Hay una táctica que se ha vuelto alarmantemente común entre ciertos rabinos sionistas de Likud de nuestro tiempo: citar al Rav Abraham Isaac HaCohen Kook para suavizar la frontera entre el Judaísmo y el cristianismo evangélico norteamericano, el dispensacionalismo o el llamado judaísmo mesiánico. La argumentación suele presentarse con aire académico: el Rav Kook, dicen, reconocía un valor espiritual en las religiones del mundo, incluido el cristianismo; por lo tanto, la colaboración con pastores evangélicos, con misioneros disfrazados de "amigos de Israel" o con mesiánicos que usan talit y rezan en hebreo no sólo es permisible sino, según esta lectura, hasta kookiana.
Me llevó tiempo entender por qué esta argumentación me producía una incomodidad que no podía articular fácilmente. No era ignorancia de los textos del Rav Kook. Era exactamente lo contrario: conocerlos demasiado bien como para no ver la manipulación.
Permítanme llevarlos al texto mismo. Porque el LiNevukei HaDor —el libro que estos rabinos citan parcialmente— contiene, dentro de sus propias páginas, la refutación más completa de la lectura que hacen de él.
Empecemos por lo que el Rav Kook dice sobre las religiones en el capítulo 14, la sección que más se invoca. Es cierto que allí desarrolla una taxonomía de las creencias religiosas del mundo con cierta tolerancia conceptual. Pero la taxonomía completa, que nadie cita, establece una jerarquía que no tiene nada de ecuménica:
"הגרועות שבכולן הן אמונות של עבודה זרה, שאינן יודעות ומכירות כלל מבורא יחיד. למעלה מהן, אמונות שלא נוקו משמץ עבודה זרה."
“Las peores de todas son las creencias de idolatría (avodah zarah), que no conocen ni reconocen en absoluto a un Creador único. Por encima de ellas, las creencias que no han sido purificadas de la contaminación de idolatría.” (14:15)
¿Notaron esa segunda categoría? Las creencias que no han sido purificadas de contaminación idolátrica. El Rav Kook no nombra explícitamente al cristianismo en esta línea, pero cualquier alumno competente de halajá sabe que la discusión sobre el shituf —la asociación de otra entidad a D-s, que es precisamente lo que hace el dogma trinitario— ubica al cristianismo en esta segunda categoría, no en la tercera de las religiones "limpias de toda idolatría." Y el propio Rav Kook, en el mismo capítulo 14:16, deja absolutamente claro dónde está el límite para Israel:
"והנה בנוגע לעבודה זרה נאסרה לנו הסבלנות בפועל. ודבר זה הוא מיוחד רק לנו עם ד', שאין כל אומה ולשון שבעולם יכולה להתדמות אלינו בדבר זה, מפני שאותנו הקים ד' בעולמו שנהיה עדים על כבודו"
“Con respecto a la idolatría (avodah zarah), la tolerancia en la práctica nos está vedada. Y esto es exclusivo de nosotros, el pueblo de D-s, porque ninguna nación ni lengua del mundo puede compararse a nosotros en este punto, ya que D-s nos estableció en Su mundo para ser testigos de Su honor.”
Tolerancia vedada en la práctica. Esta frase no aparece en ninguna de las conferencias de los rabinos que invocan a Kook para justificar sus fotografías con pastores evangélicos.
Pero el pasaje más importante —y el más silenciado— del capítulo 8:9 es éste, que trata directamente sobre el cristianismo y el islam y su relación con Israel:
"והדעה המושרשת בספרותן של אותן הדתות הנוצריות והמחמדיות, שכבר בטל ערכם של ישראל חלילה, מוכרחת להתבטל כדי שתוכל האנושות לבא למגמתה ומטרתה הנצחית."
“Y la idea arraigada en la literatura de esas religiones cristiana y musulmana, de que el valor de Israel ha sido abolido, D-s no lo permita, es algo que debe ser eliminado para que la humanidad pueda alcanzar su meta y propósito eterno.”
El Rav Kook está diciendo que la teología del reemplazo —que es la columna vertebral del cristianismo evangélico norteamericano, del dispensacionalismo y de cualquier forma de mesianismo que afirma que los judíos necesitan a Yeshú— es un obstáculo para el propósito eterno de la humanidad. No una diferencia de opinión respetable. Un obstáculo que debe ser eliminado. ¿Alguien puede explicarme cómo se llega desde ahí a una fotografía sonriente con un pastor de Texas?
