9/30/2026

Yejezkel 21:1-5 y la pretendida profecía de Muhammad y los ángeles de Qedar: examen de la lectura de al-Qurṭubí a la luz del Targum Yonatán, el Tafsir del RaSa"G y de la tradición exegética judía

BS"D

Ilustración: La Ascensión, de Jami Al-Tawarikh ("La Historia Universal")


Al-Qurṭubí introduce este bloque de pruebas con una declaración metodológica que conviene retener antes de examinar su contenido:

إنما نذكر أخبار الأنبياء المبشرة بنبوة محمد ﷺ من كتبهم التي بأيديهم وعلى ما ترجمها مترجموهم من غير زيادة ولا نقصان 

(“solo mencionamos las noticias de los profetas que anuncian la profecía de Muhammad a partir de los libros que ellos tienen en sus manos, y según la tradujeron sus traductores, sin añadir ni quitar nada”). 

Es una promesa explícita de fidelidad textual absoluta, y es precisamente esa promesa la que el propio pasaje que cita a continuación no cumple.

Cita primero a Yeshayah:

ستمتلئ البادية والقصور التي سكنها قيدار يسبحون، ومن رؤوس الجبال ينادون، هم الذين يجعلون لله الكرامة ويبثون تسبيحه في البر والبحر 

(“se llenará el desierto y las ciudades que habitó Qedar; ellos alabarán, y desde las cumbres de los montes proclamarán; ellos son quienes atribuyen gloria a Dios y difunden Su alabanza por tierra y mar”). 

Esta cita, a diferencia de la que examinamos en Yeshayah 42 en esta misma serie, está correctamente atribuida: corresponde en efecto a Yeshayah 42:11, donde קֵדָר —hijo de Ishmael, epónimo de tribus árabes— aparece mencionado de forma genuina. El problema surge en la frase siguiente, que atribuye a Yejezkel: إني مؤيد قيدار بالملائكة (“ciertamente, apoyo a Qedar con los ángeles”), sobre la cual construye: وقيدار ولد إسماعيل بلا شك (“y Qedar es, sin duda, hijo de Ishmail”), y concluye enlazándolo con la tradición islámica sobre los ángeles que combatieron junto a Muhammad.

Refutación

Esa frase — “apoyo a Qedar con los ángeles”— no aparece en ningún versículo de Yejezkel en su versión masorética. El pasaje al que corresponde la dirección "sur/Teimán", y que es el más próximo en todo el libro a la combinación de vocablos que él parece evocar, es Yejezkel 21:1-5:

וַיְהִי דְבַר־יְהֹוָה אֵלַי לֵאמֹר. בֶּן־אָדָם שִׂים פָּנֶיךָ דֶּרֶךְ תֵּימָנָה וְהַטֵּף אֶל־דָּרוֹם וְהִנָּבֵא אֶל־יַעַר הַשָּׂדֶה נֶגֶב. וְאָמַרְתָּ לְיַעַר הַנֶּגֶב שְׁמַע דְּבַר־יְהֹוָה כֹּה־אָמַר אֲדֹנָי יֱהֹוִה הִנְנִי מַצִּית־בְּךָ אֵשׁ וְאָכְלָה בְךָ כׇל־עֵץ־לַח וְכׇל־עֵץ יָבֵשׁ לֹא־תִכְבֶּה לַהֶבֶת שַׁלְהֶבֶת וְנִצְרְבוּ־בָהּ כׇּל־פָּנִים מִנֶּגֶב צָפוֹנָה. וְרָאוּ כׇּל־בָּשָׂר כִּי אֲנִי יְהֹוָה בִּעַרְתִּיהָ לֹא תִּכְבֶּה. וָאֹמַר אֲהָהּ אֲדֹנָי יֱהֹוִה הֵמָּה אֹמְרִים לִי הֲלֹא מְמַשֵּׁל מְשָׁלִים הוּא

(“Y fue la palabra del Eterno a mí, diciendo: Hijo de hombre, pon tu rostro hacia Teimaná, y destila [tu palabra] hacia el sur, y profetiza contra el bosque del campo del Néguev; y dirás al bosque del Néguev: Oye la palabra del Eterno. Así dijo el Eterno Dios: He aquí que Yo enciendo en ti un fuego, y devorará en ti todo árbol verde y todo árbol seco; no se apagará la llama ardiente, y se quemarán en ella todos los rostros, del Néguev hacia el norte. Y verá toda carne que Yo, el Eterno, la encendí; no se apagará. Y dije: ¡Ah, Eterno Dios! Ellos me dicen: ¿acaso no habla él en parábolas?”).

