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4/05/2026

¿Y si así fuera qué? El mito del Nuevo Testamento hebreo y la primacía del contenido sobre la lengua. Por Neshamot Deot

BS"D


Por Neshamot Deot

Introducción

¿Y si así fuera qué? Esta pregunta, aparentemente sencilla, encierra y sirve para uno de los debates más recurrentes en los cruces entre judaísmo, cristianismo y los movimientos mesiánicos contemporáneos. La hipótesis de que el Nuevo Testamento fue redactado originalmente en hebreo (o arameo) y que los textos griegos que heredamos son meras traducciones posteriores ha ganado terreno en ciertos círculos apologéticos. Para los llamados “judíos” mesiánicos, este supuesto no es solo una cuestión filológica, sino un pilar identitario: afirmaría que el mensaje de Jesús (“Yeshúa”) nunca abandonó su matriz hebrea, que el cristianismo no es una religión «extranjera» helenizada, y que la teología paulina -para quienes no la han abandonado- podría ser reinterpretada desde un judaísmo del Segundo Templo más auténtico. Sin embargo, más allá del atractivo retórico, surge una interrogante fundamental: ¿cambiaría realmente algo si se confirmara tal hipótesis? La respuesta, respaldada por la historia textual, la teología comparada y la evidencia misionológica, apunta a una conclusión incómoda pero necesaria: el idioma es secundario; lo decisivo, en este punto, es el contenido.

Realidad histórica y textual: el peso del griego koiné

Antes de explorar las implicaciones teológicas, es imperativo situar la discusión en el terreno de la evidencia. A pesar de las afirmaciones de los diversos movimientos mesiánicos, no existe ningún manuscrito del siglo I que presente un Nuevo Testamento completo en hebreo. Si bien es plausible que algunos dichos de Jesús o incluso una versión primitiva del Evangelio de Mateo circularan en arameo o hebreo, la crítica textual moderna sostiene, con base en la datación, la distribución geográfica y la coherencia interna de los papiros más antiguos (como el 𝔓52 o el 𝔓46), que los escritos neotestamentarios fueron compuestos directamente en griego koiné. Para quienes se atienen a la tesis que aquí refuto esto es un dolor de cabeza, pero en realidad no es fruto de un accidente histórico, sino una decisión estratégica del período: el griego era la lengua franca del Mediterráneo oriental, el vehículo natural para una misión que, desde sus inicios, trascendió las fronteras de Galilea.

Incluso si algún día apareciera un hipotético «original hebreo», su autenticación exigiría un escrutinio filológico y paleográfico extremo. La historia ya ha demostrado cómo circulan textos pseudoepigráficos (como el Evangelio de los Hebreos o el Mateo de Shem-Tov) que, lejos de ser fuentes primitivas, reflejan polémicas medievales, adaptaciones sectarias o interpolaciones polemistas. La transmisión textual griega, en cambio, cuenta con una cadena manuscrita continua, diversidad de variantes colacionables y un proceso de canonización documentado que otorga al texto tradicional un respaldo institucional de editorial.

La ilusión lingüística: por qué el hebreo no transforma el mensaje

La fascinación por un Nuevo Testamento hebreo parte de una premisa errónea muy propia de un imaginario indebido sobre el lenguaje: que un idioma puede determinar la esencia de un mensaje. La verdad es que, si se descubriera un texto en hebreo cuyo contenido fuera sustancialmente idéntico al griego que conocemos, el impacto sería, en términos doctrinales, nulo, cuando mucho interesante y anecdótico. La traducción de ekklesia a kahal (asamblea), o de Cristo a Mashíaj (Ungido), aporta matices culturales, pero no altera la arquitectura teológica del cristianismo primitivo. La divinidad de Jesús, la expiación vicaria, la resurrección física, la salvación por gracia y la reinterpretación de la Ley seguirían intactas. El hebreo no constituiría una pieza clave para cambiar la concepción de las doctrinas cristianas. 

El griego no «corrompió» el mensaje; lo comunicó. La historia del canon muestra que los primeros concilios no eligieron el griego por preferencia cultural, sino porque era el testimonio textual más antiguo, coherente y ampliamente atestiguado. Cambiar el recipiente no cambia el vino. Si el contenido permanece, un texto hebreo sería, en el mejor de los casos, una curiosidad académica; en el peor, un instrumento de propaganda identitaria sin fuerza transformadora.

La prueba de la ineficacia misionera: cuando el idioma no basta

Un argumento empírico refuerza esta conclusión: los esfuerzos por traducir el Nuevo Testamento al hebreo moderno han sido, en términos generales, infructuosos para lograr conversiones significativas entre judíos. El judaísmo no rechaza el mensaje neotestamentario por su lengua, sino por su contenido doctrinal que deriva en uno teológico. La idea de un Mesías crucificado choca frontalmente con Devarim /Deuteronomío 21:23 («maldito todo el que es colgado»), la noción de expiación sustitutiva contradice el sistema de teshuvá directa y el servicio centrado en la Torah (Escrita y Oral) enseñados por los profetas y sabios, y la divinización de un humano vulnera el monoteísmo estricto. 

El Talmud y la tradición rabínica ya desarrollaron respuestas estructuradas a las reivindicaciones cristianas siglos antes de la Reforma o el surgimiento del movimiento mesiánico moderno. Una traducción al hebreo, por precisa que sea, no desactiva estos obstáculos doctrinales. Como demuestra el caso del «Mateo hebreo» de Shem-Tov (siglo XIV), incluso cuando el texto se adapta lingüísticamente, la resistencia judía persiste porque el núcleo del mensaje sigue siendo teológicamente incompatible. La barrera no es filológica; es teológica, histórica y existencial. El problema no es del vaso sino de su contenido. 

Escenarios hipotéticos, reacción institucional y el peso definitivo del mensaje

Si el idioma resulta irrelevante cuando el contenido se mantiene intacto, la pregunta adquiere un nuevo aspecto: ¿qué ocurriría si ese hipotético texto hebreo introdujera variaciones doctrinales sustanciales respecto al canon griego? Aquí es donde la especulación deja de ser un ejercicio filológico para convertirse en un terremoto contrafactual. Plantear estos escenarios no implica validar su probabilidad histórica, sino explorar las consecuencias lógicas de un descubrimiento que, de materializarse, desafiaría los cimientos de dos mil años de tradición judeocristiana y revelaría, una vez más, que las religiones no se transforman por manuscritos aislados, sino por la recepción comunitaria de su mensaje y la eventual trasmisión solidificada en una tradición que hace constante hermeneútica de sus textos fundadores. 

