6/14/2011

Los fariseos y su revolución.




or el Profesor Yosef Gedaliah Klaussner Z”L

y

la Dra. Eliette Abécassis.

Tras la conquista de Alejandro Magno en 333 antes de la Era Común, surgió la escritura hebraica cuadrada o asiria (ketav ashurí), que permanece vigente hasta nuestros días. Las dos escrituras, la paleo-hebraica y la hebraica, representaban distintas corrientes: la antigua, utilizada por los cohanim, simbolizaba la independencia nacional y preservaba su historia; mientras que la nueva era propia de los perushim (intérpretes o "fariseos"), quienes ocupaban una posición fundamental en la vida social y política del pueblo judío. Hasta ese momento, solo los sofrim (escribas) y los cohanim tenían acceso a la alfabetización. La Torá se transmitía oralmente: los cohanim la leían al pueblo, y los padres repetían a sus hijos lo que habían memorizado.

Una revolución educativa comenzó cuando se estableció el estudio de la Torá como imperativo para todo el pueblo. La alfabetización impulsada por los perushim transformó radicalmente la sociedad judía: en un periodo relativamente breve, el pueblo adoptó un nuevo paradigma de estudio. Los perushim, promotores de la Torá, elevaron la tradición rabínica y el Talmud al nivel de texto revelado, equiparándolo con el Tana"j.

Los siglos de dedicación de los sofrim y los perushim que los sucedieron rindieron frutos significativos. En la tierra de Israel se desarrolló gradualmente una clase instruida que abarcaba no solo a las familias sacerdotales y la élite, sino también a personas comunes. La alfabetización se extendió considerablemente, especialmente desde la época de Shimon ben Shetaj, quien estableció los cimientos del sistema educativo hebreo, y no Yehoshúa ben Gamala como algunos erróneamente atribuyen.

Flavio Josefo, contemporáneo de Yehoshúa ben Gamala, destaca como hecho conocido que la Torá establecía la obligación de enseñar a los niños la lectura y escritura (grammata), las leyes (nomouz) y la historia de sus antepasados:

 "cuyos caminos habrán de seguir y, habiendo sido educados en las leyes, se acostumbrarán a observarlas y no tendrán la excusa de no conocerlas". -Contra Apión, 2:25.

Según su testimonio, Moshé Rabeinu ya había ordenado que:

 "primero les enseñarán a los niños todas las leyes, el conocimiento más decente y la fuente de la felicidad".

Josefo enfatiza reiteradamente: 

"la mayor parte de nosotros somos cuidadosos de la educación de los niños (paidotrofia); si se nos pregunta algo concerniente a las leyes, podemos responder más fácilmente que si se nos preguntara nuestro nombre. Habiéndolas aprendido directamente con nuestra percepción más temprana, ellas se graban en nuestro espíritu."

Estas afirmaciones, aunque quizás algo hiperbólicas, evidencian el alcance del sistema educativo durante la época del Beit Shení (Segundo Templo), aproximadamente cincuenta años antes de los escritos de Josefo. También Filón, contemporáneo de esta época, atestigua que los judíos enseñaban las leyes "desde la primera juventud".

Este logro educativo fue posible gracias al sistema escolar establecido. Si bien la Torá obligaba a los padres mediante el precepto: "enseña diligentemente a tu niño", hacia el final del período del Beit Shení, la vida se había vuelto más compleja, dificultando que los padres pudieran cumplir plenamente con esta mitzvá.

El sistema educativo se estructuraba en dos niveles: el Beit HaSefer (בית הספר), escuela elemental, y el Beit HaMidrash (בית המדרש), centro de estudios avanzados. Este último, dedicado a la exégesis de la Torá para estudiantes selectos (talmidei jajamim - תלמידי־חכמים), existía desde la época de los sofrim, anterior al período macabeo. A partir de la era macabea, y especialmente desde Hillel y Shamai, adoptó un carácter más accesible. En estas instituciones se estudiaba la Torá y, cuando el pueblo dejó de hablar hebreo, se incorporó su traducción al arameo. Las explicaciones (דורשים) se ofrecían al pueblo durante los Shabatot y los días de mercado, permitiendo que los habitantes de las aldeas accedieran al conocimiento de la Ley durante sus visitas a la ciudad.

