Por Neshamot Deot
Primera parte: La historia del Libro de Abraham según las fuentes mormonas
La narrativa institucional sobre los orígenes del Libro de Abraham opera como un relato de recuperación providencial que vincula la antigüedad patriarcal con la restauración moderna del sacerdocio tal y como se prescribe en el imaginario doctrinal del Mormonismo. Según los manuales de estudio y las publicaciones autorizadas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD), la procedencia del texto se remonta a las excavaciones realizadas entre 1818 y 1822 cerca de la antigua Tebas, en Egipto, bajo la dirección del explorador italiano Antonio Lebolo (referido en algunas fuentes mormonas tempranas como Antonio Sebolo). Tras la muerte de Lebolo en Trieste, su colección de once momias y rollos de papiro fue heredada a su sobrino Michael H. Chandler, quien los trasladó a Estados Unidos y comenzó a exhibirlos como curiosidades arqueológicas (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36; Robinson, s. f., p. 1).
El encuentro decisivo ocurrió en julio de 1835 en Kirtland, Ohio, cuando Chandler presentó los rollos a Joseph Smith. Según el relato institucional, Smith examinó los caracteres y, con la asistencia de los escribas Oliver Cowdery, W. W. Phelps y posteriormente Warren Parrish, afirmó haber identificado en uno de los rollos los escritos autógrafos del patriarca bíblico Abraham. Chandler quedó tan impresionado que emitió un certificado fechado el 6 de julio de 1835, en el que declaraba que la interpretación de Smith coincidía «hasta los mínimos detalles» con traducciones parciales obtenidas previamente de otros académicos (Historia de la Iglesia, tomo 2, p. 236, citado en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36; Larson, 2001, cap. 1).
Poco después, un grupo de miembros de la Iglesia adquirió la colección completa por 2.400 dólares, una suma considerable para la época, con el propósito expreso de preservar los anales para su estudio y traducción (Larson, 2001, cap. 1; La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36). Smith inició de inmediato lo que denominó «traducción» de los jeroglíficos. Sus diarios y la Historia de la Iglesia registran entradas recurrentes entre noviembre y diciembre de 1835 con frases como: «Pasé el día traduciendo los registros egipcios» y «hicimos progreso rápido» (Historia de la Iglesia, tomo 2, pp. 318, 320, citado en Robinson, s. f., p. 1). En este proceso, Smith también desarrolló lo que denominó un «Alfabeto y Gramática del Idioma Egipcio», un cuaderno manuscrito que relacionaba caracteres egipcios con significados en inglés mediante un sistema de «grados» y «partes conectivas del habla» (Larson, 2001, cap. 9).
La publicación del texto se vio interrumpida por la persecución externa, la crisis económica del Kirtland Safety Society, la expulsión de Missouri y el encarcelamiento de Smith en Liberty. No fue hasta 1842, ya establecido en Nauvoo, Illinois, cuando Smith reanudó el trabajo y publicó el texto en entregas en el periódico Times and Seasons, acompañado de tres ilustraciones denominadas «Facsímiles», con explicaciones atribuidas a revelación divina (Larson, 2001, cap. 2; La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36). El encabezado original de la publicación de 1842 afirmaba que se trataba de «una traducción de algunos registros antiguos… que pretenden ser los escritos de Abraham, mientras estaba en Egipto, llamado el Libro de Abraham, escrito por su propia mano, sobre papiro» (Robinson, s. f., p. 1). Curiosamente, la edición de 1878 de la Perla de Gran Precio, preparada bajo la supervisión del apóstol Orson Pratt, eliminó la frase «que pretenden ser», consolidando así la afirmación de autoría abrahámica directa y traducción literal en el canon institucional (Larson, 2001, cap. 3).
Finalmente, en octubre de 1880, la conferencia general de la Iglesia votó por sostener la Perla de Gran Precio como escritura canónica, integrando el Libro de Abraham como el cuarto libro estándar del movimiento SUD (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 6). Desde la perspectiva mormona, este proceso no solo es histórico, sino, sobre todo, teológico: el texto se presenta como una restauración de verdades patriarcales perdidas, un testimonio de la línea de autoridad del sacerdocio de Melquisedec y una clarificación de narrativas bíblicas ambiguas (como el episodio de Sarai en Egipto o la naturaleza de la Creación) (Robinson, s. f., pp. 2-3; La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, pp. 36-48).
Esta narrativa institucional cumple una función estructural clara: vincula la autoridad profética moderna con la antigüedad bíblica, legitima doctrinas emergentes (pluralidad de dioses, existencia preterrenal, exaltación humana) y establece un marco hermenéutico en el que la «traducción» se entiende como un acto revelatorio más que filológico. La historia oficial, por tanto, no solo relata un hallazgo arqueológico, sino que performa una teología de la restauración que se sostendrá frente a futuras controversias.
Teniendo en cuenta lo anterior, el objetivo de este ensayo es desentrañar el papel del denominado Libro de Abraham en la génesis de la doctrina mormona interna, sirviendo como estudio de caso sobre los mecanismos de fabricación textual empleados para consagrar la doctrina de un líder. La metodología del trabajo es secuencial: inicia con la reconstrucción de la historia del libro desde la perspectiva de las fuentes mormonas tal y como la presentar en esta primera parte, seguida de una descripción fenomenológica de su contenido textual, exenta por el momento de crítica. Acto seguido, se escudriñan las inconsistencias del texto y las evidencias de los papiros, enmarcadas en el contexto epistemológico de la egiptología decimonónica. Posteriormente, se somete a escrutinio el ejercicio académico mormón, indagando si este logra establecer una frontera clara entre historia y teología o si, por el contrario, opera una apologética que subvierte los criterios científicos bajo una lógica ideológica. El recorrido culmina con un análisis crítico-semiótico de la función de este libro en el imaginario mormón y las conclusiones derivadas de dicha investigación.
Segunda parte: El contenido textual del Libro de Abraham — Descripción estructural y temática
El Libro de Abraham, tal como se presenta en la Perla de Gran Precio, consta de cinco capítulos y tres ilustraciones denominadas "Facsímiles", cada una acompañada de explicaciones atribuidas a revelación profética. Su estructura narrativa sigue un orden cronológico-biográfico que pretende relatar episodios de la vida del patriarca Abraham, con énfasis en sus experiencias en la tierra de Ur de los caldeos, su liberación de un sacrificio ritual, su viaje a Egipto y sus visiones cosmológicas y teológicas. A continuación, se describe el contenido capítulo por capítulo, sin entrar, por el momento, en valoraciones críticas sobre su historicidad o procedencia tal como ya se enunció.
Abraham 1: La búsqueda del sacerdocio y el intento de sacrificio
El capítulo inaugural establece el marco genealógico y geográfico del relato. Abraham se presenta como descendiente de una línea patriarcal que poseía "el derecho del sacerdocio" y los "anales de los padres", supuestos documentos sagrados que transmitían autoridad y conocimiento divino (Abraham 1:3-4, 28, 31). La narrativa sitúa la acción en "la tierra de los caldeos", donde Abraham observa que sus padres y la comunidad han abandonado la justicia para adorar "dioses de los paganos", entre ellos "el dios de Elkenah, y el dios de Libnah, y el dios de Mahmackrah, y el dios de Korash, y el dios de Faraón, rey de Egipto" (Abraham 1:5-7).
El conflicto central surge cuando Abraham, al predicar contra la idolatría y los sacrificios humanos, es capturado por "el sacerdote de Elkenah", quien intenta ofrecerlo en sacrificio sobre un altar. La escena se describe con detalle ritual: Abraham es atado, el sacerdote levanta un cuchillo, y el patriarca eleva su voz en oración. La intervención divina se manifiesta mediante un ángel que lo libera y destruye al sacerdote y su altar (Abraham 1:15-20). Este episodio culmina con una teofanía: Jehová se aparece a Abraham, le confirma el convenio patriarcal y le ordena abandonar su tierra para dirigirse a un lugar que Él le mostraría (Abraham 1:16-19; 2:1).
El Facsímile 1, insertado tras el versículo 19, ilustra esta escena. Según las explicaciones adjuntas, representa: (1) a Abraham sobre un altar; (2) al "sacerdote inicuo de Elkenah" intentando sacrificarlo; (3) un ídolo con forma de ave; (4) un altar con cuatro figuras que representan a los dioses mencionados; y (5) "el dios de Elkenah", identificado con una figura de cabeza de halcón (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 39).