Escenario 1: Un Jesús no divino y una resurrección espiritual

Imaginemos un texto donde Jesús nunca reclama divinidad, donde su resurrección se describe como una experiencia visionaria o espiritual, y donde Pablo es señalado explícitamente como un innovador que desvirtuó el mensaje original. Para el judaísmo ortodoxo, esto sería una vindicación tardía pero esperada: confirmaría que el cristianismo es una desviación helenística del judaísmo del Segundo Templo, y se utilizaría como herramienta apologética para desmantelar misiones dirigidas a judíos. Para el cristianismo histórico, la reacción sería predecible y ya tiene precedentes: el texto sería declarado apócrifo o herético, siguiendo el mismo proceso que marginó los evangelios gnósticos, el Evangelio de Tomás, o textos tardíos como Las Homilías Pseudoclementinas. La autoridad del canon griego, consolidada por concilios ecuménicos, liturgia y recepción teológica ininterrumpida, no se derrumbaría por un manuscrito aislado. Los “judíos” mesiánicos, por su parte, enfrentarían una fractura identitaria: aquellos cuya fe gira en torno a la divinidad de Cristo y la autoridad paulina lo rechazarían, mientras que otros podrían abrazarlo, derivando hacia un movimiento un poco más cercano al judaísmo rabínico pero con Jesús como figura profética mesiánica. 

Escenario 2: La Torah eterna y el silencio sobre Pablo

Supongamos un texto donde Jesús ordena explícitamente la observancia perpetua del Shabat, las leyes dietéticas y la circuncisión, y donde Pablo es omitido o presentado como un disidente marginado. El impacto sería profundo para el cristianismo paulino, que constituye la base doctrinal de la mayoría de las tradiciones católicas y protestantes. La teología de la justificación por la fe, la relación entre gracia y Ley, y la apertura a los gentiles sin requisitos de conversión judía quedarían en entredicho. No obstante, la historia demuestra que las instituciones religiosas rara vez se pliegan ante hallazgos textuales que contradicen su núcleo doctrinal. Lo más probable es que el texto fuera catalogado como testimonio de una rama judeocristiana temprana (como los ebionitas o nazarenos), valiosa para la historia religiosa pero sin autoridad canónica. Los judíos ortodoxos, aunque reconocerían una mayor coherencia interna con el marco de la Torah, mantendrían su rechazo a Jesús como Mesías, pues la cuestión mesiánica judía no se reduce a la observancia legal, sino al cumplimiento de profecías escatológicas (paz universal, reconstrucción del Templo, reunión de los exiliados) que, según su interpretación, siguen pendientes.

Escenario 3: Un Jesús revolucionario y nacionalista

Un tercer escenario pintaría a un Jesús alineado con los movimientos de resistencia judía contra Roma, sin los imperativos de amor al enemigo o la universalidad de la salvación. Este retrato resonaría con ciertas corrientes académicas modernas (el llamado "Jesús político"), pero chocaría frontalmente con la tradición cristiana pacifista y universalista. Algunos sectores sionistas o nacionalistas judíos podrían sentir una simpatía cultural, pero la academia histórica señalaría que este perfil no explica el surgimiento del movimiento cristiano primitivo, que se caracterizó precisamente por su ruptura con el nacionalismo judío y su expansión transcultural tras la destrucción del Templo en el año 70 d.C. Un Jesús meramente revolucionario carecería del marco teológico que permitió la supervivencia y globalización de su mensaje, y sería absorbido por la historiografía como una variante sectaria más del judaísmo de la época, no como el origen del cristianismo canónico. En definitiva, otra imagen fallida.

Escenario 4: La confirmación del canon griego

El escenario más plausible, y ya ampliamente respaldado por la crítica textual contemporánea, es que un eventual original hebreo (si existió como texto unificado) reflejaría esencialmente el mismo contenido que el griego que poseemos. En este caso, como se argumentó en la primera parte, no habría revolución doctrinal. Los mesiánicos lo utilizarían como herramienta apologética para reforzar su identidad y su estrategia misionera, pero el impacto real seguiría siendo marginal, pues la originalidad lingüística no soluciona la incompatibilidad teológica de fondo. El judaísmo observante lo ignorarían con la misma naturalidad con que ignoran las versiones griegas, latinas o vernáculas del Nuevo Testamento. Los cristianos, por su parte, lo celebrarían como un hallazgo que enriquece el estudio del contexto semítico de Jesús, sin modificar sus dogmas fundamentales. En ultimas, aparte de la curiosidad, no aportaría mucho. 

La realidad institucional y el peso de la tradición

Más allá de los escenarios, es crucial reconocer un principio histórico ineludible: las tradiciones religiosas no se reforman por descubrimientos textuales aislados, sino por movimientos internos de recepción, interpretación y poder. Prueba de ello es que no es mucho lo que se han trasformados las concepciones doctrinales institucionales después de los descubrimientos de los Manuscritos del Mar Muerto y de la Biblioteca de Nag Hammadi. El cristianismo y el judaísmo son, ante todo, comunidades de interpretación, pero de una interpretación radicalmente distinta en su forma y, en especial, en su fondo.  Sus cánones no son meras colecciones de documentos antiguos, sino textos vivos, leídos, liturgizados y dogmatizados a lo largo de siglos. Un manuscrito, por antiguo que sea, no posee autoridad por sí solo; la gana a través de la aceptación comunitaria y la continuidad hermenéutica que hace el ejercicio de lectura actualizada. 

La historia de los Rollos del Mar Muerto, de los textos de Nag Hammadi o de las variantes del Códice Sinaítico demuestra que la academia puede iluminar, contextualizar y corregir detalles, pero no reemplazar la tradición viva. Las instituciones probablemente marginarían cualquier texto que amenazara sus núcleos doctrinales, no por oscurantismo, sino por coherencia con su propia historia, liturgia y experiencia de fe. Además, cualquier hallazgo de esta magnitud sería sometido a un escrutinio de autenticación sin precedentes, dada la proliferación de falsificaciones modernas y la conciencia crítica actual sobre la transmisión textual.



Conclusión: ¿Y si así fuera qué?

La pregunta inicial, formulada con escepticismo saludable, encuentra su respuesta en la convergencia de la historia, la teología y la sociología religiosa. Si el Nuevo Testamento original estuviera en hebreo, si Jesús fuera rabino y observara la Torah sin transgredirla, nada de ello lo convertiría automáticamente en el Mesías esperado por el judaísmo. La mesianidad no se prueba por la lengua, la cultura o la ortopraxia, sino por el cumplimiento de un marco legal, profético y escatológico que, según la tradición judía, sigue pendiente. Del mismo modo, un texto hebreo con contenido idéntico al griego no transformaría la fe cristiana; solo añadiría capas filológicas a una arquitectura doctrinal ya consolidada. Y si el contenido divergiera radicalmente, el resultado no sería una reconciliación, sino una fragmentación aún mayor, con cada tradición reinterpretando el hallazgo a la luz de sus propias categorías.

