10/24/2013

Rabino Shlomo Aviner: Soy belicoso

BS"D




Ieshiva Ateret Ierushalaim
Bajo la dirección del
Rabino Shlomo Aviner

                                                 #206

Soy belicoso

Parte1:
Si, soy belicoso. No se ve bien, pero a veces no hay más remedio. No es decoroso, no es acostumbrado, pero no me importa, por ello soy belicoso.
El que es débil, como un felpudo, lo pisotean hasta el final. El mundo está lleno de personas ingenuas que alaban la conciliación - y su fin es muy amargo. Por ello, hay que ser serio y responsable – ¡y atacar! Yo no ataco sin razón, por mis tendencias violentas: Yo también amo el silencio y la tranquilidad, pero como dice el refrán “si quieres la paz, prepara la guerra”.
Yo ataco sólo a enemigos. Y por supuesto, no espero que me ataquen para defenderme, es demasiado tarde. Yo antecedo el remedio a la enfermedad, y ataco primero. La mejor defensa es el ataque. Me gustó lo que escribió Rabí Itzjak Arama, autor del libro “Akedat Itzjak”: El hombre fue creado luchador.
También D’s, que nosotros debemos marchar por sus caminos, es un luchador, “señor de batallas, siembra actos justos, hace florecer salvaciones” (Birkot Kriat Shma).

Parte 2:
¿Y contra quién lucho? No soy una persona vil. No veo enemigos en todo lugar, de todo tipo, en forma enfermiza. Yo también se renunciar y echarme a un lado. No digo que todo el que no pertenece a mi grupo es un enemigo. No.
Yo reviso y pienso y estudio bien el tema, hasta que salgo a luchar. Pero si decidí, continúo hasta el final, una lucha sin cuartel por la vida o la muerte, hasta que mi enemigo es exterminado totalmente, sin posibilidad de volverse a levantar. Invierto mucha energía, sacrifico mi vida, porque de ello depende mi vida. Ese es el concepto de guerra total, como dijo el gran teórico Carl Von Clausewitz, o como dicen los franceses “en la guerra, como la guerra”.
Entonces, ¿quién es mi enemigo? ¡La maldad! Me saca de quicio. Yo la odio, y lucho contra ella en todo lugar que la encuentro. Y de esa forma hago un bien, no sólo a mí mismo, sino que a todos. Y no me digan: ¿Quién eres, un indigno como tú, para enarbolar la bandera de la lucha contra la maldad?
Porque yo les diré: Es cierto que soy indigno, por ello debo luchar contra la maldad, porque si no lucharé contra ella continuaré siendo indigno.

Parte 3:
¿Dónde encuentro tanta maldad? Ese tema es lo más fácil saber, y lo más difícil de hacer: En mí. Yo lucho contra la maldad que hay en mí. No en los demás. Qué desvergüenza deberé tener si lucharé contra la maldad de los demás y no la mía propia – ¡eso mismo sería una tremenda maldad!
¡No quiero ser malo! No dije que seré tzadik (justo), pero no quiero ser malvado. No quiero ser un prisionero del Satán. No quiero ser una persona salvaje, pagana.
Es cierto que no valgo mucho, y no me vanaglorio como si fuese importante o seré importante. Pero de todas formas, luchando contra la maldad no renuncio, no me hago ningún descuento. Lucharé contra toda transgresión, contra toda negligencia, contra toda mala cualidad.
Esa es mi máxima aspiración, y cuando la logro, incluso un poco, me colmo de felicidad. ¡Cuán feliz soy!
Todo eso no lo inventé yo, lo encontré en los libros de musar (cultivo de las virtudes).
Si, la vida no es un parque de diversiones. La vida no es un parque de entretenimientos. Es una guerra, y yo salgo a luchar con alegría.
¡Que les vaya bien, mis compañeros de armas!