Facsímile del Libro de Abraham Núm. 1.[^1]
Abraham 2: El convenio y el viaje a Egipto
Este capítulo narra el cumplimiento del mandato divino. Abraham parte de Ur con su familia, se detiene en Harán, y allí recibe una nueva manifestación del Señor, quien renueva las promesas del convenio: descendencia numerosa, posesión de la tierra de Canaán, y la bendición de todas las familias de la tierra mediante su posteridad (Abraham 2:6-11). El texto enfatiza la dimensión sacerdotal del convenio: Abraham y su simiente recibirían el derecho de administrar el sacerdocio y predicar el Evangelio a todas las naciones (Abraham 2:9-11).
El relato continúa con el viaje a Egipto, donde Abraham, ante el peligro de que su esposa Sarai sea tomada por los egipcios, recibe instrucción divina para presentarla como su hermana (Abraham 2:22-25). Esta decisión, explicada como obediencia a un mandato específico, permite que Abraham y Sarai sean recibidos en la corte de Faraón. El capítulo concluye con Abraham enseñando astronomía y principios religiosos a los egipcios, estableciendo así su rol como maestro de sabiduría divina en tierra extranjera (Abraham 2:15-21).
Abraham 3: La visión astronómica y la existencia preterrenal
El tercer capítulo marca un giro cosmológico. Abraham, utilizando el "Urim y Tumim", contempla los cielos y recibe instrucción divina sobre la naturaleza de los cuerpos celestes. Se introduce el concepto de Kólob (o, Kolob), descrito como la estrella "más cercana a la presencia de Dios" y "la que gobierna a todas las demás" (Abraham 3:2-3, 9, 16-17). El texto explica un sistema de medición del tiempo basado en la relación orbital de los planetas con Kólob, estableciendo una jerarquía cósmica que refleja una jerarquía espiritual (Abraham 3:4-10)[^2].
La revelación se extiende a la existencia preterrenal. Abraham ve "las inteligencias que fueron organizadas antes que existiera el mundo" y aprende que entre ellas había "nobles y grandes" a quienes Dios designó como gobernantes en la tierra (Abraham 3:22-23). Se describe un consejo divino donde Jesucristo y Lucifer presentan planes opuestos para la salvación humana; Cristo es escogido, y Lucifer, rechazado, se rebela y es expulsado (Abraham 3:27-28). Este pasaje establece doctrinas fundamentales para la teología SUD: la preexistencia de los espíritus, el albedrío moral como propósito de la vida terrenal, y la guerra en los cielos como origen del conflicto cósmico entre el bien y el mal (Abraham 3:24-26).
Abraham 4-5: La creación de la tierra
Los capítulos finales relatan la creación del mundo desde una perspectiva pluralista. A diferencia del relato bíblico de Génesis, donde Dios (Elohim) crea en singular, aquí "los Dioses" (the Gods) planifican y ejecutan la creación en consejo mutuo (Abraham 4:1, 26-27; 5:1-5). El proceso se describe en seis "tiempos" o periodos, durante los cuales los Dioses "organizan" la tierra a partir de materia preexistente, no ex nihilo (Abraham 3:24; 4:1).
Cada acto creativo sigue un patrón: los Dioses consultan entre sí, emiten un mandato ("Y dijeron: Hágase..."), y la creación obedece. Se enfatiza la intencionalidad y el orden: la luz, el firmamento, la tierra seca, los astros, las criaturas vivientes y, finalmente, el hombre y la mujer, creados "a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Abraham 4:26-27). El relato culmina con la institución del sábado como día de descanso divino y la presentación de Adán y Eva como compañeros eternos, unidos en matrimonio por autoridad celestial (Abraham 5:1-21).
Los Facsímiles 2 y 3: Ilustraciones doctrinales
El Facsímile 2 es un hipocéfalo, un amuleto funerario egipcio que, según las explicaciones adjuntas, representa "la gloria de Dios" y "los misterios del reino celestial". Sus figuras y jeroglíficos se interpretan como símbolos de la creación, el sacerdocio, la resurrección y la exaltación (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 47). La explicación de la figura 7, por ejemplo, identifica a Dios sentado sobre su trono, revelando "el gran secreto de su poder" a través de las "llaves del Santo Sacerdocio".
Facsímile del Libro de Abraham Núm. 2.[^3]
El Facsímile 3 muestra a Abraham "sentado en el trono de Faraón", enseñando principios de astronomía y astrología a la corte egipcia. Las figuras se identifican como Abraham (con corona que representa el sacerdocio), Faraón (con corona que representa la realeza), y diversas deidades egipcias reinterpretadas en clave abrahámica (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 47).
Facsímile del Libro de Abraham núm. 3[^4].
Características literarias y teológicas distintivas
Desde una perspectiva estrictamente descriptiva, el Libro de Abraham presenta varias características notables:
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Narrativa en primera persona: A diferencia del relato bíblico de Abraham en Génesis (tercera persona), aquí el patriarca narra su propia historia, lo que otorga una sensación de inmediatez y autoridad autoral.
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Fusión de géneros: El texto combina autobiografía patriarcal, revelación cosmológica, instrucción sacerdotal y exégesis de imágenes, creando un género híbrido único en la literatura religiosa occidental.
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Doctrinas distintivas: El libro introduce o elabora conceptos centrales para el mormonismo: la naturaleza plural de la Divinidad en la Creación, la preexistencia de los espíritus, la exaltación humana como potencial divino, y la continuidad del sacerdocio desde los patriarcas hasta la restauración moderna.
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Hermenéutica de los facsímiles: Las explicaciones de las ilustraciones operan bajo una lógica simbólico-revelatoria, donde elementos iconográficos egipcios se reinterpretan para transmitir verdades doctrinales SUD, independientemente de su significado original en el contexto funerario egipcio.
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Estructura cíclica: El relato comienza y termina con temas de sacerdocio, convenio y enseñanza, enmarcando la narrativa biográfica dentro de un propósito teológico: legitimar la autoridad sacerdotal moderna mediante su vínculo con Abraham.
Esta descripción textual, limitada a lo que el libro afirma sobre sí mismo, proporciona la base necesaria para examinar, en las secciones siguientes, las dudas históricas, la evidencia papirológica y las estrategias apologéticas que han surgido en torno a su autenticidad y significado.
Tercera parte: Las dudas sobre el contenido del Libro de Abraham — Examen crítico de las afirmaciones textuales
A pesar de la narrativa institucional que presenta el Libro de Abraham como una traducción literal de un registro autógrafo del patriarca bíblico, numerosas dudas han surgido desde el siglo XIX respecto a la historicidad, la procedencia y la coherencia interna del texto. Estas dudas no provienen únicamente de críticos externos a la Iglesia, sino también de académicos mormones[^5] que, desde dentro de la tradición de fe, han planteado interrogantes legítimos sobre la relación entre las afirmaciones proféticas y la evidencia disponible. En esta sección, examinamos las principales líneas de cuestionamiento que han sido formuladas a lo largo del tiempo, organizándolas en cuatro ejes analíticos: (1) las discrepancias filológicas entre el texto inglés y los papiros identificados; (2) los anacronismos históricos y geográficos; (3) las inconsistencias internas del relato; y (4) las tensiones entre las explicaciones de los facsímiles y la egiptología académica.
1. La discrepancia filológica: ¿Traducción o revelación?
La afirmación central del Libro de Abraham es que constituye "una traducción de algunos registros antiguos... que pretenden ser los escritos de Abraham, mientras estaba en Egipto, llamado el Libro de Abraham, escrito por su propia mano, sobre papiro" (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36). Sin embargo, desde el redescubrimiento de los fragmentos de papiro en 1967, los egiptólogos han identificado consistentemente los documentos fuente —específicamente el Papiro Joseph Smith I y XI— como porciones del Libro de las Respiraciones, un texto funerario egipcio del siglo I a.C.-I d.C. preparado para un sacerdote llamado Hor, hijo de Osorwer (Baer, 1968; Parker, 1968; Wilson, 1968, citados en Larson, 2001, cap. 7).
