Un Análisis Filológico del Fragmento de Nahal Hever: La Falacia Misionera sobre Tehilim 22:17
Los misioneros cristianos y sus derivados mesiánicos han proclamado durante décadas que el fragmento de Nahal Hever contiene evidencia "irrefutable" de que el Salmo 22:17 originalmente decía כָּאֲרוּ ("han perforado") en lugar de כָּאֲרִי ("como un león"). Esta afirmación supuestamente vindica la interpretación cristológica del pasaje, conectándolo con la crucifixión de Yeshú. Sin embargo, un examen riguroso del manuscrito revela que tal conclusión es insostenible y representa una manipulación textual motivada por intereses teológicos ajenos al judaísmo.
El Fragmento de Nahal Hever: Contexto y Ubicación
El manuscrito designado como 5/6HevPsalm no proviene de Qumrán ni del Mar Muerto propiamente dicho, sino del área de Nahal Hever en el desierto de Judea.
Los misioneros frecuentemente cometen dos errores fundamentales al presentar este manuscrito: primero, afirman que tiene 2,200 años de antigüedad cuando en realidad data del período de la Segunda Revuelta de Bar Kojbá, aproximadamente entre los años 132-136 de la Era Común, es decir, tiene alrededor de 1,900 años. Segundo, lo presentan como parte de los "Rollos del Mar Muerto" cuando técnicamente pertenece a los hallazgos de Nahal Hever, una ubicación geográficamente distinta. El fragmento actualmente se encuentra bajo custodia de la Autoridad de Antigüedades de Israel en el Museo Rockefeller de Jerusalén.
La lectura que los misioneros presentan del fragmento es:
| El fragmento del Salmo 22 encontrado en Nahal Hever (5/6Hev - Col. XI, frag. 9) |
סְבָבוּנִי כְּלָבִים עֲדַת מְרֵעִים הִקִּיפוּנִי כָּאֲרוּ יָדֶיהָ וְרַגְלֶיהָ
(“Porque me han rodeado perros, una banda de malhechores me ha cercado; han perforado sus manos”).
Esta lectura, según su interpretación, confirmaría la “profecía cumplida” en la crucifixión de Yeshú. Sin embargo, este entusiasmo misionero se desmorona completamente cuando se examina el manuscrito con honestidad paleográfica y filológica.
El Error Escribal Documentado: ידיה en lugar de ידי
El primer problema devastador con el fragmento de Nahal Hever es que contiene un error escribal obvio y documentado. En lugar de יָדַי (yadai, "mis manos"), el escriba escribió יָדֶיהָ (yadeyha, "sus manos"). Este no es un detalle menor o una variante textual insignificante. Es un error gramatical fundamental que cambia completamente el significado del verso y demuestra inequívocamente que el copista cometió equivocaciones significativas en su transcripción.
El Texto Masorético lee consistentemente יָדַי וְרַגְלָי (yadai veraglai, "mis manos y mis pies"), manteniendo la primera persona singular que es coherente con todo el salmo, donde el salmista habla en primera persona sobre su propio sufrimiento. El fragmento de Nahal Hever, sin embargo, lee יָדֶיהָ (yadeyha), que es tercera persona femenino singular, "sus manos". Esta discrepancia gramatical es imposible de reconciliar con la estructura del salmo y confirma que el escriba era descuidado o incompetente.
Esta observación no es una invención judía moderna para "esconder la verdad". Es un hecho reconocido incluso por estudiosos cristianos que han examinado el manuscrito. El fragmento es paleográficamente problemático, y este error escribal demuestra que no puede considerarse una fuente textual superior al Texto Masorético, que ha sido preservado con meticulosidad extraordinaria a través de los siglos.
La Ambigüedad Paleográfica: La Indistinguibilidad entre ו y י
El argumento central de los misioneros depende de poder distinguir definitivamente entre la letra ו (vav) y la letra י (yod) en el fragmento de Nahal Hever. Afirman que la palabra claramente lee כָּאֲרוּ (con vav final) en lugar de כָּאֲרִי (con yod final). Sin embargo, esta afirmación ignora un hecho paleográfico fundamental sobre la escritura hebrea del período del Segundo Templo.
La paleógrafa israelí Ada Yardeni, reconocida como una de las máximas autoridades mundiales en escritura hebrea antigua, documenta en su obra fundamental Sefer HaKetav HaIvri (ספר הכתב העברי - "El Libro de la Escritura Hebrea") un hecho crítico:
"בתקופה זו, מטשטשים הבדלי הגובה בין אותיות האלף-בית. האות ו' ו-י' דומות זו לזו"
("En este período, se borran las diferencias de altura entre las letras del alfabeto. La letra ו [vav] y la letra י [yod] se parecen mucho entre sí").