10/15/2013

Rabino Shlomo Aviner: El Gaón Rabí Ovadia Iosef

BS"D


Ieshiva Ateret Ierushalaim
Bajo la dirección del
Rabino Shlomo Aviner
 
                                                 #205

El Gaón Rabí Ovadia Iosef

El Gaón (genio del estudio de la Torá) Rabí Ovadia Iosef zt”l cumplió con lo que todo talmid jajam (erudito del estudio de la Torá) debe cumplir: “No se amedrenten ante ningún hombre” (Dvarim 1:17). Él dijo lo que pensaba, sin temor alguno, sin recelo por las críticas. Por supuesto que no tenía ningún temor de perder puntos frente a la opinión pública, y con mucha razón, porque los talmidei jajamim no deben ser influidos por la opinión pública sino que por el contrario, la opinión pública debe ser orientada por los talmidei jajamim.
Por supuesto, siempre se podía no coincidir con él, pero todos sabían que él no determina la halajá según intereses ajenos o por miedo a alguien, sino que dice lo que piensa y lo continuó afirmando frente a todas las presiones.
Por ello a veces se expresó en forma tajante, también para con otros talmidei jajamim, también para públicos determinados, pero todo el que lo conoció sabe que todo eso era acompañado de amor, critica dura en base al amor profundo, “corrige al que ama” (Mishlei 3:12), parecen enemigos cuando discuten en la Torá, pero en realidad se aman. Es como las personas que se acercaban al Rav y él quería expresar amor por ellos, y le daba una suave bofetada…
Su enorme genialidad y su gran valentía las utilizó para ayuda a Am Israel (el Pueblo de Israel), en dos formas: Facilitando y uniendo.
Facilitando: En efecto, el Gaón se esforzó por determinar la halajá en forma poco rigurosa cuando era posible, porque sabía que una determinación demasiado rigurosa finalmente provocará menosprecio de las bases de laTorá mismas, y por supuesto que no hay que innovar decretos. Por supuesto, no siempre determinó en forma poco rigurosa, por el contrario, a veces fue muy riguroso, y de esa forma también salvaba prohibiendo lo que otros habían permitido cuando lo estimó necesario, según su comprensión de la Torá. Y cuando lo vio necesario, fue menos riguroso. Y por supuesto, no según lo que le parecía, ya que en su humildad no determinó la halajá en base a sus innovaciones, sino que siempre basándose en la mayoría de los Poskim (eruditos que determinan lahalajá). Por supuesto, él bien sabía que a veces en la minoría que determina la halajá en forma más rigurosa hay un gran Posek que es equivalente a todos los demás, pero tomo sobre sus hombros la responsabilidad, y determinó la halajá según la mayoría.
Y también a través de la unión: El Gaón se esforzó en unir a todos los sfaradim (provenientes de comunidades del norte de África) y las comunidades orientales, renunciando a costumbres locales, sobre todo basándose en el libro “Beit Iosef” (el comentario de Rabí Iosef Karo en cuanto a la halajá del Tur), “Iosef era el gobernador del país, él era el proveedor de toda la gente de la tierra” (Bereshit 42:6) – Rabí Iosef Karo, y también Rabí Ovadia Iosef. ElGaón no temió y determinó en temas que eran debatidos, porque las dudas y las diferencias de opinión confunden y debilitan. Por ello enseñó una Torá clara, y una halajá clara. Por supuesto, también en ello no todos coincidieron con él, pero él era fuerte como un pedernal.
Y en efecto, el Gaón logró en gran medida su meta, elevó mucho el público sfaradí que era despreciado, en laTorá y en la sociedad. Tuvo éxito a través de su dirección en una halajá unificadora, también una prolífera producción literaria, también institutos de enseñanza y también en la política. Por ello es llamado con razón por lossfaradim: “Nuestro gran Rav”.
Nuestro gran Rav siempre trabajó duro. Empezó a trabajar cuando era joven, siendo hijo de una familia pobre. Y toda su vida continuó trabajando en el campo de la Torá. Su primera obra fue la escritura de acotaciones al libro “Reshit Jojma” a la edad de 9 años. Y toda su vida trabajo duro para elevar y refinar sus virtudes.
Tres cuentos personales cortos respecto a nuestro gran Rav:
Hace 40 años fue atacado en la prensa por algo que dijo. Los que lo atacaron, que eran unos ignorantes en cuanto a la Torá, en su atrevimiento lo presentaron como si no supiese nada. Yo escribí un corto artículo de 10 renglones al diario, donde cité las sencillas fuentes de nuestro gran Rav. Al otro día me llamaron al único teléfono que había en el Kibutz y escuché su suave y delicada voz, diciendo: “Muy bien, mi honrado”.
Después de muchos años me llamó, me sentó cerca de él y me susurró en tono paternal: “Usted debe cuidarse de esos, ellos buscan dañarlo”.
Y por último, ocurrió una vez que un alumno mío me comunicó alegremente que se comprometió con una muchacha que hizo aliá (inmigración a Israel) de Etiopía. “Pero tú eres Cohen”, le dije, “y la muchacha no puede hacer una conversión por rigurosidad”. Mi alumno me contestó que no se dio cuenta que es proveniente de Etiopía… Le pregunté a varios talmidei jajamim grandes, que yo conocía su opinión positiva al respecto, pero temieron expresarla por escrito. Finalmente le pregunté a nuestro gran Rav: Al día siguiente recibí una carta de su puño y letra, donde les permite casarse. “Toma”, le dije a mi alumno, “un papel que vale un millón de dólares…”.
En efecto, un gran salvador.
El gigante ha callado, pero su grandioso y claro espíritu, su valeroso y recto aliento continúa sobre nuestras cabezas, y en las bocas de las grandes personas del pueblo y en la boca de las personas sencillas del pueblo.
Ese fue un valiente salvador, que atestiguó respecto a sí mismo: Yo duermo todas las noches preocupado, ¿cómo haremos para que otros diez mil niños digan Kriat Shmá?