La traducción académica de estos fragmentos no contiene ninguna referencia a Abraham, a su vida, a sus viajes o a sus enseñanzas. Por el contrario, el texto consiste en fórmulas mágicas destinadas a facilitar la respiración del difunto en el más allá, junto con instrucciones para los embalsamadores sobre cómo envolver el rollo con la momia (Larson, 2001, cap. 7; Thompson, 1995). Esta identificación ha generado una pregunta fundamental: si los papiros que Joseph Smith afirmó traducir no contienen el contenido que él atribuyó al Libro de Abraham, ¿en qué sentido puede considerarse que el texto inglés es una "traducción" del egipcio?
Los defensores mormones han propuesto varias respuestas a esta cuestión, que examinaremos en la quinta parte de este ensayo. Por ahora, basta señalar que la tensión entre la afirmación de traducción literal y la identificación egiptológica de los papiros constituye la duda más persistente y documentada sobre el Libro de Abraham. Como señala el Dr. Stephen E. Thompson, egiptólogo mormón con doctorado de la Universidad de Brown: "En mi opinión, [el libro de Charles Larson] es la mejor fuente a donde irse si desea saber lo que ha estado pasando con el Libro de Abraham... No hay nada escrito de un punto apologético que compara con este libro en cuanto a su exactitud y precisión" (Thompson, 1995, citado en el documento crítico proporcionado).
2. Anacronismos históricos y geográficos
Un segundo eje de duda se centra en los elementos del texto que parecen reflejar conocimientos del siglo XIX más que del segundo milenio a.C., época tradicionalmente asignada a Abraham. El Dr. Thompson (1995) identifica cuatro nombres particularmente problemáticos si el texto fuera autógrafo de Abraham (~2000-1500 a.C.):
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Caldea: El término "tierra de los caldeos" (Abraham 1:1) designa una región que no aparece en fuentes históricas con ese nombre hasta el primer milenio a.C., cuando los caldeos (o neo-babilonios) ascendieron al poder.
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Potifar: Nombre egipcio que aparece en fuentes del periodo tardío, no del Medio Bronce.
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Egyptus: Egiptismo anacrónico que parece reflejar una etimología popular del siglo XIX más que una designación antigua.
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Faraón (como título real): Aunque el término existía en el segundo milenio, su uso como título genérico para el monarca egipcio se consolidó posteriormente.
Desde la crítica histórica, los anacronismos son indicadores de composición tardía. La presencia de estos términos sugiere que el texto refleja conocimientos disponibles en 1842, no en la época abrahámica. Como señala Thompson (1995): "Yo creo que hay evidencia suficiente de anacronismos en el texto del Libro de Abraham para concluir que este no puede ser un hológrafo actual de Abraham, o sea, que no fue escrito 'por Abraham en papiro por su propia mano'".
Además, la ubicación de "Ur de los caldeos" ha sido objeto de debate. Mientras que la tradición bíblica y la arqueología sitúan Ur en el sur de Mesopotamia (actual Irak), algunos apologistas mormones han propuesto una ubicación siria para armonizar (forzar) el relato con ciertos elementos del texto (Hoskisson, 1989; Gee & Ricks, 2001). Sin embargo, esta tesis carece de consenso académico y plantea más preguntas de las que resuelve, particularmente respecto a la coherencia geográfica del itinerario abrahámico.
3. Inconsistencias internas y tensiones narrativas
Un tercer conjunto de dudas se refiere a tensiones internas dentro del propio texto del Libro de Abraham. Por ejemplo, el relato presenta a Abraham como poseedor de "los anales de los padres" y heredero legítimo del sacerdocio patriarcal (Abraham 1:3-4, 28, 31), pero simultáneamente describe a su padre como idólatra que intenta sacrificarlo (Abraham 1:5-7, 30). Esta tensión entre la legitimidad sacerdotal y la apostasía familiar requiere una explicación hermenéutica que el texto no proporciona explícitamente y que revela más bien las tensiones religiosas que Smith vivía en relación a su familia y entorno cercano.
Asimismo, la narrativa del intento de sacrificio (Abraham 1:7-20) presenta elementos que difieren significativamente de las tradiciones extrabíblicas sobre Abraham. Mientras que fuentes judías antiguas como el Génesis Apócrifo o el Testamento de Abraham desarrollan episodios de la vida del patriarca, ninguna de ellas incluye un relato de sacrificio ritual en Egipto con las características descritas en el Libro de Abraham. Esta singularidad narrativa, aunque no constituye una refutación per se, invita a preguntar sobre las fuentes y los modelos literarios que pudieron influir en la composición del texto.
Finalmente, la visión cosmológica de Abraham 3 introduce conceptos como Kólob, la medición del tiempo en otros planetas, y la jerarquía de inteligencias preterrenales, que no encuentran paralelo en las tradiciones abrahámicas antiguas. Si bien estos elementos son doctrinalmente significativos para el mormonismo, su ausencia en fuentes contemporáneas a Abraham plantea interrogantes sobre su procedencia histórica.
4. Las explicaciones de los facsímiles y la egiptología académica
El cuarto eje de duda se centra en las tres ilustraciones denominadas "Facsímiles" que acompañan al texto del Libro de Abraham. Según las explicaciones atribuidas a Joseph Smith, estas imágenes representan escenas de la vida de Abraham: el intento de sacrificio (Facsímil 1), un diagrama cosmológico (Facsímil 2) y Abraham enseñando astronomía en la corte de Faraón (Facsímil 3). Sin embargo, los egiptólogos han identificado consistentemente estas imágenes como documentos funerarios comunes:
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Facsímil 1: Representa una escena típica del Libro de los Muertos: el dios Anubis (con cabeza de chacal) preparando una momia para el entierro. La figura que Joseph Smith identifica como "el sacerdote inicuo de Elkenah" corresponde a Anubis; el "altar" es una cama de embalsamamiento con forma de león; y el ave voladora es el ba (alma) del difunto, que debería tener cabeza humana, no de pájaro (Baer, 1968; Parker, 1968).
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Facsímil 2: Es un hipocéfalo, un amuleto funerario colocado bajo la cabeza de la momia para protegerla mágicamente. Las figuras y textos que Joseph Smith interpreta como "secretos del templo" y "nombres divinos" corresponden a fórmulas de protección funeraria y a deidades del panteón egipcio (Rhodes, 1977).
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Facsímil 3: Muestra la escena del juicio de Osiris: el difunto Hor es conducido por Maat (diosa de la justicia) ante Osiris e Isis. La identificación de las figuras como Abraham y Faraón carece de base en el texto jeroglífico circundante, que menciona explícitamente al sacerdote Hor (Wilson, 1968).
La discrepancia entre las explicaciones de Smith y las identificaciones egiptológicas es particularmente significativa porque las porciones restauradas por Smith en los facsímiles (donde el papiro original estaba dañado) contienen los errores más evidentes. Esto sugiere que las "restauraciones" fueron conjeturas basadas en la iconografía disponible, no revelaciones de contenido original (Larson, 2001, cap. 10).
5. La respuesta institucional: Omisión, redefinición y desplazamiento
Frente a estas dudas, la respuesta institucional ha seguido tres estrategias principales:
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Omisión estratégica: El manual del maestro para el curso de religión 327 (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001) presenta la historia del Libro de Abraham sin mencionar la identificación egiptológica de los papiros ni la controversia académica. Esta omisión permite que los estudiantes aprendan la doctrina sin confrontar las objeciones históricas.
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Redefinición de "traducción": Algunos académicos mormones han propuesto que el término "traducción" en el contexto mormón puede referirse a un proceso revelatorio más que a una equivalencia lingüística convencional (Ludlow, 1992; Rhodes, 2005). Esta redefinición protege la afirmación de autenticidad de la falsación filológica, pero plantea preguntas sobre los criterios de validación de una "traducción" que no guarda relación verificable con el texto fuente.
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Desplazamiento del criterio de validación: En lugar de defender la equivalencia filológica, algunos apologistas han desplazado el debate hacia la "plausibilidad histórica" (Muhlestein & Gee, 2011), la "afinidad literaria" (Gee, 2013) o la "resonancia onomástica" (Barney, 2010). Estas estrategias buscan validar el contenido del Libro de Abraham mediante su "encaje" en el contexto del Antiguo Cercano Oriente, independientemente de la procedencia material del texto.
Estas respuestas ilustran una tensión epistemológica fundamental que se devela con una pregunta: ¿puede una afirmación de verdad religiosa ser resistente a la evidencia histórica sin caer en el fideísmo? Esta pregunta nos conduce a la siguiente sección, donde examinaremos la evidencia papirológica en su contexto histórico y metodológico.
