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2/20/2024

Pesikta Rabati 36: El midrash que refuta a los misioneros con sus propias fuentes


Hay una táctica misionera que conozco bien, y que en su audacia llega a rozar lo cómico: tomar un texto rabínico, citar un fragmento, y presentarlo ante sus audiencias como si los propios sabios de Israel hubieran anticipado la teología cristiana. La mayoría de las veces esto funciona porque el auditorio no lee hebreo, no conoce el texto completo, y confía en que el misionero sí lo ha leído. Esa confianza es, casi siempre, inmerecida.

El caso del capítulo 36 de la Pesikta Rabati es un ejemplo casi perfecto de este fenómeno. Hay misioneros que lo usan para argumentar que incluso las fuentes rabínicas hablan de un mesías que carga con los pecados de Israel y está dispuesto a sufrir por ellos. La conclusión implícita —nunca demasiado implícita— es que eso encaja con su teología. Lo que no hacen es leer el texto completo. O si lo leen, confían en que sus oyentes no lo harán.

Léanlo conmigo.

El midrash relata un diálogo entre el Santo Bendito Sea y un mesías a quien se nombra de manera muy específica: Efraím. O más exactamente, el mesías hijo de Efraím. Aquí está el texto completo, tal como aparece en la fuente:


אמר להם הקב״ה משיח ושמו אפרים משיח צדקי מגביה קומתו וקומת דורו ומאיר עיני ישראל ומושיע עמו ואין כל אומה ולשון יכולה לעמוד בו שנאמר לא ישיא אויב בו ובן עולה לא יעננו וכל אויביו וצריו מתברחים שנאמר וכתותי מפניו צריו ואף נהרות פוסקים בימיו שנאמר ושמתי בים ידו ובנהרות ימינו

התחיל הקב״ה מתנה עמו ואומר הללו שגנוזים הם אצלך עונותיהם עתידים להכניסך בעול ברזל ועושים אותך כעגל הזה שכהו עיניו ומשנקים את רוחך בעול ובעונותיהם של אילו עתיד לשונך לידבק בחיכך רצונך בכך אמר משיח לפני הקב״ה שמא אותו צער שנים רבות הם אמר לו הקב״ה חייך וחיי ראשי שבוע אחת שגזרתי עליך אם נפשך עציבה אני טורדן מעכשיו אמר לפניו רבון העולמים בגילת נפשי ובשמחת לבי אני מקבל עלי על מנת שלא יאבד אחד מישראל ולא חיים בלבד יושעו בימי אלא אף אותם מתים שמתו מאדם הראשון עד עכשיו ולא אילו בלבד אלא אף נפלים יושעו בימי ולא אילו בלבד יושעו בימי אלא כל מי שעלתה על דעתך להבראות ולא נבראו בכך אני רוצה בכך אני מקבל עלי


Mi traducción académica del pasaje, intentando preservar la sintaxis del hebreo rabínico y evitar la coloración teológica que caracteriza a las versiones misioneras:

"El Santo Bendito Sea les dijo: El mesías — y su nombre es Efraím, mi mesías justo — elevará su estatura y la estatura de su generación, iluminará los ojos de Israel y salvará a su pueblo; y ninguna nación ni lengua podrá resistirle, como está escrito: 'No le engañará el enemigo ni le afligirá el hijo de iniquidad' [Salmos 89:23]; y todos sus enemigos y adversarios huirán de delante de él, como está escrito: 'Desmenuzaré a sus adversarios ante su presencia' [Salmos 89:24]; incluso los ríos cesarán en sus días, como está escrito: 'Pondré su mano sobre el mar y su diestra sobre los ríos' [Salmos 89:26].

El Santo Bendito Sea comenzó a negociar con él, diciéndole: Aquellos cuyos pecados están depositados contigo, en el tiempo por venir te pondrán bajo un yugo de hierro y te harán semejante a este becerro cuyos ojos se oscurecieron, y ahogarán tu aliento con el yugo; y a causa de sus pecados tu lengua se adherirá a tu paladar. ¿Aceptas esto? El mesías dijo ante el Santo Bendito Sea: ¿Acaso ese sufrimiento durará muchos años? El Santo Bendito Sea le respondió: ¡Por tu vida y por la mía! Una semana de años he decretado para ti; y si tu alma está afligida, los expulsaré desde este mismo momento. [El mesías] dijo ante Él: Amo del universo, con la alegría de mi alma y la felicidad de mi corazón acepto esto sobre mí, con tal de que ninguno de Israel perezca; y no sólo los que están vivos se salvarán en mis días, sino también aquellos muertos que han muerto desde Adam el primero hasta ahora; y no sólo éstos, sino también los nefалим —los abortados— se salvarán en mis días; y no sólo aquéllos se salvarán en mis días, sino todo aquel que estuvo en Tu pensamiento para ser creado y no fue creado. Esto es lo que deseo; esto acepto sobre mí."