Que su alma esté unida a la Fuente de la Vida, junto con las almas de los grandes talmidei jajamim de Am Israel.


Los dogmas católicos en las sectas de Raíces Hebreas del Cristianismo (mesiánicos, y netzaritas)

BS"D


En 1398 E.C., el Rabí Jasday Krescas compuso su obra magistral “Bitul Ikare Da'at HaNotzrim” (ביטול עיקרי דת הנוצרים - Refutación a los principios dogmáticos cristianos), un texto que representa uno de los análisis más lúcidos y penetrantes de la teología cristiana desde una perspectiva judía. En esta obra fundamental, Krescas demuestra con precisión filosófica cómo la fe en Yeshú no es meramente un elemento más del cristianismo, sino el pilar central sobre el cual se construye todo el edificio teológico cristiano. Esta observación, formulada hace más de seis siglos, adquiere una relevancia sorprendente en nuestro tiempo, cuando presenciamos la proliferación de movimientos que, aunque proclaman una ruptura con el cristianismo institucional, preservan intacta su estructura teológica fundamental.

El fenómeno contemporáneo del “judaísmo” mesiánico y los movimientos afines de “raíces hebreas” merece un análisis particularmente detallado. Estos grupos sostienen una narrativa que merece ser examinada críticamente: afirman que, tras la conclusión de la reforma protestante, existe una necesidad histórica y teológica de “hebraizar” el cristianismo para hacerlo más accesible al pueblo judío. Sin embargo, esta pretensión revela una incomprensión fundamental tanto del judaísmo como de la naturaleza del cristianismo mismo.

La investigación sistemática de las creencias y prácticas de estos movimientos revela un patrón consistente de replicación de dogmas cristianos fundamentales, apenas disimulados bajo una capa superficial de terminología hebrea. Consideremos, por ejemplo, la doctrina de la trinidad. Aunque algunos grupos de “raíces hebreas” intentan distanciarse de la formulación tradicional católica, mantienen intacta la estructura cristológica que hace de Yeshú una figura divina - una noción fundamentalmente incompatible con el monoteísmo judío estricto. ¿No es esta una contradicción fundamental que ninguna cantidad de terminología hebrea puede resolver?

La aceptación de Yeshú como “hijo de Dios” presenta otro ejemplo revelador. Mientras estos movimientos pueden emplear el término hebreo “ben Elohim”, el concepto teológico que expresan es idéntico al dogma cristiano tradicional. La misma observación se aplica a doctrinas como el “verbo hecho carne”, la interpretación cristológica de Isaías 53, y la doctrina del pecado original. En cada caso, encontramos que la sustancia teológica permanece inalterada; solo cambia la terminología.

Para ilustrar esta continuidad doctrinal de manera sistemática, presento a continuación un análisis comparativo detallado de las creencias fundamentales entre el catolicismo, el cristianismo protestante, los 'judíos mesiánicos' y los nazarenos. Esta tabla, fruto de años de diálogo interreligioso y estudio doctrinal, revela las sorprendentes similitudes que persisten incluso cuando estos movimientos intentan distanciarse de sus raíces cristianas:

Catolicismo
Cristianismo Protestante
Judíos Mesiánicos”
Nazarenos
Trinidad.
Si
Si
No
Yeshu como hijo de dios.
Si
Si
Si
Yeshu como hijo del hombre.
Si
Si
Si
Yeshu el verbo hecho carne.
Si
Si
Si
Genealogías de Yeshu.
Si
Si
Si
Miriam madre de Yesh”u y virgen.
Si
Si
Si
Yeshu como el Mesías.
Si
Si
Si
Yeshu como sacrificio humano.
Si
Si
Si
Yeshu anunciado en Isaías 53
Si
Si
Si
Yeshu anunciado en el Tana”j (Biblia Hebrea)
Si
Si
Si
Torah jadashah (la nueva Ley) de Yeshu.
Si
Si
Si
El pecado del primer hombre (pecado original).
Si
Si
Si
La salvación y redención del infierno.
Si
Si
Si
La creencia en los demonios.
Si
Si
No
La cena del señor (pan y vino).
Si
Si (“Pesaj”)
Si (“pesaj”)
La tevilah o el bautismo.
Si
Si (“tevilah”)
Si (“tevilah”)
La abolición al Brit Mila (circuncisión).
Si
Si/no
Si/no
La abolición al día de Shabat.
Si
No
Si (shabat lunar)
La permisión de los alimentos prohibidos (taref).
Si
Si/no (depende)
No
El nacer de nuevo.
Si
Si (“judíos” completos)
Si (teología mormona de la casa de Efraim)
El perdón de pecados y la confesión ante el cura.
No
No
No
Los intereses del Papa.
No (solo ven por los intereses de sus pastores)
No (solo ven por los intereses de sus “rabinos”)
No (solo ven por los intereses de sus “rabinos”)
El anti-Cristo.
Si
Si
Si
Los judíos despreciaron y mataron a Yeshu
Si
Si
Si/no