No obstante, la mayoría de los campesinos permanecían como am ha'aretz (עם הארץ - ignorantes de la Torá), al igual que muchos prosélitos, tanto voluntarios como involuntarios, que se unieron al judaísmo durante las épocas de Yojanan Hurcano, Yehudá Aristóbulo y Alejandro Yanai. Sin embargo, en los centros urbanos, especialmente en Yerushalayim, existía una considerable población instruida en la Torá entre artesanos, comerciantes, cohanim y funcionarios. Aunque los jajamim (חכמים) eran pocos, había numerosos talmidei jajamim.

Sería erróneo asumir que la educación se limitaba exclusivamente a la Torá. En Israel también florecía la enseñanza secular. Los textos poéticos y narrativos preservados en lenguas extranjeras en los Libros Apócrifos y Seudoepígrafes, de extraordinaria diversidad y belleza, datan mayormente de períodos cercanos a la época del Beit Shení. El arte judío de este período, particularmente en arquitectura, mausoleos y cerámica, alcanzó niveles notables de belleza y grandeza, manteniendo un distintivo carácter nacional.

Aunque estos estudios seculares no igualaban en importancia al estudio de la Torá, el judaísmo abarcaba un espectro amplio que incluía toda "sabiduría de vida" y conocimiento necesario para la nación. No separaba la religión de la enseñanza y la vida cotidiana. En esencia, más que una mera religión, representaba una cosmovisión nacional con fundamentos religiosos, incluyendo filosofía, jurisprudencia, ciencia y ética, además de las creencias y prácticas rituales tradicionalmente asociadas con la religión.

Un indicador crucial del nivel de desarrollo de una sociedad es la posición de sus mujeres. En Israel, desde el período macabeo, esta situación era notablemente progresista. La ketubá (כתובה), el contrato matrimonial, precedía a la época de Shimon ben Shetaj, como evidencian documentos arameos similares encontrados en Elefantina de la época de Ezra.

Los perushim constituían el partido popular, representando principalmente a la clase media urbana y, en menor medida, rural (aunque la mayoría de los aldeanos eran amei ha'aretz). Encarnaban un nacionalismo ilustrado basado en el estudio e interpretación de la Torá nacional. Entre ellos se encontraban numerosos talmidei jajamim, dedicados a desarrollar y adaptar la Torá a las necesidades contemporáneas. Como Josefo frecuentemente señala, los perushim representaban la democracia nacional durante las épocas macabea y de Yeshú.

Los preceptos fundamentales de los perushim se pueden resumir de la siguiente manera:

A diferencia de los esenios, los perushim mantenían que no todo estaba predestinado: si bien la providencia divina gobierna todas las cosas, el ser humano posee libre albedrío, lo cual también puede considerarse un decreto divino. Esta perspectiva fue posteriormente cristalizada por Rabí Akiva, heredero de la tradición farisea, en su máxima: "Todo está previsto, pero el derecho (de elección) es permitido."

Los perushim desarrollaron y conservaron la tradición de los Padres (Masoret Avot), estableciendo sobre esta base normas nacionales no explícitas en la Torá de Moshé. Aunque seguían las interpretaciones más rigurosas de la Torá, adoptaban posturas más lenientes respecto a los castigos.

Se distinguían por su elevada ética y su distanciamiento de los placeres mundanos, lo que llevó a Josefo a compararlos con los estoicos griegos.