Primera observación, y es una que los misioneros pasan por alto con una velocidad que delata su incomodidad: el texto habla de un mesías futuro. La tradición oral presupone, de manera explícita, que el mesías no ha llegado todavía. Ese solo dato derrumba el argumento cristiano antes de que empiece. Pero sigamos, porque hay más.

¿Por qué Efraím? La respuesta está en la propia geografía de la tradición judía. Efraím era hijo de Yosef, y Efraím se convierte en una de las doce tribus de Israel. Esta figura es, inequívocamente, el Mashiaj ben Yosef que aparece en diversas fuentes de la tradición: el mesías guerrero y mártir distinto del Mashiaj ben David del linaje real. Y hay una razón muy precisa por la que el midrash usa el nombre de Efraím en lugar de Yosef: los sabios sabían perfectamente que si usaban la denominación ben Yosef, los apologistas mesiánicos argumentarían que se trata de su figura, dado que el padre adoptivo de Yeshú se llamaba Yosef. El nombre Efraím cierra esa puerta con una elegancia que los misioneros prefieren no discutir.

Ahora bien. El texto establece que en la generación de este mesías se "traerá salvación a Israel"ומושיע עמו — y que ninguna nación ni lengua podrá resistirle. Eso no ocurrió en el siglo I. Ocurrió exactamente lo contrario: Judea fue destruida por los romanos, el Templo fue demolido y comenzó el exilio más largo de la historia del pueblo judío. Los propios textos del Nuevo Testamento confirman indirectamente esta contradicción: en Marcos 8:12, Yeshú le dice a los judíos de su tiempo "לא ינתן לדור הזה אות""no se dará señal a esta generación" — negándoles la salvación que, según el midrash, debería haber caracterizado precisamente a la generación del mesías verdadero.

Pero el texto se vuelve todavía más interesante cuando describe la naturaleza del sufrimiento que este mesías acepta. El Santo Bendito Sea le advierte: los pecados de Israel que están depositados contigo — שגנוזים הם אצלך עונותיהם — te pondrán bajo un yugo de hierro, te harán semejante a un becerro al que se le oscurecieron los ojos, te ahogarán el aliento. ¿Es esto tu deseo?

Y la respuesta del mesías de Efraím es una de las declaraciones más nobles que he encontrado en toda la literatura midrásica:

בגילת נפשי ובשמחת לבי אני מקבל עלי

"Con la alegría de mi alma y la felicidad de mi corazón acepto esto sobre mí."

Deténganse aquí un momento.

Este mesías acepta el sufrimiento con alegría de alma y felicidad de corazón. No lo debate. No suda sangre ante la perspectiva. No le pide a D-s que aparte de él ese cáliz. Lo abraza de manera incondicional, sin reservas, por amor a Israel en todas sus generaciones: los vivos, los muertos desde Adam, los que no llegaron a nacer, los que ni siquiera fueron creados. La fórmula hebrea על מנת שלא יאבד אחד מישראל — "con tal de que ninguno de Israel perezca" — no deja margen de ambigüedad: la motivación es exclusiva y totalmente orientada hacia el bien del pueblo.

Ahora lean lo que dicen los propios evangelios sobre la actitud de Yeshú ante su sufrimiento inminente: "אבי אם אפשר יעבור ממני הכוס הזה" — "Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa" (Mateo 26:39). Y en el momento de la crucifixión: "אלי אלי למה שבקתני" — "D-s mío, D-s mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mateo 27:46). El misionero quiere hacernos creer que estas dos figuras son la misma, o que una prefigura a la otra. Pero el contraste no podría ser más violento. El mesías de la Pesikta Rabati acepta בגילת נפשי ובשמחת לבי — con alegría de alma y felicidad de corazón. Yeshú debate, duda, y en el momento decisivo siente que D-s lo ha abandonado. Son dos figuras que se mueven en direcciones opuestas.

Y hay algo más que el midrash no dice, y que los misioneros tampoco mencionan porque los condena: en ningún lugar de la Pesikta Rabati se dice que este mesías muere. Y mucho menos que resucita. El sufrimiento que acepta es el peso de los pecados de Israel durante el período de redención — בעונותיהם של אילו — no la muerte seguida de resurrección. La arquitectura teológica es completamente distinta a la cristiana.

