, que afectó principalmente a los de Roma. Tácito narra que en el año 19 e.c: 

“Se intentó extirpar la religión de los egipcios y de los judíos, decretando los senadores que cuatro mil de buena edad, de casta de libertinos, infeccionados de aquella superstición, fuesen llevados a Cerdeña para reprimir los latrocinios que en aquella isla se hacían (…) A todos los demás se mandó que saliesen de Italia si dentro de cierto tiempo no renunciaban a sus ritos profanos”

Annales II, 85

Flavio Josefo precisa que la causa directa de la expulsión fue el fraude realizado en la persona de una noble prosélita, Fluvia, esposa de un amigo del emperador. Suetonio añade que los judíos fueron obligados a quemar las vestiduras e instrumentos del culto. Dión Casio parece coincidir con Josefo en atribuir al proselitismo la causa de la medida. El instigador de esta actitud fue el valido Secano. De hecho la caída de éste (año 31) cesaron las molestias a los judíos, según Filón, una mínima parte de la comunidad judía probablemente se reconstruyo en Roma nuevamente. 

Durante el imperio de Cayo Calígula hubo graves disturbios anti- judíos en Alejandría, y por su parte el mismo príncipe incordió todo lo que pudo los judíos de Jerusalén. Aquí me interesa poner de relieve que, a pesar de sus malas disposiciones, Caligula no alteró el estatuto jurídico de las comunidades judías. Después de la eliminación de Caligula, el emperador Claudio liquido los focos de conflicto egipcios e israelíes y confirmó los “privilegios” judíos, estableciendo, sin embargo, los límites que no debían sobre pasarse, en particular con la referencia a la ciudadanía de los judíos la cual se les prohibía adquirir así como mantener. (F. Josefo, Antigüedades XIX 285-291). Este planteamiento se fundamento básicamente en la Teoría Política de Aristóteles que dice: 

“…Pero entre los bárbaros (quienes no pertenecen a la nación griega o romana), la hembra y el esclavo tienen la misma posición, y la causa de ello es que no tienen el elemento gobernante por obviedad, sino que su comunidad resulta de esclavo y esclava. Por eso dicen los poetas: “justo es que los helenos gobiernen sobre los bárbaros” (los no griegos y romanos) entendiendo que bárbaro y esclavo son lo mismo por obviedad”

Aristóteles. Política. Libro I 1252b

Las relaciones entre Israel y el Imperio Romano sufrieron un notable enfriamiento, y puede decirse que a partir de Claudio terminó definitivamente el idilio de los tiempos de César y los judíos de 
Roma: “porque, instigados por Cresto, no cesaron de promover disturbios”  Suetonio, Claudio 25, 4, lo que llevo a la EXPULSIÓN  DEFINITIVA de los judíos en Roma probablemente en el año 49. Suetonio (Claudio 25:4) reseña que el emperador Claudio expulsó a todos los judíos de Roma sin quedar alguno. Esta expulsión definitiva, según Orosio (Historiae adversus Paganos VII 6, 15: Anno eiusdem nono expulsos per Claudium urbe Iudaeos, Iosephus refert) tuvo lugar en el año 49 (Claudio fue príncipe de 37 a 54). A la expulsión del año 49 se refiere probablemente Lucano de Cirene (evangelista Lucas) en la breve anotación de Hechos 18:2: “puesto que Claudio había ordenado que todos los judíos abandonaran Roma”. Bien hasta aquí llegamos a dos puntos cardinales sobre la historia de  nuestra nación con el Imperio Romano: 

1) Los judíos con Claudio se les retiro la ciudadanía romana irrevocablemente, por lo que pasaban al status de ‘bárbaros’ o no  romanos. 

2) Los judíos fueron expulsados definitivamente de Roma después del  año 49 por el Emperador Claudio, sin quedar judío alguno en Roma.  Con estos antecedentes históricos, es absurdo pensar en la seriad que Pablo de atribuye así mismo cuando él dice los paganos filipenses: 
“Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: Circuncisión de ocho días, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley [Torah], soy parush [fariseo]” 
Epístola a los Filipenses 3:4-5 

De este verso aprenden los mesiánicos a creer que la enseñanza de Pablo (שאול) es de procedencia rabínica, y su estatus casi como el de Rabban Gamliel, por ser un “fariseo de tercera generación”. 
Otros datos que toman los mesiánicos son los que aparecen en Romanos 11:1, Hechos 9:11; 21:39; 22:3, para confirmar esto. Y se le adjudique el nombre de Shaul [Saulo;שאולו], para darle un sentido más hebreo. Sin embargo Pablo tiene la desfachatez de decir que tiene nacionalidad romana:

“Pero cuando le ataron con correas, Shaul (Pablo) dijo al centurión que estaba presente: ¿Os es licito azotar a un ciudadano romano sin haber sido condenado previamente?”

