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4/02/2012

Rav Shlomo Aviner: Pesaj, la primavera - el tiempo de nuestra libertad



Pesaj, la primavera - el tiempo de nuestra libertad.
Rav Shlomo Aviner

Nacimos en la primavera. La primavera de la nación es también la primavera de la naturaleza. Esto no es casual. Existen lazos entre el mundo de la naturaleza y el mundo del hombre. Por ejemplo: Pesaj es Jag Haaviv (la fiesta de la primavera); Shavuot es Jag Hakatzir (la fiesta de la siega); Sucot es Jag Haasif (la fiesta de la recolección) y el Shabat está asociado con la creación del mundo.
Durante el invierno, las fuerzas de la naturaleza están dormidas, es como si el reino vegetal estuviese muerto. Mas, cuando llega la primavera, todo surge y despierta a la vida. Entonces, se descubre que en realidad el duro invierno fue el que preparó el florecimiento de la primavera. Las fuerzas de la naturaleza se reunieron y acumularon en secreto, para florecer con gran energía llegado el momento.
Lo mismo sucede también en el mundo del hombre: nuestros sabios nos enseñan que debemos relatar la Hagadá de Pesaj, el relato del éxodo de Egipto: “comenzando con lo negativo y concluyendo con lo positivo” (Mishná, Psajim, 10:4). Debemos, en primer lugar, hablar de la mala época y del entorno negativo que precedió al éxodo de Egipto, no porque deseamos tratar lo negativo sino porque lo malo es parte inseparable de lo bueno. Lo malo es lo que prepara el camino para la aparición del bien que le seguirá. Un período de dificultades físicas y espirituales conduce a una explosión de energía y al florecimiento en el período que le sigue. Así sucede en nuestro mundo. A veces, los acontecimientos progresan a lo largo de una línea recta que sube lentamente y  a veces el procedimiento se detiene y se rompe. Entonces, caemos y somos empujados hacia abajo, y en ese momento por la fuerza de la oposición surge una fuerte explosión de energía hacia arriba.
Los dos prototipos existen y a través de ambos el hombre y el mundo progresa. A veces, el hombre se desarrolla precisamente a partir de las condiciones de una vida buena. La realidad le ilumina y florece. A veces, sin embargo, el agrado puede producir el deterioro y  precisamente las dificultades de la vida conducen al hombre a luchar, superar, crecer y a una explosión de energía. En la vida del individuo y de la nación existen ambas situaciones: un estado de ensimismamiento, aislamiento, que permite reunir fuerzas; y por otra parte, un estado de explosión de fuerzas. Estos prototipos son parte de nuestra vida nacional y personal. Las caídas preparan el camino para las ascensiones. En la Guemará, el Mashiaj es llamado “Bar Nafli” - el hijo de quienes caen (Sanhedrin, 96b) como está escrito: “En aquel día levantaré el tabernáculo de David ya caído” (Amos, 9:11). “Bar Nafli” es una expresión extraña: ¿cómo es posible ser el hijo de lo caídos, cuando ellos mismos no viven? Efectivamente, el Mashiaj no es hijo de caídos, es el producto de los intentos de redención de los caídos. Intentamos ser redimidos y fracasamos. Intentamos una y otra vez alcanzar la redención y caemos. Finalmente, sin embargo, tendremos éxito y la redención llegará …
El éxodo de Egipto es un proceso permanente. Todas las mitzvot son “zejer leietziat Mitzraim” - un “recuerdo del éxodo de Egipto” (del Kidush del viernes de noche). Se trata de un “recuerdo” y no de nostalgia; un recuerdo que se encuentra vivo entre nosotros. Caemos y nos levantamos, fortalecidos por el servicio a D’s, el que es la continuación del éxodo de Egipto. Salimos constantemente de la esclavitud exterior e interna hacia la liberación total - hasta que logremos alcanzar la libertad suprema.

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