Cuando el PRIMER MINISTRO de Erretz Israel, Benjamin Netanyahu citó זָכוֹר אֵת אֲשֶׁר־עָשָׂה לְךָ עֲמָלֵק (“Recuerda lo que Amalek te hizo”) ante las Fuerzas de Defensa de Israel el 28 de octubre de 2023, el auditorio inmediato eran soldados. El auditorio real — el que importa políticamente — estaba en Washington. Y ese auditorio no leyó la cita en su contexto talmúdico, ni en el marco halájico del Ramba”m, ni con la distancia hermenéutica que exige el texto hebraico. La leyó a través de siglos de teología política protestante que ellos mismos producen y que Netanyahu, con exactitud quirúrgica, les devuelve como si fuera judaísmo auténtico.
Para entender por qué esto importa, hay que hacer lo que raramente se hace en el debate público: leer.
El término עֲמָלֵק (ʿămālēq) tiene en el texto bíblico un referente histórico concreto. Berreshit / Génesis 36:12 establece su genealogía — וְתִמְנַע הָיְתָה פִילֶגֶשׁ לֶאֱלִיפַז בֶּן־עֵשָׂו וַתֵּלֶד לֶאֱלִיפַז אֶת־עֲמָלֵק (“Y Timná fue concubina de Elifaz hijo de Esaú, y ella dio a luz a Amalek para Elifaz”) — y Bemidbar / Números 13:29 lo ubica territorialmente: עֲמָלֵק יוֹשֵׁב בְּאֶרֶץ הַנֶּגֶב (“Amalek habita en la tierra del Neguev”). Es un etnónimo con coordenadas geográficas y árbol genealógico verificable, no una categoría semántica abierta disponible para cualquier adversario político de turno.
El mandamiento de Debvarim / Deuteronomio 25:17 y 25:19 — זָכוֹר אֵת אֲשֶׁר־עָשָׂה לְךָ עֲמָלֵק (“Recuerda lo que Amalek te hizo”) y תִּמְחֶה אֶת־זֵכֶר עֲמָלֵק מִתַּחַת הַשָּׁמָיִם לֹא תִשְׁכָּח (“Borrarás el recuerdo de Amalek de debajo del cielo, no lo olvidarás”) — está formulado sobre un agente histórico identificable, sobre el que pesa además una restricción jurídica fundamental que la retórica política sistemáticamente silencia.
El Ramba”m, en Hiljot Melajim 5:4-5 del Mishnéh Torá, establece la secuencia legal con precisión:
מִנּוּי מֶלֶךְ קוֹדֵם לְמִלְחֶמֶת עֲמָלֵק... וְהַכְרָתַת זֶרַע עֲמָלֵק קוֹדֶמֶת לְבִנְיַן הַבַּיִת
(“El nombramiento del rey precede a la guerra contra Amalek... y la erradicación del linaje de Amalek precede a la construcción del Templo”).
La obligación presupone condiciones institucionales precisas y una cadena de identificación tribal intacta. El Sefer HaJinuk y el Minjat Jinuk extienden ese principio: dado que Senaquerib mezcló a las naciones — זִכְרָם אָבַד (“su memoria ha desaparecido”) — nadie puede identificar hoy a un amalecita. El aparato jurídico rabínico funciona, entre otras cosas, como un freno institucional contra la aplicación política irrestricta del texto. Cuando Netanyahu invoca "Amalek" sin ese marco, no está citando el judaísmo clásico.
Está citando algo completamente distinto. Para rastrear ese algo, hay que retroceder al siglo XVII inglés. En 1644, en plena Guerra Civil, el predicador puritano Thomas Case se dirigió al Parlamento de Westminster con estas palabras:
“The Lord hath sworn that He will have war with Amalek from generation to generation; and so it is with those enemies that oppose the kingdom of Christ.”
(“El Señor ha jurado que tendrá guerra con Amalek de generación en generación; y así ocurre con aquellos enemigos que se oponen al reino de Cristo.”) Los Realistas eran Amalek.
