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10/01/2026

Javacuc 3:3 y la pretendida inserción del nombre de Aḥmad (Muhammad): examen de la lectura de al-Qurṭubí a la luz del Targum Yonatán, el Talmud Bavlí, la literatura midráshica y el Tafsir atribuido a RaSa"G

BS"D

Escuela Islámica (Otomana). (S. XVIII). Encuentro del Profeta Mahoma y un pastor monoteísta [Miniatura en vitela]. Museo del Palacio de Topkapi, Estambul, Turquía.



Al-Qurṭubí presenta este pasaje dentro del mismo capítulo tercero de al-Iʿlām que hemos venido examinando, الباب الثالث في النبوات وذكر كلامهم ("capítulo tercero, sobre las profecías y la mención de sus palabras"), y cita:

وفي صحف حبقوق النبي التي بأيديكم قال: جاء الله من التيمن والقدوس من جبل فاران وامتلأت الأرض من تحميد أحمد وتقديسه وملأ الأرض بهيبته. وقال أيضًا: تضيء لنوره الأرض وستنزع في قسيك إغراقًا وترتوي السهام بأمرك يا محمد ارتواءً

(“Y en los escritos del profeta Habacuc que están en vuestras manos, dice: ‘Dios vino de al-Tayman, y el Santo [vino] del monte Paran; la tierra se llenó de la alabanza [taḥmīd] de Aḥmad y de su santificación, y llenó la tierra con su temor reverencial’. Y también dijo: ‘La tierra resplandece con su luz, y dispararás con tus arcos abundantemente, y las flechas se saciarán por tu mandato, oh Muḥammad, completamente’"). 

Cierra su argumentación con una apelación retórica:

فيا معشر العقلاء انظروا عناد هؤلاء الجاحدين وإنكار هؤلاء المباهتي وتواقح هؤلاء الجاهلين كيف خالفوا هذه النصوص القاطعة والبشارات الصادعة محكمين في ذلك أهوائهم وهم يعرفونه كما يعرفون أبناءهم 

(“¡Oh gente racional! Mirad la obstinación de estos negadores... cómo contradicen estos textos concluyentes... aunque lo conocen como conocen a sus propios hijos”). 

Y en su comentario a Ṣaḥīḥ Muslim, al-Mufhim, explicita la clave geográfica de todo el edificio: وفاران: مكة (“y Paran es la Meca”), desarrollando allí la misma tríada que ya examinamos a propósito de Devarim 33:2 —Sinaí/Moisés, Seír/Yeshúʿ, Paran/Muḥammad—, de modo que esta lectura de Javacuc (Habacuc) no es una ocurrencia aislada, sino la aplicación consistente de su propio esquema hermenéutico a un segundo testimonio profético.

Refutación.

El texto masorético dice:

אֱלוֹהַּ מִתֵּימָן יָבוֹא וְקָדוֹשׁ מֵהַר־פָּארָן סֶלָה כִּסָּה שָׁמַיִם הוֹדוֹ וּתְהִלָּתוֹ מָלְאָה הָאָרֶץ

(“Dios vendrá de Teimán, y el Santo del monte Parán, selah; cubrió los cielos Su esplendor, y Su alabanza llenó la tierra”). 

El Targum Yonatán traduce:

בְּמִתַּן אוֹרַיְתָא לְעַמֵיהּ אֱלָהָא מִדָרוֹמָא אִתְגְלֵי וְקַדִישָׁא מִטוּרָא דְפָארָן בִּגְבוּרַת עַלְמִין אִתְחַפִּיאוּ שְׁמַיָא זִיו יְקָרֵיהּ וְאִמְרֵי תוּשְׁבַּחְתֵּיהּ מַלְיָא אַרְעָא

(“En la entrega de la Toráh a Su pueblo, Dios se reveló desde el sur, y el Santo desde el monte Paran, con el poder eterno; se cubrieron los cielos con el resplandor de Su gloria, y las palabras de Su alabanza llenaron la tierra”). 

El Targum fecha explícitamente el versículo entero —בְּמִתַּן אוֹרַיְתָא, “en la entrega de la Toráh”— y traduce מִתֵּימָן no como topónimo sino como dirección abstracta, מִדָרוֹמָא, “desde el sur”; mantiene, en cambio, טוּרָא דְפָארָן como nombre de monte. Y donde el hebreo dice תְּהִלָּתוֹ, “Su alabanza” —con el sufijo posesivo de tercera persona referido inequívocamente a אֱלָהָא/קַדִישָׁא, Dios/el Santo, mencionados en la primera mitad del mismo versículo—, el Targum traduce אִמְרֵי תוּשְׁבַּחְתֵּיהּ, “las palabras de Su alabanza”, conservando ese mismo referente divino sin la menor ambigüedad.