Esta observación paleográfica es devastadora para la argumentación misionera. En la escritura de Nahal Hever, las letras ו y י eran prácticamente indistinguibles. Los escribas de ese período no marcaban consistentemente la diferencia de altura entre estas dos letras, lo que significa que cualquier intento de distinguir definitivamente entre כָּאֲרוּ (con vav) y כָּאֲרִי (con yod) es especulativo en el mejor de los casos, y fraudulento en el peor.
La evidencia interna del propio fragmento de Nahal Hever confirma esta confusión sistemática. En el mismo manuscrito encontramos múltiples ejemplos donde el escriba confundió las letras י y ו. La palabra לְעֶזְרָתִי (le'ezrati, "a mi ayuda") aparece en el fragmento como לעזרתו (le'ezrato, "a su ayuda"), donde una י (yod) fue escrita o leída como ו (vav). De manera similar, la palabra עַצְמוֹתָי (atzmotai, "mis huesos") aparece dos veces en el fragmento como עצמותו (atzmotav, "sus huesos"), nuevamente confundiendo י con ו.
Esta evidencia interna es absolutamente fatal para el argumento misionero. Si el mismo escriba confundió sistemáticamente estas dos letras en múltiples instancias dentro del mismo documento, ¿cómo podemos estar seguros de que no hizo exactamente lo mismo en la palabra disputada? La respuesta es simple: no podemos. El fragmento de Nahal Hever no proporciona ninguna evidencia confiable para distinguir entre כָּאֲרוּ y כָּאֲרִי. La tinta es tenue, la escritura es irregular, y el escriba demostró ser inconsistente. Basar una doctrina teológica completa sobre la supuesta distinción entre dos letras indistinguibles en un manuscrito paleográficamente problemático es metodológicamente absurdo.
El Problema Filológico Fundamental con כָּאֲרוּ
Incluso si aceptáramos por un momento la premisa misionera de que el texto de Nahal Hever dice כָּאֲרוּ, enfrentamos un problema lingüístico insuperable: esta palabra no existe en el hebreo bíblico. Es un galimatías semítico, una construcción lingüísticamente imposible que revela la ignorancia profunda de los misioneros sobre la gramática y el léxico hebreo.
La raíz verbal que los misioneros intentan desesperadamente invocar es כָּרָה (karah), un verbo que aparece repetidamente en el Tana"j con un significado muy específico: "excavar" o "cavar una zanja". Esta palabra jamás se usa en el sentido de "perforar" carne o hacer agujeros en un cuerpo. Examinemos los usos bíblicos de esta raíz:
En Tehilim 7:16 leemos: בּוֹר כָּרָה וַיַּחְפְּרֵהוּ (bor karah vayajperehu, "cavó un pozo y lo excavó"). Aquí la raíz כָּרָה se refiere explícitamente a la excavación de un pozo en la tierra. En Tehilim 119:85 encontramos: כָּרוּ לִי זֵדִים שִׁיחוֹת (karu li zedim sijot, "los soberbios cavaron para mí zanjas"). Nuevamente, el contexto es la excavación de zanjas o trampas en el suelo. En Bereshit 26:25 se narra: וַיִּכְרוּ שָׁם עַבְדֵי יִצְחָק בְּאֵר (vayijru sham avdei Yitzjaq be'er, "y los siervos de Yitzjaq cavaron allí un pozo"). El patrón es absolutamente consistente: כָּרָה significa cavar en la tierra.
La legislación de Shemot 21:33 establece: כִּי יִכְרֶה אִישׁ בּוֹר (ki yijreh ish bor, "si un hombre cavare un pozo"), nuevamente usando כָּרָה en el contexto de excavación de pozos. En ningún lugar del Tana"j se usa כָּרָה para referirse a la perforación de carne, la penetración de un cuerpo, o cualquier acción relacionada con heridas corporales. El verbo se restringe exclusivamente al dominio semántico de la excavación terrestre.