Esta manipulación alcanza su punto más perverso cuando ciertos rabinos sionistas de Likud toman el pasaje central del capítulo 8:9:
"נשארו רק תורת ישראל והתורות שנסתעפו ממנה. והנה הדתות הסעיפיות מצד עצמן, אין ראוי להביט עליהן בעין רעה. הדבר יתכן להיות שהיתה בזה מצד המיסדים הערה אלהית להיות משתדלים בשכלול חלק רשום מהאנושות לפי הראוי להם"
“Solo queda la Torá de Israel y las Torás que se ramifican de ella. Y he aquí que las religiones ramificadas en sí mismas, no es apropiado mirarlas con mal ojo. Es posible que en esto haya habido, por parte de sus fundadores, una inspiración divina para esforzarse en perfeccionar una parte definida de la humanidad según lo apropiado para ellos”
Y lo presentan como prueba de que el cristianismo protestante sería espiritualmente "kasher" y aliado legítimo de Israel. Citan esta frase con aparente fidelidad académica en conferencias y artículos, sugiriendo que Kook validaba plenamente estas religiones. Sin embargo, en el mismo párrafo inmediato continúa:
"אמנם הצד של טעות שהתערב בזה אינו כי אם מה שאי אפשר היה שתטבע בהם עיקר המטבע של ההדרכה לסוף ההשתלמות"
“Sin embargo, el aspecto erróneo que se mezcló en esto no es sino aquello que impide que se imprima en ellas el principio esencial de la guía hacia el fin de la perfección”
Y tres líneas después especifica:
"והדעה המושרשת בספרותן של אותן הדתות הנוצריות והמחמדיות, שכבר בטל ערכם של ישראל חלילה, מוכרחת להתבטל"
“Y la opinión arraigada en la literatura de esas religiones cristianas y musulmanas, de que ya se ha anulado el valor de Israel, Dios no lo permita, debe ser eliminada”.
Los rabinos sionistas de Likud que declaran el protestantismo "aceptable" citan selectivamente la "no mirada con mal ojo" pero silencian sistemáticamente que esas mismas religiones portan una teología de reemplazo que Kook exige erradicar completamente, y que sus errores fundamentales las sitúan en la segunda categoría de creencias contaminadas por shituf según su taxonomía explícita del capítulo 14. Esta omisión deliberada convierte la tolerancia provisoria e instrumental de Kook en un ecumenismo relativista que contradice frontalmente su jerarquía espiritual donde la Torá de Israel es "גברת הדתות" — la señora de las religiones.
Pasemos al capítulo 14:14, la otra sección favorita de los apologistas del ecumenismo kookiano. Aquí el Rav Kook aborda la pregunta de si es necesario despreciar las demás religiones para mantener la fe judía, y responde que no. Los rabinos pro-cristianos citan esto como si fuera una hoja blanca de legitimación. Lo que no citan es el párrafo que viene inmediatamente después, donde Kook clasifica lo que ha dicho:
"על כן להציל את צעירי דורינו משחיתות רעות כאלה צריכים אנו להעמיק בערכן של אמונות אחרות על פי התורה. והנה אנו צריכים לחלק את כללות האמונות הנמצאות בעולם לשלשה חלקים, חוץ מתורת ישראל, שגם לפי דברי חוקרי הדתות החפשיים, היא גברת הדתות."
“Por lo tanto, para salvar a los jóvenes de nuestra generación de semejante corrupción, debemos profundizar en el valor de las otras creencias según la Torá. Y debemos dividir las creencias existentes en el mundo en tres partes, aparte de la Torá de Israel, que incluso según los investigadores libres de religiones, es la señora de las religiones.”
Existe una premisa que el Rav Kook no abandona en ningún punto de su obra, ni en las páginas más generosas del LiNevukei HaDor ni en las más severas de Orot: la Torá de Israel es גברת הדתות —gveret haDatot, la señora de las religiones. La formulación es del propio Kook en el capítulo 14, y la refuerza con una observación metodológicamente significativa: que esto no es solo la postura del judaísmo tradicional, sino que incluso los historiadores seculares de la religión —חוקרי הדתות החפשיים— llegan a esa conclusión desde sus propios parámetros académicos. Lo que el Rav Kook llama reconocimiento del valor de otras tradiciones no es, bajo ninguna lectura textualmente honesta, relativismo religioso. Es la descripción de una jerarquía en la que el judaísmo ocupa el lugar de origen y destino, y las tradiciones derivadas —incluyendo el protestantismo dispensacionalista, el evangelicalismo norteamericano y cualquier variante del mesianismo que afirme continuidad con la revelación sinaitica— son, en el mejor caso, reflejos imperfectos y derivativos de una luz que no generaron y que no controlan. La pregunta que esta premisa instala no tiene respuesta cómoda para quienes desde la órbita del Likud construyen alianzas teológico-políticas con el evangelicalismo: ¿cómo se llega, desde la gveret haDatot, a una fotografía de prensa con un pastor que cree que los judíos necesitan a Yeshú para completar su redención? No es una pregunta retórica. Es una pregunta filológica.