Hay, sin embargo, un tercer testigo que pesa aquí de un modo distinto a los anteriores, precisamente porque no exige al lector cruzar la barrera del alefato hebreo. Toda la serie se ha apoyado hasta ahora en traducciones judeoárabes transmitidas en escritura hebrea —el Jumash yemení, el ms. de Benayah ben Saʿadyah—, legibles solo para quien domina ese alefato; pero el Tafsir del RaSa"G (Rav Sa'adia Gaon) circuló también, desde época medieval, en una vía de transmisión paralela: la de los copistas que lo retrasladaron al ḫaṭṭ árabe propiamente dicho, de modo que cualquier lector arabófono, musulmán incluido, pudiera leerlo sin mediación alguna. Esa labor de retrasliteración no fue mecánica: había que decidir la hamza, la tāʾ marbūṭa y la alif maqṣūra a partir de una ortografía judeoárabe que distingue los sonidos ج خ ذ ث ض ظ غ mediante un geresh añadido a las letras hebreas correspondientes (ג׳ ח׳ ד׳ ת׳ צ׳ ט׳ ע׳), y restituir además el rasm etimológico del árabe clásico allí donde el original solo transcribía fonéticamente. El manuscrito Arabe 1 de la Bibliothèque nationale de France es testigo de ese trabajo, hecho con esmero: 458 folios de papel occidental en escritura oriental de factura egipcia, parcialmente vocalizada (mušakkal) y con títulos rubricados, copiado por ʿAbd Rabbih ibn Muḥammad al-Šaʿrānī en Muḥarram de 993 H (comienzos de 1585); su registro nombra también a ʿAlam al-qass, sacerdote y a Faḍl Allāh ibn Tādrus, y su prefacio —que una nota latina de Joseph Ascari, de 1734, atribuye a un anónimo— describe expresamente una muqābala, un cotejo del texto árabe contra un ejemplar hebreo. Es, en suma, un texto nacido en la sinagoga que manos cristianas del Egipto otomano revisaron, copiaron y colacionaron con su original hebreo antes de darle esta forma. Que semejante trabajo de cotejo y transliteración se haya hecho, y se conserve, es ya un dato relevante para nuestro argumento: es precisamente el tipo de testimonio que un polemista interesado en el pasaje tendría a su disposición, sin necesidad de aprender hebreo, si quisiera verificar lo que el texto dice realmente. En su folio 382 se lee:

الله من المشرق ياتي، والقدوس من جبل ظليل خشن، غشّت السموات فضيلته، ومن تسبحته الارض مملوءة
אללה מן אלמשרק יאתי, ואלקדוס מן ג'בל ט'ליל כ'שן, ע'שת אלסמואת פצ'ילתה, ומן תסבחתה אלארץ' ממלואה

(Traducción: “Dios -Allah- viene del oriente, y el Santo, de un monte umbroso y áspero; su excelencia cubrió los cielos, y de su alabanza está llena la tierra”). 

-ʿAbd Rabbih ibn Muḥammad al-Šaʿrānī (copista). (1584-1585). Ancien Testament (f. 1v-438); Kitāb aḫbār al-ʿibrāniyyīn (f. 439-458) [Manuscrito árabe; versión atribuida a Saadia Gaón (882-942)]. Bibliothèque nationale de France, Département des Manuscrits, Arabe 1. Gallica. f. 382 https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b110045111

Este testimonio es filológicamente notable por una razón propia: ni siquiera conserva תֵּימָן y פָּארָן como topónimos. Traduce el primero por المشرق, “el oriente” —una dirección distinta tanto del "sur" del Targum como de cualquier identificación arábiga—, y el segundo, de manera puramente descriptiva y hasta ingrata, como “un monte umbroso y áspero”, جبل ظليل خشن, sin nombrarlo en absoluto. Esta resolución en sentido llano de un topónimo poético es coherente con la técnica de traducción de RaSa"G ya documentada en esta serie —su sistemática tendencia a neutralizar imágenes que pudieran prestarse a lecturas indebidas, como hizo con מְשׁוּפָה en Devarim 34:10—, y el resultado es el mismo que en el Targum y en el hebreo: ninguna mención de Aḥmad, ninguna mención de Muḥammad, ningún arco ni flecha.

El Talmud Bavlí, en Avodá Zará 2a-2b, no presenta esta prueba como una cita suelta, sino como el desenlace de una escena de juicio que ya lleva dos rondas fallidas cuando llega a Javacuc. Primero comparece Roma: 

נִכְנְסָה לְפָנָיו מַלְכוּת רוֹמִי תְּחִלָּה... אוֹמְרִים לְפָנָיו: רִבּוֹנוֹ שֶׁל עוֹלָם, הַרְבֵּה שְׁוָוקִים תִּקַנְּינוּ, הַרְבֵּה מֶרְחֲצָאוֹת עָשִׂינוּ, הַרְבֵּה כֶּסֶף וְזָהָב הִרְבֵּינוּ, וְכוּלָּם לֹא עָשִׂינוּ אֶלָּא בִּשְׁבִיל יִשְׂרָאֵל כְּדֵי שֶׁיִּתְעַסְּקוּ בְּתוֹרָה. אָמַר לָהֶם הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא: שׁוֹטִים שֶׁבָּעוֹלָם, כׇּל מַה שֶּׁעֲשִׂיתֶם לְצוֹרֶךְ עַצְמְכֶם עֲשִׂיתֶם... כְּלוּם יֵשׁ בָּכֶם מַגִּיד זֹאת?... מִיָּד יָצְאוּ בְּפַחֵי נֶפֶשׁ 

(“Entró ante Él primero el reino de Roma... dicen ante Él: Amo del mundo, muchos mercados establecimos, muchos baños hicimos, mucha plata y oro multiplicamos, y todo lo hicimos solo por Israel, para que se dedicaran a la Toráh. Les dijo el Santo, bendito sea: necios del mundo, todo lo que hicisteis, para vuestro propio provecho lo hicisteis... ¿acaso hay entre vosotros quien anuncie esto [la Toráh]? De inmediato salieron con el ánimo abatido”). 