La ironía última es que los “judíos” mesiánicos buscan en el hebreo una legitimidad histórica que, paradójicamente, su propio marco teológico ya ha trascendido. Al intentar "judaizar" el cristianismo a través de la lengua y/o de exportar -por contrabando- el cristianismo al interior del judaísmo, olvidan que el mensaje neotestamentario, en su forma canónica, ya operó una transformación irreconciliable con el judaísmo rabínico. El idioma no es el muro; es el contenido. Dígalo en la lengua que lo diga el mensaje de Jesús, discípulos y sus seguidores es infructuoso si sigue siendo el mismo que está planteado en la doctrina convencional. Y mientras ese contenido sostenga la divinidad de Cristo, la resurrección corporal, la primacía de la gracia y la misión universal, la brecha entre judaísmo y cristianismo seguirá siendo teológica, histórica y existencial, no lingüística.

En definitiva, "¿Y si así fuera qué?" La respuesta es clara: muy poco cambiaría en el plano de la fe vivida, y mucho menos en el de la verdad histórica. Los textos antiguos nos hablan, pero no nos dictan. La interpretación, la comunidad y la tradición son los verdaderos guardianes del significado profundo. Y en ese espacio, el hebreo, el griego o cualquier otra lengua son solo vehículos; el mensaje, su peso y sus consecuencias, son lo que realmente importa. Y por suerte, para el judaísmo, la Torá escrita y oral nos guaina a rechazar el mensaje de Jesús.



6/14/2023

La Sintaxis Insalubre del Nuevo Testamento


Por Neshamot Deot

El gran problema del Nuevo Testamento no es que sea un documento falso. Hay muchas cosas que lo son y aun así se puede aprender de ellos, tienen un valor ficcional, que una vez aclarado y expresado en su función, de manera clara y sin ambigüedad, cumple su cometido y el lector puede decidir si se suma o no a lo que ofrece, recordándole de paso la libertad que ya tiene. El problema entonces del Nuevo Testamento no es que sea falso en sí: este reside en que su sintaxis configura la estructura de pensamiento de quién lo lee mediante la modulación errada de los paradigmas que contiene, y eso es más dañino.

¿Eso qué significa? Que adoctrina. Todos por un acuerdo tácito sabemos que obras como "El Principito" o "Cien años de soledad", entre muchas otras, son ficciones, que bien pueden –y de hecho tienen- muchos elementos verídicos y hasta verificables, contrastables., pero en rigor son falsas en lo que respecta a su correspondencia con lo real, lo que está por fuera de ellas y, más bien, se sujetan a lo real siendo parte y no explicación de ello. Por su propio género, su textura literaria, no intenta o procura exhibirse como una voz que da cuenta de lo real. El Nuevo Testamento, en cambio, sí pretende eso y lo hace mal y para mal, para encerrar, para no dar libertad al lector, para atraparlo en un dogma que pretendiendo empoderarlo en realidad lo infravalora en su auténtico potencial. Nietzsche ya había señalado este problema cuando asegura en La Genealogía de la Moral (p. 120):

A mí no me gusta el Nuevo Testamento; casi me espanta verme sólo en este juicio (que tiene en contra dos mil años) pero ¡qué le vamos a hacer! “heme aquí, no puedo hacer de otro modo”; el Antiguo Testamento, ya es otra cosa; allí encuentro hombres grandes, cosas heroicas y, sobre todo, la inestimable candidez de un corazón fuerte; más todavía, allí halló un pueblo. En el Nuevo Testamento (sic), por el contrario, reina el turbio depósito de muchas sectas; la cursilería del alma; lo contorneado, lo anguloso y audaz; la atmósfera de conventículos y cierto aire de dulzura bucólica que revela una época romana. Allí se dan la mano la humildad y la presunción; ensordece su locuacidad de sentimientos; hay más patético que pasión; hay sobre todo una mímica deplorable. ¿Para qué explayaba tanto sus propias imperfecciones esta gente? Nadie se ocupa de ello, y Dios menos que nadie.[1]

Toda sintaxis pretende un orden y con ello una relación de los sintagmas que contiene en las formulaciones que expresa a través de las oraciones que incluyen, así como de las funciones que cumplen en el orden total que se configura como una serie de paradigmas. En el caso del cristianismo en cualquiera de sus versiones, el paradigma de los paradigmas es la doctrina que estructura todo su contenido ontológico y pragmático y que reside en la falsificación de la identidad entre los términos que componen la frase casi mantra de "Jesús es el mesías".  Ahí está el ser y la acción de la identidad del programa cristiano, por fuera de eso no puede operar, por más que sostengan que admiten el valor de la Toráh. Por eso no puede liberar, ya que ella no es libre, ni puede serlo sin el poco poder de esa afirmación, y esa en realidad es su cárcel ya que es una ficción indemostrable, como lo sabe cualquiera que examine las pruebas.

De ese sofisma el resto del Nuevo Testamento presente sostener, colgar, todo el resto de paradigmas, que sí bien en su origen, en su santidad –diríamos- son correctos, al permearse del orden del discurso que pende de esa formula engañosa pierden su valor, su fuerza es arrancada y solo queda la klipá, la cáscara, que ya se queda sin contenido.

Claro, en el Nuevo Testamento se habla de paz, de justicia, de mandamientos, del Reino. ¿Pero qué Reino, que mandamientos, que justicia, que paz quedan en su sintaxis? Sólo pobres versiones adoctrinadas que empobrecen más aún a quienes lo predican, haciendo que sus mentes operen y funcionen bajo una estructura totalmente opaca, deslucida, aniquilante, pobre; una que ordena en la sinrazón al espíritu y le pinta un panorama de libertad encarcelada, haciéndole vivir desde un dogma un día a día similar a los del Show de Truman.

Borges decía que Jesús era más un estilo que un personaje, pero se olvidó agregar que era un mal estilo, por eso es tan fácil de imitar, por eso salieron muchos evangelios tanto en la época que le adjudican como en tiempos modernos, por eso puedo friccionarlo hasta la parodia, porque de hecho lo fue desde un principio cuando la algarabía doctrinera de los Romanos que compusieron esos textos que pretenden custodiar su voz lo establecieron así, encerrándolo aún más y haciéndolo mal, con mal estilo y con una sintaxis que ahoga todos los paradigmas saludables que contienen pero que ya están totalmente dañados y son plenamente insalubres.    