(Bercovitch, S. (1978). The American Jeremiad. University of Wisconsin Press.)
Treinta y dos años después, en 1676, Increase Mather, el ministro más influyente de Nueva Inglaterra, eligió Éxodo 17:14 — כִּי־מָחֹה אֶמְחֶה אֶת זֵכֶר עֲמָלֵק מִתַּחַת הַשָּׁמָיִם (“Porque borrando borraré el recuerdo de Amalek de debajo del cielo”) — como texto central de su relato de posguerra sobre la Guerra del Rey Felipe, comparando a los pueblos nativos con Amalek y a los colonos puritanos con el pueblo elegido empuñando la herem.
(Mather, I. (1676). A brief history of the war with the Indians in New-England. Printed for Richard Chiswell. Edición digital: Royster, P. (Ed.). (2006). Faculty Publications, University of Nebraska-Lincoln Libraries, 31.)
En 1775, Samuel Langdon, presidente de Harvard, predicó ante el Congreso de Massachusetts el 31 de mayo en su sermón "Government Corrupted by Vice, and Recovered by Righteousness", describiendo a las autoridades británicas en los términos del adversario bíblico predestinado de Israel:
“When a people rise up to oppose the liberties which God hath given, they act the part of Amalek.”
(“Cuando un pueblo se levanta para oponerse a las libertades que Dios ha concedido, actúa el papel de Amalek.”) ¡La Corona era Amalek!
(Langdon, S. (1775). Government corrupted by vice, and recovered by righteousness: A sermon preached before the honorable Congress of the colony of the Massachusetts-Bay in New England. Printed and sold by Benjamin Edes. Reproducido en Thornton, J. W. (Ed.). (1860). The Pulpit of the American Revolution. Gould and Lincoln.)
Tres siglos, tres enemigos radicalmente distintos, un único molde hermenéutico. Lo que estas tres citas tienen en común no es el judaísmo: es la biblical typology protestante, esa operación cognitiva que colapsa la distancia entre el texto hebraico y el presente político identificando al lector con Israel y al adversario de turno con su némesis bíblica predestinada. La hermenéutica nace de sola scriptura, se radicaliza en el puritanismo, sobrevive en el evangelicalismo anglosajón y llega al siglo XXI completamente intacta como marco de interpretación política.
Netanyahu sabe exactamente lo que hace cuando emplea este idioma. El 13 de octubre de 2023, durante la formación del gobierno de unidad de emergencia, declaró:
“Today, against the enemy, with the ancient command 'Remember what Amalek did to you' ringing in our ears, today we are uniting forces in order to ensure the eternity of Israel.”
(“Hoy, contra el enemigo, con el antiguo mandamiento 'Recuerda lo que Amalek te hizo' resonando en nuestros oídos, hoy unimos fuerzas para asegurar la eternidad de Israel.”)
Dos semanas después, ante las FDI, añadió:
“You must remember what Amalek has done to you, says our Holy Bible.”
(“Debes recordar lo que Amalek te hizo, dice nuestra Santa Biblia.”)
En marzo de 2026, durante una visita a un sitio atacado por misiles iraníes, declaró:
“We read in this week's Torah portion, 'Remember what Amalek did to you.' We remember — and we act.”
(“Leemos en la porción de la Torá de esta semana, 'Recuerda lo que Amalek te hizo.' Nosotros recordamos — y actuamos.”)
Amalek ya no es Hamas. Ahora es Irán. El comodín rota con fluidez porque su lógica no es genealógica ni halájica: es tipológica. Es exactamente la lógica de Thomas Case, de Increase Mather, de Samuel Langdon.
El interlocutor real de este vocabulario en la segunda administración Trump no son los asesores judíos. Son los evangelicales: los más de doscientos líderes que en septiembre de 2025 enviaron una carta a Trump urgiéndolo a defender la "soberanía bíblica" de Israel sobre Judea y Samaria, Paula White-Cain como consejera sénior de la Oficina de Fe de la Casa Blanca, y Mike Huckabee como embajador en Israel, quien lleva décadas negándose a usar el término "Cisjordania" prefiriendo los nombres bíblicos "Judea y Samaria". Para todos ellos, el lenguaje de Amalek no es teología judía exótica: es su propio lenguaje nativo, devuelto con acento hebraico. Netanyahu lo sabe. Por eso lo usa.