Cuarta parte: Examen de la evidencia papirológica en su contexto histórico y egiptológico
Para comprender cabalmente la controversia en torno al Libro de Abraham, es indispensable examinar la evidencia material de los papiros atribuidos a Joseph Smith, considerando tanto su identificación egiptológica como el estado del conocimiento egiptológico en el momento de su adquisición (1835) y en el momento de su redescubrimiento (1967). Este análisis requiere distinguir entre lo que era posible saber en 1835 y lo que la egiptología contemporánea ha establecido con certeza.
El estado de la egiptología en 1835
Cuando Joseph Smith adquirió los papiros egipcios de Michael Chandler en julio de 1835, la disciplina de la egiptología académica se encontraba en una etapa temprana de desarrollo. La Piedra de Rosetta había sido descubierta en 1799, y Jean-François Champollion había anunciado el desciframiento de los jeroglíficos en 1822 (Gardiner, 1957). Sin embargo, el conocimiento del egipcio antiguo aún no se había difundido ampliamente fuera de círculos académicos especializados en Europa. En Estados Unidos, en 1835, no existían cátedras de egiptología ni expertos capaces de leer textos jeroglíficos o hieráticos con fluidez (Larson, 2001, cap. 9).
Esta circunstancia histórica es relevante porque permitió que las afirmaciones de Joseph Smith sobre su capacidad para "traducir" los papiros no pudieran ser verificadas ni refutadas por medios académicos en su momento. Como señala Larson (2001), "en aquel tiempo era difícil, sino imposible, ponerle a la prueba, pero hoy día sí se puede leer y entender el egipcio" (p. 18). La imposibilidad de verificación inmediata no invalida per se las afirmaciones de Smith, pero sí establece que la evaluación de su pretensión traductora debía esperar al desarrollo posterior de la disciplina.
El redescubrimiento de los papiros en 1967
Durante décadas, se creyó que los papiros originales de Joseph Smith habían sido destruidos en el Gran Incendio de Chicago de 1871 (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36). Sin embargo, en 1967, el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York transfirió once fragmentos de papiro a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tras identificarlos como parte de la colección original adquirida por los seguidores de Smith en 1835 (Gee, 2000). La identificación se basó en múltiples criterios: el reverso de algunos fragmentos contenía mapas arquitectónicos del templo de Kirtland y diseños de la zona de Ohio, lo que vinculaba físicamente los papiros con el contexto histórico mormón temprano (Nibley, 1968). Este redescubrimiento permitió, por primera vez, someter a examen egiptológico directo los documentos que Joseph Smith afirmó haber traducido. La pregunta central que surgió era: ¿corresponden los contenidos de los papiros identificados con el texto inglés del Libro de Abraham?
Identificación egiptológica de los fragmentos
Los once fragmentos recuperados fueron examinados por varios egiptólogos profesionales, tanto mormones como no mormones. El consenso académico que emergió de estos estudios es uniforme: los papiros de Joseph Smith no contienen ningún texto relacionado con Abraham, sino que corresponden a documentos funerarios egipcios comunes, fechados entre el siglo I a.C. y el siglo I d.C. (Baer, 1968; Parker, 1968; Wilson, 1968).
Papiro Joseph Smith I, X y XI: El Libro de las Respiraciones
Los fragmentos Papiro Joseph Smith I, X y XI forman parte de un mismo rollo identificado como el Libro de las Respiraciones (también conocido como Shait en Sensen), un texto funerario derivado del más extenso Libro de los Muertos. Este texto fue preparado para un sacerdote llamado Hor, hijo de Osorwer y de la dama Tikhebyt (Baer, 1968). Su función era proporcionar fórmulas mágicas para asegurar la respiración del difunto en el más allá, junto con instrucciones para los embalsamadores sobre cómo envolver el rollo con la momia (Larson, 2001, cap. 7).
La traducción académica de estos fragmentos no contiene ninguna referencia a Abraham, a su vida, a sus viajes o a sus enseñanzas. Por el contrario, el texto consiste en conjuros funerarios típicos de la religión egipcia tardía. Como señala Thompson (1995), "los egiptólogos quienes han comentado sobre las interpretaciones de Joseph [Smith] han declarado enfáticamente que sus interpretaciones no son correctas de la perspectiva del egiptólogo quien trata de interpretar la literatura e iconografía de la manera que él o ella cree que los egipcios ancianos lo habrían hecho" (p. 143).
Fragmento de papiro JSP I[^6]
Papiro Joseph Smith II, IV-IX: El Libro de los Muertos de Ta-shert-Min
Los fragmentos Papiro Joseph Smith II, IV, V, VI, VII, VIII y IX pertenecen a un Libro de los Muertos preparado para una mujer llamada Ta-shert-Min, hija de Nes-Khensu, fechado en la segunda mitad del período ptolemaico (Baer, 1968). Este texto contiene los capítulos típicos del Libro de los Muertos, incluyendo escenas del juicio de Osiris, fórmulas de protección y conjuros para el tránsito del difunto al más allá. Nuevamente, no existe ninguna conexión temática con el relato abrahámico.
Fragmento IV de los papiros JSP[^7]
Papiro Joseph Smith IIIA y IIIB: El Libro de los Muertos de Amon-Re Neferirnub
Estos dos fragmentos muestran una escena del capítulo 125 del Libro de los Muertos: el juicio de Osiris, donde la difunta Amon-Re Neferirnub es conducida por Maat ante el trono de Osiris (Wilson, 1968). Esta es una de las escenas funerarias más comunes en la iconografía egipcia y no guarda relación con la narrativa del Libro de Abraham.
Fragmento de papiro JSP IIIb IIIa[^8]
Datación paleográfica y contextual
La datación de los papiros se basa en criterios paleográficos (estilo de escritura), ortográficos, y contextuales (fórmulas textuales, iconografía). Los estudios coinciden en ubicar la producción de estos documentos entre el 50 a.C. y el 50 d.C., es decir, aproximadamente 1,800 años después de la época tradicionalmente asignada a Abraham (~2000-1500 a.C.) (Baer, 1968; Parker, 1968). Esta discrepancia cronológica constituye un anacronismo material: si el Libro de Abraham fuera efectivamente un registro autógrafo del patriarca bíblico, debería provenir de materiales contemporáneos a su vida, no de documentos producidos en el período grecorromano. Como señala Thompson (1995), "yo creo que hay evidencia suficiente de anacronismos en el texto del Libro de Abraham para concluir que este no puede ser un hológrafo actual de Abraham, o sea, que no fue escrito 'por Abraham en papiro por su propia mano'" (p. 143).
Los facsímiles: reconstrucción y divergencia interpretativa
Los tres facsímiles que acompañan al Libro de Abraham en la Perla de Gran Precio han sido objeto de particular escrutinio. Según las explicaciones atribuidas a Joseph Smith, representan: (1) el intento de sacrificio de Abraham por un sacerdote de Faraón (Facsímil 1); (2) un diagrama cosmológico con "secretos del templo" (Facsímil 2); y (3) Abraham enseñando astronomía en la corte de Faraón (Facsímil 3) (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, pp. 39, 47). Sin embargo, la egiptología académica identifica estas imágenes de manera distinta:
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Facsímil 1: Representa una escena típica de preparación funeraria: el dios Anubis (con cabeza de chacal) atendiendo a una momia sobre una cama con forma de león. La figura que Smith identifica como "el sacerdote inicuo de Elkenah" corresponde a Anubis; el "altar" es una cama de embalsamamiento; y el ave voladora es el ba (alma) del difunto, que debería tener cabeza humana, no de pájaro (Baer, 1968; Parker, 1968). Las porciones restauradas por Smith en las áreas dañadas del original contienen errores iconográficos significativos, lo que sugiere que sus "restauraciones" fueron conjeturas, no revelaciones (Larson, 2001, cap. 10).
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Facsímil 2: Es un hipocéfalo, un amuleto funerario colocado bajo la cabeza de la momia para protegerla mágicamente. Las figuras y textos que Smith interpreta como "secretos del templo" y "nombres divinos" corresponden a fórmulas de protección funeraria y a deidades del panteón egipcio (Rhodes, 1977). La escritura restaurada por Smith mezcla textos de épocas diferentes y coloca algunos caracteres de cabeza, lo que indica falta de comprensión del original.