[1] Nietzsche, Frederich, 1971. La Genealogía de la Moral. Bedout, Medellín; pág. 120.


5/23/2016

¿Bajó a enseñar cómo vivir la Torah? eso es Anti-Torah.





Pregunte a un cristiano/misionero (o como se llame): ¿Para qué fue necesario que viniera tu mesías por primera vez?  La respuesta que le de significará la expresión verbal del gnosticismo al que ellos le deben su origen.  Le explicamos:
Los gnósticos entendían el mundo como aquella creación hecha por un dios llamado demiurgo.
Demiurgo se caracterizaba por se torpe, inepto, perverso e ignorante; que sólo puede hacer avanzar a su creación a través del ensayo y el error. Crea y destruye, crea y cambia, crea y tiene Plan A, plan B, etc.

Los cristianos (inclúyase misioneros) también conservan en el ADN de sus creencias ésta fidelidad a sus orígenes gnósticos.  Para ellos, el D-s del Tanaj (a quien descaradamente adjudican la personalidad de Demiurgo) tuvo la mala suerte e ineptitud de fallar en su plan con Israel y mediante ése tosco ensayo se dio cuenta que todo merecía un "Plan B", así, adueñándose de una figura mesiánica en la persona de Yeshu, creyeron encontrar una nueva creación, un nuevo orden de cosas.

El discurso del gnóstico Saulo de Tarso es fiel a esta cosmovisión gnóstica:
"De modo que si alguno está en Kristos, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron, todas son hechas nuevas (renovadas)" (2 Cor. 5:17).

Casi toda su carta a los Hebreos la dedica a ésto, a tratar de seducir a los judíos hacia un gnosticismo disfrazado de Tanaj: nuevo pacto, renovación del pacto, nuevo sacerdocio, ley como sombras de lo nuevo, etc.
Los misioneros imitadores de este brujo charlatán, ahora hacen lo mismo tratando de borrar los límites y de tomar cosas cabalísticas y de jasidut para mal-disfrazar su neo cristianismo arriano hebraizado y continuando con el avance de la vieja cábala cristiana, pervertir a cuantas almas no puedan; hablan del "jasidut de shaul", charlatanes que saben que su invento jorobado y amorfo es fácilmente desenmascarado.

Saulo de Tarso pensaba que el D-s de los judíos era como un Demiurgo, un ser imperfecto que a través de su "avongelio" estaba comenzando a hacer cosas nuevas, una restauración mística de todas las fuerzas a través de la Nueva Creación.  Para él y los suyos, la Torah no es perfecta, no puedo hacer ni mejorar nada, era un error que necesitaba una remanufacturación. Es por eso que los cristianos a su compendio de libros lo llaman "Nuevo Testamento" y los misioneros los renombran como "Pacto Renovado/Código Real" o "KeTeR".


Uno de los fundamentos de la fe cristiana (y de su extensión, la fe nazarena) es que Yeshu TUVO que venir a enseñar de verdad como era que debía vivirse la Torah. Para los misioneros, el D-s del Tanaj (rabioso y con sus planes fallidos) tuvo que idear un plan B para poder restaurar las cosas a su sentido original, ¿cómo? a través de la nueva creación -ellos mismos- (¡vaya ego!).  Ellos se creen los restaurados, las ramas injertadas, los nuevos Israel, los que verdaderamente saben cómo se debe vivir la Torah, los que comprenden todo y le dan un sentido ético a la Torah que no existía antes.

¡Qué gran CONTRADICCIÓN respecto a la Torah! porque lejos de todo ese ideal tonto de renovación, de una nueva creación, de un modo diferente de cómo D-s se ve obligado a obrar ("por la desobediencia judía" según afirman), existe desde que fue dada, una advertencia en la Torah (Dvarim 30:11-12):

כִּי הַמִּצְוָה הַזֹּאת, אֲשֶׁר אָנֹכִי מְצַוְּךָ הַיּוֹם--לֹא-נִפְלֵאת הִוא מִמְּךָ, וְלֹא רְחֹקָה הִוא
לֹא בַשָּׁמַיִם, הִוא:  לֵאמֹר, מִי יַעֲלֶה-לָּנוּ הַשָּׁמַיְמָה וְיִקָּחֶהָ לָּנוּ, וְיַשְׁמִעֵנוּ אֹתָהּ, וְנַעֲשֶׂנָּה
"Porque esta mitzvá que te mando no es difícil para tí, ni está lejana. No está en los cielos para que digas: '¿quién subirá a los cielos y nos la traerá, y nos hará oirla (comprender) para que la hagamos?'.'"

Nosotros no necesitamos de ése demiurgo torpe e inepto que se equivoca, y que los misioneros han disfrazado como D-s del Tanaj.  No necesitamos de ningún mesías falso bajado del cielo que supuestamente venga a enseñarnos como es que se debe vivir la Torah, no necesitamos de una mafia de mentirosos que venga a decirnos que nuestra Torah necesita reforma o una nueva (o renovada) forma de vivirse.

La Torah nos lo advirtió! NO ESTÁ EN LOS CIELOS PARA QUE DIGAS "QUIÉN SUBIRÁ Y NOS LA TRAERÁ... PARA QUE LA HAGAMOS"
Lo que los cristianos predican es un mito gnóstico de renovación, de un ídolo, dios de los errores, de ensayos fallidos y "nuevas creaciones."

No lo creímos hace dos mil años, no lo creeremos ahora, por mucho que se esfuercen en tratar de hebraizarlo y de disfrazarlo.

3/24/2014

Seder Ya’acov sobre Masejet Avoda Zara 10a ¿Fueron judíos los que escribieron el NT?


El comentario de Rashi en Seder Ya'acov sobre Masejet Avoda Zara 10a, versión Dikdukey Sofrim en la primera versión de Ein Ya’acov, arroja luz sobre una cuestión intrigante en la intersección del judaísmo y el cristianismo primitivo: la autoría judía del Nuevo Testamento. Este comentario rabínico medieval sugiere que figuras prominentes en la formación del cristianismo - Yojanan (Juan), Paulos (Pablo) y Petró' (Pedro) - eran de origen judío y actuaron con una motivación compleja hacia su comunidad de origen.