Si el salmista hubiera querido expresar la idea de "perforar" o "traspasar" el cuerpo, el hebreo bíblico proporciona múltiples verbos apropiados que sí tienen esa connotación. El verbo נָקַב (naqav) significa específicamente "perforar" o "agujerear", como vemos en Melajim Bet 12:10: וַיִּקֹּב חֹר בְּדַלְתּוֹ (vayiqov jor bedalto, "y perforó un agujero en su puerta"). El verbo דָּקַר (daqar) significa "traspasar" o "atravesar", usado por ejemplo en Zejaryah 12:10. El verbo רָצַע (ratza) se usa para perforar el lóbulo de la oreja, como en Shemot 21:6: וּרְצַעְתָּ אֶת אָזְנוֹ (uratzata et ozno, "y perforarás su oreja"). El verbo פָּלַח (palaj) significa "dividir" o "partir", usado en Iyov 16:13. Incluso el verbo חָדַר (jadar) puede significar "penetrar", como en Yejezkel 21:19.
El hecho de que el Tana"j posea este rico vocabulario específico para describir acciones de perforación y penetración hace que la supuesta lectura כָּרוּ ("excavaron") sea absurda. ¿Por qué el salmista usaría un verbo que significa "cavar zanjas" cuando quería decir "perforar carne"? La respuesta es obvia: no lo hizo. Los misioneros están tratando de forzar un significado que la palabra jamás tuvo.
Pero el problema lingüístico es aún más profundo. Para crear la palabra כָּרוּ (karu, "ellos excavaron") a partir del texto, no solo tendríamos que cambiar la י (yod) por una ו (vav), sino que también tendríamos que eliminar completamente la letra א (alef). Es decir, tendríamos que transformar כָּאֲרִי (kaf-alef-resh-yod) en כָּרוּ (kaf-resh-vav), lo cual requiere dos alteraciones textuales, no una. Primero, eliminar la א, y segundo, cambiar la י por ו. La palabra כָּאֲרוּ que supuestamente aparece en Nahal Hever no corresponde a ninguna forma verbal conocida en el hebreo bíblico. Es lingüísticamente inexistente.
Los misioneros ocasionalmente intentan argumentar que la א (alef) se agregó posteriormente a la palabra, transformando un original כָּרוּ en כָּאֲרִי. Sin embargo, esta teoría no tiene absolutamente ningún fundamento en la lingüística hebrea histórica. No existe ningún patrón documentado en el desarrollo del hebreo bíblico donde una א se inserte espontáneamente en medio de una palabra verbal para transformar כָּרוּ en כָּאֲרִי. Esta es pura especulación sin evidencia, una invención ad hoc diseñada para sostener una interpretación predeterminada.
El Testimonio Unánime de los Códices Masoréticos
Mientras que el fragmento de Nahal Hever es paleográficamente problemático, textualmente defectuoso y lingüísticamente ambiguo, los códices masoréticos representan el pináculo de la precisión textual hebrea. Estos manuscritos fueron producidos por escribas extraordinariamente meticulosos que desarrollaron un sistema elaborado de vocales, acentos y notas masoréticas para preservar cada detalle del texto sagrado.
El Codex de Alepo, fechado alrededor del año 930 de la Era Común y considerado durante siglos como el manuscrito más autoritativo del Tana"j, lee inequívocamente: כִּי סְבָבוּנִי כְּלָבִים עֲדַת מְרֵעִים הִקִּיפוּנִי כָּאֲרִי יָדַי וְרַגְלָי (“Porque me han rodeado perros, una banda de malhechores me ha cercado; como un león mis manos y mis pies”). La palabra es כָּאֲרִי con vocalización completa que indica claramente la presencia de una י (yod) final, no una ו (vav).
El Codex de Leningrado, fechado en el año 1008 de la Era Común y actualmente el manuscrito hebreo completo más antiguo del Tana"j, presenta exactamente la misma lectura: כִּ֥י סְבָב֗וּנִי כְּלָ֫בִ֥ים עֲדַ֣ת מְ֭רֵעִים הִקִּיפ֑וּנִי כָּ֝אֲרִ֗י יָדַ֥י וְרַגְלָֽי. La vocalización masorética (los puntos y signos diacríticos bajo y sobre las letras) indica sin ambigüedad que la palabra es כָּאֲרִי ("como un león"), no כָּרוּ ("excavaron").
