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4/19/2018

La locura de la idolatría, la anécdota de un ex-pastor

BS"D



Por Reuel Rolando.


Recuerdo mis días como pastor cristiano, cuando creía caminar en el camino de la verdad y me agradaba experimentar con cuestiones sobrenaturales. Porque en determinadas “reuniones de poder”, en alguna iglesia o en alguna campaña de evangelización, “pasaba de todo”. Ocurrían “milagros”, sanidades, y sobre todo: se manifestaba el “diablo o los demonios” en alguno que seguramente no estaba haciendo las cosas bien.
Pero luego de un tiempo, comencé a ver que lo mismo ocurría en las iglesias católicas carismáticas. Esto me llenó de confusión. ¿Como puede pasar lo mismo en un lugar lleno de ídolos y con idólatras? (Hablaban como pastor evangélico, considerándome no idólatra como los católicos) Claro, no faltaba quien dijera: “Son solo imitaciones del diablo”.
Ah, ósea que el “diablo” estaba montando un show en donde sus mejores números eran los exorcismos, en donde fingía que abandonaba y dejaba libre por fin a la gente atada por él.
Mas adelante, en un canal de TV vi a un islámico, un sufi, hacer demostraciones de poderes similares... lo mismo en ritos umbandas. Pero... ellos eran los truchos y nosotros los que estábamos con el poder del Creador. El Creador estaba con nosotros, pero con ellos el “diablo” engañándolos. ¡Pobrecitos!
Finalmente la Toráh llegó a mi vida. Me alumbró de tal manera que pude ver lo sucio que estaba. Al final estaba al mismo nivel que el cura sanador y que el hechicero. Sumergido en un ambiente de impureza. En donde por la idolatría de Yeshu, y por la hechicería de invocar su nombre para conseguir milagros y exorcismos, me había asociado a las fuerzas de la impureza. Me engañaron o me engañé, pensé equivocadamente que todo eso se trataba del Creador. Pero alabo al Eterno por haberme hecho libre por medio de la única verdad: la Torá. Hoy puedo ver cómo el Eterno muestra su poder y misericordia en cada situación, en medio de un silbo apacible, lejos de griterías, éxtasis, y lenguas extrañas. Él obra según Su voluntad, de acuerdo a su soberanía, y todo lo que hace es para nuestro bien.
Hoy escucho una única lengua, la lengua sagrada, la de la verdad. Sin misterios y fábulas. Sin contradicciones y complicaciones. Todo muy claro y detallado, para ayudarme en mi corrección cada día y así poder elevarme.
Y el centro de la conversación y de la vida en nuestro hogar hoy es el Eterno y la Torá. La verdadera shalom por fin llegó y todo lo anterior ha sido un mal sueño del cual nos hemos despertado.
Quiero señalar algo muy importante, para aquellos que aún están siguiendo el camino del error.
En sus reuniones pueden ocurrir hechos “sobrenaturales” pero no siempre estas cosas vienen por la presencia divina. Sobre todo cuando se está en la idolatría del dios-hombre Yeshu. Y más cuando todo lo que se hace o se pide en oración, se hace invocando su nombre, el nombre de una falsa deidad.
Cuando se hace esto, se llama a las fuerzas de la impureza y estas toman control. Entonces ocurren cosas que asombran, pero que no son buenas. No es que haya un “diablo” (me refiero a las fuerzas impuras) que se incomode por algo y se quiera ir, sino que las mismas fuerzas de la impureza arman su espectáculo y mantienen a los espectadores en su error. Y con ese engaño les hacen afirmarse aún más en la idolatría y la mentira.
El Creador no produce desorden, gritería, manifestaciones de “demonios” (de muy mal gusto, por cierto), ataques de risa, manifestaciones de éxtasis, temblores, lenguas extrañas, profecías o adivinaciones que se cumplen a medias o no se cumplen... Sino todo lo contrario. Pero si la gente busca esto desde la idolatría, les permite transitar ese camino de error.
Todo lo que ocurre y no gusta, no se le puede atribuir al “diablo”, como tampoco los errores que se cometen. Hablar siempre de estas fuerzas impuras dándoles valor sigue aumentando la idolatría. Aparte de estar haciendo un culto al ídolo Yeshu, se le suman a este otros más que son estas fuerzas de la impureza (demonios). Muchos se pasan la vida hablando del “diablo” y echándole la culpa al “diablo”. Incluso en los cultos se suele “echar al diablo del lugar u ordenar a los demonios que suelten a sus víctimas, ya sea por enfermedad, problemas económicos, depresión, etc.”
Me pregunto y no logro comprender: ¿Cómo no me di cuenta antes de toda esta locura? Cuando no usamos la razón nos hacen tragar un buzón.
Pero la luz de la Toráh sigue alumbrando, y está disponible para todo aquél que quiera acercarse a ella, para todo el que busca sinceramente la verdad.

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