El texto de Rashi dice:

כתב ולשון: אחרים תיקנו להם כל ספרי טעותם, יוחנן, פאולוס, פיטרו'; והם יהודים היו. לשון: הוא גראמטיקא, הוא הלטין שמדברים בו הגלחים. הם שנו ועקמו (ש"נ עמקו) הלשון ועשן להם הבל לחשבם בפני עצמם ולסלקם מעל ישראל; ולא שכפרו, כי לטובתן של ישראל נתכוונו; אלא מפני שראו ישראל בצער ובדוחק מתרמיתי ישו, עשו עצמם כאלו הם עמו בקדישות, וצוו עליהם הכל כמפורש בספור תליית ישו.

Escritura y lengua: Otros les corrigieron todos sus libros erróneos, Yojanan (Juan), Paulos (Pablo), Petró’ (Pedro); y ellos eran judíos. Lengua: Es gramática, es el latín que hablan los afeitados (sacerdotes). Ellos cambiaron y tergiversaron (variante textual: profundizaron) la lengua y la convirtieron en vanidad para considerarse a sí mismos y separarse de Israel; y no es que negaran [su fe], pues tenían buenas intenciones hacia Israel; sino que, al ver a Israel en aflicción y aprieto por los estafadores de Yeshú (o estudiantes de Yeshú), se hicieron pasar como si estuvieran con él en santidad, y les ordenaron todo como se detalla en el Relato del Colgamiento de Yeshú.

-רבינוביץ, ר. (s.f.). דקדוקי סופרים - חלק י - עבודה זרה, מכות, שבועות, הוריות. ספריית חב"ד ליובאוויטש. p. 28.

Rashi afirma que estos individuos “corrigieron todos sus libros erróneos” (תיקנו להם כל ספרי טעותם), implicando una revisión deliberada de textos preexistentes. Es notable que se refiera a ellos como "יהודים היו" (eran judíos), enfatizando su identidad étnica y religiosa original. El comentario continúa describiendo cómo estos autores “cambiaron y tergiversaron la lengua” (שנו ועקמו הלשון), lo que en realidad parece referirse a una alteración deliberada del mensaje original de Yeshú. Esta modificación lingüística y conceptual no buscaba adaptar el pensamiento judío a un nuevo marco teológico, sino más bien crear una distinción clara entre el judaísmo tradicional y esta nueva religión.

Curiosamente, Rashi sugiere que sus acciones no fueron motivadas por apostasía, sino por una preocupación por el bienestar de Israel. La frase "לטובתן של ישראל נתכוונו" (tenían buenas intenciones hacia Israel) indica una interpretación sorprendentemente benevolente de sus motivos. Según esta visión, al ver a “Israel en aflicción y aprieto por los estafadores de Yeshú” (ישראל בצער ובדוחק מתרמיתי ישו), estos individuos adoptaron una estrategia de infiltración, “haciéndose pasar como si estuvieran con él en santidad” (עשו עצמם כאלו הם עמו בקדישות). Por otra parte, la frase “ועשן להם הבל לחשבם בפני עצמם ולסלקם מעל ישראל” (‘y la convirtieron en vanidad para considerarse a sí mismos y separarse de Israel’) es crucial para entender el verdadero propósito de estas acciones. Según Rashi, el objetivo era establecer una separación definitiva entre los seguidores de Yeshú (Jesús) y el pueblo judío, no para convertir a los lectores del Nuevo Testamento en judíos, y alejar a ls judíos del mensaje heretico de Yeshú.

Esta perspectiva presenta una narrativa fascinante: los autores judíos del Nuevo Testamento podrían haber estado actuando como una especie de agentes dobles, aparentemente abrazando las enseñanzas de Yeshú mientras trabajaban subrepticiamente para proteger a la comunidad judía. La referencia al “Relato del Colgamiento de Yeshú” (ספור תליית ישו) sugiere que la fuente que utilizó Rashi fue probablemente algún manuscrito del Toldot Yeshú.

Este análisis de Rashi plantea preguntas provocativas sobre la naturaleza de la identidad religiosa, la autenticidad de los textos sagrados y las complejas dinámicas entre el judaísmo y el cristianismo naciente. ¿Podrían los fundamentos textuales del cristianismo haber sido, de hecho, un elaborado acto de protección cultural judía? ¿Cómo reconciliar esta interpretación con la posterior divergencia radical entre las dos religiones? Tales cuestiones continúan desafiando a eruditos y teólogos, subrayando la complejidad de las raíces judías del cristianismo y la intrincada relación entre estas tradiciones religiosas hermanas.

10/11/2011

La versión hebrea del N.T de Franz Delitzsch ¿original en hebreo?


El judaísmo mesiánico y el mundo hebreo-cristiano latinoamericano aseguran que no utilizan las escrituras griegas del Nuevo Testamento, y que por el contrario utilizan supuestos escritos “hebreos”; ¿Cuáles son las supuestas fuentes hebreas? La respuesta que dan ellos, es la versión del Profesor Franz Delitzsch (Franz Julius Delitzsch). Se ha de mencionar que los amerindios mesiánicos y mestizos mesiánicos en América Latina al no saber hebreo no entienden que el texto de Delitzsch es una traducción del griego al hebreo, como se lee en la misma portada de tal libro:
נעתקים מלשון יון ללשון עברית
(Traducciones del idioma griego para el idioma hebreo)

