10/20/2025

Pregunta 18: Mi voluntad vs. Tu Voluntad: El dios dividido contra sí mismo (Mateo 26:39, 42, oración en Getsemaní)

BS"D

שאל אם הוא בן האלוה

והאב והבן כלם אחד

מן החיוב שיהיה גם הרצון אחד

והוא כשהיה מתפלל לפני אביו

אמר אבי אם אפשר שלא

אשתה זה הכוס עשה ואם לאו

עשה כטוב בעיניך לא יהיה

כרצוני אלא כרצונך אם כן לא היו

הרצונות שוות:

Pregunta: Si él es el Hijo de Dios, ‘y el Padre y el Hijo son todos uno’ (cf Juan 10:30), entonces es necesario que también la voluntad sea una. Y él, cuando oraba delante de su Padre, dijo: "Padre mío, si es posible que no beba esta copa, [hazlo]; y si no, haz lo bueno a tus ojos; no sea como mi voluntad sino como tu voluntad" (Mateo 26:39, 42). Si es así, las voluntades no eran iguales.

La decimoctava pregunta del polemista ataca el núcleo mismo de la doctrina trinitaria mediante un análisis devastador de la oración de Getsemaní que expone contradicción irresoluble entre la unidad profesada y la pluralidad manifestada de voluntades. 

El polemista habría leído en el evangelio hebreo de Mateo, daf 66 perek 26, versículos treinta y nueve y cuarenta y dos, las palabras de Yeshú en su agonía: "ויעבר מעט ויפול על פניו ויתפלל לאמר אבי אם אפשר שיעבור הכוס הזה ממני עשה אבל לא יהי כרצוני אלא כרצונך עשה... עוד הלך שנית ויתפלל לאמר אבי אם לא יוכל לעבור הכוס הזה ממני אלא צריך שאשתה אותו יהי כרצונך" “Y yendo un poco adelante, se postró sobre su rostro orando y diciendo: Padre mío, si es posible que pase de mí esta copa, hazlo; pero no sea como mi voluntad sino como tu voluntad... Otra vez fue y oró por segunda vez diciendo: Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad.”

La estructura del argumento es un silogismo de necesidad lógica impecable. El polemista comienza estableciendo la premisa cristiana: "והאב והבן כלם אחד" (veha'av vehabén kulám ejad), ‘y el Padre y el Hijo son todos uno’ en Juan 10:30 y 17:21. Esta es la afirmación central de la doctrina trinitaria que los cristianos proclaman, basada en textos como Juan 10:30 donde Yeshú supuestamente dice "Yo y el Padre uno somos" (εγω και ο πατηρ εν εϲμεν ·). De esta unidad esencial, el polemista deriva una consecuencia lógica necesaria usando la frase crucial "מן החיוב" (min hajiyuv), de la obligación o es necesario. Este es término de lógica modal que indica no meramente posibilidad sino necesidad lógica absoluta. Si dos entidades son ontológicamente una, entonces todas sus propiedades esenciales deben ser idénticas según la ley de identidad aristotélica fundamental: si A igual B, entonces toda propiedad de A igual toda propiedad de B.

El polemista aplica este principio a la voluntad: "שיהיה גם הרצון אחד" (sheyihyé gam haratzón ejad), que también la voluntad sea una. La palabra "גם" (gam), también, indica que la voluntad no es propiedad accidental o secundaria sino que sigue necesariamente de la identidad esencial. El término "רצון" (ratzón), voluntad, es propiedad fundamental de cualquier agente racional. No es meramente deseo transitorio sino facultad volitiva constitutiva de la persona. Si Padre e Hijo comparten una sola esencia divina, deben compartir una sola voluntad divina. La conclusión es lógicamente ineludible.