Mientras que en el Targum Yonatán traduce el pasaje completo así:

וַהֲוָה פִּתְגָם נְבוּאָה מִן קֳדָם יְיָ עִמִי לְמֵימָר: בַּר אָדָם קַבֵּיל נְבוּאָה לְאוֹרַח דָרוֹמָא וְאַלֵיף עַל דָרוֹמָא וְאִתְנְבֵּי עַל חוּרְשָׁא דַחֲקַל דָרוֹמָא: וְתֵימַר לְחוּרְשָׁא דְדָרוֹמָא קַבֵּיל פִּתְגָמָא דַייָ כִּדְנַן אֲמַר יְיָ אֱלֹהִים הָא אֲנָא מַדְלִיק בָּךְ אֶשְׁתָּא וְתִקְטֵיל בָּךְ כָּל אִילַן יַבִּישׁ לָא תִטְפֵי לְשַׁלְהוֹבִיתָא דִמְשֵׁיצְיָא וְיִתְרַשְׁמוּן בָּהּ כָּל אַפַּיָא מִדְרוֹם לְצִפּוּנָא: וְיֶחֱזוּן כָּל בְּנֵי בִסְרָא אֲרֵי אֲנָא יְיָ אַדְלִיקְתָּהּ לָא תִטְפֵי: וַאֲמָרֵית קַבֵּיל בָּעוּתִי יְיָ אֱלֹהִים הָא אִינוּן אָמְרִין לִי הֲלָא מַמְתֵיל מַתְלִין הוּא

(“Y fue palabra de profecía de delante del Eterno, conmigo, diciendo: Hijo de hombre, recibe profecía hacia el camino del sur, y enseña hacia el sur, y profetiza hacia el bosque del campo del sur; y dirás al bosque del sur: recibe la palabra del Eterno; así dice el Eterno Dios: he aquí que Yo enciendo en ti fuego, y matará en ti todo árbol seco; no se apagará la llama devoradora, y se marcarán en ella todos los rostros de sur a norte; y verán todos los hijos de la carne que Yo, el Eterno, la encendí; no se apagará. Y dije: recibe mi súplica, Eterno Dios; he aquí que ellos me dicen: ¿acaso no habla él puras parábolas?”). 

Conviene, en este punto, un matiz textual-crítico que la propia tradición rabínica documenta: Radak, al comentar este mismo versículo, registra dos recensiones distintas del Targum que circulaban en su época. Una —la que acabamos de citar— conserva la metáfora tal cual: מַדְלִיק בָּךְ אֶשְׁתָּא... כָּל אִילַן יַבִּישׁ, “enciende en ti fuego... todo árbol seco”. La otra, que Radak cita como alternativa ("ובמקצת נוסחאות", “y en algunos manuscritos”), resuelve la metáfora en su sentido llano desde el propio Targum: הָא אֲנָא מְגָרֵי בָּךְ עַמָּא דְּתַקִּיף כְּאֶשְׁתָּא וְיִקְטוֹל בָּךְ כָּל גְּבַר עָתִיר וְכָל גְּבַר מִסְכֵּן, “he aquí que incito contra ti a un pueblo fuerte como el fuego, y matará en ti a todo hombre rico y a todo hombre pobre”. Esta variante sustituye "árbol" por "hombre" y explicita que el "fuego" es un pueblo conquistador —identificado por el resto de la tradición, unánimemente, con Babilonia—, cerrando de antemano cualquier lectura que quisiera ver en la imagen ígnea una entidad distinta del ejército babilonio.