Independientemente de las declaraciones que han dado diversos rabino contemporáneos en el que se advierte la utilización de tales libros, como lo expresa Rav Jaim Navon Shlit"a: "ספרי "הברית החדשה" שמודפסים בעברית נועדו למטרה אחת בלבד - לגרום ליהודים לעבור על דתם." ([En los] "Libros" [del ]Nuevo Testamento "están impresos en hebreo significa para un solo propósito -. Judíos para hacer pasar a su religión") o la advertencia que hiciera el Rav Shlomo Aviner Shlit”a: "יש להלחם במסיון בכל תוקף. הפעילות של המסיונרים בארץ נעשית אקטיבית יותר ויותר. אני בעד שיעבירו את חוק איסור ההמרה (“El misionerismo debe ser combatido con fuerza. La actividad misionera en Israel cada vez más activa. Estoy a favor de aprobar la ley que prohíbe la conversión [al cristianismo]….”), así como la mitzvha ta’aseh (mandamiento positivo) de quemar estos libros de idolatría del Nuevo Testamento (TB Julin 13a: ספרי קוסמין פירותיו טבלין וי"א) considero pertinente explicar los constantes errores en quince años de la traducción y misionerismo de Franz Delitzsch, así como los intereses económicos y del empoderamiento que aspiraba el cristianismo-protestante sobre la pujante comunidad judía alemana.
Gustaf Dalman en su artículo “The Hebrew New Testament of Frantz Delitzsch”  explica que en la traducción hecha por el hebraísta Franz Delitzsch hubieron numerosos errores en su primera edición impulsada por la "London Society for Promoting Christianity amongst the Jews" en 1817, indicando que el misionero Delitzsch en 1838 solicitó una nueva traducción en “Wissenschaft, Kunst, Judenthum”. Posteriormente en el año de 1865 se le concede hacer una traducción parcial a los textos de Mateo, Santiago, Hebreos y Apocalipsis (S. u. H. III 7, 91). En el marketing-misionero del siglo XIX explica el cristiano G. Dalman que el misionero Delitzsch trató de hacer una especie de midrash sobre la Epístola a los Romanos con un comentario pseudo-rabínico que apareció en el verano de 1870 (S. u. H. VIII. 75). Sin embargo, tal trabajo no obtuvo una acogida entre la comunidad judía de Baviera y Noruega ya que para el año de 1874 anunció que necesitava revisar de fondo su traducción defectuosa al Evangelio de Mateo. ( S. u. H. XI. 129) Como podemos notar, el misionerismo del siglo XIX consideraba vital tener un corpus básico del Nuevo Testamento pro-judío para poder evangelizar a la comunidad judía, por ello Franz Delitzsch le apostaba a la utilización de textos hebreos como el Evangelio de Mateo, Romanos bajo una visión “rabínica”, Santiago y el libro de Apocalipsis, para ello, explica el mismo Gustaf Dalman, Delitzsch contrato a ciertos judíos a sueldo para realizar traducciones de determinadas secciones de tales libros cristianos, que por ello en el año 1876 tuvo problema de liquidez para pagarles. (S. u. H. XIV 242ff) En el ideal de Delitzsch estaba el hacer un corpus hebraico del N.T que pudiera servir para revisión y crítica. Para ello, el misionero Delitzsch recurrió a la pluma de los profesores Levey en Breslau, Kaufmann en Budapest, Kautzsch en Basilea y el Dr. Biesenthal en Leipzig hicieron sugerencias para corregir el texto defectuoso.  Dalman menciona que para la primera traducción que hiciera del N.T se basará en el Codex Sinaiticus, tal como hoy en día vuelven a implementar la misma técnica los misioneros cubano-venezolanos de los natzratim, o de los biblistas de la Universidad Teológica del Caribe, Moriah International Center, entre otras organizaciones misioneras. Para la segunda traducción (o enmiendas) Delitzsch llegó a la conclusión de que el texto del Códice Sinaítico, que se adoptó originalmente como base para la traducción, no era adecuado para el propósito de tener un texto que sirviera para las academias cristianas de crítica, y decidió, de acuerdo con el deseo de la Sociedad Bíblica, realizar el Textus Receptus, y para agregar solo las variantes más importantes del Códice Sinaítico entre paréntesis. (S. u. H. XV 222ff). A fines del otoño de 1878, apareció la segunda edición, traducida sobre este nuevo principio. (S. u. H. XVI 55ff). En febrero de 1880, se publicó la tercera edición (S. u. H. XVII I86f) y en otoño de 1881, la cuarta (S. u. H. XVIII 201f), a la que el Dr. Baer en Biebrich y el Prof. Driver en Oxford había hecho las contribuciones importantes. El texto de esta cuarta edición fue electrotipado y se repite en otras cinco ediciones, con ligeras alteraciones.
Como podemos ver, en este siglo las sociedades cristiano-protestante invirtieron un gran recurso de traductores, académicos universitarios para obtener un texto que fuera irrefutable ante la comunidad judía y así eficientizar las conversiones por medio de tal labor. Esto nos recuerda al trabajo que hizo en su tiempo el confesor de la reina Isabel la Católica, el cardenal Cisneros quien tradujo al árabe los primeros catecismo para poder convencer a la población musulmana del reino de Granada despues del año 1492.
Regresando a nuestro tema, en un artículo escrito en inglés, "The Hebrew New Testament" de Leipzig, 1883, Delitzsch presentó una serie de correcciones importantes que, sin embargo, recibieron un reconocimiento parcial en la edición estereotipada; aunque fueron plenamente reconocidos en la nueva octava edición de 1885, que, por lo tanto, hasta la undécima edición, que acaba de aparecer, representaba la forma más avanzada del texto.
Posteriormente, y especialmente a raíz de las correcciones propuestas por los mumarim J. Kahan y J. Lichtenstein en Leipzig, y A. B. Ehrlich en Nueva York, Delitzsch estaba convencido de la necesidad de una revisión extensa de su trabajo. Esto lo llevó a cabo a pesar de su creciente debilidad y su plan era tan completo que podía darle al texto actual una nueva traducción. La revisión exhaustiva de todo el Nuevo Testamento se completó provisionalmente cuando la parálisis obligó al anciano de setenta y seis años a dejar la pluma y confiar la finalización del trabajo a misioneros más jóvenes.
Delitzsch había estado estrechamente relacionado con su obsesión de tener un Nuevo Testamento hebreo que estuviera a la altura de la misma Torah por lo que invirtió veinte años en su manía evangelizar a la comunidad judía cuyo único objetivo era el de convertir judíos a la avodah zarah de Yeshu.
Al hacer un análisis de la traducción del Nuevo Testamento en Hebreo de Delitzsch podemos apreciar entonces que los misioneros dieron prioridad al Codex Sinaiticus, en segundo plano utilizaron el Textus Receptus el cual aparece en corchetes, así como se pusieron notas de pie de página para tratar de explicar las variantes de la traducción misionera. Se hizo de tal forma, explica Dalman, ara que el lector ingenuo judío evitará molestias al leer tal traducción.

Des-helenizar el Nuevo Testamento para hacerlo mas judío.
Un dato interesante que proporciona Dalman, es que Delitzsch quería eliminar todo indicio griego o latino para así alcanzar la pureza en la traducción al hebreo del N.T, por ello en 1892 solicitó que se reemplazará la del Apocalípsis de Juan en el que se había omitido el nombre de Juan (Yojanan), así como quería suprimir el título de Apocalipsis lesou Xristou. Delitzsch nuevamente quería enriquecer tal texto incorporando una serie notas prácticas, que deberían corregir las malas interpretaciones de los próximos lectores judíos, afortunadamente tales notas no aparecieron y fueron dejados en el olvido (S. u. H. XXVII 74).