El análisis comparativo de las creencias fundamentales entre el catolicismo, el protestantismo tradicional, y los movimientos de “raíces hebreas” revela continuidades sorprendentes. Tomemos, por ejemplo, la doctrina del sacrificio expiatorio. Aunque los grupos de “raíces hebreas” pueden contextualizar esta creencia en términos del sistema sacrificial del Templo, su comprensión fundamental del papel de Yeshú como sacrificio por los pecados de la humanidad es indistinguible de la teología cristiana tradicional. ¿No es esto evidencia de que estos movimientos, lejos de representar un retorno al judaísmo, constituyen meramente una variante del cristianismo?

La cuestión de la observancia ritual ofrece otro campo fértil para el análisis. Mientras estos grupos pueden adoptar prácticas como la observancia del Shabat o las leyes dietéticas kosher, lo hacen de manera selectiva y frecuentemente reinterpretada a través de una lente cristológica. Por ejemplo, la observancia del Shabat se convierte en algunos casos en una práctica del “Shabat lunar”, una innovación que no tiene precedente en la tradición judía. De manera similar, aunque pueden usar el término “tevilah” en lugar de “bautismo”, el significado teológico que atribuyen a este ritual permanece fundamentalmente cristiano.

La pretensión de estos movimientos de representar una forma de judaísmo auténtico se desmorona ante un escrutinio serio de sus creencias fundamentales. La adopción de términos hebreos, el uso ocasional de talit o kipá, o incluso la celebración modificada de las festividades judías no puede ocultar la realidad fundamental: su teología es esencialmente cristiana. Es más, su intento de presentar el cristianismo en ropaje judío puede verse como una forma más sutil pero no menos problemática de apropiación cultural y teológica.

La cuestión de la “judeidad” que estos movimientos reclaman merece especial atención. ¿Qué significa ser “judío” en este contexto? Si las creencias fundamentales son cristianas, si la cristología básica permanece intacta, si la interpretación de las Escrituras sigue patrones cristianos tradicionales, ¿qué queda de auténticamente judío en estos movimientos? La respuesta, tras un análisis cuidadoso, parece ser: muy poco más que una capa superficial de terminología y práctica ritual.

Es particularmente revelador examinar cómo estos grupos interpretan el Tanaj. Aunque proclaman un retorno a las “raíces hebreas”, su hermenéutica sigue siendo fundamentalmente cristiana. La lectura cristológica de Isaías 53, la interpretación mesiánica de pasajes que la tradición judía entiende de manera diferente, la aceptación de la doctrina del pecado original - todos estos elementos demuestran una continuidad innegable con la teología cristiana tradicional.

La honestidad intelectual y la integridad espiritual exigen reconocer estas realidades. Para aquellos que encuentran que sus creencias coinciden con tres o más dogmas cristianos fundamentales, la conclusión es ineludible: están practicando una forma de cristianismo, independientemente de la terminología que empleen o los rituales que adopten. Esta no es una acusación, sino una observación basada en un análisis cuidadoso de las creencias y prácticas en cuestión.

El impacto de esta realidad se extiende más allá del individuo. Las familias que participan en estos movimientos merecen comprender la verdadera naturaleza de sus creencias. La pretensión de practicar una forma de judaísmo mientras se mantienen intactas las creencias cristianas fundamentales no solo representa una contradicción teológica, sino que puede tener consecuencias significativas para la identidad religiosa y cultural de las generaciones futuras.

Finalmente, debemos considerar la cuestión de la fidelidad al Creador. El judaísmo enseña que la verdad y la sinceridad son fundamentales en nuestra relación con el Divino. Continuar en un camino de autoengaño, por bien intencionado que sea, no puede conducir a una auténtica experiencia espiritual. La verdadera fidelidad requiere el coraje de reconocer y aceptar lo que realmente somos, no lo que quisiéramos ser o lo que pretendemos ser.

Este análisis no busca condenar, sino iluminar. Para aquellos que sinceramente buscan la verdad, es crucial comprender que la autenticidad espiritual no se encuentra en la imitación superficial o en la apropiación selectiva de elementos religiosos, sino en el reconocimiento honesto de nuestras verdaderas creencias y compromisos teológicos. Solo a través de tal honestidad podemos esperar desarrollar una relación auténtica con el Creador y una comprensión genuina de nuestra propia identidad religiosa.