Entra después Persia con el mismo alegato sobre puentes, ciudades conquistadas y guerras libradas "por Israel", y recibe idéntica respuesta e idéntica salida בְּפַחֵי נֶפֶשׁ. Solo entonces, agotadas ya las dos potencias que el propio texto llama חֲשִׁיבָא (“las más importantes”), el resto de las naciones ensaya un tercer argumento, distinto de los dos anteriores: ya no el mérito de obras hechas en favor de Israel, sino la negación misma de haber recibido la oferta:

אוֹמְרִים לְפָנָיו: רִבּוֹנוֹ שֶׁל עוֹלָם, כְּלוּם נָתַתָּ לָנוּ וְלֹא קִיבַּלְנוּהָ? וּמִי מָצֵי לְמֵימַר הָכִי? וְהָכְתִיב: ״וַיֹּאמַר ה׳ מִסִּינַי בָּא וְזָרַח מִשֵּׂעִיר לָמוֹ״, וּכְתִיב: ״אֱלוֹהַּ מִתֵּימָן יָבוֹא וְגוֹ׳״. מַאי בָּעֵי בְּשֵׂעִיר, וּמַאי בָּעֵי בְּפָארָן? אָמַר רַבִּי יוֹחָנָן: מְלַמֵּד שֶׁהֶחְזִירָהּ הַקָּדוֹשׁ בָּרוּךְ הוּא עַל כׇּל אוּמָּה וְלָשׁוֹן, וְלֹא קִבְּלוּהָ, עַד שֶׁבָּא אֵצֶל יִשְׂרָאֵל וְקִבְּלוּהָ

(“Dicen ante Él: Amo del universo, ¿acaso nos diste [la Toráh] y no la aceptamos? ¿Y puede decirse esto? ¿No está escrito: ‘Y dijo: el Eterno vino de Sinaí, y se levantó desde Seír para ellos’, y está escrito: ‘Dios vendrá de Teimán…’? ¿Qué busca en Seír, y qué busca en Paran? [La Toráh no fue entregada en esos lugares] Dijo Rabí Yojanán: esto enseña que el Santo, bendito sea, la llevó a cada nación y lengua, y no la aceptaron, hasta que llegó a Israel y la aceptó”). 

Rabenu Jananel resume el movimiento completo de la sugia en estos mismos términos:

אמר הקב"ה יש בכם מגיד זאת מיד יצאו בפחי נפש... אומרים לפניו רבש"ע כלום קבלנוה ולא קיימנוה ועל דא תברתהון (“dijo el Santo, bendito sea: ‘¿hay entre vosotros quien anuncie esto?; de inmediato salieron con el ánimo abatido... dicen ante Él: Amo del mundo, ¿acaso la recibimos y no la cumplimos? Y esta es su objeción")

Dejando claro que la pregunta sobre Seír y Paran no es un comentario aislado sobre dos palabras sueltas, sino la refutación final de un alegato jurídico que las naciones ya habían intentado formular de dos maneras distintas y habían visto rechazadas.

Rash"i identifica פָּארָן remitiendo al mismo versículo que examinamos en el artículo de esta serie sobre Bereshit 21:21:

 פארן — ארץ ישמעאל דכתיב בהגר (בראשית כא) ותשב במדבר פארן 

(“Paran: la tierra de Ishmael, como está escrito respecto de Hagar [Bereshit 21]: 'y ella habitó en el desierto de Paran'”). 

Steinsaltz explicita el paso siguiente de la sugia:

מלמד שהחזירה הקדוש ברוך הוא את התורה על כל אומה ולשון, כגון בשעיר לאדומים ובפארן לישמעאלים, ולא קבלוה, עד שבא אצל ישראל וקבלוה

(“enseña que el Santo, bendito sea, llevó la Toráh a cada nación y lengua —por ejemplo, en Seír a los edomitas y en Paran a los ismaelitas— y no la aceptaron, hasta que llegó a Israel y la aceptó”). 

Los ismaelitas son, en el propio Talmud, destinatarios de una oferta rechazada, no receptores de una revelación futura que aceptarían siglos después: es la misma escena de rechazo que ya documentamos en Devarim 33:2, no un segundo acontecimiento distinto.

Tosafot añade, además, una precisión que refuerza esta lectura al mostrar el cuidado con que la propia sugia la custodia. Se pregunta por qué hace falta traer el versículo de Javacuc, si Paran ya aparece en Devarim 33:2:

 מיהו קשיא לגירסת רש"י אמאי מייתי קרא דחבקוק למדרש הכי בקרא דאיתא בוזאת הברכה נמי הוזכר פארן, וי"ל דאיכא למידרשיה כדדריש ליה בפרק שור שנגח... מפארן הופיע ממונם לישראל

(“mas es problemático, según la lectura de Rash"i, por qué trae el versículo de Javacuc, si en ‘Vezot HaBerajá’ también se menciona Paran; y se puede responder que cabe interpretarlo de otro modo, como se interpreta en ‘Shor shenagaj’... ‘desde Paran apareció’ [su] riqueza a Israel”): 

Es decir, Devarim 33:2 admite dentro de la propia tradición talmúdica una segunda derashá —la de R’ Yojanán ben Zakay en Bavá Kamá 38a, ya citada en el primer artículo de esta serie—, y es precisamente para cerrar esa ambigüedad interna, no para abrir una nueva, que la Guemará necesita el testimonio independiente de Javacuc. Tosafot conserva además una variante sobre el propio תֵּימָן, a nombre de Rabí Eljanán: la pregunta original sería "מאי בעי בתימן" y no "בשעיר", porque תֵּימָן aquí “לאו שם אומה הוא אלא שם רוח דרום, כמו עורי צפון ובואי תימן” (“no es nombre de nación, sino nombre del viento del sur, como en ‘despierta, viento del norte, y ven, viento del sur’ [Shir HaShirim 4:16]”) —la misma lectura direccional, no étnica, que documentan el Sifrei y la Mejiltá, y que coincide con la elección de RaSa"G de traducir תֵּימָן por المشرق, “el oriente”, y no por ningún topónimo arábigo.