Pero entonces el polemista introduce la evidencia textual devastadora que refuta esta conclusión necesaria. Las palabras de Yeshú en Getsemaní establecen distinción explícita mediante pronombres posesivos contrastivos: "לא יהיה כרצוני אלא כרצונך" (lo yihyé kirtzoní elá kirtzonjá), no sea como mi voluntad sino como tu voluntad. Los sufijos posesivos "י-" (i, mi) y "ך-" (já, tu) marcan posesión distinta por sujetos distintos. "רצוני" (retzoni), mi voluntad, versus "רצונך" (retzonéja), Tu voluntad. Si verdaderamente fueran uno en esencia, no habría "mi" versus "tu" sino simplemente "nuestra voluntad" o "la voluntad" sin distinción pronominal. El uso de pronombres posesivos contrastivos implica lógicamente sujetos distintos con voluntades distintas.

Más problemático aún, el texto hebreo revela no meramente distinción abstracta sino conflicto temporal real entre las voluntades. Yeshú primero expresa su voluntad propia: "אם אפשר שלא אשתה זה הכוס" (im efshar sheló eshtéh zeh hakós), ‘si es posible que no beba esta copa’. La construcción condicional "אם אפשר" (im efshar), ‘si es posible’, revela que Yeshú no conoce si es posible, implicando ignorancia incompatible con omnisciencia divina. La voluntad de Yeshú es clara: evitar la copa, evitar el sufrimiento inminente. Pero luego reconoce que existe otra voluntad, la del Padre, que puede diferir y de hecho difiere: "ואם לאו עשה כטוב בעיניך" (ve'im lo asé katov be'einéja), ‘y si no, haz lo bueno a tus ojos’. La frase "כטוב בעיניך" (katov be'einéja), ‘lo bueno a Tus ojos’, implica que el Padre tiene criterio propio de lo bueno que puede ser diferente del criterio de Yeshú. Si fueran verdaderamente uno, compartirían idéntico juicio sobre qué es bueno. La diferencia en juicio moral implica diferencia en naturaleza moral.

La secuencia temporal es reveladora: primero Yeshú expresa preferencia contraria (evitar la copa), luego somete su voluntad a la del Padre (pero hágase tu voluntad). Esta es estructura narrativa de conflicto inicial seguido por resolución mediante sumisión. No es armonía perfecta desde el principio sino proceso de alineación de una voluntad subordinada a otra voluntad superior. La palabra "אלא" (elá), sino, es adversativa fuerte que marca contraste y corrección: no esto sino aquello, estableciendo oposición entre dos opciones.

El polemista concluye con frase definitiva: "אם כן לא היו הרצונות שוות" (im ken lo hayú haratzónot shavot), si es así, las voluntades no eran iguales. El término "שוות" (shavot), iguales, de la raíz "שוה" (sh-v-h) que significa ser igual, equivalente, del mismo valor, no solo indica distinción sino desigualdad cualitativa. Una voluntad se somete a la otra, una reconoce autoridad superior de la otra, una ajusta su preferencia a la de la otra. Esto no es igualdad sino jerarquía, no es identidad sino subordinación. Si las voluntades no son iguales, entonces las personas no son ontológicamente una según la ley de identidad.

El problema filosófico que el polemista expone es fundamental. La propia estructura de la oración presupone distinción de personas. Orar implica relación yo-tú, sujeto orante distinto de objeto receptor de oración. Yeshú ora "לפני אביו" (lifnei aviv), delante de su Padre. No puede estar "delante" de sí mismo. La preposición "לפני" (lifnei), delante, ante, implica relación externa, espacialidad metafórica quizás pero distinción real. Uno no se postra ante sí mismo, uno no pide a sí mismo, uno no somete su voluntad a sí mismo. Cada elemento de la oración de Getsemaní testifica pluralidad irreducible de personas.