Recientemente, el Codex Sassoon, fechado entre los siglos IX-X de la Era Común, fue subastado por 50 millones de dólares, convirtiéndose en el manuscrito bíblico más caro de la historia. Este códice representa uno de los testimonios textuales más antiguos y valiosos del Tana"j. Al examinar el folio 639 que contiene el Salmo 22:17, encontramos una vez más la lectura consistente: כִּ֥י סְבָב֗וּנִי כְּלָ֫בִ֥ים עֲדַ֣ת מְ֭רֵעִים הִקִּיפ֑וּנִי כָּ֝אֲרִ֗י יָדַ֥י וְרַגְלָֽי. La palabra es כָּאֲרִי, no כָּאֲרוּ ni כָּרוּ.
La unanimidad de los códices masoréticos es absoluta. No existe ninguna variante textual, ninguna nota masorética, ninguna lectura alternativa que sugiera que alguna vez existió una versión del Salmo 22:17 que dijera כָּרוּ o כָּאֲרוּ. Los masoretas, que dedicaron sus vidas a preservar cada detalle del texto sagrado y que anotaban meticulosamente incluso las variantes ortográficas más menores, no registran ninguna lectura alternativa para este verso. Este silencio es ensordecedor.
Los misioneros quieren que ignoremos siglos de transmisión textual meticulosa, ejecutada por escribas judíos que arriesgaron sus vidas para preservar la Torá, en favor de un fragmento paleográficamente problemático, textualmente defectuoso y lingüísticamente ambiguo de Nahal Hever. Esta es una inversión metodológica absurda que ningún académico serio aceptaría en ningún otro contexto de crítica textual.
El Contexto Narrativo del Salmo: La Metáfora Consistente del León
El argumento más devastador contra la interpretación misionera surge del contexto literario interno del Salmo 22 mismo. El salmo utiliza una estructura metafórica consistente basada en animales salvajes, particularmente leones, para describir la amenaza mortal que enfrenta el salmista. Esta estructura no es accidental ni arbitraria; es una característica literaria deliberada que unifica todo el salmo.
En el verso 14 del Salmo 22, leemos: פָּצוּ עָלַי פִּיהֶם אַרְיֵה טֹרֵף וְשֹׁאֵג (patzu alai pihem aryeh toref vesho'eg, "Abrieron contra mí su boca, como león rapaz y rugiente"). Aquí el salmista describe a sus enemigos explícitamente como leones que abren sus fauces para devorarlo. La imaginería es violenta, visceral y zoológica. Los enemigos no son meramente malvados; son depredadores salvajes buscando destruir a su presa.
En el verso 22, el salmista clama: הוֹשִׁיעֵנִי מִפִּי אַרְיֵה (hoshi'eni mipi aryeh, "Sálvame de la boca del león"). Esta súplica presupone que el león ha sido una amenaza constante a lo largo del salmo. No es una metáfora que aparece y desaparece arbitrariamente; es el hilo conductor que une la descripción del peligro que enfrenta el salmista.
Dentro de este marco estructural, el verso 17 declara: כִּי סְבָבוּנִי כְּלָבִים עֲדַת מְרֵעִים הִקִּיפוּנִי כָּאֲרִי יָדַי וְרַגְלָי ("Porque me han rodeado perros, una banda de malhechores me ha cercado; como un león mis manos y mis pies"). La estructura poética es clara: primero, los enemigos son como perros que rodean; segundo, los enemigos son una banda de malhechores que cercan; tercero, como un león amenazan las extremidades del salmista. La progresión es coherente: de perros a malhechores a león, todo dentro del mismo esquema metafórico zoológico.
Interrumpir esta metáfora cuidadosamente construida en el verso 17 para insertar súbitamente una acción literal de "perforación" destruye completamente la integridad literaria del texto. ¿Por qué el salmista cambiaría abruptamente de metáforas zoológicas (perros, león) a una descripción literal de perforación corporal, y luego inmediatamente volvería a la metáfora del león en el verso 22? Esta lectura carece de toda coherencia poética y narrativa.
Los misioneros responden ocasionalmente que la frase כָּאֲרִי יָדַי וְרַגְלָי ("como un león mis manos y mis pies") es gramaticalmente incompleta o sin sentido, y por lo tanto debe ser enmendada. Sin embargo, esta objeción revela ignorancia de la poesía hebrea. La elipsis verbal es extremadamente común en la poesía bíblica, donde el verbo se omite intencionalmente para crear efecto dramático. El lector o escuchante debe suplir mentalmente el verbo apropiado basándose en el contexto.