Esa misma identificación, ahora sobre el propio versículo de Javacuc y no ya sobre la sugia talmúdica, la repite Rash"i en su comentario directo al texto, con la economía que lo caracteriza: תֵּימָן — עֵשָׂו y פָּארָן — יִשְׁמָעֵאל, כִּדְאַמְּרִינַן: ״וַיֵּשֶׁב בְּמִדְבַּר פָּארָן״. Radak, en el mismo sentido, remite explícitamente a Devarim 33:2: 

כמו שאמר בתורה וזרח משעיר למו כי תימן הוא שעיר, וכן מהר פארן כמו שנאמר בתורה הופיע מהר פארן (“como se dijo en la Toráh ‘y se levantó desde Seír para ellos’, porque Teimán es Seír; y asimismo ‘desde el monte Paran’, como se dijo en la Toráh ‘apareció desde el monte Paran’”), 

y precisa que כסה שמים הודו se refiere a las antorchas que se vieron el día de la entrega de la Toráh. El rabino andalusí Ibn Ezra remite al mismo lugar: וכבר פירשתי זה הטעם בפרשת וזאת הברכה (“y ya expliqué esta razón en la parashá de Vezot HaBerajá"”), y explica que la gloria de Dios “pasó” por el monte Seír, próximo a Paran, manifestándose en las guerras contra Sijón y Og —episodios de la generación del desierto, no de ningún acontecimiento futuro—. Metzudat David coincide: הנה כשבא אלוה לפני ישראל כשעברו את תימן הוא ארץ אדום כי אז התחילו להלחם בסיחון ועוג (“he aquí que cuando Dios vino ante Israel al pasar por Teimán, que es la tierra de Edom, entonces comenzaron a luchar contra Sijón y Og”). Esta misma lectura direccional de תֵּימָן, que Tosafot ya recogía como tradición alternativa dentro de la propia sugia, se confirma de manera explícita y mucho más antigua en la Mejiltá de R' Yishmael y el Sifrei, ambos de época tannaítica, que leen los cuatro términos —Sinaí, Seír, Paran y Teimán— como las cuatro direcciones cardinales desde las que se manifestó la gloria divina el día de la entrega de la Toráh:

לא נגלה עליהם מרוח אחת אלא מארבע רוחות, שנאמר... ואיזו היא רוח רביעית? אלוה מתימן יבוא (“no se les reveló desde una sola dirección, sino desde cuatro direcciones... ¿y cuál es la cuarta dirección? ‘Dios vendrá de Teimán’”), 

lectura que repiten casi literalmente la Mejiltá de Rashb"i, el Sifrei, Yalkut Shimoní y Devarim Rabá. Esta tradición, documentada ya en fuentes tannaíticas de los siglos II-III, fija el sentido del versículo casi un milenio antes de que al-Qurṭubí naciera.

El único comentarista de los aquí reunidos que trae el versículo a un horizonte escatológico futuro es Malbim, en el siglo XIX, y merece atención precisamente porque es el que más de cerca roza el terreno que al-Qurṭubí querría ocupar —y lo hace, sin embargo, en sentido inverso al suyo—. Malbim escribe:

אלוה מתימן יבא, ההנהגה הזאת תמשך עד שיגיע עת הגאולה שאז יבא אלוה מתימן לגאלם, ומצייר כי הגלות האחרון תתחלק בין שני מלכיות, שהם מלכות אדום המצויינת בשם תימן... ומלכות ישמעאל המצויינת בשם הר פארן... אשר יתפארו בדתות המתדמות לדעת האלהית 

(“‘Dios vendrá de Teimán’: esta conducción se prolongará hasta que llegue el tiempo de la redención, cuando Dios vendrá de Teimán para redimirlos; y describe que el último exilio se dividirá entre dos reinos, el reino de Edom, designado con el nombre de Teimán... y el reino de Ishmael, designado con el nombre del monte Paran... que se jactarán de religiones que se asemejan al conocimiento divino”). 

Es decir: incluso el único comentarista que identifica explícitamente “el reino de Ishmael” con una religión histórica concreta no la presenta como una revelación legítima equiparable a la entrega de la Toráh, sino como una religión que se asemeja al conocimiento divino sin serlo —y que Dios mismo deberá venir a corregir en el futuro, exactamente como corrigió los errores teológicos de la religión surgida de Edom (el cristianismo con Yeshú)—. Ni siquiera la lectura judía que más se acerca, en toda la tradición exegética reunida aquí, a reconocer un “reino de Ishmael” histórico lo hace como un reconocimiento profético de Muḥammad: lo hace como el anuncio de una corrección pendiente.