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Facsímil 3: Muestra la escena del juicio de Osiris: el difunto Hor es conducido por Maat ante Osiris e Isis. La identificación de las figuras como Abraham y Faraón carece de base en el texto jeroglífico circundante, que menciona explícitamente al sacerdote Hor (Wilson, 1968).
La discrepancia entre las explicaciones de Smith y las identificaciones egiptológicas es particularmente significativa porque las porciones restauradas por Smith en los facsímiles (donde el papiro original estaba dañado) contienen los errores más evidentes. Esto sugiere que las "restauraciones" fueron conjeturas basadas en la iconografía disponible, no revelaciones de contenido original (Larson, 2001, cap. 10).
El "Alfabeto y Gramática Egipcia" de Joseph Smith
Además de los papiros, Joseph Smith produjo un manuscrito titulado "Alfabeto y Gramática del Idioma Egipcio", que relaciona caracteres egipcios con significados en inglés mediante un sistema de "grados" y "partes conectivas del habla" (Larson, 2001, cap. 9). Este documento ha sido examinado por egiptólogos profesionales, quienes concluyen que no guarda ninguna relación con el egipcio antiguo genuino. Como señala I. E. Edwards, Guardián del Departamento de Antigüedades Egipcias del Museo Británico, el material es "totalmente una pieza de imaginación y carente de cualquier clase de valor científico" (citado en Larson, 2001, cap. 9).
La existencia de este documento es relevante porque demuestra que Joseph Smith intentó establecer un sistema de correspondencia entre caracteres egipcios y significados en inglés. Si el Libro de Abraham hubiera sido producido mediante un proceso de traducción filológica, se esperaría que este sistema mostrara alguna coherencia con el egipcio real. La ausencia de tal coherencia refuerza la conclusión de que el texto inglés no se derivó de una equivalencia verificable con el texto egipcio fuente.
Implicaciones epistemológicas
El examen de la evidencia papirológica plantea una cuestión epistemológica fundamental: ¿cómo evaluar una afirmación de traducción cuando el texto fuente y el texto meta no guardan relación verificable? Desde una perspectiva historicista-empirista, la ausencia de correspondencia filológica constituye una refutación de la pretensión de traducción literal. Desde una perspectiva teológica-revelatoria, la afirmación podría sostenerse apelando a un proceso de traducción que trasciende la filología convencional. Y eso es lo que precisamente hacen los apologistas SUD.
Esta tensión no es solo académica; tiene implicaciones para la comprensión de la autoridad profética, la naturaleza de la revelación y los criterios de validación de afirmaciones religiosas. Como señala Thompson (1995), "en mi opinión, [el libro de Charles Larson] es la mejor fuente a donde irse si desea saber lo que ha estado pasando con el Libro de Abraham... No hay nada escrito de un punto apologético que compara con este libro en cuanto a su exactitud y precisión" (p. 143).
El consenso egiptológico actual, respaldado por múltiples especialistas independientes, establece que los papiros de Joseph Smith son documentos funerarios egipcios comunes, sin relación temática con el patriarca bíblico Abraham. Esta conclusión no depende de una postura ideológica anti-mormona, sino de la aplicación de métodos filológicos, paleográficos e iconográficos estándar en la disciplina egiptológica. La pregunta que permanece abierta es cómo integrar esta conclusión material con las afirmaciones teológicas de la comunidad de fe mormona.
Quinta parte: El ejercicio académico mormón frente a la controversia del Libro de Abraham — Entre la historia, la teología y la apologética
La identificación egiptológica de los papiros de Joseph Smith como documentos funerarios del siglo I a.C.-I d.C., sin relación temática con el patriarca bíblico Abraham, ha generado una respuesta compleja y multifacética desde el ámbito académico mormón. Esta respuesta no ha sido monolítica; más bien, ha oscilado entre intentos de reconciliación epistemológica, estrategias apologéticas sofisticadas y, en algunos casos, reconocimiento crítico de las tensiones inherentes. En esta sección, examinamos cómo los académicos mormones han abordado la discrepancia entre las afirmaciones proféticas y la evidencia material, analizando sus métodos, premisas y consecuencias epistemológicas.
A. La estrategia Nibley: Del filológico al comparativo
Hugh Nibley, figura central en la apologética académica mormona del siglo XX, articuló una metodología que ha influido profundamente en generaciones posteriores de estudiosos SUD. Su premisa fundamental fue que, aunque el estudio de los papiros y el método de traducción del Libro de Abraham es importante, "de igual o mayor importancia es juzgar el contenido del Libro de Abraham contra las tradiciones del Antiguo Cercano Oriente acerca de la vida de Abraham y discernir así si podemos encontrar evidencia confirmatoria de su antigüedad" (Nibley, citado en Smoot, 2013, p. 29).
Este desplazamiento metodológico realiza una operación epistemológica crucial: traslada el criterio de validación de la equivalencia filológica verificable (¿proviene el texto inglés del egipcio fuente?) a la afinidad temática y genérica (¿encaja el contenido en un contexto antiguo plausible?). Como señala Smoot (2013), esta estrategia permite que el Libro de Abraham sea juzgado no por su procedencia material, sino por su "resonancia" con motivos del Antiguo Cercano Oriente. Es desde luego un método deshonesto pero funcional al imaginario doctrinal.
Este enfoque, por su puesto, presenta fortalezas útiles para el creyente de la Iglesia SUD al pretender demostrar erudición genuina en estudios del Libro de Abraham, identificar paralelos conceptuales reales entre el documento y textos antiguos y ofrecer a los creyentes un marco intelectual para mantener la fe frente a objeciones históricas. Sin embargo, esto pasa por alto las fuertes debilidades epistemológicas como el hecho de que la presencia de motivos compartidos no prueba autoría antigua, ya que podría indicar influencia de fuentes disponibles en 1842, coincidencia temática o creatividad teológica moderna que "resuena" con lo antiguo. Además, la lógica de validación por paralelos es circular si no se establece independencia de fuentes del siglo XIX. Y, sobre todo, es que el método evade la objeción central en cuestión: la identificación egiptológica de los papiros fuente.
B. Estrategias apologéticas contemporáneas: Especialización temática
Los académicos mormones posteriores han desarrollado enfoques más especializados, cada uno abordando un aspecto específico del Libro de Abraham.
1. La validación por plausibilidad histórica (Muhlestein & Gee, 2011)
En "An Egyptian Context for the Sacrifice of Abraham", los autores argumentan que el relato del intento de sacrificio de Abraham "encaja notablemente bien con el cuadro del asesinato ritual en el Egipto del Reino Medio" (p. 70). Presentan tres evidencias: la inscripción de Ugaf en Abydos, la inscripción de Tod de Sesostris I y el depósito de Mirgissa.
Esto sin duda, en un análisis crítico, queda refutado al considerar que, si bien demuestran que Egipto tenía prácticas de ejecución ritual, no prueban con ello que el evento específico de Abraham ocurrió. La definición expansiva de "sacrificio humano" como "el asesinato de una persona en un contexto ritual" podría incluir casi cualquier ejecución estatal antigua, diluyendo el término hasta hacerlo analíticamente inútil para distinguir prácticas específicas.
2. La validación por afinidad literaria-genérica (Gee, 2013)
En "Abraham and Idrimi", Gee compara el Libro de Abraham con la autobiografía de Idrimi de Alalakh (siglo XVI a.C.), identificando paralelos estructurales: ubicación geográfica, hogar ancestral, razón del viaje, guía divina, referencia a pactos.
Sin embargo, olvida mencionar que las convenciones identificadas son tropos universales del género autobiográfico antiguo, no "firmas" exclusivas de Abraham. Su presencia valida el género, no así la autoría. Además, la pregunta retórica de Gee —"¿Cómo logró Joseph Smith publicar en el Libro de Abraham una historia que coincidía estrechamente con una autobiografía siria del Bronce Medio que no sería descubierta hasta casi cien años después?"— asume que ese elemento literario era inaccesible en 1842, cuando la crítica bíblica del siglo XIX ya debatía fuentes patriarcales y tradiciones extrabíblicas.
3. La validación por resonancia onomástica (Barney, 2010)
En "On Elkenah as Canaanite El", Barney examina seis propuestas etimológicas para el nombre "Elkenah", concluyendo que las más fuertes apuntan al dios cananeo El.
Y si bien el análisis filológico es riguroso, la conclusión ("empate" entre propuestas) es inherentemente no falsable: cualquier nombre que "pueda" relacionarse con El se considera validación. Además, la conexión entre sacrificios cananeos y el relato de Abraham 1 es circunstancial, no probatoria.