Matizar las citas neotestamentarias acorde al texto masorético.
Explica Dalman que para la ortografía del hebreo de las citas bíblicas del TaNa”J (Biblia Hebrea), el cristiano Baer adoptó tal modelo para no perturbar a los lectores judíos y así evitar sospecharan que el texto neotestamentario que evocaba al TaNa”J tuviera diferencias con el texto masorético. Tanto Dalman como Delitzsch coinciden que la parte más difícil de mi trabajo editorial se encuentra, en la práctica, en el ámbito del lenguaje, ya que ellos querían un corpus hebraica del Nuevo Testamento que debía darse casi como si fuera el presunto texto original que sueñan los misioneros hebraístas-cristianos. Dalman y Delitzsch expresaban que es imposible saber si Yeshu pensaba en términos arameos o hebreos de la época del siglo I; para los misioneros hebraístas del siglo XIX tuvieron que construir las epístolas de los apóstoles con base al lenguaje del libro de Ben Sira (בן סירא), para la Espistola de Santiago (ahora llamada “Igeret Ya’acov”) se utilizó el hebreo que aparece en el libro de Tehilim (Salmos), mientras que para las epístolas del apóstata de Pablo de Tarso (Parvah Amgoshí) utilizaron las estructuras lingüísticas del hebreo de Shir HaShirim (Cantar de los Cantares) de Shlomoh HaMelej, todo este esfuerzo para convertir al judío en un idolatra y así los misioneros empoderarse sobre una comunidad judía desinformada o asimilada ligeramente a la cultura popular europea.

Otra de las estrategias utilizadas por el misionero Delitzsch fue el incorporar estructuras lingüísticas que van desde el libro de Tehilim hasta el hebreo culto de la Mishnah (los cuales están separados por  tres o cuatrocientos años), explica Dalman:
“Delitzsch se ha esforzado por construir a partir del hebreo, de todos los períodos de su historia, hasta el final de la Mishna, un dialecto que sería adecuado para convertirse en el instrumento para el mundo del Nuevo Testamento.”
-Dalman Gustaf, The Hebrew New Testament, Vol. 15, No. 3/4 (Sep. - Oct., 1892). p 148.
En la manía que tenía Delitzsch quería incluir expresiones lingüísticas no solo del nuevo hebreo de la Mishna y del Midrash más antiguo, ya que él consideraba que era el dialecto presuntamente más cercano al estilo del Nuevo Testamento, con tal revés, complejiza su propia traducción principal y quedó avergonzado por esta multiplicidad de cambios lingüísticos en sus traducciones cuyo fin era la conversión de la comunidad judía para Yeshu.

Algo similar ha pasado con la traducción contemporánea del mumar Isaac Salkinson quien publicó con un hebreo clásico el Nuevo Testamento sin poder reproducir con precisión en el hebreo del TaNa”J. Confiesa Dalman que para los misioneros Delitzsch y Salkinson les es difícil traducir términos griegos vulgares al lenguaje rabínico del Talmud y el Midrash, debido a la combinación de expresiones idiomáticas que resultan perturbadoras para los estudiosos bíblicos. El mismo Dalman manifiesta que existieron un total de 11 traducciones, enmiendas y correcciones al texto traducido al hebreo, en la que se hizo una campaña de distribución de ejemplares del Nuevo Testamento hebreo tal como se ve a continuación en la tabla que expone Dalman:

Es interesante ver que los misioneros del siglo XIX, imprimieron un total de 49,230 copias del N.T en hebreo, considerando que entre los años 1871 al año 1910 había un promedio de 563,500 judíos en Alemania, es decir los misioneros llegaron a un 8.74% de la población judía alemana, el año que mayor tuvieron actividad entre la comunidad judía fue el año 1888 en Berlín.



Del año 1877 al 1892 los ataques misioneros se centraron en Berlín un 74.61% y el 25.39% en Leipzig. Las campañas misioneras en Berlín en la que se llegaron a distribuir un total de 36,730 volúmenes del Nuevo Testamento Hebreo corresponde a que la comunidad judía en Berlín estaba compuesta por una mayoría reformista (60%) y una pequeña minoría ortodoxa (40%) que permaneció unida. El promedio de las campañas evangelizadoras en 15 años era de distribuir tales libros cada año y medio con un promedio de 4,475 volúmenes de tal traducción. Al parecer el único año en el que se vio afectada la misión protestante entre la comunidad judía fue el año de 1885. Pareciera que la técnica de los misioneros en el siglo XIX se centraba en círculos liberales judeo-alemanes que vivieron en Berlín y en segundo lugar en Leipzig, aún así en estos quince años no pudieron penetrar al 91.26% de la población judía ashkenazi. Pareciera que los misioneros se aprovecharon de las luchas internas de la comunidad, con una mayoría reformista que desplazó a los sectores conservador (masortí) y religioso del judaísmo. Pareciera ser que tras el crecimiento de reformistas en el judaísmo se incrementó la asimilación a la sociedad alemana, así como se incrementó el antisemitismo desde el año 1880 en el que muchos judíos obtuvieron altas estaciones y grandes ingresos a cambio de su renuncia al judaísmo. (Ver. Converts To Christianity, Modern, por Richard Gottheil, Kaufmann Kohler, Isaac Broydé) Probablemente los misioneros supieron que entre 1880 y 1890 los judíos ricos del Ducado de Varsovia del Reino de Polonia se convirtieron al cristianismo-católico (se hicieron en mumarim), en donde posteriormente ganó el cristianismo-protestante y estos mumarim se convirtieron el cristiano-protestantes, que por ello los misioneros vieron la oportunidad de invertir en convertir a la comunidad judía alemana del sector reformista al cristianismo protestante para obtener mayores ganancias que en comparación de hacerlo con otras etnias que no pertenecían al cristianismo protestante. O bien, entre los años 1881-1882 en Rusia hubo un proceso de conversiones de la comunidad judía al cristianismo-ortodoxo debido a las políticas monárquicas de las nuevas restricciones y cuotas que afectaron a los judíos que buscan educación superior o empleo profesional como abogados o médicos. (Ver, Yivo The Enciclopedia of Jews in Eastern Europe, Conversion). Recordemos que en estos 15 años se impulsaron panfletos antisemitas tales como "La cuestión judía" de Goldwin Smith el cual es un ensayo sobre la cuestión judía está tomado de una compilación de ensayos relacionados con el antisemitismo, denominado antisemitismo y nacionalismo judío. Goodwin Smith fue un influyente líder antisemita en Canadá y Gran Bretaña. Trató firmemente de representar a los judíos como una raza separada y una tribu que solo era leal entre sí, al tiempo que hacía alegaciones de que el judaísmo no es una religión. Este ensayo fue publicado en 1881 y nos da una buena idea de cómo se manifestaba el antisemitismo en dos naciones que hoy en día aceptan de manera abrumadora a los judíos y a todas las demás religiones. También es importante tener en cuenta que esta pieza que acusa a los judíos de una conspiración para controlar el mundo se publicó 20 años antes de la publicación de los Protocolos de los Ancianos de Sión. Para el año 1881, se publicó la obra "El antisemitismo en Inglaterra" de Claude Montefiore como respuesta de este ensayo a "La cuestión judía" de Goodwin Smith, ambas publicadas en Antisemitismo y Nacionalismo judío, Montefiore analiza lo que, en su opinión, está impulsando el antisemitismo en Inglaterra. Este ensayo es importante porque analiza cómo la desaceleración económica y los impuestos de la guerra afectaron tanto a judíos como a no judíos, pero cómo los judíos recibieron gran parte de la culpa. Montefiore también discute cómo estos fenómenos fracturaron ciertas comunidades judías, lo cual es esencial para la discusión sobre la conversión voluntaria de los judíos.