Sobre este fondo documental —un Targum anterior en siglos al Islam, un Talmud que lee el versículo como refuerzo de Devarim 33:2, una cadena ininterrumpida de comentaristas medievales que remiten unánimemente al mismo acontecimiento sinaítico, una tradición tannaítica que fija el sentido del versículo en el siglo II o III, un Tafsir judeoárabe —transmitido además en escritura árabe legible sin mediación para cualquier lector musulmán— que ni siquiera conserva los topónimos, y el único comentarista que roza el tema de Ismael lo hace para anunciar su corrección futura, no su legitimación— resulta evidente dónde se sitúan las dos intervenciones de al-Qurṭubí. La primera es gramatical: תְּהִלָּתוֹ, “Su alabanza”, con el sufijo pronominal referido sin ambigüedad a אֱלוֹהַּ/קָדוֹשׁ mencionados en la primera mitad del mismo versículo, se convierte en تحميد أحمد, “la alabanza de Aḥmad” —una genitiva construida que sustituye el referente divino del pronombre por un nombre propio humano—. La segunda es un empalme: تضيء لنوره الأرض وستنزع في قسيك... يا محمد no proviene de Javacuc 3:3-4, sino de los versículos 9 y 11 del mismo capítulo —עֶרְיָה תֵעוֹר קַשְׁתֶּךָ (“desnudo se descubre tu arco”) y לְאוֹר חִצֶּיךָ יְהַלֵּכוּ (“a la luz de tus flechas marcharon”)—, donde el arco y las flechas son, en el hebreo, los de Dios mismo en la escena de teofanía bélica cósmica que domina el resto del capítulo, no armas entregadas a ningún profeta humano. Al-Qurṭubí extrae estos versículos de su contexto, los recompone como una segunda cita independiente, y convierte el “tu arco” divino en un vocativo dirigido a Muḥammad. Es, una vez más, el mismo procedimiento documentado ya en Yeshayah 42 y en Yejezkel 21 en esta serie: no una interpretación tendenciosa de un texto genuino, sino la sustitución de su referente gramatical y el injerto de material ajeno, presentado como si fuera continuo y literal —exactamente lo que su propia declaración metodológica, citada en el artículo anterior de esta serie, prometía no hacer.


1/13/2014

دبريم ٣٢ْ١-٢-Devarim / Deuteronomio 33:1-2: ¿HaShem se revelo ante Mahoma en la Meca?

Pintura que muestra a Mahoma con las manos alzadas en oración, de pie en el Monte de la Luz en La Meca. Siyer-i Nebi (Biografía del Profeta), Estambul, territorio otomano, 1595-96.
Biblioteca del Palacio de Topkapi, Estambul, H. 1222, fol. 158v.
Fotografía de Hadiye Cangökçe.

Aḥmad ibn ʿUmar ibn Ibrāhīm al-Qurṭubí, conocido como Ibn al-Muzayyin (1182-1258), afirma en su obra al-Iʿlām bi-mā fī dīn al-Naṣārā que una traducción del hebreo al árabe de Devarim 33:1-2 revela la profecía de la venida de Muhammad en la Meca. Cita el siguiente texto: 

בָּא אַלְלַّה מִסִּינַי וְזָרַח מִשֵּׂעִיר הוֹפִיעַ מֵהַר פָּארָן (מַכָּה הַמְקֻדֶּשֶׁת) וְעִמּוֹ רִבְבוֹת קֹדֶשׁ
جَاءَ اللَّهُ مِنْ سِينَاءَ وَأَشْرَقَ مِنْ سَعِيرَ وَتَلَأْلَأَ مِنْ جَبَلِ فَارَانَ (مَكَّةَ الْمُكَرَّمَةِ) وَمَعَهُ رَبَوَاتٌ مِنَ الْمُقَدَّسِينَ

(“Aláh vino del Sinaí, fulguró desde Seír y resplandeció desde los montes de Parán —la Meca—, y con él un grupo de los santos”). 

Ibn al-Muzayyin aclara que esta versión traduce lo que él llama "el texto hebreo" de la bendición mosaica, y desarrolla su lectura explicando que la venida desde el Sinaí señala la entrega de la Torá a Moshé, que el resplandor desde Seír —monte que identifica con los griegos edomitas— señala el surgimiento del cristianismo, y que la manifestación desde Farán señala el envío de Muhammad:

فَمَجِيئُهُ مِنْ جَبَلِ سِينَاءَ: أَنَّ اللهَ أَنْزَلَ فِيهِ التَّوْرَاةَ وَكَلَّمَ عَلَيْهِ مُوسَى؛ وَإِشْرَاقُهُ مِنْ جَبَلِ سَاعِيرَ: أَنَّ دِينَ الْمَسِيحِ إِنَّمَا أَشْرَقَ مِنْ جِبَالِ سَاعِيرَ، وَهِيَ جِبَالُ الرُّومِ مِنْ أَدُومَ؛ وَاسْتِعْلَانُهُ مِنْ جِبَالِ فَارَانَ: أَنَّ اللهَ تَعَالَى بَعَثَ مِنْهَا مُحَمَّدًا صَلَّى اللهُ عَلَيْهِ وَسَلَّمَ وَأَوْحَى إِلَيْهِ فِيهَا

(“Su venida desde el monte Sinaí: que Dios hizo descender en él la Torá y habló allí a Moshé; su resplandecer desde el monte Seír: que la religión del Mesías resplandeció desde los montes de Seír, que son los montes de los griegos, de Edom; y su manifestarse desde los montes de Farán: que Dios envió desde allí a Muhammad —la paz sea con él— y le reveló allí Su revelación”).

Refuerza su argumento invocando Bereshit 21:21, donde Ismael se asienta en el desierto de Farán:

וְאֵין חוֹלֵק כִּי פָארָן הִיא «מַכָּה», וַהֲלֹא נֶאֱמַר בַּתּוֹרָה: «הוֹשִׁיב הָאֵל אֶת הָגָר וְאֶת בְּנָהּ יִשְׁמָעֵאל בְּפָארָן» 

وَلَا اخْتِلَافَ أَنَّ فَارَانَ: «مَكَّةُ»، وَقَدْ قَالَ فِي التَّوْرَاةِ: «إِنَّ اللهَ أَسْكَنَ هَاجَرَ وَابْنَهَا إِسْمَاعِيلَ فَارَانَ» (تكوين ٢١: ٢١)

(“Y no hay discrepancia en que Farán es «Meca»; pues se dijo en la Torá: «Dios asentó a Hagar y a su hijo Ismael en Farán»” [Génesis 21:21]). (p. 33) 

Refutación.