Los cristianos desarrollaron doctrina diotelita en el Tercer Concilio de Constantinopla del año seiscientos ochenta para resolver este problema, afirmando que Yeshú tiene dos voluntades, humana y divina, pero que la voluntad humana se somete sin resistencia a la divina. Pero el polemista ve que esta solución admite precisamente lo que intenta negar: si hay dos voluntades distintas con relación de sumisión de una a otra, entonces no hay unidad simple sino complejidad, no identidad sino dualidad. Decir que son "dos voluntades en armonía" no elimina que son dos. Y si Yeshú tiene dos voluntades mientras el Padre tiene una, entonces Yeshú y Padre no comparten todas las propiedades, violando la ley de identidad que gobierna toda afirmación de igualdad ontológica.

El contraste con oración judía es instructivo. Cuando profetas como Moshé o Yirmeyahu oran a Dios, nadie afirma que sean ontológicamente uno con Dios. La distinción es clara, apropiada, sin contradicción: el humano ora al divino, el creado al Creador, el dependiente al independiente. Pero los cristianos afirman que Yeshú es Dios mismo encarnado, consustancial con el Padre, y simultáneamente presentan a este supuesto Dios orando a Dios, pidiendo a Dios, sometiéndose a Dios, expresando voluntad contraria que luego ajusta a voluntad de Dios. Esta no es distinción funcional de roles (como economía trinitaria intentaría argumentar) sino distinción ontológica real de voluntades, que es precisamente lo que la doctrina de unidad esencial niega.

El polemista ha identificado contradicción lógica en el corazón de cristología: los cristianos proclaman "Padre e Hijo son uno" basados en Juan 10:30, pero el evangelio hebreo de Mateo que tienen delante muestra en Getsemaní a Yeshú diciendo "no sea mi voluntad sino tu voluntad", estableciendo precisamente la dualidad que la unidad profesada niega. No pueden tener ambas. O son verdaderamente uno, entonces deben tener una sola voluntad indivisible, o tienen voluntades distintas que pueden diferir y someterse una a otra, entonces son dos personas distintas. Getsemaní prueba la segunda opción, refutando la primera. La doctrina trinitaria se colapsa bajo el peso de su propia evidencia textual: las voluntades no eran iguales, por lo tanto las personas no son una.


Pregunta 17: El alma triste de dios: Cuando lo inmortal teme a la muerte (Mateo 26:38, Getsemaní)

BS"D



שאל למה היתה עציבת

נפשו על המות אם

תאמר שהוא מדבר על הבשר

שהוא מפחיר והלא הוא אומר

עציבת נפשי ולא עציבת בשרי

וגם כל העולם יודעים שהבשר

אינו מדבר ואינו יודע כלום

אלא היא כאבן כי אם מכח

הרוח:

Pregunta: ¿Por qué hubo tristeza de su alma sobre la muerte? Si dirás que habla sobre la carne que siente miedo, ¿acaso no dice él "tristeza de mi alma" (עציבת נפשי) y no "tristeza de mi carne" (עציבת בשרי)? Y también todo el mundo sabe que la carne no habla ni sabe nada, sino que es como una piedra, excepto por la fuerza del espíritu.

La decimoséptima pregunta del polemista construye un ataque filosófico y psicológico devastador contra la cristología mediante el análisis de la angustia de Yeshú en Getsemaní, exponiendo una incompatibilidad fundamental entre la impasibilidad divina y el terror psíquico que el evangelio registra. 

El polemista habría leído en el evangelio hebreo de Mateo, daf 66s, perek 26:38, las palabras exactas que Yeshú pronunció en el jardín: "עציבת נפשי עד מות פה תמתינו לי ושקדו עמי" (atzivat nafshi ad mavet po temtinu li veshiqdu imi) — ‘Tristeza de mi alma hasta la muerte; quedaos aquí y velad conmigo’. Y en el versículo 39: "ויעבר מעט ויפול על פניו ויתפלל לאמר אבי אם אפשר שיעבור הכוס הזה ממני עשה אבל לא יהי כרצוני אלא כרצונך עשה" (vaya'avor me'at vayipol al panav vayitpalel lemor avi im efshar sheya'avor hakos hazé mimeni asé aval lo yehi kirtoni elá kirtzoneija asé) — ‘Y pasando un poco adelante, se postró sobre su rostro, orando y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú’.