En este caso, el contexto claramente sugiere verbos como "amenazan", "atacan", "desgarran" o "agarran". La frase completa sería: "como un león [desgarran/amenazan/agarran] mis manos y mis pies". Esta construcción es perfectamente coherente con la gramática y la poética hebrea. De hecho, encontramos una construcción paralela exacta en Yeshayah 38:13, donde el rey Jizkiyah describe su sufrimiento: שִׁוִּיתִי עַד־בֹּקֶר כָּאֲרִי כֵּן יְשַׁבֵּר כָּל־עַצְמוֹתָי (shiviti ad-boqer ka'ari ken yeshaber kol-atzmotai, "Entonces fue como si un león [fuera a] romper todos mis huesos"). Aquí vemos exactamente la misma estructura: כָּאֲרִי seguido por una parte del cuerpo con un verbo implícito que el contexto aclara.
Si aplicáramos la metodología misionera consistentemente al pasaje de Yeshayah 38:13, tendríamos que concluir que también allí el texto originalmente decía כָּרוּ en lugar de כָּאֲרִי, resultando en: "Entonces fue como si excavaron [fuera a] romper todos mis huesos", una lectura obviamente absurda. Pero esta es precisamente la clase de violencia hermenéutica que los misioneros están dispuestos a perpetrar contra el texto hebreo para sostener su agenda cristológica.
Más aún, el salmista se compara a sí mismo con un león en el verso 2: רָחוֹק מִישׁוּעָתִי דִּבְרֵי שַׁאֲגָתִי (rajok mi'yeshu'ati divrei sha'agati, "lejos de mi salvación están las palabras de mi rugido"). La palabra שַׁאֲגָה (sha'agah) es específicamente el rugido de un león, no de ningún otro animal. El salmista se presenta a sí mismo rugiendo como un león en busca de su salvación. Esta auto-identificación con el león al comienzo del salmo hace que la frase כָּאֲרִי יָדַי וְרַגְלָי en el verso 17 sea perfectamente coherente: así como él ruge como un león buscando liberación, sus extremidades están amenazadas por leones, es decir, por sus enemigos que lo atacan como animales salvajes.
La estructura literaria del Salmo 22 es, por lo tanto, quiastica y temáticamente unificada: el salmista como león rugiente es atacado por enemigos como leones devoradores, y clama a Di"s para ser salvado de la boca del león. Esta arquitectura poética sofisticada es completamente destruida por la lectura misionera, que reduce el verso 17 a una predicción prosaica de heridas físicas específicas.
El testimonio interno del Salmo es abrumador. El verso 13 declara explícitamente: כארי שאג וטורף ("como león que ruge y desgarra"), estableciendo la metáfora leonina desde el principio. El verso 21 intensifica esta súplica: הצילה מחרב... מיד אריות ("sálvame de la espada... de las garras del león"), y el verso 22 continúa con lenguaje de león y bestias. Esta red de referencias no es coincidencia literaria; es arquitectura poética deliberada. Según el análisis israelita riguroso documentado, la supuesta lectura כארו en Nahal Hever אינה יכולה לרמוז על צליבת ישו ("no puede insinuar la crucifixión de Jesús"). Las razones son contundentes: el manuscrito contiene errores escribales documentados (yadeyha en lugar de yadai), las letras vav y yod eran indistinguibles paleográficamente en esa era, y el fragmento es considerado לא נחשבת מקור נאמן ("no es considerado una fuente confiable"). El contexto narrativo del Salmo apoya consistentemente la metáfora del león, no la de "perforación".
La Ausencia del Salmo 22:17 en los Relatos Evangélicos
Un hecho que debería resultar profundamente embarazoso para los misioneros es que ninguno de los evangelios cita o hace referencia al Salmo 22:17 como profecía cumplida en la crucifixión de Yeshú. Los autores de los evangelios citan abundantemente otros versos del Salmo 22, especialmente el verso 2: אֵלִי אֵלִי לָמָה עֲזַבְתָּנִי (Eli Eli lamah azavtani, "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?"), que ponen en boca de Yeshú en la cruz. También aluden al verso 19: יְחַלְּקוּ בְגָדַי לָהֶם (yejaleku vegadai lahem, "reparten mis vestidos entre ellos"), conectándolo con la división de las vestimentas de Yeshú por los soldados romanos.
Pero guardan un silencio absoluto sobre el verso 17. ¿Por qué? Si este verso realmente profetizara la perforación de las manos y los pies en la crucifixión, sería la evidencia más dramática y específica de cumplimiento profético en todo el salmo. ¿Por qué ninguno de los cuatro evangelistas lo cita explícitamente? La respuesta es obvia: porque los autores de los evangelios, que tenían acceso al texto hebreo o al menos a traducciones judías confiables, sabían perfectamente que el verso decía כָּאֲרִי ("como un león"), no כָּרוּ ("han perforado").