Hechos 22:25

Y por otra parte dicen de él:

“A este hombre (Pablo), aprehendido por los judíos y que estaban a punto de matar, lo libré yo acudieron con la tropa, habiendo sabido que era ciudadano romano”.

Hechos 23:27

Mientras que hemos visto que para este tiempo se les había retirado la ciudadanía romana a todos los judíos del Imperio Romano, por lo que resulta obvio pensar que Pablo (“Shaul”) no era judío, pero si estaba relacionado directamente con el Imperio Romano, y su gente al ser romano o un edomita. 
También es interesante leer en sus mismas cartas que Pablo tenía familia no tan puramente judía como la que demanda (2 Cor 11:22), por ejemplo Pablo tenía con los herodianos, o romanos estrechas líneas sanguíneas que puede ser encontrado en la Epístola a los Romanos 16: 10-11, que dice: 

…Saluden a los de la familia de Aristóbulo. Saludos a Herodión [הרודיון] mi pariente”

Otro verso prueba es el 21 que habla sobre su familia romana: 

“Os saludan Timoteo mi colaborador, y Lucio, Jasón y Sosípater, mis parientes”.

Otro verso es el 7: 

“Saluden a Andronico y a Junias mis parientes…”

Estos versos indica claramente que Pablo tenia parientes pro herodianos (edomitas), pero sobre todo que en la Carta a los Romanos fue escrita en el año 55 e.c en Corinto (Hechos 20:3; Cfr. Las Cartas 
Originales de Pablo, Senen Vidal, p. 31), la cual fue una carta con una pequeña recomendación al comienzo para la portadora de ella, Febe (cfr. Rom 16: 1). 

Esto de primera vista no es interesante, y no existe ningún interés en los lectores mesiánicos, sin embargo si se analiza la fecha que Pablo escribe la Carta a los Romanos en la primavera del año 55 e.c significa algo de mucha atención, pues sabemos que en Roma en el año 55 e.c no existían judíos, por lo que puede deducirse que los parientes de Pablo son romanos o son exiliados edomitas, ante las represiones en Erretz Israel de borrar a este descendiente de romanos- edomitas y los asesinos herodianos. 

El rechazo de Pablo al judaísmo, que sustentan lo que he llamado la imagen antigua. Por ejemplo, de acuerdo con la versión ebionita, Pablo sería de origen gentil, (por su padre romano: Antonio, y por su  madre samaritana: Rajel) y después al crecer Pablo se habría enamorado de una hija de un Cohen y, como parte de sus esfuerzos por ganar el cariño de la mujer, habría emprendido un tibio intento de observar la Torah de Mosheh.  Cuando finalmente ella lo rechazó, él escribió contra el matrimonio,  seguido que él se castro para despreciar la circuncisión escribiendo  contra la circuncisión y retornó a su antiguo paganismo y desahogó  su frustración atacando al judaísmo que lo había rechazado. 
Esto no es una simple broma: es un relato que realmente circulaba  en algunos medios antipaulinos poco después de la muerte de Pablo. (Este relato se conserva en los escritos del obispo cristiano del IV siglo Epifanio de Salamina, Panarion (también conocido como Refutación de todas las Herejías 30.16.6-9. Hay una traducción en The Writings of St. Paul, ed. Wayne A. Meeks (New York: Norton, 1972), pp. 177-178.)

No es muy probable que Pablo haya podido hacer los escapes milagrosos que él hace sin la implicación de una cierta combinación de estas fuerzas de gran alcance de los Herodianos/Romanos. Nada menos es concebible bajo circunstancias del ataque contra Pablo en el Templo y de su rescate por los soldados Romanos que atestiguan estos acontecimientos de la fortaleza de Antonia (Hechos 21:31f). 
Este episodio, también, mención de las marcas de un sobrino y posiblemente de una hermana del residente de Pablo (identidades de otra manera desconocidas) en Jerusalén, pero también con ciudadanía romana quienes lo llevaban. En Josefus sobre un miembro de la familia de los Herodianos nombrado "Saulus". Este Saulus desempeña un papel dominante en los acontecimientos que conducen a la destrucción de Jerusalén y del Templo. 

Incluso el manuscrito encontrado por el Pr. Shlomo Pines Z”L dice que a Pablo se le adjudico la destrucción del Templo, pues agito a los romanos contra los judíos (folio 73b). La personalidad de Pablo no puede ser vista como judía, si el mesianismo y los cristianos retomaran la perspectiva antigua que se le tenia a Pablo, quien en ocasiones lo demandaban por ser hijo de un romano y una samaritana, o hijo de un edomita como Costobarus y eliminaran la personalidad mutante de Pablo, así como sus enseñanzas torcidas sería un gran avance, pues como hemos visto, tanto en el área doctrinal, Pablo esta en desacuerdo con la Torah, así como también en el campo halajico, como en lo político, esta rotundamente divorciado con la nación de Israel. 


הרודיון


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