Su sistema de creencias incluía la supervivencia del alma, las recompensas y castigos después de la muerte, la transmigración de las almas de los justos a otros cuerpos, y el tormento eterno (en la Gehinom) para las almas de los malvados. Estas enseñanzas, documentadas por Josefo (él mismo fariseo), se reflejan en el Sha"s (Mishná) y en las antiguas baraitot del Talmud. Los tanaim y amoraim, y los judíos en general, representan generaciones sucesivas de discípulos de los perushim, quienes continuaron la obra de los sofrim, estableciendo los cimientos del Talmud y la literatura judía posterior.

Las descripciones de Josefo y el Talmud sobre los perushim encuentran eco en el Nuevo Testamento, aunque este último también presenta una crítica severa. Yeshu los agrupa con los escribas, criticándolos por predicar sin practicar, por su ostentación en el cumplimiento de los mandamientos, por aumentar sus filacterias (tefilín) y alargar sus tzitziot, por buscar reconocimiento y lugares de honor en sinagogas y banquetes, y por su deseo de ser llamados "Rabí".

Los acusó de hipocresía, de enfocarse en minucias como el diezmo de especias mientras descuidaban preceptos fundamentales como la justicia, la compasión y la fe. Los describió como "ciegos guiando ciegos", que "cuelan el mosquito y se tragan el camello", y como "sepulcros blanqueados", externamente impecables pero internamente corruptos.

En lugar de negar estas acusaciones como han hecho algunos eruditos judíos apologéticos, es importante contextualizar. Como señala Josefo, los perushim "se enorgullecían de la observancia escrupulosa de la religión de los Padres, considerando que Dios los amaba más que a otros". Sin embargo, estas críticas podrían aplicarse a cualquier movimiento religioso o filosófico que, con el tiempo, experimenta cierta degradación.

En todo sistema, lo secundario puede llegar a considerarse primario y viceversa. Las ideas más nobles pueden ser distorsionadas por seguidores que priorizan el honor, el poder y el beneficio personal. Esto ocurrió con la Torá de Moshé en la época de Yirmiyahu.

La propia tradición rabínica reconoce esta realidad. La Mishná y las baraitot critican diversos tipos de perushim hipócritas o extremistas. Como se establece en Mishná Sotá 3:4: "Un jasid estúpido, un bribón astuto, una mujer santurrona, y la plaga de los fariseos son los seres que destruyen el mundo."

Cuando un discípulo de Rabí Yehudá HaNasí fue engañado, el Rabí lamentó: "A este hombre lo aflige la plaga farisaica." Una antigua baraita enumera siete tipos de perushim, de los cuales solo uno o dos son considerados favorablemente por los tanaim:

"Hay siete clases de perushim: el parush shijmi (jorobado), el parush kizzai (teneduría de libros), el parush nikpi (golpeador o prestatario), el parush medojia (semejante a la peste), el parush 'haré lo que es mi obligación', el parush por temor, y el parush por amor."

Aunque el significado exacto de términos como shijmi, nikpi, kizzai y medojia es difícil de determinar, dadas las diferencias interpretativas entre el Talmud Bavli y el Talmud Yerushalmi, es claro que se referían a fariseos extremistas y ascéticos que llevaban sus prácticas piadosas a extremos distorsionados.


6/13/2011

¿Yeshu en la literatura rabínica? Parte 1

¿Yeshu en la literatura rabínica? Parte 1

Por Itzjak ben Avraham. 

Una vez que fracasó el intento de adjudicarle cumplimientos proféticos a Yeshu, los misioneros generaron otra estrategia: tratar de ir a las literatura judía para hacer lo mismo que hicieron con los profetas: mentir, torcer, manipular, cambiar textos… todo con el objetivo de defender lo indefendible: la mesiandad de Yeshu.
Vamos entonces a responder a estas novedosas “reclamaciones”… ya no saben qué inventar!