La frase clave que el polemista explota es "עציבת נפשי" (atzivat nafshi), tristeza de mi alma. El término "עצב" (etzev) denota tristeza profunda, dolor, aflicción que penetra el ser interior. Pero es el uso de "נפשי" (nafshi), mi alma, con el sufijo posesivo de primera persona, lo que crea el dilema teológico inescapable. El polemista construye su argumento anticipando la objeción cristiana obvia: dirán que la angustia era de su naturaleza humana, de su "בשר" (basar), carne o cuerpo físico, mientras su naturaleza divina permanecía impasible. Esta es precisamente la estrategia que los teólogos cristianos desarrollaron para reconciliar la angustia de Getsemaní con la impasibilidad divina: atribuir el sufrimiento psicológico a la naturaleza humana sola.

Pero el polemista cierra esta vía de escape con precisión filológica devastadora: "והלא הוא אומר עציבת נפשי ולא עציבת בשרי" (vahalo hu omer atzivat nafshi velo atzivat besari) — ¿acaso no dice él "tristeza de mi alma" y no "tristeza de mi carne"? La distinción lingüística es letal. Si Yeshú hubiera dicho "עציבת בשרי" (atzivat besari), ‘tristeza de mi carne’, los cristianos podrían argumentar que solo su naturaleza física-humana sufría mientras su alma-divinidad permanecía serena. Pero dice explícitamente "נפשי" (nafshi), mi alma, identificando la sede de la angustia precisamente en aquello que debería ser el principio espiritual, racional, divino de su ser.

El polemista entonces despliega un principio de antropología filosófica que era universalmente aceptado en el pensamiento medieval tanto judío como cristiano, basado en filosofía aristotélica: "כל העולם יודעים שהבשר אינו מדבר ואינו יודע כלום אלא היא כאבן כי אם מכח הרוח"‘todo el mundo sabe que la carne no habla ni sabe nada, sino que es como una piedra, excepto por la fuerza del espíritu’. Esta es filosofía hilemórfica aristotélica adaptada al vocabulario bíblico. El cuerpo, "בשר" (basar), es materia pasiva, "כאבן" (ke'even), como piedra, sin conciencia propia, sin capacidad de sentir, pensar o experimentar emoción independientemente. Solo funciona "מכח הרוח" (mikoaj haruaj), por la fuerza del espíritu o alma, que es el principio activo, la forma que anima la materia.

Por lo tanto, cuando Yeshú dice "עציבת נפשי" (atzivat nafshi), tristeza de mi alma, no puede estar refiriéndose a mera angustia física o corporal porque el cuerpo no tiene capacidad de experimentar tristeza por sí mismo. La tristeza, el miedo, la angustia psíquica residen en "נפש" (nefesh), el alma, el principio espiritual que es sede de conciencia, voluntad, emoción racional. Si el alma de Yeshú experimentó tristeza hasta la muerte, entonces su principio espiritual, aquello que supuestamente era divino o al menos unido hipostáticamente con lo divino, fue afectado por pasión perturbadora.

Esto crea un dilema cristológico del que no hay escape sin admitir herejía. Si los cristianos argumentan que la angustia era solo de la naturaleza humana, deben explicar por qué Yeshú la atribuyó específicamente a su "נפש" (nefesh), alma, que en la antropología bíblica y filosófica medieval es el principio espiritual unificador del ser humano, no divisible entre parte humana angustiada y parte divina serena sin caer en nestorianismo, aquella herejía cristiana que divide a Yeshú en dos personas separadas. Si admiten que el alma de Yeshú realmente experimentó angustia, entonces deben explicar cómo puede el alma divina, que debería ser impasible según toda la teología patrística desde Atanasio hasta Agustín hasta Tomás de Aquino, experimentar perturbación emocional tan severa que produjo sudor como sangre según Lucas.