Que este pasaje no admite la lectura de al-Qurṭubí lo confirma, de manera aún más contundente, la continuación inmediata de la misma unidad profética: Yejezkel 21:6-9, donde el propio texto abandona el lenguaje parabólico y dice en términos llanos aquello que la parábola del bosque había velado. Esa continuación se conserva, de forma independiente del Tafsir yemení de RaSa"G que hemos venido citando en esta serie, en el manuscrito Arabe 1 de la Bibliothèque nationale de France —458 folios de papel occidental, escritura oriental de factura egipcia, texto parcialmente vocalizado (مشكول) con títulos rubricados, copiado por ʿAbd Rabbih ibn Muḥammad al-Šaʿrānī en Muḥarram del año 993 de la Hégira (comienzos de 1585), cuyo registro nombra también a ʿAlam al-qass, sacerdote y traductor, y a Faḍl Allāh ibn Tādrus, y cuyo prefacio —que una nota latina de Joseph Ascari, de 1734, atribuye a un anónimo— describe una مقابلة (muqābala), un cotejo del texto árabe con un ejemplar hebreo—. Es, en suma, un testimonio del Tafsir de Saadiah ben Yosef nacido en la sinagoga, transmitido y colacionado por manos cristianas en el Egipto otomano, y por tanto independiente en su cadena de transmisión del Jumash yemení. En su folio 335 se lee:

الاصحاح الحادي والعشرون

وكان قول الرب اليّ قائلا: (٢) يا ابن الانسان ثبّت وجهك على تيمان وانطف على اعوك (؟) وتنبأ على الغاب مقدم (؟) ناحيات (؟)، (٣) وقل للغاب ناحيات (؟): اسمع قول الرب. هكذا يقول الرب اله اسرائيل (؟): ها انا اشعل فيك نارا فتأكل فيك كل عود اخضر وكل عود يابس، ولا يطفأ اللهب المشتعل، وتحرق فيها كل وجه من الجنوب (؟) الى الجربياء، (٤) ويعلم كل جسد اني انا الرب احرقته ولا يطفأ ايضا. (٥) فقلت: آه يا رب يا رب، ها هم يقولون لي: أليس هذا المثل هو المقول؟

אלאצחאח אלחאדי ואלעשרון

וכאן קול אלרב אלי קאילא: (ב) יא אבן אלאנסאן תבּת וג'הך עלי תימאן ואנטף עלי אעוך (?) ותנבא עלי אלע'אב מקדם (?) נאחיאת (?), (ג) וקל ללע'אב נאחיאת (?): אסמע קול אלרב. הכד'א יקול אלרב אלאה אסראיל (?): הא אנא אשעל פיך נארא פתאכל פיך כל עוד אכ'צ'ר וכל עוד יאבס, ולא יטפא אללהב אלמשתעל, ותחרק פיהא כל וג'ה מן אלג'נוב (?) אלי אלג'רביא, (ד) ויעלם כל ג'סד אני אנא אלרב אחרקתה ולא יטפא איצ'א. (ה) פקלת: אה יא רב יא רב, הא הם יקולון לי: אליס הד'א אלמת'ל הו אלמקול?


Capítulo veintiuno. (1) Y fue la palabra del Señor a mí, diciendo: (2) «Hijo del hombre, afirma tu rostro hacia Teimán (el sur), predica hacia [¿el Darom?] y profetiza contra el bosque [—], (3) y di al bosque [—]: Escucha la palabra del Señor. Así dice el Señor, Dios de Israel (?): He aquí que enciendo en ti un fuego que consumirá en ti todo leño verde y todo leño seco; no se apagará la llama ardiente, y en ella se quemará todo rostro, del sur (?) al norte. (4) Y sabrá todo cuerpo que yo, el Señor, lo he encendido, y no se apagará más». (5) Y dije: «¡Ah, Señor, Señor! He aquí que ellos me dicen: ¿No es este el proverbio que se dice?». 

-ʿAbd Rabbih ibn Muḥammad al-Šaʿrānī (copista). (1584-1585). Ancien Testament (f. 1v-438); Kitāb aḫbār al-ʿibrāniyyīn (f. 439-458) [Manuscrito árabe; versión atribuida a Saadia Gaón (882-942)]. Bibliothèque nationale de France, Département des Manuscrits, Arabe 1. Gallica. f. 335 https://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b110045111  