Esta identificación es, sin embargo, tardía dentro de la propia historia del texto que pretende interpretar. El Targum al-Jumash de RaSa"G (R' Saadia Gaón, 882-942) —la traducción judeoárabe de mayor autoridad filológica, redactada casi dos siglos y medio antes de que naciera Ibn al-Muzayyin— vierte el pasaje así:



وَهَذِهِ الْبَرَكَاتُ الَّتِي بَارَكَ بِهَا مُوسَى رَسُولُ اللَّهِ بَنِي إِسْرَائِيلَ قَبْلَ مَوْتِهِ. وَقَالَ: اللَّهُمَّ الَّذِي تَجَلَّى لَنَا مِنْ طُورِ سِينِي، وَأَشْرَقَ بِنُورِهِ مِنْ جَبَلِ شَعِيرَ، وَلَوَّحَ بِهِ مِنْ جَبَلِ فَارَانَ، وَأَتَى رِبْوَاتِ الْقُدْسِ بِشَرِيعَةِ نُورٍ مِنْ يَمِينِهِ لَهُمْ.
וְהַדִ֗הִ אַלְבַּרַכַּאת אַלַّדִ֗'י בַּארַךְ בִּהַא מוּסִי רַסוּל אַלְלַّה בַּנִי אִסְרַאאִיל קַבְּל מַוְתִה. וְקַאל אַלְלַّהֻםּ אַלַّדִ֗י תַגַ֗לַּי לַנַא מִן טוּר סִינִי וְאַשְׁרַק בִּנוּרִה מִן גַ֗בַּל שַׁעִיר וְלוּחַ בִּה מִן גַ֗בַּל פַארַן וְאַתִי רַבְּוַאת אַלְקֻדְס בִּשַׁרִיעַה נוּר מִן יַמִינִה לַהֻם 

[1] Y estas son las bendiciones con las que מוסי/مُوسَى (Musa, Moshé), רסול אללה/رَسُولُ اللَّهِ (el Mensajero de Dios), bendijo a los hijos de Israel antes de su muerte.  

[2] Y dijo: «¡Oh אללהם/اللَّهُمَّ (el Eterno), que se nos manifestó desde el monte Sinaí, y resplandeció con Su luz desde el monte Seír, e hizo relucir esa luz desde el monte Parán, y llegó a las miríadas de la santidad —רבואת אלקדס/رِبْوَاتِ الْقُدْسِ— con una ley de luz —בשריעה נור/بِشَرِيعَةِ نُورٍ— desde Su diestra, para ellos!»


RaSa"G sigue en este Targum la interpretación de Rash"i: la bendición del versículo 1 recae exclusivamente sobre Israel, y Mosheh es llamado רסול אללה (Rasul Allah), sin que en ningún momento del pasaje se mencione a Muhammad. El versículo 2 emplea tres verbos causativos deliberadamente distintos —تجلى, أشرق, لوّح— para traducir la secuencia hebrea בָּא / זָרַח / הוֹפִיעַ, subrayando que la misma luz de la Torá se ofreció sucesivamente en el Sinaí, en Seír y en Parán: primero a Israel, luego, según explican Rash"i y Rabeinu Bajya Ibn Pakuda, a los descendientes de Esav, que la rechazaron, y finalmente a los hijos de Ismael en Parán, que también la rechazaron. En ningún momento de esta secuencia introduce RaSa"G una glosa toponímica que identifique Parán con un lugar distinto del que ya nombra el texto masorético. El sintagma final, רבואת אלקדס/رِبْوَاتِ الْقُدْسِ, traduce de manera literal y directa el hebreo רִבְּבֹת קֹדֶשׁ, "miríadas de santidad" —lectura que ya sigue el propio Targum Onkelos al verter la expresión como רִבְּוָת קַדִישִׁין, "miríadas de santos/ángeles"—, aplicado por la tradición midráshica (Sifrei 33:2) a las huestes angélicas que acompañaron la entrega de la Torá.

Conviene detenerse en la elección léxica de RaSa"G en este punto, porque no es trivial: אלקדס/القدس era, en el siglo X, un término en plena formación como topónimo. El nombre árabe dominante para Jerusalén seguía siendo entonces بيت المقدس (calco del hebreo בֵּית הַמִּקְדָּשׁ); la forma abreviada القدس apenas empezaba a circular como alternativa, y no se impondría de manera generalizada sino generaciones después —el propio geógrafo al-Maqdisí (m. 991), casi contemporáneo de RaSa"G, sigue llamando a su ciudad natal بيت المقدس en su obra mayor—. RaSa"G, por tanto, no recurre al nombre ya asentado de la ciudad santa, sino a la raíz abstracta ق-د-س/ק-ד-ש ("santidad"), cognada en ambas lenguas, que es el equivalente léxico más directo y económico del hebreo bíblico; si hay en su elección algún eco del topónimo emergente, ese eco remite exclusivamente a Jerusalén, la única ciudad a la que dicha raíz se asociaba toponímicamente en el árabe de su época.