4. La validación por resonancia cosmológica (Smoot, 2013)
En "Council, Chaos, and Creation in the Book of Abraham", Smoot argumenta que los motivos del consejo divino, el caos primordial y la creación ex materia en el Libro de Abraham "encajan perfectamente en un trasfondo cultural del Antiguo Cercano Oriente" (p. 28).
Sin embargo, Smoot emplea extensivamente citas de estudiosos no mormones para validar premisas doctrinales, creando la impresión de consenso académico. Sin embargo, esta es una falacia de la afirmación del consecuente: si estos académicos reconocen X en la Biblia, y el Libro de Abraham tiene X, entonces el Libro de Abraham es auténtico.
C. La tensión epistemológica: Historia vs. Teología
Estas estrategias apologéticas revelan una tensión epistemológica fundamental que atraviesa el ejercicio académico y apologético del mundo mormón SUD: ¿cómo integrar afirmaciones de verdad revelada con criterios de validación histórico-críticos? En su caso solo forzando las pruebas a favor de las doctrinas.
1. El desplazamiento del régimen de verdad
Los apologistas mormones operan bajo un doble régimen de validación: por un lado el régimen teológico de coherencia doctrinal, testimonio espiritual y autoridad profética. Y por el otro el régimen histórico-crítico de evidencia material, datación y consenso académico. Cuando estos regímenes entran en conflicto, la estrategia apologética tiende a privilegiar el primero, redefiniendo los criterios del segundo. Por ejemplo, la teoría del "catalizador" (mencionada en la Enciclopedia del Mormonismo, 1992) propone que los papiros sirvieron como "ayudas reveladoras" para Joseph Smith, quien recibió el Libro de Abraham por revelación directa. Esta teoría permite mantener la afirmación de autenticidad sin exigir equivalencia filológica.
2. La redefinición de "traducción"
Varios académicos mormones han propuesto que el término "traducción" en el contexto mormón puede referirse a un proceso revelatorio más que a una equivalencia lingüística convencional (Ludlow, 1992; Rhodes, 2005). Como señala la Enciclopedia del Mormonismo: "Fue principalmente por medio de inspiración divina, más que por su conocimiento de idiomas, que [Joseph Smith] produjo el texto en inglés del Libro de Abraham. Su metodología precisa permanece desconocida" (Ludlow, ed., 1992, vol. 1, p. 134). Esta redefinición protege la afirmación de autenticidad de la falsación filológica, pero plantea preguntas sobre los criterios de validación de una "traducción" que no guarda relación verificable con el texto fuente. Y por supuesto, cuestiona a Smith como "traductor".
3. La gestión de la evidencia adversa
En conjunto podemos apreciar como frente a la identificación egiptológica de los papiros, los académicos mormones han empleado varias estrategias retóricas. Identifiquemos cada una de ellas en la siguiente tabla:
| Estrategia | Ejemplo | Función |
|---|---|---|
| Omisión selectiva | El manual del maestro (2001) presenta la historia del Libro de Abraham sin mencionar la controversia egiptológica | Permite que los estudiantes aprendan la doctrina sin confrontar objeciones históricas |
| Hedging lingüístico | Uso de "probablemente", "parece indicar", "al menos vale la pena preguntar" | Protege al autor de acusaciones de dogmatismo, pero diluye la fuerza probatoria |
| Autoridad prestada | Citas extensas de estudiosos no mormones para validar premisas | Crea la impresión de consenso académico sobre puntos que benefician el argumento |
| Desplazamiento temático | Centrarse en el contenido del Libro de Abraham, no en el proceso de traducción | Evade la objeción egiptológica central |
D. El caso de Stephen E. Thompson: Un egiptólogo mormón crítico
Entre las voces mormonas, la del Dr. Stephen E. Thompson (Ph.D. en egiptología de Brown University) representa una posición distintiva: reconoce la discrepancia entre las afirmaciones de Smith y la evidencia egiptológica, pero separa la pregunta histórica de la teológica. Thompson (1995) declara: "En mi opinión, [el libro de Charles Larson] es la mejor fuente a donde irse si desea saber lo que ha estado pasando con el Libro de Abraham... No hay nada escrito de un punto apologético que compara con este libro en cuanto a su exactitud y precisión". Esta declaración opera en múltiples niveles:
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Crítica implícita a la apologética mormona: Sugiere que los trabajos defensivos sacrifican precisión por lealtad doctrinal.
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Validación de la crítica externa: Reconoce que la objetividad puede provenir de fuera de la comunidad de fe.
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Gestión de la disonancia: Al separar el contenido factual del libro de su conclusión teológica, Thompson modela una estrategia para miembros SUD que desean acceder a información crítica sin abandonar su identidad religiosa.
E. Implicaciones para la epistemología religiosa
El ejercicio académico mormón frente al Libro de Abraham ilustra desafíos epistemológicos más amplios que afectan a cualquier comunidad de fe que afirma verdades históricas:
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¿Puede una afirmación religiosa ser resistente a la evidencia histórica sin caer en el fideísmo? La estrategia de separar historia y teología permite mantener la fe, pero plantea preguntas sobre los criterios de validación de afirmaciones que pretenden ser históricas.
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¿Cómo se construye la "evidencia" cuando los criterios de validación están en disputa? Los apologistas mormones operan bajo un régimen de verdad que privilegia la coherencia doctrinal y el testimonio espiritual; los críticos operan bajo un régimen historicista-empirista. La falta de un criterio compartido hace que el debate sea, en cierto sentido, inconmensurable.
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¿Es posible una apologética "humilde" que reconozca sus límites metodológicos sin abandonar sus afirmaciones centrales? La transparencia de Thompson sugiere que sí, pero su posición es minoritaria dentro del ámbito académico mormón.
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¿Qué papel juega la comunidad de recepción en la estabilización del significado y la validación de afirmaciones de verdad? Las estrategias apologéticas están diseñadas para una audiencia mormona y simpatizante; su eficacia depende de que los lectores acepten premisas compartidas sobre la naturaleza de la revelación y la autoridad profética.
F. Conclusión preliminar de esta sección
El ejercicio académico mormón frente al Libro de Abraham revela una tensión productiva pero no resuelta entre dos regímenes de verdad: el de la fe revelada y el de la investigación histórico-crítica. Las estrategias apologéticas —desde la metodología comparativa de Nibley hasta las especializaciones temáticas contemporáneas— demuestran erudición genuina y creatividad intelectual, pero también ilustran los límites de intentar validar afirmaciones de verdad revelada mediante criterios que, por definición, no pueden capturar la dimensión trascendente de dichas afirmaciones.
Esta tensión no es exclusiva del mormonismo; afecta a cualquier tradición religiosa que afirma verdades históricas. La pregunta que permanece abierta es si es posible una epistemología religiosa que reconozca sus límites metodológicos sin abandonar sus afirmaciones centrales, y que dialogue de manera constructiva con criterios de validación externos sin caer en el relativismo. El punto es que en el caso del mormonismo es notorio como el factor doctrinal busca ser protegido a toda costa y se genera para ello todo un andamiaje erudito para evitar la caída del credo.
Sexta parte: Examen crítico-semiótico del papel del Libro de Abraham en el imaginario mormón
El análisis semiótico del Libro de Abraham requiere examinar cómo este texto funciona como sistema de signos dentro de la cultura mormona, cómo se construye el significado a través de procesos de codificación y decodificación, y qué funciones simbólicas cumple en la economía discursiva de la comunidad de fe. Desde esta perspectiva, el Libro de Abraham no es meramente un documento histórico o teológico, sino un artefacto cultural que performa identidades, legitima estructuras de autoridad y gestiona tensiones epistemológicas.
A. La semiótica de la "traducción": Significante, significado y referente
En términos semióticos, el Libro de Abraham presenta una tensión fundamental entre tres niveles de significación:
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Significante material: Los papiros egipcios identificados como documentos funerarios del siglo I a.C.-I d.C.
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Significado atribuido: El texto inglés publicado como revelación abrahámica.
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Referente reclamado: Los escritos autógrafos del patriarca bíblico Abraham (~2000 a.C.).