Este testimonio, transmitido por una vía completamente distinta de la yemení que hemos venido usando en el resto de la serie —copiada en el Egipto otomano, cotejada según su propio prefacio con un ejemplar hebreo, y circulando entre manos cristianas—, confirma la misma sustancia que el Targum: ni Qedar ni ángeles, y sí un incendio total del bosque como figura de destrucción. Pero conviene detenerse en la nota textual-crítica que ofrece Radak, porque cierra por completo cualquier resquicio que pudiera quedar abierto. Radak registra que en su época circulaban dos recensiones distintas del Targum sobre este mismo versículo: la que hemos citado, que conserva la metáfora tal cual —מַדְלִיק בָּךְ אֶשְׁתָּא... כָּל אִילַן יַבִּישׁ, “enciende en ti fuego... todo árbol seco”—, y otra que él mismo transmite como variante — “ובמקצת נוסחאות”, “y en algunos manuscritos”— y que resuelve la metáfora en su sentido llano desde el propio arameo: הָא אֲנָא מְגָרֵי בָּךְ עַמָּא דְּתַקִּיף כְּאֶשְׁתָּא וְיִקְטוֹל בָּךְ כָּל גְּבַר עָתִיר וְכָל גְּבַר מִסְכֵּן, “he aquí que incito contra ti a un pueblo fuerte como el fuego, y matará en ti a todo hombre rico y a todo hombre pobre”. Que existan dos recensiones del mismo Targum es, en sí mismo, un hecho filológico relevante; pero lo decisivo aquí es que ninguna de las dos ofrece la más mínima puerta a la lectura de al-Qurṭubí. Incluso la variante que abandona la imagen vegetal y nombra explícitamente al agente destructor lo hace en términos inequívocamente hostiles —עַמָּא דְּתַקִּיף, “un pueblo fuerte” que מַתְּ, “mata”—, no como un pueblo al que Dios "apoya con ángeles", sino como el instrumento mismo del castigo, identificado sin excepción por el resto de la tradición —Rash"i, Radak, Abravanel— con Babilonia. Es decir: allí donde la tradición manuscrita del propio Targum se bifurca, ambas ramas convergen en excluir precisamente la lectura que se querría imponerle.

La misma conclusión se impone si se atiende a la continuación inmediata de esta unidad profética, que el propio Abravanel resume al describir el conjunto de la novena profecía de Yejezkel: 

"ובאה אחרי זאת נבואה אחרת בביאור מי היה היער ואמר שהוא ירושלם שיכרית ממנה צדיק ורשע... ולכן צוהו שיאנח בשברון ובמרירות על השמועה אשר באה והיא אשר הגיד לו בדבור הנמשך לזה שחרב נבוכד נצר הוחדה וגם מרוטה להרוג בני אדם ולהפחיד את הכל" (“y vino después de esto otra profecía que explica quién era el bosque, y dijo que es Yerushalayim, de la cual cortará al justo y al malvado... y por eso le ordenó gemir con el corazón quebrantado y con amargura por la noticia que llegó, que es la que le anunció en el discurso siguiente: que la espada de Nabucodonosor fue afilada y también pulida para matar hombres y aterrorizar a todos”). 

El propio Yejezkel, es decir, no deja la identidad del bosque librada a la interpretación: la explicita él mismo en el pasaje que sigue de inmediato, y esa explicitación —según la lee toda la tradición exegética, sin disidencia— es Yerushalayim bajo la espada de Nabucodonosor, no Arabia bajo la protección de los ángeles.

Queda, así, un solo hilo capaz de explicar de dónde pudo surgir la afirmación de al-Qurṭubí, y ese hilo no pasa por el texto, sino por la transliteración: el manuscrito Arabe 1 conserva תֵּימָן/تيمان sin traducir, mientras que el Targum lo vierte por su sentido —דָרוֹמָא, "el sur"—, y toda la exégesis hebrea lo fija como dirección geográfica hacia Yerushalayim desde Babel, no como topónimo árabe. 

Tres testimonios de traducción, de cadenas de transmisión independientes entre sí —el arameo targúmico en sus dos recensiones, la vía judeoárabe egipcia de este manuscrito, y la vía yemení del resto de esta serie—, y el propio desarrollo posterior del oráculo según lo resume Abravanel, coinciden en que no hay en este pasaje ángel, ni Qedar, ni promesa alguna a los descendientes de Ismael: solo un nombre de dirección que una traducción, al no resolverlo, dejó abierto a una lectura que ninguna de sus fuentes documentadas autoriza.