Resulta significativo, precisamente por ello, que Ibn al-Muzayyin trate esa misma expresión hebrea —רִבְבוֹת קֹדֶשׁ— de un modo enteramente distinto y sin ningún precedente que lo respalde. En su cita, la funde gramaticalmente con la cláusula de Parán mediante וְעִמּוֹ/وَمَعَهُ ("y con él"), leyendo "y con él, miríadas de los santificados" —وَمَعَهُ رَبَوَاتٌ مِنَ الْمُقَدَّسِينَ—, como si esas "miríadas" reforzaran la santidad del lugar que acaba de glosar como "la Meca". Es decir, Ibn al-Muzayyin toma la misma raíz ق-د-س que RaSa"G, tres siglos antes, había empleado siguiendo su resonancia natural hacia Jerusalén, y la redirige por completo hacia la Meca, sin que exista precedente textual alguno —ni en el hebreo masorético, ni en la traducción judeoárabe más autorizada, ni en la evolución toponímica documentada del propio término árabe, que en el siglo X apuntaba a Jerusalén y no a la Meca— que sostenga ese desplazamiento. La operación solo es posible, además, porque Ibn al-Muzayyin necesita fusionar ambas cláusulas mediante "y con él"; RaSa"G, en cambio, mantiene רבואת אלקדס como cláusula gramaticalmente independiente de la que menciona a Parán, siguiendo la separación de miembros del propio texto masorético, de modo que su traducción no ofrece ese punto de apadeo sintáctico. La mención de "Su diestra" —מן ימינה/مِنْ يَمِينِهِ, eco del hebreo מִימִינוֹ— queda, en RaSa"G, ligada a la entrega de la ley, no al monte de Ismael ni a ninguna santidad atribuida a Parán.

Esta ausencia de toda identificación de Parán con la Meca no se limita al testimonio judío: el propio Corán, en el pasaje que más de cerca roza la imaginería teofánica de Devarim 33:2, ancla el motivo de "la diestra" al Sinaí. Sura Maryam 19:51-53 dice:

وَٱذۡكُرۡ فِی ٱلۡكِتَٰبِ مُوسَىٰۤۚ إِنَّهُۥ كَانَ مُخۡلَصًۭا وَكَانَ رَسُولًۭا نَّبِيًّۭا وَنَٰدَيۡنَٰهُ مِن جَانِبِ ٱلطُّورِ ٱلۡأَيۡمَنِ وَقَرَّبۡنَٰهُ نَجِيًّۭا وَوَهَبۡنَا لَهُۥ مِن رَّحۡمَتِنَآ أَخَاهُ هَٰرُونَ نَبِيًّۭا

(“Y menciona en el Libro a Musa: fue en verdad sincero, y fue un mensajero, un profeta. Lo llamamos desde el lado derecho del Monte, y lo acercamos en confidencia. Y le concedimos, por Nuestra misericordia, a su hermano Harún como profeta”); corpus árabe según corpuscoranicum.de). 

Gabriel Said Reynolds señala, en su comentario a este pasaje, que الطُّور (“el Monte”, con artículo determinado y sin más especificación) es en el Corán una designación fija y recurrente exclusivamente del Sinaí: así en 2:63, 2:93, 4:154, 20:80, 23:20, 28:29, 28:46, 52:1 y 95:2 (The Qur'an and the Bible: Text and Commentary, pp. 481-482).

Es decir, cuando el texto coránico dice simplemente "el Monte", su audiencia original entendía sin ambigüedad que se trataba del Sinaí, nunca de otro monte bíblico. Reynolds observa además que la fórmula de 19:52, مِن جَانِبِ الطُّورِ الْأَيْمَنِ (“desde el lado derecho del Monte”), no es un motivo aislado, sino que reaparece en la escena paralela de Sura 28: en 28:29 Mosheh ve un fuego “en el lado de un monte”, y en 28:30 es llamado “desde la orilla derecha del valle” —مِن شَاطِئِ الْوَادِ الْأَيْمَنِ—, motivo que se repite en 28:44. Reynolds sugiere que esta insistencia coránica en “el lado derecho” del lugar de la teofanía guarda relación con el מִימִינוֹ (“desde Su diestra”) de Devarim 33:2. Si esta conexión intertextual —propuesta por uno de los especialistas contemporáneos más reconocidos en el estudio comparado del Corán y la Biblia— es acertada, entonces el dato es doblemente significativo para la refutación de Ibn al-Muzayyin: no solo el hebreo masorético y su traducción judeoárabe más autorizada omiten cualquier vínculo entre Parán y Arabia, sino que el propio Corán, en su eco verbal más cercano al versículo que Ibn al-Muzayyin explota, sitúa el motivo de “la diestra” en el Sinaí —el mismo monte al que ya remite RaSa"G con תג̇לי לנא מן טור סיני— y no en Parán. La identificación de Parán con la Meca carece así de apoyo tanto en la fuente que se pretende interpretar (el texto hebreo) como en la fuente en cuyo nombre se interpreta (el Corán).

Esa misma ausencia es congruente con la exégesis talmúdica y midráshica anterior al Islam. El Talmud Bavlí, en Avodá Zará 2b, pregunta por qué, si a las naciones gentiles nunca se les ofreció la Torá, el versículo describe a Dios viniendo también desde Seír y Parán:

וממשיך המדרש: אחרי שהקב"ה שואל את כל העמים האם עסקו בתורה, אומרים לפניו העמים:רבונו של עולם, כלום נתת לנו את התורה ולא קיבלנוה? וכיון שלא נתת אותה לנו — מדוע עלינו לתת את הדין על שלא קיימנוה? ושואלים: ומי מצי למימר הכי [והאם יכולים לומר כך] שלא נתן להם?והכתיב [והרי נאמר] בתיאור נתינת התורה: "ויאמר ה' מסיני בא וזרח משעיר למו" (דברים לג, ב), וכתיב[ונאמר]: "אלוה מתימן יבוא וקדוש מהר פארן" (חבקוק ג, ג), ויש לשאול: מאי בעי [מה מבקש] ה'בשעיר, ומאי בעי [ומה מבקש] בפארן? שהרי לא שם ניתנה התורה!