Y luego viene la distinción que liquida cualquier uso del capítulo 14:23 para el ecumenismo mesiánico. Kook divide las creencias en tres niveles: la idolatría pura, las religiones que no han sido purificadas de la idolatría, y las religiones fundadas sobre la base de la Torá y los profetas. Incluso de estas últimas —y aquí es donde la lectura parcial colapsa— dice:
"הדתות שנוסדו על יסוד התורה והנביאים, להן ודאי יש ערך נכבד, שהרי האוחזים בהן הם קרובים אל אור ד' ודעת כבודו, אף על פי שחסר להם היסוד שרק ליחידים מהם נגלה."
“Las religiones fundadas sobre la base de la Torá y los profetas, tienen ciertamente un valor estimable, pues quienes las sostienen están cerca de la luz de D-s y el conocimiento de Su honor, aunque les falta el fundamento que solo fue revelado a algunos de ellos.”
"Les falta el fundamento." En hebreo: חסר להם היסוד. No tienen lo esencial. La cercanía que Kook reconoce es instrumental, histórica, parcial. No es reconocimiento de una revelación equivalente ni de una vía alternativa de salvación. Es la descripción de alguien que está en la dirección correcta pero no ha llegado, y que carece de algo que él no puede darse a sí mismo.
Ahora bien. ¿Qué dice el Rav Kook sobre un judío que abandona su fe para adoptar estas religiones? El mismo capítulo 8:13, el que más citan sus admiradores ecuménicos, dice:
"אמנם איש מישראל כי ימיר כבודו, הוא שאול יחטא, ואין ערוך לגעל הנבלה הזאת, והרעות הרבות המוכרחות להיות כרוכות בעקבו."
“Pero un hombre de Israel que cambia su gloria, él peca en el infierno, y no hay medida para la repulsión de esta vileza, y para los múltiples males que inevitablemente vienen en su estela.”
געל הנבלה הזאת. La repulsión de esta vileza. Estas son palabras del Rav Kook sobre la conversión de un judío. No sobre el desprecio del no judío que practica su religión. Sobre el judío que abandona la suya. Si alguien quiere extraer del capítulo 8 una lección de tolerancia ecuménica, está en su derecho. Pero debe leer también esta frase en el mismo párrafo.
Hay un pasaje del capítulo 39:4 del LiNevukei HaDor que ningún rabino pro-cristiano cita jamás, porque lo que dice sobre la figura de Yeshú es tan radicalmente incompatible con cualquier forma de mesianismo que su sola existencia desmonta la narrativa completa. El Rav Kook está reflexionando sobre cómo las naciones absorbieron —deformándola— la luz espiritual de Israel, y escribe:
"ואם לאדם שכל כך חפץ להועיל לאנשים רבים, ועלתה בידו בכמה ענינים, מיחסים לו שם של אלהות, אי אפשר כלל שיהיה מתקבל בציור אחר אור כל כך מאיר בלב עמים שהם מצד עצמם מוכשרים לאלילות, ודוקא באופן כזה מושפע עליהם הטוב המוסרי."
“Y si a un hombre que tanto deseaba beneficiar a muchas personas, y lo logró en algunos asuntos, se le atribuye un nombre de divinidad, es imposible que esa luz tan brillante sea recibida de otra manera en el corazón de pueblos que de por sí están inclinados hacia la idolatría, y precisamente de esa forma les es infundido el bien moral.”
Léanlo con cuidado. El Rav Kook está explicando la divinización de Yeshú como una necesidad psicológica de pueblos idólatras que no podían absorber la luz espiritual en su forma pura. No es validación. Es diagnóstico. La divinización fue la única manera en que los gentiles politeístas podían asimilar algo del monoteísmo ético hebreo —porque su propia incapacidad para el pensamiento abstracto religioso requería una figura concreta y deificada. Kook lo dice con la serenidad de quien describe una patología histórica comprensible pero no por eso menos patológica.