La afirmación institucional establece una relación de equivalencia directa entre estos tres niveles: el papiro (significante) contiene el texto de Abraham (referente), que Joseph Smith tradujo (proceso de significación) produciendo el Libro de Abraham (significado). Sin embargo, la identificación egiptológica de los papiros como textos funerarios sin relación temática con Abraham rompe esta cadena semiótica, generando lo que podríamos denominar una "crisis de referencia".
Frente a esta crisis, la apologética mormona ha desarrollado estrategias de re-semiotización:
| Estrategia | Operación semiótica | Efecto discursivo |
|---|---|---|
| Redefinición de "traducción" | Desacopla el significado del referente material | Permite mantener la afirmación de autenticidad sin exigir correspondencia filológica |
| Teoría del catalizador | Transforma el papiro de "fuente" a "estímulo" | Reconfigura la relación causal entre texto fuente y texto meta |
| Validación por resonancia | Sustituye la procedencia por la afinidad temática | Desplaza el criterio de verdad de lo histórico a lo conceptual |
Estas operaciones ilustran lo que Umberto Eco denominaría una "sobreinterpretación" del signo: cuando el referente empírico falla, la comunidad interpretativa reconfigura las reglas de producción de significado para preservar la coherencia interna del sistema de creencias (Eco, 1990).
B. El Libro de Abraham como mito fundacional
Desde la perspectiva de la semiótica cultural, el Libro de Abraham funciona como un mito fundacional en el sentido barthesiano: una narrativa que naturaliza relaciones de poder y estructura la identidad colectiva (Barthes, 1957). Sus funciones míticas incluyen:
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Legitimación de la autoridad profética: Al presentar a Joseph Smith como capaz de "traducir" registros antiguos, el texto valida su llamamiento como vidente y revelador. Esta validación se extiende retrospectivamente al Libro de Mormón y prospectivamente a las revelaciones posteriores.
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Fundamentación doctrinal: El Libro de Abraham introduce o elabora conceptos distintivos del mormonismo: la pluralidad de dioses en la Creación, la existencia preterrenal, la exaltación humana, la naturaleza eterna del sacerdocio. Estos conceptos, presentados como "restauraciones" de verdades antiguas, adquieren autoridad canónica por su atribución a Abraham.
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Gestión de la diferencia: El texto establece una distinción semiótica entre "nosotros" (los que poseen la plenitud del Evangelio restaurado) y "ellos" (la cristiandad apóstata). Esta distinción se performa mediante la afirmación de que solo los Santos de los Últimos Días poseen la clave hermenéutica para interpretar correctamente las Escrituras.
Como señala Barthes (1957), el mito no oculta la realidad; la transforma. El Libro de Abraham no niega la discrepancia entre los papiros y el texto inglés; la reinterpreta como evidencia de un proceso revelatorio que trasciende la filología convencional.
C. La economía del testimonio: Fe, evidencia y autoridad
El Libro de Abraham ilustra una tensión epistemológica fundamental en la cultura mormona: la relación entre el testimonio espiritual y la evidencia histórica. Desde una perspectiva semiótica, el "testimonio" funciona como un signo performativo que no describe una realidad externa, sino que la constituye mediante el acto de enunciación (Austin, 1962).
Cuando un miembro mormón declara "sé que el Libro de Abraham es verdadero", esta afirmación opera en múltiples niveles:
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Nivel cognitivo: Expresa una creencia sobre la historicidad del texto.
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Nivel performativo: Constituye al hablante como miembro fiel de la comunidad de fe.
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Nivel institucional: Refuerza la autoridad de las estructuras que validan dicha creencia.
Esta economía del testimonio genera lo que podríamos denominar una "circularidad hermenéutica": la verdad del Libro de Abraham se valida mediante el testimonio, y el testimonio se valida mediante la verdad del Libro de Abraham. La evidencia histórica externa queda subordinada a este circuito interno de validación, mismo que se repite en la creencia en el Libro de Mormón.
Como señala el manual del maestro de la Perla de Gran Precio: "Un testimonio del evangelio es el conocimiento seguro, recibido por revelación del Espíritu Santo, de la divinidad de la gran obra de los últimos días" (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 73). Esta definición establece que el criterio último de verdad es la revelación personal, no la verificación empírica.
D. La gestión semiótica de la controversia
La respuesta institucional a la identificación egiptológica de los papiros ilustra estrategias sofisticadas de gestión semiótica:
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Omisión estratégica: El manual del maestro (2001) presenta la historia del Libro de Abraham sin mencionar la controversia egiptológica. Esta omisión no es un descuido, sino una operación semiótica que controla el flujo de información para preservar la coherencia del sistema de significación.
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Recontextualización apologética: Los académicos mormones desplazan el debate del proceso de traducción al contenido temático. Como señala Smoot (2013), "[…] aunque preguntas aún permanecen respecto a la manera precisa en que Joseph produjo el Libro de Abraham... puede haber poca duda de que los conceptos cosmológicos en el Libro de Abraham... encajan perfectamente en el mundo antiguo" (p. 36). Esta operación transforma la pregunta "¿tradujo Smith del papiro?" en "¿resuena el contenido con el Antiguo Oriente Próximo?", cambiando así los criterios de validación.
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Autoridad prestada: Los artículos apologéticos citan extensamente a estudiosos no mormones para validar premisas bíblicas y del Antiguo Oriente Próximo, creando la impresión de consenso académico sobre puntos que benefician el argumento mormón. Esta estrategia opera una transferencia semiótica: la autoridad del académico secular se "presta" para validar afirmaciones confesionales.
E. El imaginario mormón: Entre la restauración y la innovación
El Libro de Abraham ocupa un lugar paradójico en el imaginario mormón: se presenta como "restauración" de verdades antiguas, pero funciona como innovación doctrinal moderna nacida convenientemente en un momento especial del mormonismo. Esta paradoja se gestiona mediante lo que podríamos denominar una semiótica de la continuidad discontinua. Continuidad porque el texto se atribuye a Abraham, vinculando así la autoridad moderna con la antigüedad patriarcal. Y discontinuidad porque las doctrinas enseñadas (pluralidad de dioses, existencia preterrenal detallada, exaltación humana) no tienen paralelo en las tradiciones abrahámicas antiguas.
Esta tensión se resuelve mediante la afirmación de que las verdades restauradas habían sido "perdidas" o "corrompidas" por la apostasía, y que solo mediante la revelación moderna podían ser recuperadas. Como señala el manual del maestro: "Gracias al libro de Abraham, los miembros de la Iglesia en los tiempos de Joseph Smith obtuvieron conocimiento de diversas doctrinas y principios del Evangelio que antes no se conocían" (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001, p. 36).
Desde una perspectiva semiótica, esta afirmación opera una inversión temporal: lo "nuevo" se presenta como "antiguo restaurado", lo que permite que la innovación doctrinal adquiera la autoridad de la antigüedad.
F. Implicaciones para la comprensión de la autoridad religiosa
El análisis semiótico del Libro de Abraham revela que la autoridad religiosa no se funda únicamente en la verdad histórica de las afirmaciones, sino en la capacidad del sistema de significación para producir coherencia interna, es decir, las doctrinas del Libro de Abraham se articulan con otras enseñanzas mormonas, creando una red de significados interconectados. También por el hecho de gestionar la disonancia cuando la evidencia externa contradice las afirmaciones internas, el sistema reconfigura sus criterios de validación para preservar la coherencia. Y por último al constituir identidad el Libro de Abraham performa dicha identidad mormona como comunidad poseedora de verdades restauradas, distinta del resto de la cristiandad a la que consideran apóstata.
Esta comprensión de la autoridad religiosa como fenómeno semiótico no implica necesariamente escepticismo sobre la dimensión trascendente de la fe. Más bien, sugiere que la experiencia religiosa se media siempre a través de sistemas de significación culturalmente situados, y que comprender estos sistemas es esencial para dialogar constructivamente entre diferentes regímenes de verdad.
Séptima parte: Conclusión — El Libro de Abraham como artefacto cultural en la economía de la verdad mormona
El recorrido analítico por la historia, el contenido, las controversias y las respuestas apologéticas en torno al Libro de Abraham revela que este texto no puede comprenderse adecuadamente mediante una dicotomía simplista de "verdadero" o "falso". Más bien, el Libro de Abraham funciona como un artefacto cultural complejo que ilumina las dinámicas mediante las cuales una comunidad religiosa gestiona la tensión entre sus afirmaciones de verdad histórica y los criterios de validación externos.