La tradición de Eliahu: los seis mil años

Los misioneros citan: Sanhedrin 97A  dice: “La tradición de Elías enseña que el mundo ha de existir por seis mil años; En los primeros dos mil habría desolación; en los dos mil siguientes prosperará la Torah y los siguientes dos mil son los días del Mesías, pero a causa de nuestros pecados, que fueron grandes, salieron las cosas como salieron.” Por eso Iehoshua es el único que cumplió su venida durante estos años como está escrito en el brit jadasha.

La respuesta judía:
La cita de Sanhedrin 97A no dice así.  Dice:

תנא דבי אליהו ששת אלפים שנה הוי עלמא שני אלפים תוהו שני אלפים תורה שני אלפים ימות המשיח

“El Tana Debe Eliahu enseña: el mundo existirá por seis mil años. En los primeros dos milenios había desolación; dos milenios años la Torah floreció; los próximos dos milenios son días del mesías”
¿Qué dice Tana Eliahu? que del año 1 al 2000 había caos, luego fue dada la Torah y luego vendrá la era mesiánica. Si tomamos la cronología misionera, resulta que Yeshu nació aproximadamente en el año judío 3760… muchos años antes del “4000” que se supone que comienza la era mesiánica según Eliahu.  Y que no digan que es pequeño el margen de error o despreciable, porque un cuarto de milenio no es cosa que se pueda desechar así como si nada.

Pero vemos que ya estamos en el año 5771 y el Mashiaj no ha venido, ¿se equivocó Tana Debe Eliahu? No.  De hecho, confirma que el Mashiaj DEBE nacer después del año 4000 (cosa que Yeshu no cumple), y la traducción “los próximos dos mil son días del mesías” indica que el mesías debe nacer en los milenios sucesivos después del año judío 4000.  Y así lo hará.


Las aguas y el espíritu del Mashiaj

Los misioneros afirman: Cuando la Biblia hace mención de que “el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas,” se ve una referencia al Mesías. El Midrash Rabbah (Midrash Bereshith Rabbah 1:2 y Yalqut, Mechiri del Salmo 139:12) dice en este  contexto, que este era el “espíritu del Mesías,” como está escrito en Isaías 11:2, “Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor.”  El espíritu de Iehoshua el mesías es el Espíritu del Padre Celestial.


La respuesta judía:  Para variar, otro texto fuera de contexto. La palabra hebrea Ruaj los misioneros la traducen como “espíritu” para introducir el truco de la “tercera persona de la triunidad”, pero la verdad es que RUAJ significa aire, inspiración, viento.  Cuando el Midrash Rabbah dice que el “espíritu” del mesías se mueve sobre las aguas, lo que está diciendo es que la Inspiración divina (“esp. de D-s”) aletea sobre tohu vabohu haciendo las conexiones que hacen posible maasé bereshit (la obra de la creación).  ¿Qué tiene que ver Mashiaj? Que la creación entera alcanzará la cúspide de su esplendor en los días del mesías.  Por eso es que la Inspiración (ruaj) mesiánica está envuelta en el relato de la creación según el Midrash Rabbah.
No existe eso de trinidad ni de divinidad de un ser humano.



La luz y el Mashiaj

Los misioneros dicen: Las primeras palabras de Dios en la Biblia son: “‘¡Sea la luz!’Y hubo luz. Y vio Dios que la luz era buena.” Pero observamos que no fue sino hasta el cuarto día que Dios creó las “dos grandes lumbreras,” el sol y la luna. Los sabios veían en esto también una alusión al Mesías, de tal suerte que el Midrash  conocido como Pesikhta Rabbah pregunta: “¿De Quién es esta luz que cae sobre la congregación del Señor?” Y contesta: “Es la luz del Mesías.” El Yalqut Shimoni, dice: “Esta es la luz del Mesías, como está escrito en el Salmo 36:9, ‘En tu luz vemos la luz.’”  Esta es la luz de Iehoshua el mashiaj, como él dijo “Yo soy la Luz del Mundo” (Yojanan 8:12).