(Las naciones dirán ante Dios: Maestro del universo, ¿nos diste la Toráh y no la aceptamos? Como nunca recibimos la Toráh, ¿por qué nos juzgan por no cumplir con sus mitzvot? La Gemara pregunta: ¿ Y puede uno decir que nunca se les ofreció la Toráh? Pero no está escrito en la descripción de la entrega de la Torá: "Y él dijo: El Eterno vino de Sinaí, y se levantó de Seir a ellos" (Deuteronomio 33:2), y está escrito: "Dios viene de Teiman y el Santo del monte Paran ”(Habacuc 3:3). Y los sabios preguntaron: ¿Qué hizo Dios?¿Requerir en Seir y qué exigió Él en Paran? La Torá no fue dada en esos lugares.). 

La Guemará responde que Dios ofreció la Torá también a los descendientes de Esav y de Ismael, y que ambos la rechazaron —la misma lectura que recoge el Targum de RaSa"G—. R’ Yojanán ben Zakay interpreta, en un sentido complementario, que la venida desde Parán alude a la riqueza de las naciones gentiles que terminó por entregarse a Israel (Bavá Kama 38a); R’ Yishmael sostiene que Israel es el único pueblo capaz de sostener la ley ardiente de la Torá (Beitzá 25b); y la escuela de R’ Sheilá explica que fue el propio Dios quien la entregó en la mano de Moshé (Sotá 4b). El místico andalusí Rabeinu Bajya Ibn Pakuda resume esta misma tradición:

ובמדרש ה' מסיני בא וזרח משעיר, שפתח לבני שעיר שיקבלו התורה ולא רצו, הופיע מהר פארן שהלך משם ופתח לבני ישמעאל שיקבלוה ולא רצו ואתא לישראל. הזכיר הכתוב כל זרע אברהם שלא רצו לקבל התורה כי אם ישראל זרע יעקב בלבד, ומה שהזכיר עשו וישמעאל הוא הדין לכל שאר האומות, וכן דרשו רז"ל חזר הקב"ה על כל אומה ולשון ולא קבלוה עד שבאו ישראל וקבלוה.

(“Y en el midrash” [dice], 'El Eterno vino del Sinaí y brilló desde Seir', que abrió a los hijos de Seir para que recibieran la Torá y no quisieron, 'apareció desde el monte Parán', que fue allí y abrió a los hijos de Ishmael para que la recibieran y no quisieron, y vino a Israel. La Escritura menciona a toda la descendencia de Avraham que no quiso recibir la Torá excepto Israel, la descendencia de Ya'acov solamente, y lo que menciona sobre Esav e Ismael es lo mismo para todas las demás naciones, y así interpretaron nuestros sabios de bendita memoria: El Santo, bendito sea, se acercó a toda nación y lengua y no la aceptaron hasta que vinieron los israelitas y la aceptaron.”).

El valor del testimonio de RaSa"G en esta discusión no es meramente anticuario. Su Tafsir no es una traducción judía interna, producida al margen del mundo árabe-islámico, sino la obra de un gaón que vivió y trabajó dentro del propio califato abasí, dominó el árabe clásico al nivel de los teólogos musulmanes de su entorno —lo bastante bien como para responder directamente a al-Jāḥiẓ sobre la naturaleza de Dios— y compuso su traducción precisamente para que resistiera el escrutinio de esos interlocutores. Por eso su testimonio pesa de un modo distinto al de una traducción moderna o al de una polémica judía tardía: es un texto anterior en varios siglos a la propia formulación del argumento de Ibn al-Muzayyin, redactado en el mismo idioma y dentro del mismo universo intelectual que la apologética islámica dice interpretar, y aun así no contiene el más mínimo rastro de la lectura que se le querría atribuir retrospectivamente. Frente a un interlocutor que invoca "la traducción del hebreo al árabe" como prueba de una profecía, oponerle no una traducción posterior sino la traducción árabe más antigua y filológicamente más solvente que existe —y mostrar que dice otra cosa— es un argumento de autoridad textual que ninguna apologética seria puede descartar sin más. Es, en ese sentido, un recurso permanentemente vigente: cada vez que se repita la afirmación de que "la traducción árabe de la Torá" apunta a Parán como la Meca, el Targum de RaSa"G sigue ahí, anterior a cualquier formulación conocida de esa tesis, para mostrar que no es así.

La convergencia de tres testimonios independientes —el Targum judeoárabe de RaSa"G en el siglo X, la exégesis talmúdica y midráshica que lo antecede, y el propio Corán en su capa más antigua de alusión a Devarim 33, según el análisis de Reynolds— deja a la lectura de Ibn al-Muzayyin sin ningún punto de apoyo textual anterior a ella misma. Ni el hebreo masorético, ni su traducción árabe más autorizada, ni el Corán que Ibn al-Muzayyin dice defender, sitúan a Parán en Arabia ni ligan la diestra divina a ese monte. La identificación de Parán con la Meca y con la profecía de Muhammad es, en suma, una construcción retrospectiva de la apologética islámica medieval, ajena por igual a la fuente hebrea y a la fuente coránica que pretende conciliar.