Síntesis de los hallazgos principales
Primero, la narrativa institucional sobre los orígenes del Libro de Abraham opera como un relato de recuperación providencial que vincula la antigüedad patriarcal con la restauración moderna del sacerdocio. Esta narrativa cumple funciones estructurales claras: legitima doctrinas emergentes (pluralidad de dioses, existencia preterrenal, exaltación humana), fundamenta la autoridad profética de Joseph Smith y establece un marco hermenéutico en el que la "traducción" se entiende como acto revelatorio más que filológico (La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, 2001; Robinson, s.f.).
Segundo, el contenido textual del Libro de Abraham presenta características literarias y teológicas distintivas que lo diferencian de las tradiciones abrahámicas antiguas: narrativa en primera persona, fusión de géneros autobiográficos y cosmológicos, y doctrinas distintivas del mormonismo. Estas características, lejos de presentarse como defectos, constituyen elementos performativos que configuran la identidad mormona como comunidad poseedora de verdades restauradas.
Tercero, las dudas sobre el contenido del texto —discrepancias filológicas, anacronismos históricos, inconsistencias internas y tensiones entre las explicaciones de los facsímiles y la egiptología académica— no han sido ignoradas por la comunidad mormona, sino gestionadas mediante estrategias sofisticadas de acomodación epistemológica. La identificación egiptológica de los papiros de Joseph Smith como documentos funerarios del siglo I a.C.-I d.C., sin relación temática con el patriarca bíblico Abraham (Baer, 1968; Parker, 1968; Wilson, 1968, citados en Larson, 2001), constituye un desafío empírico significativo que ha generado respuestas variadas.
Cuarto, el ejercicio académico mormón frente a esta controversia ilustra una tensión productiva pero no resuelta entre dos regímenes de verdad: el de la fe revelada y el de la investigación histórico-crítica. Las estrategias apologéticas —desde la metodología comparativa de Nibley hasta las especializaciones temáticas contemporáneas de Smoot (2013), Muhlestein y Gee (2011), Gee (2013) y Barney (2010)— demuestran erudición genuina y creatividad intelectual, pero también ilustran los límites de intentar validar afirmaciones de verdad revelada mediante criterios que, por definición, no pueden capturar la dimensión trascendente de dichas afirmaciones.
Quinto, el análisis semiótico revela que el Libro de Abraham funciona como sistema de signos que performa identidades, legitima estructuras de autoridad y gestiona tensiones epistemológicas. La afirmación institucional establece una relación de equivalencia directa entre el significante material (los papiros egipcios), el significado atribuido (el texto inglés publicado como revelación abrahámica) y el referente reclamado (los escritos autógrafos del patriarca bíblico Abraham). La identificación egiptológica de los papiros rompe esta cadena semiótica, generando lo que podríamos denominar una "crisis de referencia" que la apologética mormona ha gestionado mediante estrategias de re-semiotización: redefinición de "traducción", teoría del catalizador y validación por resonancia conceptual. Todas estrategias que operan funcionalmente a fin de sostener un contenido doctrinal frágil.
Implicaciones para la comprensión de la autoridad religiosa
El estudio del Libro de Abraham sugiere que la autoridad religiosa no se funda únicamente en la verdad histórica de las afirmaciones, sino en la capacidad del sistema de significación para producir coherencia interna en el que las doctrinas del Libro de Abraham se articulan con otras enseñanzas mormonas, creando así una red de significados interconectados que refuerza la plausibilidad del sistema para sus miembros. También para gestionar la disonancia cuando la evidencia externa contradice las afirmaciones internas, de este modo el sistema reconfigura sus criterios de validación para preservar la coherencia, desplazando el debate del proceso de traducción al contenido temático o a la plausibilidad histórica contextual. Y para constituir identidad: el Libro de Abraham performa la identidad mormona como comunidad poseedora de verdades restauradas, distinta de la cristiandad apóstata, lo que fortalece los lazos comunitarios y la lealtad institucional.
Reflexión final sobre la verdad religiosa
La pregunta que permanece abierta —¿puede una afirmación religiosa ser "verdadera" en un régimen epistémico y "problemática" en otro sin caer en el relativismo?— no admite una respuesta simple. Sin embargo, el análisis del Libro de Abraham sugiere que la verdad religiosa puede comprenderse como verdad performativa: no como correspondencia con hechos históricos verificables, sino como capacidad de transformar vidas, constituir comunidades y orientar prácticas hacia fines que los creyentes consideran valiosos. En últimas: se acepta no porque su relato corresponda con su origen sino porque solo me interesa creer en ello. Una forma muy sofisticada del sesgo de punto ciego.
Desde esta perspectiva, el valor del Libro de Abraham para la comunidad mormona no depende exclusivamente de su procedencia material, sino de su eficacia para cumplir funciones religiosas: inspirar devoción, fundamentar doctrinas, legitimar estructuras de autoridad y configurar identidades colectivas. Esto no exonera a la comunidad de fe de la responsabilidad intelectual de confrontar honestamente la evidencia histórica.
El análisis del Libro de Abraham no como "verdadero" (que no lo es) o "falso" (que lo es), sino como artefacto cultural que revela cómo una comunidad religiosa gestiona la tensión entre sus claims de verdad histórica y los criterios de validación externos, ofrece una vía para comprender la complejidad de la experiencia religiosa en el mundo contemporáneo. El valor analítico del documento reside precisamente en sus tensiones no resueltas: entre filología y teología, entre evidencia material y resonancia conceptual, entre autoridad académica y autoridad revelada. Pero, sobre todo, lo que en sí nos revela de las estrategias conceptuales, retóricas y eruditas que se buscan para sostener el imaginario doctrinal que presume.
Fuentes de consulta
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La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. (s.f.). Traducción del Libro de Abraham. Temas del Evangelio. Recuperado el 8 de junio de 2026, de https://www.churchofjesuschrist.org/study/manual/gospel-topics/translation-of-the-book-of-abraham?lang=spa
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Larson, C. M. (2001). Por su propia mano, sobre papiro: Una nueva visión sobre los papiros de Joseph Smith. Institute for Religious Research.
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Muhlestein, K., & Gee, J. (2011). An Egyptian context for the sacrifice of Abraham. Journal of Book of Mormon Studies, 20(2), 70-77. https://scholarsarchive.byu.edu/jbms/vol20/iss2/6
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Robinson, O. P. (s.f.). El Libro de Abraham: Nueva evidencia de su autenticidad y antigüedad. The Instructor.
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Smoot, S. O. (2013). Council, chaos, and creation in the Book of Abraham. Journal of Book of Mormon Studies, 22(2), 28-39. https://scholarsarchive.byu.edu/jbms/vol22/iss2/4
Notas al pie
[^1]: En https://www.churchofjesuschrist.org/study/scriptures/pgp/abr/fac-1?lang=spa
[^2]: Para comprender un poco más la importancia doctrinal de este elemento pseudo astronómico en el ideario doctrinal mormón invito a examinar mi ensayo Kolob y el dios pequeño de los mormones: Un dios delimitado. La ruptura del imaginario teológico mormón con la tradición judía que pretende continuar. https://www.orajhaemeth.org/2026/05/kolob-y-el-dios-pequeno-de-los-mormones.html
[^3]: En: https://www.churchofjesuschrist.org/study/scriptures/pgp/abr/fac-2?lang=spa
[^4]: En: https://www.churchofjesuschrist.org/study/scriptures/pgp/abr/fac-3?lang=spa
[^5]: En este punto se debe aclarar que, dentro del gran movimiento mormón, el conjunto de textos incluidos en La Perla de Gran Precio, solo son considerados como escritura sagrada por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (SUD). Otras iglesias y ramas que comparten las mismas raíces históricas rechazan este libro total o parcialmente; por ejemplo, el segundo grupo mayoritario dentro del mormonismo, la llamada Community of Christ (Comunidad de Cristo), anteriormente conocida como la Iglesia Reorganizada de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (RLDS), rechaza La Perla de Gran Precio y no la incluye dentro de sus escrituras canónicas.
[^6]: En: https://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_Smith_Papyri#/media/File:JSP_Papyri_Fragment_I.jpg/2
[^7]: En: https://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_Smith_Papyri#/media/File:JSP_Papyri_Fragment_IV.jpg
[^8]: En: https://en.wikipedia.org/wiki/Joseph_Smith_Papyri#/media/File:JSP_Papyri_Fragment_IIIb_IIIa.jpg