La respuesta judía: Primero que todo, en ninguna parte de la literatura rabínica se dice que el mesías sea él mismo la luz, como lo dijo Yeshu el orgulloso sobre sí mismo.

El Yalkut Shimoni, sobre Ieshaiah 60 (Remez 499) dice:
בשעה שמלך המשיח בא עומד על גג בית המקדש והוא משמיע להם לישראל ואומר ענוים הגיע זמן גאולתכם, ואם אין אתם מאמינים ראו באורי שזרח
“Cuando el Rey Mashiaj venga, se pondrá de pie sobre el techo del Bet Hamikdash y les dirá a ellos, a Israel, diciendo: humildes, ha llegado el tiempo de la redención, y si no lo creéis, mirad la luz mía que se esparce.”

Todo el pueblo judío estamos encomendados en alumbrar con luz al mundo que se encuentra en una fuerte oscuridad (joshej jazak) como dijo el profeta Ieshaiah (lea detenidamente el capítulo 60).  El mesías, como judío, también recibe ese encargo.
Nada tiene que ver con esas interpretaciones cristianas que no son sino doctrinas de iluminismo gnóstico.  La luz de la Torah y la que se nos fue encomendada para ayudar al mundo nada tiene que ver con egos de semidioses y falsos mesías.
Anteriormente citamos: “y si no lo creéis, mirad la luz mía que se esparce.”  Luego de Yeshu el mundo creyente en él vivió el periodo de oscuridad más grande que haya visto civilización alguna sobre la faz de la tierra, tanto que ése periodo de su historia la llaman “Oscurantismo”.
En resumen, Yeshu no trajo luz para nada, ¿con qué cara los misioneros manipulan nuestros escritos para sostener la evidente falsa mesiandad de ése tal?


La Torah de Moshe y la Torah del Mashiaj
  1. a.    La temporalidad de la Torah
Los misioneros citan: Iehoshua ha Mashiaj no vino a abrogar la Torah sino a escribirla en nuestros corazones quitando los mandamientos que ya no operan mas y esto lo saben los mismos judíos porque en el Talmud (Nezir 50) los rabinos hablan de los días futuros y preguntan “Torah, ¿qué llegará a ser de ti?”.  Esa preocupación por la el dudable futuro de la Torah que hizo que los rabinos judíos llegaran a escribir: “En el futuro los mandamientos serán anulados.” (Niddah 66B). Y Rabi Shimon Ben Eleazar dijo: “Así será en los días del Mesías; no habrá mandamientos de ‘harás’ y ‘no harás’ .” (Shabbat 130A-B).

La respuesta judía es:  Primero, esa cita de Nezir 50 es falsa. Lo que dice es:
אמר ר' יוסי יאמרו מאיר שכב יהודה כעס יוסי שתק תורה מה תהא עליה
Que traduce: “Comentó Rabbi Iosi: la gente dirá, ‘Meir murió, Iehudá está molesto, Iosei no dice nada, ¿qué será de la Torah?’”
No da indicios de que la Torah sea temporal o vaya a terminar en algún momento.  La Torah es eterna, ninguna mitzvá dejará de existir porque ella misma lo dice: “para vuestras generaciones” “pacto perpetuo”.
Y en Niddah 66B no dice que los mandamientos serán anulados, misioneros mentirosos.
Por último, los misioneros no saben citar el Talmud.  Cuando uno cita un folio no puede decir “A-B”.  O es amud álef (folio A) O ES amud Bet (folio B).  No hay tal cosa como “A-B”.  Con todo, en Masejet Shabat daf 130 amud Alef lo que dice es:
“Fue enseñado, Rabbi Shimon ben Eleazar dijo: cada precepto por el cual se pena con muerte (por su no realización) en los tiempos de los decretos reales, como por ejemplo prohibición de avodah zarah y el mandato de realizar brit milá, ellos (éstos preceptos) aún se mantienen firmemente en sus mentes (de Israel).”


CONTINÚA