La conexión entre el Salmo 22:17 y la crucifixión de Yeshú fue inventada siglos más tarde por los Padres de la Iglesia Católica. Justino Mártir en el siglo II, en su Primera Apología y en su Diálogo con Trifón el Judío, fue uno de los primeros en hacer esta conexión. Posteriormente, Cipriano de Cartago, Agustín, Juan Crisóstomo, Atanasio, Vicente de Lerín y León Magno perpetuaron esta interpretación. Pero todos estos padres eclesiásticos vivieron siglos después de la composición de los evangelios y dependían de traducciones griegas corruptas, no del texto hebreo original.
Los mesiánicos modernos y los natzratim no están descubriendo una "verdad oculta" en el texto hebreo. Simplemente están perpetuando una agenda interpretativa medieval de la Iglesia Católica, ignorando toda la evidencia textual, paleográfica y filológica que contradice su lectura preconcebida.
Conclusión: El Triunfo del Contexto Narrativo sobre la Manipulación Textual
El análisis exhaustivo del fragmento de Nahal Hever conduce a una conclusión inequívoca: este manuscrito no proporciona ninguna evidencia confiable de que el Salmo 22:17 originalmente dijera כָּרוּ ("han perforado") en lugar de כָּאֲרִי ("como un león"). Las razones son abrumadoras y acumulativas.
Paleográficamente, el fragmento es problemático. Las letras ו (vav) e י (yod) eran indistinguibles en el período del manuscrito, como lo documenta Ada Yardeni y como lo confirman los múltiples errores escribales dentro del mismo fragmento. El escriba confundió sistemáticamente estas letras en palabras como לעזרתי, עצמותי y crucialmente en ידי, que escribió erróneamente como ידיה. Basar una doctrina teológica completa sobre la supuesta distinción entre dos letras indistinguibles en un manuscrito demostrativamente defectuoso es metodológicamente absurdo.
Lingüísticamente, la palabra כָּאֲרוּ no existe en el hebreo bíblico. Para crear una forma verbal coherente, tendríamos que eliminar la א (alef) y producir כָּרוּ, que significa "excavaron [zanjas]", no "perforaron [carne]". El verbo כָּרָה se usa exclusivamente en contextos de excavación terrestre en el Tana"j, nunca para describir heridas corporales. El hebreo bíblico posee múltiples verbos específicos para "perforar" carne: נָקַב, דָּקַר, רָצַע, פָּלַח, חָדַר. El hecho de que ninguno de estos verbos aparezca en el Salmo 22:17 es evidencia contundente de que el verso no describe perforación literal.
Textualmente, todos los códices masoréticos confiables leen consistentemente כָּאֲרִי. El Codex de Alepo, el Codex de Leningrado y el Codex Sassoon, producidos por escribas extraordinariamente meticulosos que desarrollaron sistemas elaborados para preservar cada detalle del texto, presentan una unanimidad absoluta. No existe ninguna nota masorética, ninguna variante textual registrada que sugiera que alguna vez existió una lectura alternativa.
Contextualmente, el Salmo 22 utiliza una estructura metafórica zoológica consistente. Los enemigos son descritos como perros en el verso 17a, como leones rugientes en el verso 14, y como leones amenazantes en el verso 17b, y el salmista pide ser salvado de la boca del león en el verso 22. El salmista mismo ruge como un león en el verso 2. Esta arquitectura poética sofisticada y unificada es completamente destruida por la lectura misionera, que inserta arbitrariamente una acción literal de perforación en medio de una cadena de metáforas zoológicas. El contexto narrativo del Salmo apoya consistentemente la metáfora del león, no la de "perforación".
El fragmento de Nahal Hever, lejos de ser una "prueba" de la crucifixión profetizada, es en realidad una demostración adicional de la desesperación misionera por encontrar a Yeshú en el Tana"j donde no existe. La manipulación textual, la distorsión paleográfica, la ignorancia filológica y el desprecio por el contexto narrativo que caracterizan la argumentación misionera sobre este pasaje revelan su metodología general: distorsionar, engañar y confundir para promover una agenda teológica completamente ajena al judaísmo auténtico. El Salmo 22:17 no profetiza ninguna crucifixión. Describe la amenaza mortal que el salmista enfrenta de sus enemigos utilizando la potente y consistente metáfora del león que unifica todo el salmo.