Y el párrafo que sigue termina de completar el cuadro:
"ולכשיתרוממו ביותר ויכירו כמה נשגב ונעלה הוא כבוד אלהים מליחסו לאדם, אפילו יהיה מלא חמדת אהבת הטוב בתכלית, אז יהיו הציורים הקנויים שלהם מצדם הטוב עומדים על כנם, והדעות יתרוממו כלפי השכלת דעת ד'"
“Y cuando se eleven más y reconozcan cuán sublime y exaltado es el honor de D-s comparado con atribuirlo a un ser humano, aunque esté lleno en extremo del deseo del amor al bien, entonces los conceptos que han adquirido desde su lado bueno permanecerán en pie, y las ideas se elevarán hacia el conocimiento de D-s.”
La elevación que Kook espera de los pueblos que siguieron a Yeshú es precisamente el abandono de la divinización. No su confirmación. No su "cumplimiento" en una lectura mesiánica. Su superación hacia el monoteísmo puro. La visión kookiana del futuro espiritual del mundo no es "todos creyendo en Yeshú" — es "todos reconociendo finalmente que atribuirle divinidad a un ser humano era una etapa infantil de la comprensión religiosa."
Hay una última dimensión de esta discusión que merece atención directa antes de llegar a las fuentes tardías: el uso del Rav Kook para legitimar relaciones con el movimiento mesiánico, es decir, con judíos que creen en Yeshú y se presentan con signos exteriores del Judaísmo.
Hay una distinción que el capítulo 8 del LiNevukei HaDor establece con una claridad que ninguna lectura selectiva puede suprimir, y que resulta directamente relevante para evaluar el fenómeno del judaísmo mesiánico y las sectas de Raíces Hebreas del Cristianismo: la diferencia entre el no judío que practica su tradición en su contexto histórico y cultural, y el judío que abandona su herencia para adoptar una fe ajena. Para el primero, el Rav Kook reconoce un valor relativo, contextual, instrumental. Lo que sistemáticamente no citan los apologistas del acercamiento judeo-evangélico es el párrafo del mismo capítulo referido al segundo caso: אין ערוך לגעל הנבלה הזאת —no hay medida para la repulsión de esta vileza— con la que Kook describe al judío que cambia su gloria adoptando otra fe. Un judío adherido al judaísmo mesiánico, a las Raíces Hebreas del Cristianismo, o a cualquier estructura teológica que afirme la divinidad de Yeshú no es, en la taxonomía del Rav Kook, un no judío ejerciendo su tradición en su contexto. Es un judío que ha abandonado la suya. Y para ese caso, el mismo texto que los rabinos sionistas de la hasbara netanyahuista invocan para la tolerancia usa el lenguaje más severo de todo el capítulo. Esa asimetría no es accidental en el texto. Es estructural.
Y el LiNevukei HaDor dice algo más sobre los conversos que regresaron al Judaísmo como gestores de la conversión de otros:
"ואף על פי שאפשר שצאצאי הגרים לא ידעו בעצמם מקור מוצאם שיתבטלו בתוך בני ישראל ויתבוללו בהם, מכל מקום מחוק הירושה הוא, שהנטיות הנפשיות לא תמחקנה"
“Y aunque es posible que los descendientes de los prosélitos no sepan ellos mismos el origen de su procedencia, de modo que se asimilen dentro de los hijos de Israel y se confundan con ellos, sin embargo, por la ley de la herencia es así, que las inclinaciones del alma no se borrarán.”
El Rav está hablando de la impresión espiritual que dejan las raíces en los descendientes. Quien usa esto para legitimar el "retorno" de los mesiánicos al Judaísmo está usando a Kook en contra de Kook. Las inclinaciones que no se borran son las que alejan al converso de la Torá, no las que lo regresan disfrazado de ella.
Me detendré aquí para formular la pregunta que cualquier lector de buena fe debería hacerse al llegar a este punto. Los textos que hemos examinado —la taxonomía del capítulo 14, la prohibición de tolerancia práctica frente a la avodah zarah, la descripción de la teología del reemplazo como obstáculo que debe ser eliminado, la caracterización de la divinización de Yeshú como patología histórica de pueblos incapaces del monoteísmo abstracto— no son fragmentos oscuros ni pasajes de interpretación dudosa. Están en el mismo libro que los rabinos pro-evangélicos citan como su autoridad. En las mismas páginas. A veces en el mismo capítulo que invocan.
¿Por qué no los citan?