La doctrina de la impasibilidad divina, "ἀπαθής" (apathés) en griego, era piedra angular de la teología cristiana ortodoxa. Dios no sufre cambios emocionales, no es afectado por circunstancias externas, no experimenta perturbaciones pasionales. Esto no es meramente atributo secundario sino consecuencia necesaria de la inmutabilidad divina. Si Dios pudiera ser perturbado emocionalmente por eventos externos, sería mutable, dependiente, limitado, todas características incompatibles con ser divino. Pero el evangelio hebreo registra que el alma de Yeshú experimentó "עציבת" (atzivat), tristeza o aflicción tan profunda que llegaba "עד מות" (ad mavet), hasta la muerte, una intensidad extrema de perturbación psíquica.

Más devastador aún es la comparación implícita con mártires humanos que enfrentaron muertes similares o peores con mucha mayor serenidad. Los siete hermanos macabeos y su madre en Segundo Macabeos siete enfrentaron tortura y muerte sin pedir liberación, proclamando fe hasta el final. Esteban en Hechos siete murió apedreado orando por sus verdugos sin mostrar angustia extrema. Ignacio de Antioquía anhelaba el martirio, escribiendo que era "trigo de Dios para ser molido por dientes de bestias". Policarpo enfrentó las llamas con serenidad tranquila. Si estos humanos ordinarios con almas meramente humanas pudieron enfrentar muerte violenta sin terror psíquico extremo, ¿cómo puede Dios encarnado con alma supuestamente divina experimentar angustia tan severa que ruega "שיעבור הכוס הזה ממני" (sheya'avor hakos hazé mimeni), ¡que pase de mí esta copa?¡

La oración misma revela conflicto de voluntades que es problemático para doctrina cristiana de unión hipostática. Yeshú dice "לא יהי כרצוני אלא כרצונך" (lo yehi kirtoni elá kirtzoneja), ‘no sea como yo quiero sino como tú’. Esto implica dos voluntades distintas, una queriendo evitar la muerte, otra requiriéndola. El Tercer Concilio de Constantinopla en seiscientos ochenta y uno estableció que Yeshú tiene dos voluntades, divina y humana, trabajando en armonía sin conflicto. Pero Getsemaní muestra conflicto explícito: una voluntad desea escapar, la otra debe someterse. ¿Cómo puede Dios tener voluntad conflictiva consigo mismo? Si la voluntad que quiere evitar la copa es meramente humana, ¿por qué Yeshú dice "כרצוני" (kirtoni), como YO quiero, identificándose personalmente con esa voluntad en primera persona?

El argumento del polemista funciona como silogismo perfecto: Yeshú experimentó tristeza de alma ante la muerte según su propia confesión registrada en el evangelio hebreo. La tristeza de alma indica afectación del principio espiritual racional que es sede de conciencia y emoción. Dios como espíritu puro es impasible y no puede experimentar miedo ni perturbación emocional. Por lo tanto, el alma de Yeshú que experimentó tristeza extrema no era divina. Los cristianos intentarán argumentar división entre naturalezas, pero el polemista ha cerrado esta escapatoria mostrando que el alma es el principio unificador indivisible del ser, y Yeshú mismo localizó la angustia específicamente en su "נפשי" (nafshi), su alma personal, no en mera carne pasiva que "היא כאבן" (hi ke'even), es como piedra sin conciencia propia. La conclusión es ineludible: o el alma angustiada de Yeshú no era divina, revelando que era meramente humano exaltado, o las dos naturalezas estaban tan separadas que constituyen dos personas distintas, lo cual es nestorianismo herético. No hay tercera opción que preserve simultáneamente la impasibilidad divina, la unión hipostática ortodoxa, y la realidad textual de "עציבת נפשי עד מות" (atzivat nafshi ad mavet), ‘tristeza de mi alma hasta la muerte’.