Pareciera ser que la London Society for Promoting Christianity amongst the Jews quien impulsó durante quince años campañas misioneras vieron la oportunidad de captar el 60% de la población judía reformista la cual estaba descontextualizada de la Torah, el Talmud, del judaísmo tradicional así como este sector es el que acumulaba la riqueza en la Alemania del Siglo XIX, tal como lo explica Paul Windolf en ‘The German-Jewish Economic Elite’ en la que explica que alrededor del 25% de ricos en Alemania eran judíos. Es decir, el trabajo de Dalman, Delitzsch y los otros misioneros era con el objetivo de monetizar sus  campañas evangélicas en atraer a ricos inversionistas, estos sin lugar a dudas serían los del sector reformista de la comunidad judía alemana, que a pesar de tener riquezas, estudios, carecían de formación religiosa del judaísmo tradicional.

Explica Dalman como Delitzsch “no pretendía proclamar el cristianismo a los judíos de la época talmúdica, sino a los de la actualidad.” Sin embargo, los misioneros hebraístas tuvieron la dificultad que la comunidad judía ashkenazi utilizaba el hebreo con los coloquialismos alemanes, e incluso cuando hay un esfuerzo después del idioma clásico, el resultado fue una mezcla arbitraria de frases del TaNa”J, utilizadas en sentidos absolutamente absurdos que tales pifias eran fácilmente detectados para eruditos, lectores sobrios y simples. Los misioneros estaban en el dilema de utilizar el hebreo clásico del siglo XIX, de la época de R’ Jaim Luzzato, y de las expresiones para las cuales un judío de la época de los primeros cristianos habría usado términos griegos. Explica Dalman, que el trabajo de Delitzsch tuvo que recurrir a la utilización de palabras extranjeras, similar como pasó con los targumim del siglo I y de la temprana Edad Media para explicar ciertas palabras hebreas que estaban en desuso.
Incluso, nosotros hemos visto este fenómeno con la versión del Evangelio Hebreo de Mateo de Shem Tob quien utiliza dentro del mismo texto palabras de origen latín, griego o del catalán, esto con un efecto inverso, para advertir al lector judío sobre alguna enseñanza tóxica de la enseñanza de Yeshu y así darle argumentos a los rabinos para poder responder a los monjes que impulsaron las conversiones masivas en las comunidades judías de la península Ibérica. Algo similar pasa cuando se estudia la traducción de la Peshita en la que se pueden rastrear ciertas palabras que se utilizaban de forma peyorativa en las conversaciones de los rabinos en Talmud sobre temas relacionados a idolatría o transgresiones diera la impresión que el traductor del griego al arameo pudo haber sido un cripto-judío, o un judío a sueldo que tradujo tal libro y el el proceso de traducción insertó palabras impropias a las acciones y frases de Yeshu como de los apóstoles, probablemente se hizo con el fin de mantener alejados a los judíos de habla aramea alejados del cristianismo evitando que se asimilaran a tal fe.
El mismo Dalman confiesa la imperfección de la traducción Delitzsch es una mera paráfrasis del texto griego la cual es IMPERFECTA:
“A translation of the Scriptures for practical purpose, if it is not a mere paraphrase, remains always somewhat imperfect.”
--Dalman Gustaf, The Hebrew New Testament, Vol. 15, No. 3/4 (Sep. - Oct., 1892). p 150.
Por otra parte, Dalman manifiesta frustración y el antisemitismo de la época en la que los misioneros Delitzsch, Salkinson no pudieron manifestar la palabra del Nuevo Testamento el lashon hakodesh (idioma sagrado, en hebreo), así como hace énfasis que el dios  de triple personalidad se manifestó a Israel en griego por su inconformidad con Israel:
“It was not an accident, but a divine Providence, that the completed revelation in Christ entered the world, not in Aramaic nor Hebrew dress, but in Greek, and it is also not an accident, but a consequence of the judgment denounced by Israel”
(No fue un accidente, sino una divina Providencia, que la revelación completa en Yeshu entró en el mundo, no con atuendo arameo ni hebreo, sino en griego, y tampoco es un accidente, sino una consecuencia del juicio denunciado por Israel.)
Así como acepta que el Nuevo Testamento sería anunciado en el siglo XIX como una mera traducción al hebreo para tratar de dar a entender que Yeshu es el “Mashiaj” de la simiente de David según la carne (‘ But would that this new offer of Salvation, in the Hebrew tongue by which Christ " who was born from the seed of David according to the flesh,"’) y cuyo propósito es la conversión del judío a la idolatría que impulsaban los cristiano-protestantes en Alemania pero sobretodo tales misioneros querían engrosarse económicamente con base a las finanzas de la comunidad judía alemana si estos aceptaban la conversión al cristianismo, como siempre el cristianismo aspira a empoderarse y seguir haciendo una especie de metástasis socio-cultural entre la comunidad judía.

Nos queda claro que los misioneros mesiánicos contemporáneos al no poder cumplir su deseo de convertir judíos al cristianismo se han inventado la idea de trasvestir a los cristianos de "judíos" en América, Asía, Italia, los Balcanes e Israel para darle volumen a su movimiento e intentar de legitimar su causa comercial e imponer su agenda en Israel así como en las comunidades judías fuera de Israel. Para ello siguen impulsando su defectuosa traducción del Brit HaMetumtom de Delitzsch en sitios como Amazón o en Vine Of David, en la que se trata de vender la idea de "comprender los evangelios desde una matriz judía" y así seguir lucrando con la ignorancia y las buenas intenciones de la gente.