La explicación intelectualmente más generosa es la incompetencia: que la lectura parcial es producto de la superficialidad, no de la deliberación. La explicación menos generosa —y textualmente más consistente con el patrón que hemos documentado— es que la omisión es estructural: que estos rabinos conocen el LiNevukei HaDor lo suficiente como para saber qué no deben mostrar, y que sus congregaciones y sus interlocutores evangélicos no leerán el hebreo original para verificarlo. El LiNevukei HaDor fue escrito para los perplejos de la generación, no para rabinos que buscan cobertura filosófica para una agenda de relaciones públicas con el protestantismo dispensacionalista. Esa distancia entre el propósito original del texto y su uso actual no es una diferencia de interpretación. Es una distancia entre la búsqueda honesta y su simulacro.
La evidencia sobre el cambio de postura del Rav Kook no depende de una lectura entre líneas. Fue documentada por el Rav Yosef Kelner —quien accedió al manuscrito del LiNevukei HaDor antes de su circulación— en un análisis publicado en Talelei Orot (cap. 3), donde señala de forma explícita que el Rav Kook criticó posteriormente el enfoque de su propia obra temprana. La razón que el Rav Tzvi Yehuda invocó para detener la publicación era precisamente esta: que un lector sin acceso a las obras maduras del Rav recibiría del LiNevukei HaDor una imagen distorsionada de su pensamiento, y que la tolerancia instrumental y provisional del texto temprano sería leída como postura definitiva. Lo que el Rav Tzvi Yehuda temía en abstracto es precisamente lo que los rabinos pro-evangelicales del Likud están produciendo en concreto. El Rav Baruj Efrati sostiene que el libro fue archivado por el propio Rav Kook para que no fuera leído. El Rav Shlomo Aviner —cuya autoridad en la escuela kookiana nadie cuestiona seriamente— rechaza por completo utilizarlo como fuente normativa. El heredero advirtió. Sus sucesores directos confirmaron. Los rabinos de la hasbara netanyahuista decidieron no escuchar.
Hay un dato que los rabinos de la hasbara Netanyahu-Likud mencionan de pasada, como quien desactiva una bomba sin mirar: el Rav Kook no terminó su vida intelectual donde comenzó. El editor crítico del LiNevukei HaDor, Shlomo Rahmani, lo consigna con precisión quirúrgica en la página 309 de la edición de Yedioth Ahronoth. Lo que allí aparece no es una nota al margen: es la constancia de una transformación radical. Cuando el Rav Kook estuvo en Suiza durante la Primera Guerra Mundial, presenció algo que ningún texto teológico puede prepararte para ver: la Europa cristiana, la que llevaba siglos de hegemonía eclesiástica, de catedrales y concilios y cruzadas y misiones civilizatorias, desplegando una barbarie que hacía irrelevante cualquier crédito moral que el protestantismo o el catolicismo hubieran acumulado. Rahmani documenta que de esa experiencia el Rav Kook extrajo una conclusión que sus actuales intérpretes sionistas prefieren silenciar: el cristianismo no había influido en absoluto en la moralidad real de Europa. La frase es del propio editor. No es una lectura. Es una constatación. Lo que resulta analíticamente revelador no es que Kook haya cambiado de postura —los pensadores profundos cambian— sino que quienes hoy lo invocan para kasherizar relaciones con pastores evangélicos de Texas o con lobbies dispensacionalistas en Washington citen exclusivamente los textos anteriores a ese momento. Como si Suiza no hubiera ocurrido. Como si Rahmani no hubiera escrito esa página. Como si el libro que editan tuviera 308 páginas en lugar de 309.