Miremos ahora el otro lado del espejo.

El mesías hijo de Efraím declara על מנת שלא יאבד אחד מישראל — que sufre para que ninguno de Israel perezca. ¿Qué dice Yeshú sobre Israel en los propios textos que sus seguidores consideran sagrados? Mateo 23 es un capítulo entero dedicado a difamar a los judíos de su tiempo. Lucas 13:35 contiene una amenaza directa de destrucción contra Jerusalén. Y Mateo 21:43 es quizá el texto más revelador: "Os digo que se quitará de vuestras manos el reino de D-s y será entregado a un pueblo que lo haga fructificar." Mientras el mesías de la Pesikta dice "sufriré para que ninguno de Israel perezca", Yeshú le dice a los judíos que D-s los reemplazará con otro pueblo. La teología del reemplazo no es un añadido posterior del cristianismo. Está en boca de su propio fundador.

Y hay un episodio que merece atención especial. Los evangelios relatan que Yeshú entró al Templo, fabricó un arma —un látigo— y comenzó a agredir personas, volcando las mesas de los cambistas y dispersando su dinero. Los cambistas en el Templo no eran especuladores: cumplían una función religiosa y económica indispensable. Muchas de las monedas que circulaban en el período llevaban imágenes de emperadores o divinidades paganas y no podían usarse para la contribución al Templo; los cambistas las convertían en shekel de Tiro, la moneda aceptada para las ofrendas, garantizando así la pureza ritual del espacio sagrado. Agredirlos físicamente y destruir su trabajo no era un acto de purificación: era un ataque al funcionamiento del Templo desde adentro.

Comparen eso con בגילת נפשי ובשמחת לבי אני מקבל עלי — el mesías hijo de Efraím que acepta el yugo de hierro con alegría, para que ninguno de Israel perezca.

Mateo 23:35 ofrece el contraste más brutal. Yeshú le dice a los judíos: "Que caiga sobre vosotros toda la sangre justa derramada sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Baraquías." Intenta imputar a judíos del siglo I la responsabilidad por asesinatos cometidos a lo largo de toda la historia humana desde Abel en adelante — y comete además un error histórico, confundiendo al Zacarías asesinado en el patio del Templo, que fue hijo de Yehoyada (2 Crónicas 24:20-22), con un Zacarías hijo de Berequías que es un personaje diferente.

Tanto el mesías de la Pesikta como Yeshú apelan, cada uno a su manera, a las generaciones pasadas — ambos invocan desde Adam en adelante. El midrash lo expresa así: ולא חיים בלבד יושעו בימי אלא אף אותם מתים שמתו מאדם הראשון עד עכשיו — "no sólo los que están vivos se salvarán en mis días, sino también los muertos que han muerto desde Adam el primero hasta ahora." El mesías de Efraím evoca las generaciones pasadas para salvarlas. Yeshú las evoca para inculparlas. El mismo motivo literario, usados en direcciones exactamente opuestas.

Hay además en el Nuevo Testamento una tendencia que va más allá de la hostilidad personal de Yeshú hacia los judíos y que revela la arquitectura teológica completa del movimiento que lo siguió. Pablo de Tarso, en la carta a los Gálatas, construye una alegoría en la que los judíos son "hijos de la esclava" Hagar y los gentiles convertidos al cristianismo son "hijos de la libre" Sara —ubicando, de paso, al Monte Sinaí en Arabia, un error geográfico que el propio texto comete en el versículo 25. El mismo patrón de desplazamiento aparece en el islam, que sustituye a Itzjak por Ishmael en el relato del sacrificio. Hay una tendencia recurrente en el subconsciente religioso de la humanidad por intentar arrebatarle la Torá a Israel, y esa tendencia se expresa de formas distintas en distintos momentos históricos. El denominador común es siempre el mismo: el pueblo elegido tiene que ser desplazado, sus textos tienen que ser reinterpretados, su elección tiene que ser transferida.

La Pesikta Rabati no dice nada de eso. Dice:

בגילת נפשי ובשמחת לבי אני מקבל עלי על מנת שלא יאבד אחד מישראל

"Con la alegría de mi alma y la felicidad de mi corazón acepto esto sobre mí, con tal de que ninguno de Israel perezca."

Ese es el mesías que Israel espera. Uno que ama a Israel con tanta intensidad que está dispuesto a sufrir por quienes todavía no han nacido, por quienes murieron antes de que él llegara, incluso por quienes D-s pensó crear y no creó. El propio midrash lo establece como una promesa futura. Y cuando llegue, no vendrá fabricando látigos.