En el centro de ese ecosistema opera una organización que pocas veces aparece en titulares, precisamente porque ha diseñado su influencia para no aparecer. The Fellowship Foundation, conocida como The Family, fundada en 1935 por Abraham Vereide y modelada durante décadas por su sucesor Douglas Coe, es, según D. Michael Lindsay de la Universidad Rice, la organización con mayor acceso acumulado entre el liderazgo político estadounidense a través de las décadas. Sus miembros — senadores, representantes, militares, ejecutivos — comparten una cultura de oración y estudio bíblico estructurada en células discretas cuya influencia deliberadamente elude el registro público.
(Lindsay, D. M. (2007). Faith in the Halls of Power: How Evangelicals Joined the American Elite. Oxford University Press.)
El periodista de investigación Jeffrey Sharlet, que infiltró The Family durante meses, documenta que su método de operación consiste en construir relaciones personales con líderes de todo el mundo bajo la premisa de que el poder político es un don divino que debe alinearse con la voluntad de Dios, y que el ejemplo de Jesús es principalmente un modelo de liderazgo para los poderosos, no un mensaje para los marginados.
(Sharlet, J. (2008). The Family: The Secret Fundamentalism at the Heart of American Power. Harper & Row.)
The Fellowship estuvo en silencio detrás de los Acuerdos de Camp David en 1978 y lleva décadas tejiendo redes entre líderes israelíes y políticos estadounidenses. No opera con Amalek en sus documentos públicos. Opera con algo más duradero: la convicción de que los líderes fuertes son instrumentos de Dios, que la historia bíblica es un mapa del presente, y que Israel ocupa en esa cartografía un lugar predestinado. Cuando Netanyahu habla ante ese auditorio en el lenguaje de la tipología bíblica, no necesita explicar nada. Están en el mismo idioma antes de que abra la boca.
Lo que hace posible este cortocircuito es una asimetría hermenéutica que beneficia a Netanyahu políticamente y perjudica intelectualmente al judaísmo clásico. La tradición rabínica — desde la Mekiltá hasta el Ramba"m, desde los Targumim hasta la anotación del Minjat Jinuk a Hiljot Melajim — desarrolló siglos de comentario legal precisamente para limitar, calificar y contextualizar los mandamientos más peligrosos del texto bíblico. El protestantismo reformado construyó exactamente el movimiento opuesto: una hermenéutica de acceso directo al texto que salta por encima de la tradición rabínica para leer la Biblia hebrea como presente político inmediato. El puritanismo llevó esa operación a su consecuencia lógica. El evangelicalismo del siglo XXI la conserva como ADN institucional. La cadena de transmisión es perfectamente rastreable: Reforma protestante, puritanismo, reavivamientos evangélicos del siglo XVIII en adelante, sionismo político nacido en Europa central en contacto con ese ambiente cultural y absorbido por él de maneras que sus propios fundadores — Herzl era un liberal secularista vienés — no habrían reconocido.
Cuando un político israelí cita teología bíblica para justificar una operación militar ante una audiencia evangélica estadounidense, la fuente de autoridad que está invocando no es el Talmud ni Maimónides. Es Calvino. Es Cromwell. Es el covenant theology de Nueva Inglaterra trasplantado al Mediterráneo oriental. Y esa sustitución es tan antigua como el primer sermón de Thomas Case ante el Parlamento de Westminster, tan americana como los primeros colonos puritanos que describieron a los pueblos nativos como Amalek, tan contemporánea como las redes de The Family y los doscientos pastores que le escriben cartas a Donald Trump sobre los derechos bíblicos de Israel.
Lo que suena más bíblico no siempre es lo más judío. Y lo que se vende como tradición milenaria a veces tiene apenas cuatrocientos años, manufactura de Ginebra, y acento de Nueva Inglaterra.