Para entender lo que el Rav Kook pensaba sobre el cristianismo cuando escribía para sí mismo —no en el contexto apologético del LiNevukei HaDor, sino en la obra que sus discípulos de Mercaz HaRav consideran la expresión más plena de su pensamiento redentor— hay que leer Orot, específicamente Israel veTjiato, capítulo 4. Lo que allí aparece no tiene el tono conciliador que los rabinos sionistas de la órbita Netanyahu extraen del LiNevukei HaDor. El Rav Kook describe al cristianismo —הנצרות— como una tradición que, al pretender conocer a D-s midiendo lo inmedible con parámetros humanos, se aproximó por su propia naturaleza a la idolatría y se enredó en conceptos idólatras de forma tan profunda que no podrá liberarse de ellos sino mediante un שברון גמור —un quebranto total en sus huesos— que permita el retorno de sus elementos válidos al tesoro de la Torá, de donde originalmente los tomó. Sobre el islam la formulación es estructuralmente idéntica, y Kook concluye: אין בינה לבין האליליות חיץ הגיוני —no hay barrera lógica entre el islam y la idolatría. Esto no es una fuente marginal. Es la obra central. Y su distancia con el uso que los defensores del acercamiento judeo-evangélico hacen del LiNevukei HaDor no es una diferencia de matiz: es la diferencia entre el diagnóstico provisional de un período temprano y la conclusión madura de un pensador que procesó la evidencia histórica completa. Esto se halla explícitamente en Orot, Israel veTjiato, sección clave del capítulo 4:
הנצרות חשבה, שהיא יודעת את האלהים. היא מדדה את הבלתי נמדד באמת המוסר האנושי, ע"פ אותה המדה שהיתה יכולה להשתער בימי התגלותה. ומן הדמיון שיש לה ידיעה, במה שאין לה ולכל נוצר כל מושג, והרגשה במה שאי אפשר להרגיש, התקרבה, בטבעה לאליליות, ונסתבכה במושגים אליליים כ"כ, עד שלא תוכל להנקות מהם כ"א ע"י שברון גמור בעצמותה, שיגרום ביטול צורתה והשבת חלקיה הטובים למקור שמשם לוקחו, שהוא אוצר התורה ואור ישראל.
“El cristianismo pensó que conoce a Dios. Midió lo inmedible con la verdadera moral humana, según la medida en que pudo elevarse en los días de su revelación. Y de la imaginación que tiene conocimiento en aquello en que ni ella ni ninguna criatura tiene concepto alguno, y sentimiento en aquello que es imposible sentir, se aproximó, en su naturaleza, a la idolatría, y se enredó en conceptos idólatras hasta tal punto, que no podrá liberarse de ellos sino mediante un quebranto total en sus huesos, que cause la anulación de su forma y el retorno de sus partes buenas a la fuente de donde las tomó, que es el tesoro de la Torá y la luz de Israel.”
Y sobre el islam:
מה שהיא הנצרות ביחס אל החסד והמוסר, שהיא חשבה שהיא מבינה בהם את האלהות ומרגישתה, כן היא המושלמניות ביחס אל החכמה והגבורה, שהיא חושבת שהכירה בהם את העצמיות של האלהות, ועל זה בנתה את יסודה. אמנם חכמה וגבורה מחזיקות את המעמד בלב בצורה יותר אמיצה מחסד ואהבה... אין בינה לבין האליליות חיץ הגיוני.
“Lo que el cristianismo es respecto a la bondad y la moral, que pensó que entiende en ellas la divinidad y la siente, así es el islam respecto a la sabiduría y el poder, que piensa que conoció en ellas la esencia misma de la divinidad, y sobre eso construyó su fundamento. Ciertamente, la sabiduría y el poder sostienen la posición en el corazón de forma más firme que la bondad y el amor... no hay barrera lógica entre ella y la idolatría.”
No es una fuente oscura, sino la obra que sus discípulos de Mercaz HaRav consideran la expresión más plena de su pensamiento redentor, donde critica el shituf implícito en estas fes que usurpan el rol único de Israel, demandando su purificación mesiánica.
והנה אנו צריכים לחלק את כללות האמונות הנמצאות בעולם לשלשה חלקים, חוץ מתורת ישראל, שגם לפי דברי חוקרי הדתות החפשיים, היא גברת הדתות.
“Y he aquí que debemos dividir todas las creencias que existen en el mundo en tres partes, aparte de la Torá de Israel, que incluso según las palabras de los investigadores de las religiones libres, es la señora de las religiones — גברת הדתות.”
Esa es la premisa con la que el Rav Kook abre su taxonomía y la premisa con la que la cierra. No la abandonó en el LiNevukei HaDor. No la abandonó en Orot. No la abandonó después de Suiza. Lo que sí abandonó —como documenta su propio editor, como constatan sus sucesores directos, como evidencia la arquitectura completa de su obra tardía— es la disposición a presentar esa jerarquía en términos que pudieran ser malleídos como concesión. Los rabinos sionistas que hoy instrumentalizan sus páginas más generosas para construir alianzas teológico-políticas con el dispensacionalismo y el evangelicalismo norteamericano no están completando el pensamiento del Rav Kook. Están interrumpiéndolo en el único punto donde les resulta útil, y llamando a esa interrupción fidelidad.
La gveret haDatot no negocia con sus derivadas. Las espera.